/ miércoles 15 de enero de 2020

Eugenio Barba: El teatro debe sobrevivir a la modernidad de hoy

Eugenio Barba, figura trascendental del teatro mundial, regresa a México para ofrecer una clase magistral y un monólogo con Julia Varley

“Un jovencito crónico, siempre enamorado de algo o de alguien”, así se autodefine Eugenio Barba, una de las figuras más relevantes del teatro mundial en el último medio siglo, quien a punto de celebrar 84 años de vida regresa a nuestro país para impartir la clase magistral Pensando en acciones y, junto a la connotada actriz británica Julia Varley, ofrecerá el monólogo Ave María.

En entrevista exclusiva para El Sol de México, abriendo un espacio en su siempre apretada agenda, el creador del concepto Antropología teatral, considerado una de las voces con mayor resonancia en el ámbito escénico mundial y también fundador del Odin Teatret, habla lo mismo de su persona, que de la situación actual del teatro o de la difícil situación que se vive en América Latina.

Alberto Estrella reabre las puertas del Círculo Teatral

Ante la realidad actual del mundo, ¿qué tan válido sigue siendo el concepto de Tercer teatro?

Los comentarios son libres, los hechos sagrados. Cuando miramos alrededor, los hechos nos muestran una geografía teatral que es diferente de país en país. Sin embargo, podemos afirmar que no existe más “el teatro” como fenómeno profesional unitario, y que nos encontramos frente a diferentes expresiones comerciales/culturales/propagandísticas/terapéuticas/sociales/ de defensa de derechos, etc. Si queremos orientarnos, podemos subdividirlas en tres sectores: teatros tradicionales (los comerciales o los artísticos cuales fueren), teatros que quieren experimentar, y un tercer universo, una infinita galaxia de proyectos, compañías, grupos y otras situaciones que se autodefinen como teatro y que cada día intentan dar una continuidad y un sentido a los espectáculos que hacen. El tercer teatro. Su validez la deciden los espectadores que los visitan.

¿La actividad teatral actual se parece a lo que imaginaba hace 25 años?

La “espectacularisación” de la sociedad, de la política, de la religión, de los conflictos armados, junto a las innovaciones de la tecnología y a la internet, han cambiado profundamente el lugar y la significación que el teatro tenía 25 años atrás en la sociedad. El actor se sirve de una tecnología arcaica: su organismo viviente que es capaz de impactar los sentidos, la memoria y el intelecto de los espectadores. Hoy, más que nunca, cada hombre o mujer de teatro, debe encontrar una profunda justificación personal para continuar a mantener en vida este oficio. Se podría deducir que el teatro es un refugio para un cierto tipo de individuos.

En 1976 usted visitó por primera vez América Latina, ¿cómo observa esta región del planeta a más de 40 años de distancia?

Lo que me asombra es encontrar en este continente tanta gente honesta y jóvenes con una fuerte conciencia de justicia, a pesar de los políticos corruptos, el sistema económico creado por la criminalidad, las dictaduras de algunas élites, y una prensa imbuida de fake news.

Reconoce su influencia en algunos creadores o teóricos latinoamericanos de las últimas décadas

Me gusta reconocer más la influencia de la cultura latinoamericana – escritores y poetas – sobre mi imaginación y vida interior. Por otro lado, hay personalidades y grupos latinoamericanos que admiro: el uruguayo Atahualpa del Cioppo, el peruano Mario Delgado y su Cuatrotablas, y el grupo Yuyachkani; las cubanas Flora Lauten y Raquel Carrió, el brasilero Tribo de Atuadores Noís Aquí Travéiz. Son para mí ejemplos de máxima coherencia profesional.

En su libro Más allá de las islas flotantes, escrito en la década de los 80, usted subraya su “profunda convicción de que el teatro no puede ser sino rebelión”. ¿Sigue usted firme es esa convicción?

No he cambiado de opinión porque me refería sobre todo a la rebelión hacia nuestros prejuicios personales, nuestra pereza, nuestra actitud a decir “esto es imposible” como coartada para no empeñarnos. Envejeciendo, esta rebelión es aún más necesaria para quien hace teatro.

¿Cuál es la situación actual y el futuro del Odin Teatret?

Al comienzo eran cuatro jóvenes rechazados de la Escuela Nacional de Teatro en Noruega que crearon conmigo Odin Teatret en 1964. Ahora nuestro teatro cuenta con 13 actores, que han trabajado conmigo 50, 40, 30 años. Somos conscientes que nuestra edad nos hace actuar el quinto acto de nuestra obra común. En poco tiempo seremos lluvia y tierra (leyenda), pero el Laboratorio teatral que hemos creado continuará su actividad. Hoy tiene una docena de grupos y artistas con actividad autónoma del Odin. Esta diversidad es nuestro legado.

¿Qué ha pasado con el Odin Teatre a una década del fallecimiento de su cofundador Torgeir Wethal?

La demonstración dolorosa que nadie es irremplazable. Nuestro grupo ha continuado, estrenado muchas obras y se ha volcado a nuevas iniciativas. Torgeir, uno de los jóvenes rechazados que fundó el Odin, está con nosotros, y vivirá mientras quede en nuestra memoria.

¿Qué recuerdos tiene de su trabajo al lado de Grotowski?

Me formé como director en Polonia, un país comunista en 1961-1964, un año en la Escuela Teatral y tres años en el pequeño teatro de Grotowski y Ludwik Flaszen, que tenían un par de años más que yo. Recuerdo la lucha de Grotowski contra la censura, sus astucias para evitar las trampas ideológicas, el sentido que tenían, las alusiones que el actor o el texto podían transmitir a los espectadores. En esta situación de libertad limitada, el teatro adquiría una dignidad y un valor difícil de imaginar hoy. ¿Cómo encontrar ese sentido en la situación actual? Es la pregunta que me acompaña diariamente. Por cierto no apoyando el regreso de dictaturas…

Finalmente, ¿qué piensa Eugenio Barba, el teatrero, del Eugenio Barba Doctor Honoris Causa por 9 universidades del mundo?

Las universidades se hicieron 13, un número que en la cultura italiana trae buena suerte. Pienso que debo conocer un montón de cosas para merecer todos esos honoris causa. Sin darme cuenta, soy un pozo infinito de erudición. Cuando hablo en mi cama de noche con mi madre que, hace 20 años murió a los 96 años, le digo siempre: ¡No te preocupe, mamá, me va bien! Y ella contesta: ¡Cuidado! Hoy tienes algo y mañana nada.

¿Quién es Eugenio Barba?

Autor, director e investigador, considerado junto con Peter Brook, uno de los últimos grandes maestros vivos del teatro occidental.

Aunque nacido en Italia (Brindisi, 26 de octubre de 1936), ha ejercido prácticamente toda su carrera en Dinamarca y otros países nórdicos.

Estudió teatro en Polonia, donde mantuvo una estrecha amistad y colaboración con Jersy Grotowski.

En octubre de 1964 fundó en Dinamarca el Odin Teatret, una de las compañías más influyentes en la evolución del teatro europeo de finales del siglo XX

Es el creador, junto con Nicola Savarese y Ferdinando Taviani, del concepto de antropología teatral.

Su obra:

Barba ha dirigido 65 espectáculos con el Odin Teatret y el grupo Theatrum Mundi Ensemble, entre ellos:

Ferai (1969)

La casa de mi padre (1972)

Cenizas de Brecht (1980)

El evangelho según Oxyrhincus (1985)

Talabot (1988)

Kaosmos (1993)

Mythos (1998)

Sal (2002)

Las grandes ciudades bajo la Luna (2003)

El sueño de Andersen (2005)

Don Juan en los infiernos (2006)

La vida crónica (2010).

“Un jovencito crónico, siempre enamorado de algo o de alguien”, así se autodefine Eugenio Barba, una de las figuras más relevantes del teatro mundial en el último medio siglo, quien a punto de celebrar 84 años de vida regresa a nuestro país para impartir la clase magistral Pensando en acciones y, junto a la connotada actriz británica Julia Varley, ofrecerá el monólogo Ave María.

En entrevista exclusiva para El Sol de México, abriendo un espacio en su siempre apretada agenda, el creador del concepto Antropología teatral, considerado una de las voces con mayor resonancia en el ámbito escénico mundial y también fundador del Odin Teatret, habla lo mismo de su persona, que de la situación actual del teatro o de la difícil situación que se vive en América Latina.

Alberto Estrella reabre las puertas del Círculo Teatral

Ante la realidad actual del mundo, ¿qué tan válido sigue siendo el concepto de Tercer teatro?

Los comentarios son libres, los hechos sagrados. Cuando miramos alrededor, los hechos nos muestran una geografía teatral que es diferente de país en país. Sin embargo, podemos afirmar que no existe más “el teatro” como fenómeno profesional unitario, y que nos encontramos frente a diferentes expresiones comerciales/culturales/propagandísticas/terapéuticas/sociales/ de defensa de derechos, etc. Si queremos orientarnos, podemos subdividirlas en tres sectores: teatros tradicionales (los comerciales o los artísticos cuales fueren), teatros que quieren experimentar, y un tercer universo, una infinita galaxia de proyectos, compañías, grupos y otras situaciones que se autodefinen como teatro y que cada día intentan dar una continuidad y un sentido a los espectáculos que hacen. El tercer teatro. Su validez la deciden los espectadores que los visitan.

¿La actividad teatral actual se parece a lo que imaginaba hace 25 años?

La “espectacularisación” de la sociedad, de la política, de la religión, de los conflictos armados, junto a las innovaciones de la tecnología y a la internet, han cambiado profundamente el lugar y la significación que el teatro tenía 25 años atrás en la sociedad. El actor se sirve de una tecnología arcaica: su organismo viviente que es capaz de impactar los sentidos, la memoria y el intelecto de los espectadores. Hoy, más que nunca, cada hombre o mujer de teatro, debe encontrar una profunda justificación personal para continuar a mantener en vida este oficio. Se podría deducir que el teatro es un refugio para un cierto tipo de individuos.

En 1976 usted visitó por primera vez América Latina, ¿cómo observa esta región del planeta a más de 40 años de distancia?

Lo que me asombra es encontrar en este continente tanta gente honesta y jóvenes con una fuerte conciencia de justicia, a pesar de los políticos corruptos, el sistema económico creado por la criminalidad, las dictaduras de algunas élites, y una prensa imbuida de fake news.

Reconoce su influencia en algunos creadores o teóricos latinoamericanos de las últimas décadas

Me gusta reconocer más la influencia de la cultura latinoamericana – escritores y poetas – sobre mi imaginación y vida interior. Por otro lado, hay personalidades y grupos latinoamericanos que admiro: el uruguayo Atahualpa del Cioppo, el peruano Mario Delgado y su Cuatrotablas, y el grupo Yuyachkani; las cubanas Flora Lauten y Raquel Carrió, el brasilero Tribo de Atuadores Noís Aquí Travéiz. Son para mí ejemplos de máxima coherencia profesional.

En su libro Más allá de las islas flotantes, escrito en la década de los 80, usted subraya su “profunda convicción de que el teatro no puede ser sino rebelión”. ¿Sigue usted firme es esa convicción?

No he cambiado de opinión porque me refería sobre todo a la rebelión hacia nuestros prejuicios personales, nuestra pereza, nuestra actitud a decir “esto es imposible” como coartada para no empeñarnos. Envejeciendo, esta rebelión es aún más necesaria para quien hace teatro.

¿Cuál es la situación actual y el futuro del Odin Teatret?

Al comienzo eran cuatro jóvenes rechazados de la Escuela Nacional de Teatro en Noruega que crearon conmigo Odin Teatret en 1964. Ahora nuestro teatro cuenta con 13 actores, que han trabajado conmigo 50, 40, 30 años. Somos conscientes que nuestra edad nos hace actuar el quinto acto de nuestra obra común. En poco tiempo seremos lluvia y tierra (leyenda), pero el Laboratorio teatral que hemos creado continuará su actividad. Hoy tiene una docena de grupos y artistas con actividad autónoma del Odin. Esta diversidad es nuestro legado.

¿Qué ha pasado con el Odin Teatre a una década del fallecimiento de su cofundador Torgeir Wethal?

La demonstración dolorosa que nadie es irremplazable. Nuestro grupo ha continuado, estrenado muchas obras y se ha volcado a nuevas iniciativas. Torgeir, uno de los jóvenes rechazados que fundó el Odin, está con nosotros, y vivirá mientras quede en nuestra memoria.

¿Qué recuerdos tiene de su trabajo al lado de Grotowski?

Me formé como director en Polonia, un país comunista en 1961-1964, un año en la Escuela Teatral y tres años en el pequeño teatro de Grotowski y Ludwik Flaszen, que tenían un par de años más que yo. Recuerdo la lucha de Grotowski contra la censura, sus astucias para evitar las trampas ideológicas, el sentido que tenían, las alusiones que el actor o el texto podían transmitir a los espectadores. En esta situación de libertad limitada, el teatro adquiría una dignidad y un valor difícil de imaginar hoy. ¿Cómo encontrar ese sentido en la situación actual? Es la pregunta que me acompaña diariamente. Por cierto no apoyando el regreso de dictaturas…

Finalmente, ¿qué piensa Eugenio Barba, el teatrero, del Eugenio Barba Doctor Honoris Causa por 9 universidades del mundo?

Las universidades se hicieron 13, un número que en la cultura italiana trae buena suerte. Pienso que debo conocer un montón de cosas para merecer todos esos honoris causa. Sin darme cuenta, soy un pozo infinito de erudición. Cuando hablo en mi cama de noche con mi madre que, hace 20 años murió a los 96 años, le digo siempre: ¡No te preocupe, mamá, me va bien! Y ella contesta: ¡Cuidado! Hoy tienes algo y mañana nada.

¿Quién es Eugenio Barba?

Autor, director e investigador, considerado junto con Peter Brook, uno de los últimos grandes maestros vivos del teatro occidental.

Aunque nacido en Italia (Brindisi, 26 de octubre de 1936), ha ejercido prácticamente toda su carrera en Dinamarca y otros países nórdicos.

Estudió teatro en Polonia, donde mantuvo una estrecha amistad y colaboración con Jersy Grotowski.

En octubre de 1964 fundó en Dinamarca el Odin Teatret, una de las compañías más influyentes en la evolución del teatro europeo de finales del siglo XX

Es el creador, junto con Nicola Savarese y Ferdinando Taviani, del concepto de antropología teatral.

Su obra:

Barba ha dirigido 65 espectáculos con el Odin Teatret y el grupo Theatrum Mundi Ensemble, entre ellos:

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