/ domingo 12 de mayo de 2019

Hojas de Papel Volando | Albañiles que son nuestra casa, tabique a tabique

Son los albañiles que con cariño, casi amor, levantan muros de vida y los recubren para que luego guarden nuestras más íntimas felicidad eso nuestras más profundas tristezas

Los veo con mucha admiración. Y con respeto. Con cariño. Son los hombres y mujeres- que se levantan en la madrugada para llegar a la obra. Son los que recorren distancias enormes para iniciar la labor a tiempo; son los que apresurados toman en cualquier esquina un vaso de atole y una torta de tamal y cargan una mochila al hombro, desgastada, con la comida de hoy; son los que luego, entre polvo, cemento, tabiques, grava, yeso, varillas, clavos, alambre y a través de acero construyen día a día lo que será nuestro hábitat, nuestro espacio único y más querido:


Son los albañiles que con cariño, casi amor, levantan muros de vida y los recubren para que luego guarden nuestras más íntimas felicidad eso nuestras más profundas tristezas:


… Son casas que ellos nos hacen con el rostro cubierto de tierra y polvo. Para nosotros, para cada uno, para los que soñamos con tener un espacio, el nuestro-propio-intransferible que pasa de casa a ser un hogar. que está en sus propios sueños. Los albañiles las hacen para nosotros sin conocernos.


Y sí. Los veo con admiración. Con respeto. Y algunas veces, con temor: son gente de carácter, de coraje, de palabras directas y hasta cargadas de rudeza: pero son el alma buena que aunque ya no estén, estarán en cada tabique y en cada partícula de cemento que colocaron, en los techos, en el tirol, en los adoquines de nuestro hogar.


¿Acaso usted no ha sentido que se le eriza la piel cuando los ve caminar allá arriba, a lo lejos, en estructuras de acero, casi como equilibristas en pisos lejanos que son el 20 ó 30 ó 40 y tan campantes pasan con vista al aire? Y uno abajo contiene la respiración porque jamás-nunca-en la vida haría esa proeza ni en la peor pesadilla; o cuando sonrientes, allá arriba, con los pies colgados en algún pequeño resquicio, toman sus alimentos mientras ríen unos con otros para no sentirse tan solos…


En su libro “LosAlbañiles” don Vicente Leñero nos introduce en la vida cotidiana de un grupo de albañiles que construyen un multifamiliar; un laberinto de contradicciones, de luchas, de emociones, de corrupción, de odios y muerte: todo ahí…


A la lectura del libro me quedo con una frase que dice uno de ellos en la celebración del Día del Albañil, el 3 de mayo, ya borracho, tomando una cerveza y sentado en unos tabiques de la obra: “Uno construye y construye casas y… ¡ninguna es nuestra!”.


Así es: construyen casas que no son de ellos, porque ellos en la mayoría de los casos, viven con su familia, en casas extremadamente humildes, de apenas subsistencia y cobijo… ¿por qué?


De acuerdo con la Cámara Mexicana de la Industria dela Construcción, en México-2019, hay algo así como 5,133,086 trabajadores de la construcción (albañiles y técnicos); de los que el 89% son hombres y 10.9% son mujeres. Este año el salario mínimo general de un albañil en el país es de120.70 pesos diarios (176.72 en la frontera norte). “Del total de trabajadores asegurados al IMSS, los que están en la industria de la construcción representan el 8% al primer bimestre de 2019.”


Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, del total de los albañiles, 11 de cada 100 labora bajo contrato escrito, el cual es de carácter temporal o por obra determinada y sin derecho a planta, mientras que el 88.4% es contratado “de dicho”.


A estos últimos no se les paga el séptimo día, pueden ser despedidos sin indemnización y en la mayoría de los casos “sufren maltrato físico, sexual o discriminación”. Agrega el estudio que los trabajadores de albañilería “se encuentran en trabajos con altos índices de accidentes, los que pueden provocarle la muerte.” Y que “el índice de accidentes laborales a nivel nacional es de que tres de cada 10 trabajadores sufren algún accidente que van de lesiones hasta perder la vida.”


Para esa gran mayoría de albañiles, en general las empresas no se hacen responsables de los problemas que enfrenten. La periodistaKarina Cuevas dice que “tan sólo en 2015 murieron 1,107 trabajadores en México, de los cuales 220 fueron trabajadores de la construcción.” Se sabe que “en caso de sufrir un accidente de trabajo o de perder la vida, ni siquiera es reportado por la empresa que los contrató de manera irregular, para evitar dar cuenta delos hechos.”


Nuestros albañiles trabajan en obras en donde no existen las mínimas condiciones de seguridad, además de que con mucha frecuencia no cuentan con el equipo de protección básico. En muchos casos, las botas de seguridad y arneses para los trabajos de altura les son descontados de su sueldo o negados por los patrones; los mismos patrones que cobran cifras millonarias por las obras.


Luego, cuando el “patrón” los ve ya cansados por la edad – trabajan de 8 de la mañana a 6 de la tarde y su promedio de edad activa es de 37 años--, por enfermedad o porque físicamente ya no pueden con el trabajo pesado, deja de contratarlo o, quizá, porque tal o cual les resultó “rezongón”.


En esos casos muchos de ellos van al Zócalo o a laPlaza de San Jacinto, para ofrecer sus servicios a quienes se acerquen para solicitarlo. Pero esto se ha vuelto muy difícil: “¿Sabe? –me dice un maestro albañil que ofrece sus servicios en vía pública de San Jacinto, al sur de laCiudad de México—. Lo que pasa es que por lo de la inseguridad hay mucha desconfianza y la gente no nos quiere llevar a sus casas para hacer los trabajos que antes nos pedían y que eran lo de arreglar algún desperfecto o hacer algún arreglo de albañilería o plomería o electricidad. Esto se pone más difícil cada día”.


“Da grima mirarlos –andrajosos, con su mochila a cuestas--,cómo revolotean desesperados en busca de empleo en torno al capataz que los espera en las salidas del Metro de las diferentes centrales camioneras de la ciudad, particularmente la del Norte. ‘Necesito diez’, dice el contratante: ‘A ver: tú, tú, tú, tú y tú” escoge a su arbitrio. ”Vámonos”. Y los elegidos se van con él, sin siquiera pactar el pago.”… (Francisco Ortiz Pinchetti: “Los albañiles”. 3-V-19)


Las enfermedades que más les afectan son en los pulmones, por la inhalación de polvo o substancias, desviación de columna por cargar material muy pesado –a veces el doble del peso corporal--; problemas de audición o rompimiento de ligamentos; y por diabetes, debido a la alimentación cargada de carbohidratos y azúcares. Toman grandes cantidades de un refresco de cola. Les es indispensable. Lo llevan al trabajo y eso los mantiene activos. Lo toman en grandes cantidades. Los resultados son fatales para su salud.


¿Por qué se meten a albañiles? Pues simple y sencillamente por falta de oportunidades en sus lugares de origen, ya para el trabajo o para el estudio (la mayoría de ellos saben leer y escribir, un porcentaje mínimo es analfabeta); a falta de estudios se ocupan en la labor que ha hecho su padre; porque necesitan ingresos para llevar a la casa, porque en el campo–de donde provienen muchos de ellos—hay desahucio, abandono y sin posibilidad de “sembrar o levantar algo.” Y también los hay por vocación, que también la hay.


Ellos van y vienen. Lo mismo a la capital del país o cerca de sus lugares de origen, en zonas en construcción o con empresas constructoras. Pasan de mozo a aprendiz y a media cuchara y, después de años de experiencia a maestro de obras, que es el nivel superior.


Recientemente la UNAM inició un programa de enseñanza para albañiles a fin de que sepan leer planos de construcción. Esto les favorecerá tanto en su posición laboral como en el ingreso.


En todo caso, los albañiles están ahí. Junto a nosotros. Porque gracias a ellos tenemos casa y techo, resguardo y vida. Y gracias a ellos la vida se convierte en convivencia y en amoroso estar, con todo y tristezas o quebrantos, alegrías y felicidades, en el lugar que nos hicieron para vivir o convivir.


Ellos mientras tanto caminan silenciosos cada mañana¿en qué piensan cuando viajan en los transportes públicos? Van todos los días con su mochila al hombro, con sus zapatos gastados, su chamarra y pantalones de mucho tiempo. La vida es dura. Y mucho más para ellos que cargan con su necesidad y con su ilusión de que un día, quizá, las cosas sean diferentes para ellos.


¿Quién se hace cargo? ¿Quién les ayuda en tiempos difíciles? ¿Quién les pagará lo que es justo y les dará la seguridad social que todos merecen por el sólo hecho de ser mexicanos y construir a este mundo y dejarnos en cada pared, en cada muro, en cada techo y pisos parte de su vida?


Mira: voltea, ve alrededor y lo que vez lo hicieron los hombres aquellos que no conoces pero que pusieron el alma en cada partícula de lo que hoy es tu casa-tu colonia-tu hábitat y tus sueños cumplidos. ¿Y los de ellos?


jhsantiago@prodigy.net.mx

Los veo con mucha admiración. Y con respeto. Con cariño. Son los hombres y mujeres- que se levantan en la madrugada para llegar a la obra. Son los que recorren distancias enormes para iniciar la labor a tiempo; son los que apresurados toman en cualquier esquina un vaso de atole y una torta de tamal y cargan una mochila al hombro, desgastada, con la comida de hoy; son los que luego, entre polvo, cemento, tabiques, grava, yeso, varillas, clavos, alambre y a través de acero construyen día a día lo que será nuestro hábitat, nuestro espacio único y más querido:


Son los albañiles que con cariño, casi amor, levantan muros de vida y los recubren para que luego guarden nuestras más íntimas felicidad eso nuestras más profundas tristezas:


… Son casas que ellos nos hacen con el rostro cubierto de tierra y polvo. Para nosotros, para cada uno, para los que soñamos con tener un espacio, el nuestro-propio-intransferible que pasa de casa a ser un hogar. que está en sus propios sueños. Los albañiles las hacen para nosotros sin conocernos.


Y sí. Los veo con admiración. Con respeto. Y algunas veces, con temor: son gente de carácter, de coraje, de palabras directas y hasta cargadas de rudeza: pero son el alma buena que aunque ya no estén, estarán en cada tabique y en cada partícula de cemento que colocaron, en los techos, en el tirol, en los adoquines de nuestro hogar.


¿Acaso usted no ha sentido que se le eriza la piel cuando los ve caminar allá arriba, a lo lejos, en estructuras de acero, casi como equilibristas en pisos lejanos que son el 20 ó 30 ó 40 y tan campantes pasan con vista al aire? Y uno abajo contiene la respiración porque jamás-nunca-en la vida haría esa proeza ni en la peor pesadilla; o cuando sonrientes, allá arriba, con los pies colgados en algún pequeño resquicio, toman sus alimentos mientras ríen unos con otros para no sentirse tan solos…


En su libro “LosAlbañiles” don Vicente Leñero nos introduce en la vida cotidiana de un grupo de albañiles que construyen un multifamiliar; un laberinto de contradicciones, de luchas, de emociones, de corrupción, de odios y muerte: todo ahí…


A la lectura del libro me quedo con una frase que dice uno de ellos en la celebración del Día del Albañil, el 3 de mayo, ya borracho, tomando una cerveza y sentado en unos tabiques de la obra: “Uno construye y construye casas y… ¡ninguna es nuestra!”.


Así es: construyen casas que no son de ellos, porque ellos en la mayoría de los casos, viven con su familia, en casas extremadamente humildes, de apenas subsistencia y cobijo… ¿por qué?


De acuerdo con la Cámara Mexicana de la Industria dela Construcción, en México-2019, hay algo así como 5,133,086 trabajadores de la construcción (albañiles y técnicos); de los que el 89% son hombres y 10.9% son mujeres. Este año el salario mínimo general de un albañil en el país es de120.70 pesos diarios (176.72 en la frontera norte). “Del total de trabajadores asegurados al IMSS, los que están en la industria de la construcción representan el 8% al primer bimestre de 2019.”


Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo, del total de los albañiles, 11 de cada 100 labora bajo contrato escrito, el cual es de carácter temporal o por obra determinada y sin derecho a planta, mientras que el 88.4% es contratado “de dicho”.


A estos últimos no se les paga el séptimo día, pueden ser despedidos sin indemnización y en la mayoría de los casos “sufren maltrato físico, sexual o discriminación”. Agrega el estudio que los trabajadores de albañilería “se encuentran en trabajos con altos índices de accidentes, los que pueden provocarle la muerte.” Y que “el índice de accidentes laborales a nivel nacional es de que tres de cada 10 trabajadores sufren algún accidente que van de lesiones hasta perder la vida.”


Para esa gran mayoría de albañiles, en general las empresas no se hacen responsables de los problemas que enfrenten. La periodistaKarina Cuevas dice que “tan sólo en 2015 murieron 1,107 trabajadores en México, de los cuales 220 fueron trabajadores de la construcción.” Se sabe que “en caso de sufrir un accidente de trabajo o de perder la vida, ni siquiera es reportado por la empresa que los contrató de manera irregular, para evitar dar cuenta delos hechos.”


Nuestros albañiles trabajan en obras en donde no existen las mínimas condiciones de seguridad, además de que con mucha frecuencia no cuentan con el equipo de protección básico. En muchos casos, las botas de seguridad y arneses para los trabajos de altura les son descontados de su sueldo o negados por los patrones; los mismos patrones que cobran cifras millonarias por las obras.


Luego, cuando el “patrón” los ve ya cansados por la edad – trabajan de 8 de la mañana a 6 de la tarde y su promedio de edad activa es de 37 años--, por enfermedad o porque físicamente ya no pueden con el trabajo pesado, deja de contratarlo o, quizá, porque tal o cual les resultó “rezongón”.


En esos casos muchos de ellos van al Zócalo o a laPlaza de San Jacinto, para ofrecer sus servicios a quienes se acerquen para solicitarlo. Pero esto se ha vuelto muy difícil: “¿Sabe? –me dice un maestro albañil que ofrece sus servicios en vía pública de San Jacinto, al sur de laCiudad de México—. Lo que pasa es que por lo de la inseguridad hay mucha desconfianza y la gente no nos quiere llevar a sus casas para hacer los trabajos que antes nos pedían y que eran lo de arreglar algún desperfecto o hacer algún arreglo de albañilería o plomería o electricidad. Esto se pone más difícil cada día”.


“Da grima mirarlos –andrajosos, con su mochila a cuestas--,cómo revolotean desesperados en busca de empleo en torno al capataz que los espera en las salidas del Metro de las diferentes centrales camioneras de la ciudad, particularmente la del Norte. ‘Necesito diez’, dice el contratante: ‘A ver: tú, tú, tú, tú y tú” escoge a su arbitrio. ”Vámonos”. Y los elegidos se van con él, sin siquiera pactar el pago.”… (Francisco Ortiz Pinchetti: “Los albañiles”. 3-V-19)


Las enfermedades que más les afectan son en los pulmones, por la inhalación de polvo o substancias, desviación de columna por cargar material muy pesado –a veces el doble del peso corporal--; problemas de audición o rompimiento de ligamentos; y por diabetes, debido a la alimentación cargada de carbohidratos y azúcares. Toman grandes cantidades de un refresco de cola. Les es indispensable. Lo llevan al trabajo y eso los mantiene activos. Lo toman en grandes cantidades. Los resultados son fatales para su salud.


¿Por qué se meten a albañiles? Pues simple y sencillamente por falta de oportunidades en sus lugares de origen, ya para el trabajo o para el estudio (la mayoría de ellos saben leer y escribir, un porcentaje mínimo es analfabeta); a falta de estudios se ocupan en la labor que ha hecho su padre; porque necesitan ingresos para llevar a la casa, porque en el campo–de donde provienen muchos de ellos—hay desahucio, abandono y sin posibilidad de “sembrar o levantar algo.” Y también los hay por vocación, que también la hay.


Ellos van y vienen. Lo mismo a la capital del país o cerca de sus lugares de origen, en zonas en construcción o con empresas constructoras. Pasan de mozo a aprendiz y a media cuchara y, después de años de experiencia a maestro de obras, que es el nivel superior.


Recientemente la UNAM inició un programa de enseñanza para albañiles a fin de que sepan leer planos de construcción. Esto les favorecerá tanto en su posición laboral como en el ingreso.


En todo caso, los albañiles están ahí. Junto a nosotros. Porque gracias a ellos tenemos casa y techo, resguardo y vida. Y gracias a ellos la vida se convierte en convivencia y en amoroso estar, con todo y tristezas o quebrantos, alegrías y felicidades, en el lugar que nos hicieron para vivir o convivir.


Ellos mientras tanto caminan silenciosos cada mañana¿en qué piensan cuando viajan en los transportes públicos? Van todos los días con su mochila al hombro, con sus zapatos gastados, su chamarra y pantalones de mucho tiempo. La vida es dura. Y mucho más para ellos que cargan con su necesidad y con su ilusión de que un día, quizá, las cosas sean diferentes para ellos.


¿Quién se hace cargo? ¿Quién les ayuda en tiempos difíciles? ¿Quién les pagará lo que es justo y les dará la seguridad social que todos merecen por el sólo hecho de ser mexicanos y construir a este mundo y dejarnos en cada pared, en cada muro, en cada techo y pisos parte de su vida?


Mira: voltea, ve alrededor y lo que vez lo hicieron los hombres aquellos que no conoces pero que pusieron el alma en cada partícula de lo que hoy es tu casa-tu colonia-tu hábitat y tus sueños cumplidos. ¿Y los de ellos?


jhsantiago@prodigy.net.mx

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