/ domingo 1 de septiembre de 2019

Hojas de Papel Volando | Cartones, caricaturas y moneros ‘Me duele nadamás cuando me río’

La historia de la caricatura en México es larga y complicada. Su propia naturaleza parece complicarlo todo: hacer ironía y exponer a personajes que se sienten intocables

No sé en qué cabeza cabe tanto ingenio; tanta imaginación;tanto coraje, intención, información resumida en unas cuantas líneas y tantas ganas de reírse de la política y los políticos, o de lo que pasa alrededor y de quienes se ‘meten en camisa de once varas’...

Y a manera de dardos filosos que dan en la diana, así los caricaturistas-moneros-artistas-periodistas-seres humanos de carne y hueso y un pedazo de pescuezo...: Eso es el arte de reír y hacer pensar; de reír y poner el dedo en la llaga... en tan sólo unos trazos que parecen fáciles pero que requieren minutos-horas-días-semanas-años de trabajo frente al lienzo en blanco y con los lápices y plumones a la mano para darle color y sentido...

Vi comenzar a algunos de ellos. Otros ya venían hechos y derechos. Eran los primeros años de los ochenta: Eran Kemchs, Ahumada, Bogotá..., y era la revista Razones que ideó y dirigió Samuel I. del Villar, aconsejado por Miguel Ángel Granados Chapa, Hero Rodríguez Toro, Alan Riding, Fernando Rosenzweig, Rafael Segovia y más.

... Y uno ahí, aprendiendo. Y ellos, los moneros,trabajaban en la gran mesa-escritorio, frente a sus hojas, como hipnotizados, con la mirada fija, como perdidos en sí mismos, pero volcados en su idea... Tan serios ellos. Nada más serio en el mundo que un caricaturista-monero cuando trabaja.

Y de ahí surgían lienzos. En un pequeño espacio. El dibujo adquiere el estilo de cada uno de ellos, que lo buscan por mucho tiempo hasta conseguirlo.

¿Quiénes son los que hacen del sarcasmo y la comedia humana su forma de vida y periodismo de intensidades? ¿De dónde vienen? ¿Cómo es que aparecen de pronto, por ahí, con su carpeta de ejemplos para abrir pestillos y puertas y ventanas y dejar entrar y salir el aire de la libertad en las redacciones para sumarse a ese mismo ideal de libre pensamiento, palabra y obra, con muchos otros periodistas que lo mismo, desde su especialidad, hacen esta apertura?

En todo caso, la historia de la caricatura en México es larga y complicada. Su propia naturaleza parece complicarlo todo: hacer ironía y exponer a personajes que se sienten intocables es de alto calado en materia de libertad de expresión. Y por lo mismo han sido perseguidos y hasta encarcelados o muertos.

Por ejemplo, Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada se molestaban mucho con las ironías y caricaturas que se publicaban en los periódicos críticos de la época de la República Restaurada (1867, año en que terminó el imperio de Maximiliano, y 1876, cuando daría comienzo una nueva etapa que en la historia se registrará como el Porfiriato), pero las toleraban; hacían mutis y miraban para otro lado.

En cambio a Porfirio Díaz le retorcía las tripas verse ironizado o ridiculizado. Y se dedicó a ‘castigar a quien se atreviera a poner en entredicho al presidente de la República’. Y hubo un momento de atonía en la caricatura nacional, pero no paró, no se dejó y aquí o allá aparecían muestras de indignación hecha trazos y burla.

Pero eso; la caricatura en México tiene larga historia y comenzó en 1826 cuando era presidente de México Guadalupe Victoria; por entonces llegó a México el impresor Claudio Linati, quien se asoció aquí con Florencio Galli y José María Heredia: juntos hicieron la revista política “El Iris” para informar de las elecciones que habrían de llevarse a cabo y renovar el Congreso federal, mitad del Senado y legislaturas en los estados: la lucha era entre logias, que hacían las veces de partidos políticos: Yorkinos y Escoceses, La cosa política ardía... y ese año que se publicó “Tiranía”...

‘Es un dibujo en el que aparece un dictador con patas y orejas de burro, con un collar de calaveras y un gorro de bufón; lleva un cráneo, un bastón y la palabra hierro. En un pedestal está un tirano que pisa los derechos del hombre y a su izquierda la superstición, encarnada en un diablo, a su derecha el fanatismo, personificado por un fraile, sobre un fondo con escenas de la Inquisición y de actos injustos en varios lugares del mundo. Y un diablo quema los periódicos liberales de la época’.

Claudio Linati http://alancaricartones.blogspot.ca/2011/08/retratando-mi-mexico.html

De ahí en adelante el siglo XIX mexicano fue prolífico en periodismo crítico –de ambos bandos: liberales y conservadores—como también en el nacimiento de periódicos y en ellos los grandes cartones humorísticos de la época, que hacían crítica, se mofaban, ironizaban y también explicaban.

La Hemeroteca Nacional, como Hemerotecas estatales o municipales tienen bajo resguardo muchos ejemplares de aquellos años, y sus cartones vivos hoy como entonces. Pero también está el vacío de los años de represión y censura, como los ocurridos durante el gobierno de Santa Anna cuando hubo persecución de periodistas y, obviamente, de caricaturistas, aunque como siempre, aquí o allá se las ingeniaban para publicar su idea, su intención, aun así nació Don Bullebulle (1847) y “Tío Nonilla (1850) o La espada de don Simplicio (1855)... Pero es en 1861 cuando se aprueba la Ley de Imprenta y comienza otra etapa, asimismo crítica como irónica.

Y es que no hay nada que más duela a un político que la burla o la ironía por sus hechos; la ridiculización de su figura o de los actos de gobierno; la risa ajena les causa escozor e indignación. Así ha sido. Así es.

Pero nacieron periódicos durante el siglo XIX suficientes para dar espacio al cartón: San Baltazar, El Padre Cobos, El Ahuizote, La carabina de Ambrosio, La mosca, Mefistófeles, Fray Gerundio, El Tranchete, El Coyote, La Patria Ilustrada, El hijo del Ahuizote... y tantos cientos de ejemplos de un periodismo que quería decir y quería gritar y quería poner las cosas en claro... Y ahí la caricatura como mirador del dicho y el hecho.

Y así en adelante. Con Díaz, jornadas de represión y persecución aunque pronto habría de surgir la prensa industrial en México y así llegó la Revolución Mexicana y puntual a la cita estaba ahí el gran cartón político. No podía ser de otra manera porque es parte esencial del periodismo mexicano y, por lo mismo, el público quería ver al poder político puesto a ras de papel, lápiz y texto. En todo caso, ¿cómo entender el nacimiento del siglo XX sin la obra de José Guadalupe Posada y el gran Antonio Vanegas Arroyo?

Y así transcurre el siglo XX –caen las hojas del calendario de pared, a la manera de las películas de Juan Orol, que es el paso del tiempo-, para llegar a nuestros días que aun tienen aires de El Chango Ernesto García Cabral, de Antonio Arias Bernal, del gran Abel Quesada, y de las historietas, que también tienen su carga de crítica social, como fue La Familia Burrón, de Gabriel Vargas...

Y es en 1968 cuando comienza la nueva etapa de la caricatura mexicana: hay indignación, dolor, coraje y bravura, exigencia y reproche... Y ahí están los cartonistas de los nuevos tiempos que habrían de surgir de aquella tragedia y de la de 1971. Por aquellos años nace “La Garrapata” que dirigían ni más ni menos que Helio Flores, Rogelio Naranjo, Ríus y Emilio Abdalá. Otra visión. Otra perspectiva y otra forma histórica de caricaturizar y decir las cosas que duelen a modo de ‘los mexicanos se pintan solos’.

Precisamente son ellos los que aportan la genialidad de su obra a lo que habría de ser el cartonismo mexicano: ‘la caricatura política deja de ser tan sólo una burla y una sátira, para convertirse en una manera de entender la situación política del país’.

Y ya están ahí artistas que hacen caricatura, o ‘moneros’ como deciden llamarse: Sin ninguna duda y por grandes méritos propios, Magú, Ríus, Helio Flores, Naranjo, Feggo, Ahumada, El Fisgón, Rocha, Jis, Kemchs, Arau, Hernández, Calderón, Trino... Gómez, Osvaldo, Ishus y tantos, tantísimos más de alcurnia y ejemplo...

Jóvenes los hay también, que incursionan en el arte de mostrarnos al mundo desde la ventana de un cartón que resume nuestra vida y la vida de quienes deciden la vida de otros y en donde se denuncian lo mismo injusticias como abusos y quebrantos... ¡Y qué tal los grandes cartonistas en los periódicos de los estados de la República! Héroes de pies a cabeza hoy mismo.

Parece que no, pero ahí están los cartonistas, los caricaturistas, los moneros nuestros de cada día. Ahí están y ahí estarán porque nos hacen falta, como la sal de la tierra, como ‘la risa remedio infalible’, como... No sé en qué cabeza cabe tanto ingenio, imaginación, un poco de gracia y otra cosita. Son nuestros cartonistas-caricaturistas-moneros-dibujantes-artistas-periodistas, y sí: seres humanos de carne y hueso y un pedazo de pescuezo.

joelhsantiago@gmail.com

No sé en qué cabeza cabe tanto ingenio; tanta imaginación;tanto coraje, intención, información resumida en unas cuantas líneas y tantas ganas de reírse de la política y los políticos, o de lo que pasa alrededor y de quienes se ‘meten en camisa de once varas’...

Y a manera de dardos filosos que dan en la diana, así los caricaturistas-moneros-artistas-periodistas-seres humanos de carne y hueso y un pedazo de pescuezo...: Eso es el arte de reír y hacer pensar; de reír y poner el dedo en la llaga... en tan sólo unos trazos que parecen fáciles pero que requieren minutos-horas-días-semanas-años de trabajo frente al lienzo en blanco y con los lápices y plumones a la mano para darle color y sentido...

Vi comenzar a algunos de ellos. Otros ya venían hechos y derechos. Eran los primeros años de los ochenta: Eran Kemchs, Ahumada, Bogotá..., y era la revista Razones que ideó y dirigió Samuel I. del Villar, aconsejado por Miguel Ángel Granados Chapa, Hero Rodríguez Toro, Alan Riding, Fernando Rosenzweig, Rafael Segovia y más.

... Y uno ahí, aprendiendo. Y ellos, los moneros,trabajaban en la gran mesa-escritorio, frente a sus hojas, como hipnotizados, con la mirada fija, como perdidos en sí mismos, pero volcados en su idea... Tan serios ellos. Nada más serio en el mundo que un caricaturista-monero cuando trabaja.

Y de ahí surgían lienzos. En un pequeño espacio. El dibujo adquiere el estilo de cada uno de ellos, que lo buscan por mucho tiempo hasta conseguirlo.

¿Quiénes son los que hacen del sarcasmo y la comedia humana su forma de vida y periodismo de intensidades? ¿De dónde vienen? ¿Cómo es que aparecen de pronto, por ahí, con su carpeta de ejemplos para abrir pestillos y puertas y ventanas y dejar entrar y salir el aire de la libertad en las redacciones para sumarse a ese mismo ideal de libre pensamiento, palabra y obra, con muchos otros periodistas que lo mismo, desde su especialidad, hacen esta apertura?

En todo caso, la historia de la caricatura en México es larga y complicada. Su propia naturaleza parece complicarlo todo: hacer ironía y exponer a personajes que se sienten intocables es de alto calado en materia de libertad de expresión. Y por lo mismo han sido perseguidos y hasta encarcelados o muertos.

Por ejemplo, Juárez y Sebastián Lerdo de Tejada se molestaban mucho con las ironías y caricaturas que se publicaban en los periódicos críticos de la época de la República Restaurada (1867, año en que terminó el imperio de Maximiliano, y 1876, cuando daría comienzo una nueva etapa que en la historia se registrará como el Porfiriato), pero las toleraban; hacían mutis y miraban para otro lado.

En cambio a Porfirio Díaz le retorcía las tripas verse ironizado o ridiculizado. Y se dedicó a ‘castigar a quien se atreviera a poner en entredicho al presidente de la República’. Y hubo un momento de atonía en la caricatura nacional, pero no paró, no se dejó y aquí o allá aparecían muestras de indignación hecha trazos y burla.

Pero eso; la caricatura en México tiene larga historia y comenzó en 1826 cuando era presidente de México Guadalupe Victoria; por entonces llegó a México el impresor Claudio Linati, quien se asoció aquí con Florencio Galli y José María Heredia: juntos hicieron la revista política “El Iris” para informar de las elecciones que habrían de llevarse a cabo y renovar el Congreso federal, mitad del Senado y legislaturas en los estados: la lucha era entre logias, que hacían las veces de partidos políticos: Yorkinos y Escoceses, La cosa política ardía... y ese año que se publicó “Tiranía”...

‘Es un dibujo en el que aparece un dictador con patas y orejas de burro, con un collar de calaveras y un gorro de bufón; lleva un cráneo, un bastón y la palabra hierro. En un pedestal está un tirano que pisa los derechos del hombre y a su izquierda la superstición, encarnada en un diablo, a su derecha el fanatismo, personificado por un fraile, sobre un fondo con escenas de la Inquisición y de actos injustos en varios lugares del mundo. Y un diablo quema los periódicos liberales de la época’.

Claudio Linati http://alancaricartones.blogspot.ca/2011/08/retratando-mi-mexico.html

De ahí en adelante el siglo XIX mexicano fue prolífico en periodismo crítico –de ambos bandos: liberales y conservadores—como también en el nacimiento de periódicos y en ellos los grandes cartones humorísticos de la época, que hacían crítica, se mofaban, ironizaban y también explicaban.

La Hemeroteca Nacional, como Hemerotecas estatales o municipales tienen bajo resguardo muchos ejemplares de aquellos años, y sus cartones vivos hoy como entonces. Pero también está el vacío de los años de represión y censura, como los ocurridos durante el gobierno de Santa Anna cuando hubo persecución de periodistas y, obviamente, de caricaturistas, aunque como siempre, aquí o allá se las ingeniaban para publicar su idea, su intención, aun así nació Don Bullebulle (1847) y “Tío Nonilla (1850) o La espada de don Simplicio (1855)... Pero es en 1861 cuando se aprueba la Ley de Imprenta y comienza otra etapa, asimismo crítica como irónica.

Y es que no hay nada que más duela a un político que la burla o la ironía por sus hechos; la ridiculización de su figura o de los actos de gobierno; la risa ajena les causa escozor e indignación. Así ha sido. Así es.

Pero nacieron periódicos durante el siglo XIX suficientes para dar espacio al cartón: San Baltazar, El Padre Cobos, El Ahuizote, La carabina de Ambrosio, La mosca, Mefistófeles, Fray Gerundio, El Tranchete, El Coyote, La Patria Ilustrada, El hijo del Ahuizote... y tantos cientos de ejemplos de un periodismo que quería decir y quería gritar y quería poner las cosas en claro... Y ahí la caricatura como mirador del dicho y el hecho.

Y así en adelante. Con Díaz, jornadas de represión y persecución aunque pronto habría de surgir la prensa industrial en México y así llegó la Revolución Mexicana y puntual a la cita estaba ahí el gran cartón político. No podía ser de otra manera porque es parte esencial del periodismo mexicano y, por lo mismo, el público quería ver al poder político puesto a ras de papel, lápiz y texto. En todo caso, ¿cómo entender el nacimiento del siglo XX sin la obra de José Guadalupe Posada y el gran Antonio Vanegas Arroyo?

Y así transcurre el siglo XX –caen las hojas del calendario de pared, a la manera de las películas de Juan Orol, que es el paso del tiempo-, para llegar a nuestros días que aun tienen aires de El Chango Ernesto García Cabral, de Antonio Arias Bernal, del gran Abel Quesada, y de las historietas, que también tienen su carga de crítica social, como fue La Familia Burrón, de Gabriel Vargas...

Y es en 1968 cuando comienza la nueva etapa de la caricatura mexicana: hay indignación, dolor, coraje y bravura, exigencia y reproche... Y ahí están los cartonistas de los nuevos tiempos que habrían de surgir de aquella tragedia y de la de 1971. Por aquellos años nace “La Garrapata” que dirigían ni más ni menos que Helio Flores, Rogelio Naranjo, Ríus y Emilio Abdalá. Otra visión. Otra perspectiva y otra forma histórica de caricaturizar y decir las cosas que duelen a modo de ‘los mexicanos se pintan solos’.

Precisamente son ellos los que aportan la genialidad de su obra a lo que habría de ser el cartonismo mexicano: ‘la caricatura política deja de ser tan sólo una burla y una sátira, para convertirse en una manera de entender la situación política del país’.

Y ya están ahí artistas que hacen caricatura, o ‘moneros’ como deciden llamarse: Sin ninguna duda y por grandes méritos propios, Magú, Ríus, Helio Flores, Naranjo, Feggo, Ahumada, El Fisgón, Rocha, Jis, Kemchs, Arau, Hernández, Calderón, Trino... Gómez, Osvaldo, Ishus y tantos, tantísimos más de alcurnia y ejemplo...

Jóvenes los hay también, que incursionan en el arte de mostrarnos al mundo desde la ventana de un cartón que resume nuestra vida y la vida de quienes deciden la vida de otros y en donde se denuncian lo mismo injusticias como abusos y quebrantos... ¡Y qué tal los grandes cartonistas en los periódicos de los estados de la República! Héroes de pies a cabeza hoy mismo.

Parece que no, pero ahí están los cartonistas, los caricaturistas, los moneros nuestros de cada día. Ahí están y ahí estarán porque nos hacen falta, como la sal de la tierra, como ‘la risa remedio infalible’, como... No sé en qué cabeza cabe tanto ingenio, imaginación, un poco de gracia y otra cosita. Son nuestros cartonistas-caricaturistas-moneros-dibujantes-artistas-periodistas, y sí: seres humanos de carne y hueso y un pedazo de pescuezo.

joelhsantiago@gmail.com

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