/ viernes 5 de febrero de 2021

Hojas de papel volando | De bosques y de gnomos, elfos, hadas, brujas: sin casa

Los bosques son una maravilla de la naturaleza. Son el hábitat deseado en su imagen generosa… y el más temido en su imagen terrorífica

Los bosques son una maravilla de la naturaleza. Son el hábitat deseado en su imagen generosa… y el más temido en su imagen terrorífica.

La extensión boscosa ha sido de aproximadamente 30 por ciento de la superficie terrestre, es decir, casi 40 millones de km2., en la que aún persiste lo que pudo ser el origen de muchas especies naturales, vegetales, animales y en la que cohabitan la frondosidad de su vegetación, su arbolado, su floresta, sus aguas y su humedad con vientos cargados de oxígeno. La salud del mundo.

En todo caso, el sueño de muchos es huir de las grandes ciudades para refugiarse en un bosque profundo, rodeado de vegetación, de flores, de maleza y por supuesto de árboles tupidos, aromáticos y enormes, a cuyo pie se podrían caminar horas y horas para encontrar ríos caudalosos y transparentes y, por la noche, ser testigos del surgimiento de los seres mágicos más insospechados pero asimismo admirados: elfos, gnomos, hadas, fantasmas bondadosos… y brujas malvadas.

En sus ríos o lagos, se perciben –según este deseo que es un sueño-- miles de peces de colores que nadan y retozan en su entorno propio, además de que, durante el día, aparecen animalitos salvajes dispuestos a dar la bienvenida a su mundo feliz, Bambi, por ejemplo.

Y sí, aunque parece película de Disney, la imagen de ese bosque a lo “Mundo de Oz” es la que prevalece para miles de seres humanos en su ideal de felicidad.

La literatura mundial está llena de historias que ocurren en los bosques. Es ancestral. Ya desde los primeros registros literarios, el hombre-asombrado relata historias ocurridas en ese espacio aparentemente impenetrable.

▶️Hojas de papel volando | Tiempo de pescadores "con toda la mar detrás"

En la Epopeya de Gilgamesh -- escrito entre el siglo I y II a.C.-- el personaje, el persistente Gilgamesh, desoye las advertencias de su compañero Enkidu y decide partir hacia el Bosque de Cedros ‘que celosamente cuidaba Humbaba por mandato del dios Enlil. Es esta arboleda el hogar de los dioses…’

Aunque la floresta de cedros no es en sí una morada divina, sino la antesala de la misma, la sacralización de estos árboles está íntimamente ligada a la Montaña Sagrada y, enterado del fuerte carácter sacro y mágico del bosque, las intenciones de Gilgamesh son enfrentar a los dioses, aun con muy pocas probabilidades de ganar.

En, el poema-epopeya “La Eneida” de Virgilio -la escribió del año 29 a. C. 19 a. C.-- relata el origen mítico del emperador Augusto –a petición de éste, claro-. Pero lo que importa aquí es lo acontecido en los bosques. Es en el libro VI (de doce) donde cuenta el descenso de Eneas a los infiernos junto a la sibila de Cumas para recibir consejo de su padre fallecido.

Gran parte de la literatura medieval, sobre todo europea, se ubica en los bosques. Es una especie de obsesión y anhelo, en virtud de la idealización del mundo pleno y perfecto… Pero también fuente de luchas y adversidades. El bosque medieval se instala en la literatura romántica como un lugar vago, libre, sacro y misterioso.

Los hermanos Grimm, los coleccionistas de cuentos que publicaron en 1812 y a quienes se deben historias como “Blancanieves”, “Hansel y Gretel” o “Caperucita Roja”.

Dante, en La Divina Comedia, relata el recorrido de su personaje, Virgilio, y su impresión del bosque tenebroso en el que éste, el bosque, representa los pecados y las malas decisiones y su impacto en la moralidad y sus consecuencias en nuestra vida.

▶️Hojas de papel volando | Se renta cuarto de azotea

Y ni qué decir de la literatura infantil del siglo XIX; rebosante de bosques, de castillos, de princesas encantadas, de caballeros y príncipes que son donceles y héroes al mismo tiempo, valerosos que enfrentan todo peligro por salvar a la ser amada. Ya referimos a Blancanieves, habitante de un bosque cuya madrastra-la bruja, la hechiza con una manzana (la manzana siempre culpable); o La Bella Durmiente; o Caperucita Roja –asimismo perdida en el bosque a expensas del Lobo Feroz—que asola la comarca cercana:

“¡Mira esas flores, Caperucita Roja! ¡Qué bonitas! Esas que crecen ahí, al pie de los árboles. Acércate a mirarlas y mira lo bonitas que son. Si no te apartas del sendero, no oirás los trinos de los pájaros. Dentro del bosque se les oye cantar todo el rato, y es maravilloso…”

O Hansel y Gretel. O Pulgarcito y sus hermanos, a los que sus padres en un arranque –digamos- de crueldad, debido a su pobreza extrema los abandonan en el bosque denso para que sea éste el que acometa el fin de los pequeños. Pero la astucia del muy pequeño, Pulgarcito, que apenas tiene el tamaño de un dedo pulgar, acomete a toda amenaza que les presenta el bosque, incluyendo al famoso Ogro que quiere almorzárselos. Y nada: triunfa el bien sobre el mal, como en la mayoría de los relatos mágicos de Grimm o Andersen.

En la música nada mejor que el retrato al mismo tiempo terrorífico como apacible es el que expresa el nacionalista compositor ruso del siglo XIX, Modest Músorgski en su muy impresionista “Una noche en la árida montaña”, y cuyos acordes nos introducen a ese paisaje nocturno y tenebroso del bosque inhóspito y su aridez casi diabólica.

Y en el cine hay muchísimos ejemplos de vida en el bosque, como es el caso de “Dersú Uzalá”, la obra de Vladímir Arséniev que Akira Kurozawa llevó al cine en 1975. Es una película al mismo tiempo intensa como dramática, pero en la que expresa su preocupación por la desaparición de los bosques en aras de una modernidad implacable. Es al mismo tiempo un reclamo ecologista, como también un canto a la solidaridad humana y, sobre todo, a la amistad.

En México está en el libro de Bruno Traven “Macario”, que fue puesto en cine por Roberto Gavaldón en 1960 y cuyo sueño ocurre en los bosques maderables de Chiapas; o del mismo autor “El tesoro de la Sierra Madre” que John Houston dirigió en 1948, en México, y cuyas ambiciones y contradicciones ocurren en lo alto de las montañas y en los bosques mexicanos.

▶️Hojas de papel volando | "Gozosos como vuelan sus soles..."

Y tanto más. Pero ese mundo al mismo tiempo idílico como terrorífico, que ha dado para forjar personajes imaginarios y sueños de felicidad bucólicos; el mundo del bosque, de las montañas que guardan el secreto del paso del tiempo, de la vida, de la libertad y de la humildad natural, ese mundo está amenazado hoy, como nunca antes.

Los bosques mexicanos están en vilo: La desforestación que es la tala inmoderada y criminal acaba con nuestros bosques de los que hay tres especies en México: templados, subtropicales y tropicales.

La superficie arbolada de México abarca 64.8 millones de hectáreas y representa el 47% (a mediados del siglo pasado era de 80%) de la superficie forestal, de esto, ‘los bosques majestuosos que acogen a la mariposa Monarca, los bosques de maple, los de niebla y el de las luciérnagas; la masa vegetal es de 33 millones de hectáreas que corresponden sólo a bosques templados y casi 32 millones a bosques tropicales.

Cada día son menos estos bosques y esta masa boscosa: les amenazan cada día los incendios, muchos de ellos provocados para transformar el uso de la tierra en recurso para la ganadería o la agricultura, mientras que de otros se extrae madera con muchísima frecuencia de forma ilegal; además del calentamiento global que los destruye y nos destruye.

El cambio climático es una consecuencia. Las plagas. Les dañan asimismo la construcción de carreteras y vías férreas, que son la daga que amenaza su vida. No se atenta sólo a los árboles, también a la flora y la fauna y a especies animales vitales para la subsistencia del planeta y para la preservación la vida humana.

▶️Hojas de papel volando | Un tranvía llamado soledad

Todo parece estar en contra de ellos y nadie quiere o puede hacer algo para detener esa transformación criminal.

A los pesares que aquejan al mundo, y al país, se suma este, el de la destrucción de los bosques. Es la pérdida de nuestra historia y nuestra vida… pero, sobre todo, pronto ya no habrá ahí ni gnomos, ni elfos, ni hadas, ni brujas malditas, ni princesas encantadas, ni príncipes valientes, ni sueños de vida apacible y feliz de la mano de la naturaleza.

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Quedará el recuerdo sollozante entre quienes preguntarán: “¿Qué hicieron con nuestros recursos? ¿Por qué los mataron? ¿Por qué lo permitieron? ¿Quién lo hizo?

“Los gnomos están de fiesta, a la floresta van a bailar. Los grillos con sus violines tocan y tocan sin descansar: Ranita, dime ¿Cómo puedo encontrar al gnomo? Croac croac, croac croac: Pues la luna te lo dirá”.

Los bosques son una maravilla de la naturaleza. Son el hábitat deseado en su imagen generosa… y el más temido en su imagen terrorífica.

La extensión boscosa ha sido de aproximadamente 30 por ciento de la superficie terrestre, es decir, casi 40 millones de km2., en la que aún persiste lo que pudo ser el origen de muchas especies naturales, vegetales, animales y en la que cohabitan la frondosidad de su vegetación, su arbolado, su floresta, sus aguas y su humedad con vientos cargados de oxígeno. La salud del mundo.

En todo caso, el sueño de muchos es huir de las grandes ciudades para refugiarse en un bosque profundo, rodeado de vegetación, de flores, de maleza y por supuesto de árboles tupidos, aromáticos y enormes, a cuyo pie se podrían caminar horas y horas para encontrar ríos caudalosos y transparentes y, por la noche, ser testigos del surgimiento de los seres mágicos más insospechados pero asimismo admirados: elfos, gnomos, hadas, fantasmas bondadosos… y brujas malvadas.

En sus ríos o lagos, se perciben –según este deseo que es un sueño-- miles de peces de colores que nadan y retozan en su entorno propio, además de que, durante el día, aparecen animalitos salvajes dispuestos a dar la bienvenida a su mundo feliz, Bambi, por ejemplo.

Y sí, aunque parece película de Disney, la imagen de ese bosque a lo “Mundo de Oz” es la que prevalece para miles de seres humanos en su ideal de felicidad.

La literatura mundial está llena de historias que ocurren en los bosques. Es ancestral. Ya desde los primeros registros literarios, el hombre-asombrado relata historias ocurridas en ese espacio aparentemente impenetrable.

▶️Hojas de papel volando | Tiempo de pescadores "con toda la mar detrás"

En la Epopeya de Gilgamesh -- escrito entre el siglo I y II a.C.-- el personaje, el persistente Gilgamesh, desoye las advertencias de su compañero Enkidu y decide partir hacia el Bosque de Cedros ‘que celosamente cuidaba Humbaba por mandato del dios Enlil. Es esta arboleda el hogar de los dioses…’

Aunque la floresta de cedros no es en sí una morada divina, sino la antesala de la misma, la sacralización de estos árboles está íntimamente ligada a la Montaña Sagrada y, enterado del fuerte carácter sacro y mágico del bosque, las intenciones de Gilgamesh son enfrentar a los dioses, aun con muy pocas probabilidades de ganar.

En, el poema-epopeya “La Eneida” de Virgilio -la escribió del año 29 a. C. 19 a. C.-- relata el origen mítico del emperador Augusto –a petición de éste, claro-. Pero lo que importa aquí es lo acontecido en los bosques. Es en el libro VI (de doce) donde cuenta el descenso de Eneas a los infiernos junto a la sibila de Cumas para recibir consejo de su padre fallecido.

Gran parte de la literatura medieval, sobre todo europea, se ubica en los bosques. Es una especie de obsesión y anhelo, en virtud de la idealización del mundo pleno y perfecto… Pero también fuente de luchas y adversidades. El bosque medieval se instala en la literatura romántica como un lugar vago, libre, sacro y misterioso.

Los hermanos Grimm, los coleccionistas de cuentos que publicaron en 1812 y a quienes se deben historias como “Blancanieves”, “Hansel y Gretel” o “Caperucita Roja”.

Dante, en La Divina Comedia, relata el recorrido de su personaje, Virgilio, y su impresión del bosque tenebroso en el que éste, el bosque, representa los pecados y las malas decisiones y su impacto en la moralidad y sus consecuencias en nuestra vida.

▶️Hojas de papel volando | Se renta cuarto de azotea

Y ni qué decir de la literatura infantil del siglo XIX; rebosante de bosques, de castillos, de princesas encantadas, de caballeros y príncipes que son donceles y héroes al mismo tiempo, valerosos que enfrentan todo peligro por salvar a la ser amada. Ya referimos a Blancanieves, habitante de un bosque cuya madrastra-la bruja, la hechiza con una manzana (la manzana siempre culpable); o La Bella Durmiente; o Caperucita Roja –asimismo perdida en el bosque a expensas del Lobo Feroz—que asola la comarca cercana:

“¡Mira esas flores, Caperucita Roja! ¡Qué bonitas! Esas que crecen ahí, al pie de los árboles. Acércate a mirarlas y mira lo bonitas que son. Si no te apartas del sendero, no oirás los trinos de los pájaros. Dentro del bosque se les oye cantar todo el rato, y es maravilloso…”

O Hansel y Gretel. O Pulgarcito y sus hermanos, a los que sus padres en un arranque –digamos- de crueldad, debido a su pobreza extrema los abandonan en el bosque denso para que sea éste el que acometa el fin de los pequeños. Pero la astucia del muy pequeño, Pulgarcito, que apenas tiene el tamaño de un dedo pulgar, acomete a toda amenaza que les presenta el bosque, incluyendo al famoso Ogro que quiere almorzárselos. Y nada: triunfa el bien sobre el mal, como en la mayoría de los relatos mágicos de Grimm o Andersen.

En la música nada mejor que el retrato al mismo tiempo terrorífico como apacible es el que expresa el nacionalista compositor ruso del siglo XIX, Modest Músorgski en su muy impresionista “Una noche en la árida montaña”, y cuyos acordes nos introducen a ese paisaje nocturno y tenebroso del bosque inhóspito y su aridez casi diabólica.

Y en el cine hay muchísimos ejemplos de vida en el bosque, como es el caso de “Dersú Uzalá”, la obra de Vladímir Arséniev que Akira Kurozawa llevó al cine en 1975. Es una película al mismo tiempo intensa como dramática, pero en la que expresa su preocupación por la desaparición de los bosques en aras de una modernidad implacable. Es al mismo tiempo un reclamo ecologista, como también un canto a la solidaridad humana y, sobre todo, a la amistad.

En México está en el libro de Bruno Traven “Macario”, que fue puesto en cine por Roberto Gavaldón en 1960 y cuyo sueño ocurre en los bosques maderables de Chiapas; o del mismo autor “El tesoro de la Sierra Madre” que John Houston dirigió en 1948, en México, y cuyas ambiciones y contradicciones ocurren en lo alto de las montañas y en los bosques mexicanos.

▶️Hojas de papel volando | "Gozosos como vuelan sus soles..."

Y tanto más. Pero ese mundo al mismo tiempo idílico como terrorífico, que ha dado para forjar personajes imaginarios y sueños de felicidad bucólicos; el mundo del bosque, de las montañas que guardan el secreto del paso del tiempo, de la vida, de la libertad y de la humildad natural, ese mundo está amenazado hoy, como nunca antes.

Los bosques mexicanos están en vilo: La desforestación que es la tala inmoderada y criminal acaba con nuestros bosques de los que hay tres especies en México: templados, subtropicales y tropicales.

La superficie arbolada de México abarca 64.8 millones de hectáreas y representa el 47% (a mediados del siglo pasado era de 80%) de la superficie forestal, de esto, ‘los bosques majestuosos que acogen a la mariposa Monarca, los bosques de maple, los de niebla y el de las luciérnagas; la masa vegetal es de 33 millones de hectáreas que corresponden sólo a bosques templados y casi 32 millones a bosques tropicales.

Cada día son menos estos bosques y esta masa boscosa: les amenazan cada día los incendios, muchos de ellos provocados para transformar el uso de la tierra en recurso para la ganadería o la agricultura, mientras que de otros se extrae madera con muchísima frecuencia de forma ilegal; además del calentamiento global que los destruye y nos destruye.

El cambio climático es una consecuencia. Las plagas. Les dañan asimismo la construcción de carreteras y vías férreas, que son la daga que amenaza su vida. No se atenta sólo a los árboles, también a la flora y la fauna y a especies animales vitales para la subsistencia del planeta y para la preservación la vida humana.

▶️Hojas de papel volando | Un tranvía llamado soledad

Todo parece estar en contra de ellos y nadie quiere o puede hacer algo para detener esa transformación criminal.

A los pesares que aquejan al mundo, y al país, se suma este, el de la destrucción de los bosques. Es la pérdida de nuestra historia y nuestra vida… pero, sobre todo, pronto ya no habrá ahí ni gnomos, ni elfos, ni hadas, ni brujas malditas, ni princesas encantadas, ni príncipes valientes, ni sueños de vida apacible y feliz de la mano de la naturaleza.

▶️ Mantente informado en nuestro canal de Google Noticias

Quedará el recuerdo sollozante entre quienes preguntarán: “¿Qué hicieron con nuestros recursos? ¿Por qué los mataron? ¿Por qué lo permitieron? ¿Quién lo hizo?

“Los gnomos están de fiesta, a la floresta van a bailar. Los grillos con sus violines tocan y tocan sin descansar: Ranita, dime ¿Cómo puedo encontrar al gnomo? Croac croac, croac croac: Pues la luna te lo dirá”.

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