/ viernes 12 de febrero de 2021

Hojas de papel volando | Las cositas del amor… y de la amistad

Esto de celebrar el Día de San Valentín –el 14 de febrero de cada año-, es viejo-viejísimo. Es del siglo III de nuestra era

Todo depende de cómo ande la patria. Se puede regalar un anillo de diamantes, unos rubíes, unas esmeraldas, un Lamborghini o un viaje alrededor del mundo –con cubre bocas y careta plástica-. Se pueden organizar cenas costosas con champagne y caviar, previas al momento cumbre, o prometer el cielo y las estrellas.

Como también, los que somos del ejército “de a pie”, una tarjetita que diga: “Te quiero mucho” o “¡Te amo!” o “¡Me traes arrastrando la cobija y ensuciando el apellido!” y un chocolatito –que es de cacahuate- en forma de corazón, envuelto en papel de estaño color rojo. Los más tiernos regalan “ositos de peluche” El chiste está en desparramar miel para demostrar eso: el amor.

▶️ Crece oferta académica del Centro Cultural Helénico

De todo se vale siempre, todo el tiempo, pero sobre todo en el “Día del amor y la amistad”. Un día en el que el amor –o la pasión-, nos hace decir palabras melosas y caramelosas, miradas de borrego exhausto y sonrisas de “si te vienen a contar cositas malas de mi…”. Y se vale porque eso de las cositas del amor es cuando nos pega el jaleo del no encontrar paz ni sosiego en el sentido feliz: “Por amor se han creado los hombres, en la faz de la tierra…”

También está el amor-amistad que tiene permiso para decirle a los mejores cuates del alma: “te quiero un chingo ca…”, con un fuerte abrazo y sacudiendo la espalda de uno y otro, para que se sienta el afecto, aunque salga polvo de los sacos. Sí, a los amigos de verdad se les quiere, se les valora, se les ensalza, se les dice lo que se piensa, siempre cargados de afecto. Y aunque no se diga nada, con un amigo se puede estar en silencio por horas, y siempre se está bien acompañado.

Esto a esos amigos-cuates-cómplices-confidentes de toda la vida; los que están ahí siempre, en presencia o en ausencia. Los que, aunque no se vean, como “Gasparín, el fantasma amistoso”, se ‘siente su presencia’ y se sabe que se necesitan mutuamente; en las buenas y en las malas, en las duras o en las maduras, en los días de tirar cohetes y cuando hay que recoger las varas. Son a los que siempre se extraña.

Así que eso del 14 de febrero como el “Día del amor y la amistad” es un decir. Porque se ama –cuando se ama- todo el tiempo, que es cuando nos traen de un ala; cuando ‘entre suspiro y suspiro’ queremos estar con la ser amada minuto a minuto, segundo a segundo, cuando respiramos el aire que respira y cuando respiramos entrecortado a la sola vista de su figura angelical… O ellas a ellos, aunque caminen como gorilas: para ellas son perfectos.

▶️ ¿Qué eran los museos antes de ser museo?: MUNAL

Esto de celebrar el Día de San Valentín –el 14 de febrero de cada año-, es viejo-viejísimo. Es del siglo III de nuestra era.

Eran los comienzos del cristianismo en el imperio romano y cuando, a quienes descubrían en su cristiandad, los mandaba directo y sin escalas a los calabozos-catacumbas para recibir ‘un castigo ejemplar’. Por esos años, el emperador Claudio II andaba a la caza de quienes se convertían al cristianismo; y crecían como hongos por todos lados.

Y por ahí andaba Valentín –que aún no era santo--, pero sí sacerdote y divulgador de la fe cristiana. Y casaba a los jóvenes soldados con sus damas en las bodegas de las cárceles del imperio.

Cuando al mandamás de los romanos descubrió lo de los votos matrimoniales que realizaba Valentín, mandó capturarlo para traerlo frente a él y que pidiera perdón. (Pero también porque, según Claudio, los jóvenes deberían permanecer solteros porque así eran mejores guerreros).

Y según esto, el emperador no tenía más intención que sólo reprenderlo y expulsarlo de Roma.

‘Pero por influencia de otros altos funcionarios lo mandó a decapitar. Aunque –sigue la leyenda- los días que estuvo esperando en prisión para su ejecución vio que la hija del juez de la prisión era ciega, y por medio de oraciones pidió a Dios que la joven tuviera la dicha de poder ver.’

▶️ Subastan en París piezas prehispánicas que reclamaba México

“Durante su traslado a la plaza pública para su ejecución, Valentín le regaló un papelillo a la joven para que lo leyera. Ella, sin entender el motivo, ya que era ciega, abrió el papel y por primera vez logró ver y lo primero que vio era una frase que decía “Tu Valentín” como forma de despedida”

Años después, cuando el cristianismo se había consolidado en Roma, Valentín fue declarado santo y se tiene registro de que el primer día de San Valentín se celebró el 14 de febrero de 494, del entonces calendario Juliano, con el papa Gelasio I como líder de la Iglesia Católica.

Aunque ya en el siglo XX (1969) se le retiraron las cartas credenciales a San Valentín. De todos modos, la fiesta sigue, ya de forma continua, o con periodos de no celebración por asuntos de guerra o catástrofes. Años después de su celebración le agregaron lo de la amistad, que originalmente no estaba incluida en el paquete afectivo.

Pero ¿qué es al amor? Según la Real Academia de la Lengua (RAE) “1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. 2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. 3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo. 4. m. Tendencia a la unión sexual. (…)

Pero a lo mejor nada de esto define a la emoción del “amor”. Quizá porque es un sentimiento-sensación-estado de ánimo (alma)-agitación-alegría-tristeza-felicidad-incertidumbre-regocijo…, que es indefinible porque a cada uno le llega de distinta manera e intensidad.

Y esto porque, según la escala del “amor es”, hay el amor apacible, el amor platónico, el amor lúdico, el amor apasionado –ese que hace que rechinen los dientes a la vista de la ser amada--. El amor verdadero, el amor a primera vista, el amor clandestino, el “amor de lejos”, el amor incondicional, el amor propio, el amor filial, el amor fraterno… el “¡Ay amor ya no me quieras tanto!”

▶️Conmemora los 500 años de la caída de México-Tenochtitlan con propuesta coreográfica

Y es que, aunque se quiera, el amor no se puede ocultar cuando lo hay. Es estruendoso de manera distinta; en la forma de hablar, en la forma de mirar, en la forma de ver la vida, de interpretarla, de darle sentido, en la forma de sufrir, en la forma de ‘amar sin ser amado’ o ‘ser amado y no poder amar’, y todas esas composiciones que se hacen por este amoroso tormento, “aquél que tuviere amor, entenderá lo que digo.” dice Sor Juana Inés de la Cruz.

Eso es. Ella clama, a pesar de su encierro y porque a fin de cuentas era ser humano: “Este amoroso tormento, que en mi corazón se ve, sé que lo siento y no sé, la causa porque lo siento…”

En una enorme cantidad de obras literarias el punto central es el del amor; ya de intriga o de entrega: Ya como en “Las amistades peligrosas”, la importante novela epistolar de Pierre Choderlos de Laclos, publicada en 1782; o la muy famosa de amor hasta el punto final, como es “Romeo y Julieta” de William Shakespeare. De amor pecaminoso, como el que siente “Don Juan Tenorio” por Doña Inés ‘del alma mía’. O el amor enloquecido de “Pedro Páramo”, por Susana San Juan.

Incontables obras en las que el amor es parte esencial de la obra, y en las que, por amor, se expone al ser humano en sus intensidades más corrosivas. De todo ahí. Así mismo en las distintas artes. Todas ellas hechas por amor o con amor o a pesar del amor.

La pintura, el teatro, el cine, la arquitectura, la danza, la música…: en todas ellas se inhala y exhala amor. También amistad.

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Ya hemos detallado algunos ejemplos de este amor fraterno, como es, por ejemplo “Alexis Zorba, el griego” de Nikos Kazantzakis; o la ya mencionada amistad y amor entrañable entre Dersú Uzalá, el viejo armenio de los bosques y “El capitán” que habrá de trazar la línea férrea en lugar inhóspito. O el emblema de la amistad entre Aquiles y Patroclo, que nos heredó Homero. O David y Jonatán, en La Biblia.

De todo ahí en eso tan indefinible pero tan sensible y presente como es el amor y en eso tan cierto como permanente como es la amistad: Siempre, a través de los años, aunque pasen los años eso queda, si… es lo único que queda: el amor… la amistad… tu-yo-nosotros…

Te quiero por ser como eres. Tu amor me da lo imposible. Mi vida, no seas ingrata: ¿No ves que se siente horrible?”

Todo depende de cómo ande la patria. Se puede regalar un anillo de diamantes, unos rubíes, unas esmeraldas, un Lamborghini o un viaje alrededor del mundo –con cubre bocas y careta plástica-. Se pueden organizar cenas costosas con champagne y caviar, previas al momento cumbre, o prometer el cielo y las estrellas.

Como también, los que somos del ejército “de a pie”, una tarjetita que diga: “Te quiero mucho” o “¡Te amo!” o “¡Me traes arrastrando la cobija y ensuciando el apellido!” y un chocolatito –que es de cacahuate- en forma de corazón, envuelto en papel de estaño color rojo. Los más tiernos regalan “ositos de peluche” El chiste está en desparramar miel para demostrar eso: el amor.

▶️ Crece oferta académica del Centro Cultural Helénico

De todo se vale siempre, todo el tiempo, pero sobre todo en el “Día del amor y la amistad”. Un día en el que el amor –o la pasión-, nos hace decir palabras melosas y caramelosas, miradas de borrego exhausto y sonrisas de “si te vienen a contar cositas malas de mi…”. Y se vale porque eso de las cositas del amor es cuando nos pega el jaleo del no encontrar paz ni sosiego en el sentido feliz: “Por amor se han creado los hombres, en la faz de la tierra…”

También está el amor-amistad que tiene permiso para decirle a los mejores cuates del alma: “te quiero un chingo ca…”, con un fuerte abrazo y sacudiendo la espalda de uno y otro, para que se sienta el afecto, aunque salga polvo de los sacos. Sí, a los amigos de verdad se les quiere, se les valora, se les ensalza, se les dice lo que se piensa, siempre cargados de afecto. Y aunque no se diga nada, con un amigo se puede estar en silencio por horas, y siempre se está bien acompañado.

Esto a esos amigos-cuates-cómplices-confidentes de toda la vida; los que están ahí siempre, en presencia o en ausencia. Los que, aunque no se vean, como “Gasparín, el fantasma amistoso”, se ‘siente su presencia’ y se sabe que se necesitan mutuamente; en las buenas y en las malas, en las duras o en las maduras, en los días de tirar cohetes y cuando hay que recoger las varas. Son a los que siempre se extraña.

Así que eso del 14 de febrero como el “Día del amor y la amistad” es un decir. Porque se ama –cuando se ama- todo el tiempo, que es cuando nos traen de un ala; cuando ‘entre suspiro y suspiro’ queremos estar con la ser amada minuto a minuto, segundo a segundo, cuando respiramos el aire que respira y cuando respiramos entrecortado a la sola vista de su figura angelical… O ellas a ellos, aunque caminen como gorilas: para ellas son perfectos.

▶️ ¿Qué eran los museos antes de ser museo?: MUNAL

Esto de celebrar el Día de San Valentín –el 14 de febrero de cada año-, es viejo-viejísimo. Es del siglo III de nuestra era.

Eran los comienzos del cristianismo en el imperio romano y cuando, a quienes descubrían en su cristiandad, los mandaba directo y sin escalas a los calabozos-catacumbas para recibir ‘un castigo ejemplar’. Por esos años, el emperador Claudio II andaba a la caza de quienes se convertían al cristianismo; y crecían como hongos por todos lados.

Y por ahí andaba Valentín –que aún no era santo--, pero sí sacerdote y divulgador de la fe cristiana. Y casaba a los jóvenes soldados con sus damas en las bodegas de las cárceles del imperio.

Cuando al mandamás de los romanos descubrió lo de los votos matrimoniales que realizaba Valentín, mandó capturarlo para traerlo frente a él y que pidiera perdón. (Pero también porque, según Claudio, los jóvenes deberían permanecer solteros porque así eran mejores guerreros).

Y según esto, el emperador no tenía más intención que sólo reprenderlo y expulsarlo de Roma.

‘Pero por influencia de otros altos funcionarios lo mandó a decapitar. Aunque –sigue la leyenda- los días que estuvo esperando en prisión para su ejecución vio que la hija del juez de la prisión era ciega, y por medio de oraciones pidió a Dios que la joven tuviera la dicha de poder ver.’

▶️ Subastan en París piezas prehispánicas que reclamaba México

“Durante su traslado a la plaza pública para su ejecución, Valentín le regaló un papelillo a la joven para que lo leyera. Ella, sin entender el motivo, ya que era ciega, abrió el papel y por primera vez logró ver y lo primero que vio era una frase que decía “Tu Valentín” como forma de despedida”

Años después, cuando el cristianismo se había consolidado en Roma, Valentín fue declarado santo y se tiene registro de que el primer día de San Valentín se celebró el 14 de febrero de 494, del entonces calendario Juliano, con el papa Gelasio I como líder de la Iglesia Católica.

Aunque ya en el siglo XX (1969) se le retiraron las cartas credenciales a San Valentín. De todos modos, la fiesta sigue, ya de forma continua, o con periodos de no celebración por asuntos de guerra o catástrofes. Años después de su celebración le agregaron lo de la amistad, que originalmente no estaba incluida en el paquete afectivo.

Pero ¿qué es al amor? Según la Real Academia de la Lengua (RAE) “1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser. 2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. 3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo. 4. m. Tendencia a la unión sexual. (…)

Pero a lo mejor nada de esto define a la emoción del “amor”. Quizá porque es un sentimiento-sensación-estado de ánimo (alma)-agitación-alegría-tristeza-felicidad-incertidumbre-regocijo…, que es indefinible porque a cada uno le llega de distinta manera e intensidad.

Y esto porque, según la escala del “amor es”, hay el amor apacible, el amor platónico, el amor lúdico, el amor apasionado –ese que hace que rechinen los dientes a la vista de la ser amada--. El amor verdadero, el amor a primera vista, el amor clandestino, el “amor de lejos”, el amor incondicional, el amor propio, el amor filial, el amor fraterno… el “¡Ay amor ya no me quieras tanto!”

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Y es que, aunque se quiera, el amor no se puede ocultar cuando lo hay. Es estruendoso de manera distinta; en la forma de hablar, en la forma de mirar, en la forma de ver la vida, de interpretarla, de darle sentido, en la forma de sufrir, en la forma de ‘amar sin ser amado’ o ‘ser amado y no poder amar’, y todas esas composiciones que se hacen por este amoroso tormento, “aquél que tuviere amor, entenderá lo que digo.” dice Sor Juana Inés de la Cruz.

Eso es. Ella clama, a pesar de su encierro y porque a fin de cuentas era ser humano: “Este amoroso tormento, que en mi corazón se ve, sé que lo siento y no sé, la causa porque lo siento…”

En una enorme cantidad de obras literarias el punto central es el del amor; ya de intriga o de entrega: Ya como en “Las amistades peligrosas”, la importante novela epistolar de Pierre Choderlos de Laclos, publicada en 1782; o la muy famosa de amor hasta el punto final, como es “Romeo y Julieta” de William Shakespeare. De amor pecaminoso, como el que siente “Don Juan Tenorio” por Doña Inés ‘del alma mía’. O el amor enloquecido de “Pedro Páramo”, por Susana San Juan.

Incontables obras en las que el amor es parte esencial de la obra, y en las que, por amor, se expone al ser humano en sus intensidades más corrosivas. De todo ahí. Así mismo en las distintas artes. Todas ellas hechas por amor o con amor o a pesar del amor.

La pintura, el teatro, el cine, la arquitectura, la danza, la música…: en todas ellas se inhala y exhala amor. También amistad.

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Ya hemos detallado algunos ejemplos de este amor fraterno, como es, por ejemplo “Alexis Zorba, el griego” de Nikos Kazantzakis; o la ya mencionada amistad y amor entrañable entre Dersú Uzalá, el viejo armenio de los bosques y “El capitán” que habrá de trazar la línea férrea en lugar inhóspito. O el emblema de la amistad entre Aquiles y Patroclo, que nos heredó Homero. O David y Jonatán, en La Biblia.

De todo ahí en eso tan indefinible pero tan sensible y presente como es el amor y en eso tan cierto como permanente como es la amistad: Siempre, a través de los años, aunque pasen los años eso queda, si… es lo único que queda: el amor… la amistad… tu-yo-nosotros…

Te quiero por ser como eres. Tu amor me da lo imposible. Mi vida, no seas ingrata: ¿No ves que se siente horrible?”

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