/ viernes 31 de julio de 2020

Hojas de papel volando | Las Brontë... silencio y estruendo

Las hermanas Brontë eran cinco. Dos de ellas murieron muy jóvenes y quedaron tres...

La campiña inglesa da para mucho; sobre todo para disfrutar la vista de ella, para producir lo que tiene que producir en tierra de trabajo, pero también para la creación y arte; para la reflexión profunda y el camino de las intensidades más emotivas y corrosivas; para el disfraz de formas y modos ‘polite’ pero con profundidades angustiosas. De todo esto da la campiña inglesa.

Dos casos de buen cine muestran aquellos paisajes, su ambiente y su luz en claro obscuro, ambas basadas en dos joyas literarias de dimensión extraordinaria: “Jane Eyre” y “Cumbres Borrascosas”. Dos dimensiones del ser humano que nos envuelven en nuestras contradicciones, nuestras fortalezas y en “eso” que transforma al ser humano: sus pasiones incontroladas.

Tanto “Jane Eyre” como “Cumbres Borrascosas” son obras de la literatura inglesa femenina del siglo XVIII como parte del acervo cultural histórico de ese país y del mundo.

Los grados de locura. Intensidad. Madurez. Pasión. Indignidades. Traiciones. Amor. Todo está ahí, en dos obras distintas en su temática como en su personalidad: la de sus autoras, sus convicciones vitales, sus frustraciones y reclamos: cada una distinta y al mismo tiempo surgidas del mismo ambiente, educación, formación, lecturas y deseos.

Las hermanas Brontë eran cinco. Dos de ellas murieron muy jóvenes y quedaron tres: Charlotte (1816-1855), Emily (1818-1848) y Anne (18201849). Junto a ellas un hermano: Patrick, mejor conocido como Branwell.

Todos ellos provenían de una familia de clase media baja rural, nacidas en Yorkshire, de Patrick Brontë, quien fue pastor anglicano, rector de Haworth y de Maria, quien murió cuando eran niñas, en 1821. En 1820 la familia se trasladó a Haworth en donde fincaron su residencia vital.

(‘En lo más alto del pueblo de Haworth, al norte de Inglaterra, entre el cementerio y el paisaje rocoso de los páramos, se levanta una casa de ladrillo oscuro con dos hileras de ventanas blancas. Una vivienda firme y sobria, construida a finales del siglo XVIII para ser el hogar de los pastores anglicanos del lugar. Entre 1820 y 1855, en ese edificio discreto ocurrió un hecho excepcional: allí vivieron y crearon sus obras, escondidas del mundo, tres mujeres geniales, las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne.’)

Como ocurre en la época victoriana inglesa, el comportamiento de la mujer debería ser recatado, muy formal, con una educación rigurosa, en tanto que las formas de comportamiento familiar y social deberían regirse por las maneras socialmente aceptadas... Pero ellas no eran así.

En la comunidad se les consideraba como “raras”, les daba por la lectura en serio, les daba por la poesía, les daba por la reflexión pública y hasta por la polémica. No eran bonitas ni tenían dinero, por tanto era muy difícil concretar un matrimonio: sin dote suficiente, sin belleza que pudiera sustituir la falta del recurso y, lo peor, eran de las que expresaban su opinión “sin pudor alguno”, decían los vecinos.

Foto knsnews.co.uk

El padre, Patrick, tenía puestas todas sus esperanzas en su hijo, Branwell, que era su consentido y el de sus hermanas. Fue un estudiante brillante, con intelecto superior, con gusto por la literatura, la poesía, la música, la pintura, sobre todo. De esto había dado muestras de gusto y talento.

Por su parte, las hermanas tendrían que conformarse con su única opción: volverse maestras en alguna escuela de la localidad o bien institutrices de niños de familias ricas, lo cual les resultaba humillante, pero era así y lo hicieron, contra su voluntad.

Charlotte como Anne se convirtieron en institutrices. La más reacia fue Emily a quien le entraban crisis de conciencia ante la idea de tener que separarse de sus hermanas o tener la responsabilidad en la educación de niños y niñas en casa ajena.

Sin proponérselo, Anne inicia la tragedia de los Brontë. Compartió con su hermano la enseñanza de los pequeños hijos de la familia Robinson. Ella lo introdujo allí para dar clases de música a Edmund. Pero Branwell se enamoró de Lydia Robinson, la madre de su discípulo. La pasión, que duró dos años y medio, ocasionó un verdadero drama familiar pues al ser descubiertos y echado de la casa, Branwell se dio a la bebida y al opio. Nunca se recuperó.

‘El alcoholismo del joven Branwell serviría, no obstante, para que Anne escribiese la novela “La inquilina de Wildfell Hall”, criticada en su tiempo por considerarse que no era "apropiada", debido a la crudeza del tema.

En 1846 deciden publicar un libro con la obra poética de las tres. Firman con seudónimos masculinos. Charlotte es ‘Currer’, Emily es ‘Ellis’ y Anne es ‘Acton’. El apellido es ‘Bell’. El libro fue un fracaso. Se vendieron sólo dos ejemplares. Esto las impulsó a buscar alternativas en la novela.

Así que ese mismo año, en 1846 deciden encerrarse en su casa de Haworth y probar con la creación de una novela cada una de ellas. Por las mañanas se dedicaban a sus tareas domésticas; por la tarde, luego de la comida, se sentaban las tres en la mesa del comedor a escribir. Se perdían en sus propios mundos, en sus recuerdos y frustraciones y cada una de ellas produjo una obra que, por entonces no fue valorada, pero que se convertirían muchos años después en joyas de la literatura inglesa.

Charlotte escribió: “Jane Eyre”, una especie de autobiografía muy compleja sobre una historia de amor tormentosa que expone los mitos profundos de la humanidad; la novela tiene una estructura basada en el exilio y retorno. “Jane Eyre” presenta un personaje femenino que, después de haber sido dominada por un cuarteto masculino decidió tomar su destino en sus manos y obedecer solo a sus propias decisiones.

La novela era una confrontación a las costumbres de la época. Y fue un referente por muchos años de la posibilidad de que la mujer hiciera eso: “tomara las riendas de su propia vida en sus manos”. La trama es ascendente y genial en sus recursos literarios. Fue, desde su inicio, la mejor aceptada de las novelas de las hermanas Brontë.

Emily escribió “Cumbres Borrascosas” (Wuthering Heights). Una obra genial, de tipo gótico, impregnada de coraje, indignación, confrontación y redención:

Es la historia de dos generaciones que se entrecruzan en la mansión “Cumbres Borrascosas”, en los lúgubres páramos de Yorkshire. Es el romance entre Catherine y Heathcliff, un amor infortunado y tormentoso. Las diferentes personalidades de los personajes luchan y debaten entre sí. La venganza, el odio, el desengaño y la pasión son los protagonistas.

El estilo de Charlotte Brontë no es complicado. Su narración es fluida y con una gran habilidad en los diálogos y descripciones. En ocasiones resulta salvaje y gótico o sobrenatural. Pero es una novela que aporta intensidad, emoción y dignidad femenina. Ahí su aportación vigente.

Anne, por su parte, escribió “Agnes Grey” y sobre todo “La inquilina de Wildfell Hall”. Su obra no alcanzó el impacto de las novelas de sus hermanas Emily y Charlotte, pero sí es parte de ese trío de mujeres que decidieron volcarse en sí mismas, en soledad, para retratar a su época, sus costumbres, sus contradicciones, sus aspiraciones de una vida feliz, pero también, al final, las contradicciones humanas y su propia rebelión.

Luego una a una las hermanas fueron muriendo. Primero murió Branwell, en 1848, víctima de su alcoholismo y drogadicción. Meses después murió Emily de tuberculosis. Poco después, contagiada de la misma enfermedad, murió Anne, en 1849. Sólo quedó Charlotte...

Charlotte se encargó de dar a conocer el verdadero nombre de las autoras de cada una de las obras y quien recibió honores por su obra y la de las tres. Al poco tiempo se casó, pero al embarazarse en edad avanzada falleció en el parto en 1855 a los 39 años.

Todos y todas las Brontë terminaron el ciclo: Fue una familia que fue un árbol frondoso. No hubo descendencia alguna, pero sí heredaron una obra excepcional en tiempos difíciles...

Samuel Taylor Coleridge expresó los prejuicios de la época en la que vivieron las Brontë: "La literatura no tiene razón de ser en la vida de una mujer, y ella no puede conocer su ser. Cuanto más (una mujer) se consagra a los deberes que le incumben, tendrá menos libertad de práctica, incluso teniendo talento o haciéndolo como una diversión.”


joelhsantiago@gmail.com



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La campiña inglesa da para mucho; sobre todo para disfrutar la vista de ella, para producir lo que tiene que producir en tierra de trabajo, pero también para la creación y arte; para la reflexión profunda y el camino de las intensidades más emotivas y corrosivas; para el disfraz de formas y modos ‘polite’ pero con profundidades angustiosas. De todo esto da la campiña inglesa.

Dos casos de buen cine muestran aquellos paisajes, su ambiente y su luz en claro obscuro, ambas basadas en dos joyas literarias de dimensión extraordinaria: “Jane Eyre” y “Cumbres Borrascosas”. Dos dimensiones del ser humano que nos envuelven en nuestras contradicciones, nuestras fortalezas y en “eso” que transforma al ser humano: sus pasiones incontroladas.

Tanto “Jane Eyre” como “Cumbres Borrascosas” son obras de la literatura inglesa femenina del siglo XVIII como parte del acervo cultural histórico de ese país y del mundo.

Los grados de locura. Intensidad. Madurez. Pasión. Indignidades. Traiciones. Amor. Todo está ahí, en dos obras distintas en su temática como en su personalidad: la de sus autoras, sus convicciones vitales, sus frustraciones y reclamos: cada una distinta y al mismo tiempo surgidas del mismo ambiente, educación, formación, lecturas y deseos.

Las hermanas Brontë eran cinco. Dos de ellas murieron muy jóvenes y quedaron tres: Charlotte (1816-1855), Emily (1818-1848) y Anne (18201849). Junto a ellas un hermano: Patrick, mejor conocido como Branwell.

Todos ellos provenían de una familia de clase media baja rural, nacidas en Yorkshire, de Patrick Brontë, quien fue pastor anglicano, rector de Haworth y de Maria, quien murió cuando eran niñas, en 1821. En 1820 la familia se trasladó a Haworth en donde fincaron su residencia vital.

(‘En lo más alto del pueblo de Haworth, al norte de Inglaterra, entre el cementerio y el paisaje rocoso de los páramos, se levanta una casa de ladrillo oscuro con dos hileras de ventanas blancas. Una vivienda firme y sobria, construida a finales del siglo XVIII para ser el hogar de los pastores anglicanos del lugar. Entre 1820 y 1855, en ese edificio discreto ocurrió un hecho excepcional: allí vivieron y crearon sus obras, escondidas del mundo, tres mujeres geniales, las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne.’)

Como ocurre en la época victoriana inglesa, el comportamiento de la mujer debería ser recatado, muy formal, con una educación rigurosa, en tanto que las formas de comportamiento familiar y social deberían regirse por las maneras socialmente aceptadas... Pero ellas no eran así.

En la comunidad se les consideraba como “raras”, les daba por la lectura en serio, les daba por la poesía, les daba por la reflexión pública y hasta por la polémica. No eran bonitas ni tenían dinero, por tanto era muy difícil concretar un matrimonio: sin dote suficiente, sin belleza que pudiera sustituir la falta del recurso y, lo peor, eran de las que expresaban su opinión “sin pudor alguno”, decían los vecinos.

Foto knsnews.co.uk

El padre, Patrick, tenía puestas todas sus esperanzas en su hijo, Branwell, que era su consentido y el de sus hermanas. Fue un estudiante brillante, con intelecto superior, con gusto por la literatura, la poesía, la música, la pintura, sobre todo. De esto había dado muestras de gusto y talento.

Por su parte, las hermanas tendrían que conformarse con su única opción: volverse maestras en alguna escuela de la localidad o bien institutrices de niños de familias ricas, lo cual les resultaba humillante, pero era así y lo hicieron, contra su voluntad.

Charlotte como Anne se convirtieron en institutrices. La más reacia fue Emily a quien le entraban crisis de conciencia ante la idea de tener que separarse de sus hermanas o tener la responsabilidad en la educación de niños y niñas en casa ajena.

Sin proponérselo, Anne inicia la tragedia de los Brontë. Compartió con su hermano la enseñanza de los pequeños hijos de la familia Robinson. Ella lo introdujo allí para dar clases de música a Edmund. Pero Branwell se enamoró de Lydia Robinson, la madre de su discípulo. La pasión, que duró dos años y medio, ocasionó un verdadero drama familiar pues al ser descubiertos y echado de la casa, Branwell se dio a la bebida y al opio. Nunca se recuperó.

‘El alcoholismo del joven Branwell serviría, no obstante, para que Anne escribiese la novela “La inquilina de Wildfell Hall”, criticada en su tiempo por considerarse que no era "apropiada", debido a la crudeza del tema.

En 1846 deciden publicar un libro con la obra poética de las tres. Firman con seudónimos masculinos. Charlotte es ‘Currer’, Emily es ‘Ellis’ y Anne es ‘Acton’. El apellido es ‘Bell’. El libro fue un fracaso. Se vendieron sólo dos ejemplares. Esto las impulsó a buscar alternativas en la novela.

Así que ese mismo año, en 1846 deciden encerrarse en su casa de Haworth y probar con la creación de una novela cada una de ellas. Por las mañanas se dedicaban a sus tareas domésticas; por la tarde, luego de la comida, se sentaban las tres en la mesa del comedor a escribir. Se perdían en sus propios mundos, en sus recuerdos y frustraciones y cada una de ellas produjo una obra que, por entonces no fue valorada, pero que se convertirían muchos años después en joyas de la literatura inglesa.

Charlotte escribió: “Jane Eyre”, una especie de autobiografía muy compleja sobre una historia de amor tormentosa que expone los mitos profundos de la humanidad; la novela tiene una estructura basada en el exilio y retorno. “Jane Eyre” presenta un personaje femenino que, después de haber sido dominada por un cuarteto masculino decidió tomar su destino en sus manos y obedecer solo a sus propias decisiones.

La novela era una confrontación a las costumbres de la época. Y fue un referente por muchos años de la posibilidad de que la mujer hiciera eso: “tomara las riendas de su propia vida en sus manos”. La trama es ascendente y genial en sus recursos literarios. Fue, desde su inicio, la mejor aceptada de las novelas de las hermanas Brontë.

Emily escribió “Cumbres Borrascosas” (Wuthering Heights). Una obra genial, de tipo gótico, impregnada de coraje, indignación, confrontación y redención:

Es la historia de dos generaciones que se entrecruzan en la mansión “Cumbres Borrascosas”, en los lúgubres páramos de Yorkshire. Es el romance entre Catherine y Heathcliff, un amor infortunado y tormentoso. Las diferentes personalidades de los personajes luchan y debaten entre sí. La venganza, el odio, el desengaño y la pasión son los protagonistas.

El estilo de Charlotte Brontë no es complicado. Su narración es fluida y con una gran habilidad en los diálogos y descripciones. En ocasiones resulta salvaje y gótico o sobrenatural. Pero es una novela que aporta intensidad, emoción y dignidad femenina. Ahí su aportación vigente.

Anne, por su parte, escribió “Agnes Grey” y sobre todo “La inquilina de Wildfell Hall”. Su obra no alcanzó el impacto de las novelas de sus hermanas Emily y Charlotte, pero sí es parte de ese trío de mujeres que decidieron volcarse en sí mismas, en soledad, para retratar a su época, sus costumbres, sus contradicciones, sus aspiraciones de una vida feliz, pero también, al final, las contradicciones humanas y su propia rebelión.

Luego una a una las hermanas fueron muriendo. Primero murió Branwell, en 1848, víctima de su alcoholismo y drogadicción. Meses después murió Emily de tuberculosis. Poco después, contagiada de la misma enfermedad, murió Anne, en 1849. Sólo quedó Charlotte...

Charlotte se encargó de dar a conocer el verdadero nombre de las autoras de cada una de las obras y quien recibió honores por su obra y la de las tres. Al poco tiempo se casó, pero al embarazarse en edad avanzada falleció en el parto en 1855 a los 39 años.

Todos y todas las Brontë terminaron el ciclo: Fue una familia que fue un árbol frondoso. No hubo descendencia alguna, pero sí heredaron una obra excepcional en tiempos difíciles...

Samuel Taylor Coleridge expresó los prejuicios de la época en la que vivieron las Brontë: "La literatura no tiene razón de ser en la vida de una mujer, y ella no puede conocer su ser. Cuanto más (una mujer) se consagra a los deberes que le incumben, tendrá menos libertad de práctica, incluso teniendo talento o haciéndolo como una diversión.”


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