/ domingo 31 de marzo de 2019

Hojas de papel volando | Periodismo: Historia de lo inmediato

Un informe de la Unesco dice que de 1993 a 2019 han sido asesinados mil 300 periodistas en el mundo. Y que los países más violentos para ejercer el periodismo son Afganistán, Siria y México

Bueno ¿y cómo es que llegaron ahí… y por qué…? Antes le pido permiso a don Renato Leduc, de quien mantengo un enorme reconocimiento cargado de gratitud y afecto, y utilizo el título de su libro: Historia de lo inmediato.

Ver para contarlo’ es la regla del reporteo. Ver, oír, palpar, saborear, oler, tocar… todo en fracción de minutos, cosa de una mirada, cosa de penetrar en los hechos y guardarlos en la maceta, en la libreta de apuntes –indispensable- o en lo que ahora aporta la tecnología, la ciencia y el sistema métrico decimal. Por supuesto un atributo indispensable en todo periodista es la buena memoria.

El periodismo es memoria, sin olvido y el buen entendimiento, la razón y el archivo de las cosas que ocurren; la historia de los hombres de hoy y de las mujeres de hoy; de sus hechos; de sus aciertos y errores; de sus travesuras y bonanzas... de sus tragedias… sus dolores físicos y humanos. Todo se registra en periodismo. ¿Para qué? Para que, a la manera de Alfonso Reyes: “Sepan cuantos…” Y para que lo piensen y para que lo digan.

De pronto hago acopio de recuerdos para encontrar en el baúl algunas respuestas que se habían perdido entre tanta cosa guardada ahí: ¿Qué me llevó a esto del periodismo y por qué?

Apenas veo a ese niño, de unos cuantos años (¿cuatro?), pelos parados, sin camisa y sin zapatos, que cada tarde intenta descifrar las letras del periódico aquel. Desesperado por encontrar lo que decían las letras ya juntas y difíciles de entenderlas como palabras ya puestas en orden… Me dan ganas de abrazarlo y advertirle lo que sigue… Y platicar con él. Si. Me gustaría platicar con él.

Ya luego, con ayuda lo comprendería. Eran cosas que nadamás yo sabía por entonces. Y luego me gustaba platicarlas a los primos y amigos. Algunos atendían con interés. Otros preferían jugar. Pero uno tenía en sus manos el poder decirles que hay vidas además de las nuestras y que hay seres humanos que se debaten por ser felices, aunque también hay muchos que tienen hiel en la lengua: de todo hay. No importa. Si importa. Yo les platicaba del zoológico de Chapultepec.

Si importa que lo primero que hice al decidir la carrera fue meterme inmediato a la Universidad Nacional Autónoma de México para estudiar “periodismo”. Ahí me encontré con otros muchos otros que, como yo, querían ser eso: periodistas. Ellos y ellas. ¿Por qué y para qué?Juntos navegamos esa barca durante casi cinco años para ser “periodistas”. ¿Lo logramos? Yo creo que sí. Ahí están mis compañeros inolvidables. Algunos ya no están. Es así.

Y ahí mis maestros, luego colegas, de quienes tanto aprendí ya en las aulas como en la vida: Miguel Ángel Granados Chapa… Carlos Ferreyra Carrasco… Samuel I. del Villar… Alan Riding –de lejecitos porque cuando lo conocí ya era una eminencia periodística como corresponsal de The New York Times en México—, don Hero Rodríguez Toro, don Pedro Álvarez del Villar y tantos más.

Y se me inoculó la regla de oro del periodismo: la del respeto por lo que hacemos; la de nuestra responsabilidad individual y, sobre todo colectiva; la de la honorabilidad que se gana con el sudor de los dedos en las teclas y el respeto que nos merecemos los periodistas que de verdad lo son: uno y uno: uno más uno. Todos. O casi todos. La verdad como regla de vida.

Y ya puestos en la redacción y en la calle de la información, hay de todo en esta viña del Señor, pero sobre todo predominan los volcados y capaces. Los que entregan su vida entera por la nota, por la declaración, por llevar la mejor información a su periódico, a su estación de radio o televisión y hoy a los digitales serios. El desvelo no importa. Las malpasadas son cotidianas. Las confrontaciones con quienes ocultan están al día. Se vive en la angustia porque todo pasa de forma vertiginosa y hay que guardar el instante en la memoria y en la libreta, e informar luego.

Hay quienes se meten en guerras y reportan las tragedias. Hay los que viven de cerca la tragedia humana y la tienen que decir aunque les duela el corazón. O quienes en medio de las batallas interminables transmiten para todos con riesgo de su vida. Esla nota que se derrite en el tiempo.

Los hay, algunos, y esto es cierto, que medran con esta vocación y esta responsabilidad. Los hay que se hacen cómplices de lo injusto o del abuso. Los hay quienes venden sus letras S en signo de pesos. Pero la gran mayoría, la gran multitud, la enormidad de periodistas en el mundo, y en México en particular, son los que viven para vivir el periodismo serio, honorable, honesto, transparente, justo, equilibrado, objetivo, veraz, inmediato… La historia de lo inmediato

“Hoy desayuné conel ministro tal; comí con el Secretario de Estado; cené con el Presidente deMéxico… y me regresé a la casa en el metro…: soy periodista”.

En periodismo uno conoce a mucha gente: mucha: de toda naturaleza, de todo calado, de toda magnitud o insignificancia. Todo ahí. Y de pronto se repudia haber conocido a ese alguien; o bien se hacen amistades que duran toda la vida porque la vida del periodista es de todos y más del que también en reciprocidad entrega las llaves de la amistad perenne: sin nada a cambio. Los amigos periodistas lo somos para toda la vida, cuando se recibe amistad. Y si no, no.

Foto: pixabay.com

Y, bueno. Todo este rollo mareador viene al caso porque hay tragedia. Leo un informe de la Unesco que dice que de 1993 a 2019 han sido asesinados mil 300 periodistas en el mundo. Y que los países más violentos para ejercer el periodismo son Afganistán, Siria y México. Pero se da el caso de que los dos primeros países están en guerra. Aquí también: de otra manera.

En México, del año 2000, a la fecha, han sido muertos más de 145 periodistas. La Comisión Nacional de Derechos Humanosrelata que más del 90 por ciento de estos casos han quedado sin esclarecerse, mientras que Reporteros Sin Fronteras asegura que ‘la impunidad que impera en los casos de asesinatos y desapariciones de periodistas alcanza el 99 por ciento’. En febrero pasado la organización Artículo 19 dijo que ‘de 186 delitos cometidos entre 2010 y 2018 contra la libertad de expresión, en los que las víctimas fueron periodistas o medios de comunicación, el 99.13 por ciento ha quedado impune…’

Tan sólo en lo que va de este sexenio de gobierno han sido asesinados seis periodistas. Y muchos más han sido agraviados, amenazados, perseguidos…

¿Por qué? ¿Quién hace esta terrible tarea de aniquilamiento de quienes llevan a cabo su tarea de informar y comunicar? ¿Quién atenta en contra de la base de todas las libertades, como es la libertad de expresión, que le da sentido a la democracia?

Dicen las organizaciones que atienden esto que el 80 por ciento de los agravios a periodistas en México provienen de gobierno, el resto por parte del crimen organizado y otra parte por asuntos de partes, que es decir, en los que hay problemas ajenos a la tarea.

En días recientes se ha generado un lenguaje político de descalificación del periodismo serio, del periodismo democrático que quiere informar y decir la verdad, y esa verdad a veces no coincide con el criterio de verdad del gobierno, normal en toda democracia. Pero ya se impulsa la descalificación y se genera odio en un país hoy mismo polarizado… ¿Quién gana con esto? ¿Quién pierde?... Todos perdemos porque la libertad de expresión parece estar amenazada.

Foto Cuartoscuro

Es así por estos días. Sería mejor un ambiente de libertad con responsabilidad de todas las partes.

Y lo dicho. Esto del periodismo da para muchas experiencias vitales, y da para muchas vocaciones excepcionales. Eso es. La mayor parte de la gente que se dedica a esta tarea lo hace con pasión, casi locura, con los pies puestos en la tierra. Porque queremos ser los primeros en saber; porque queremos ser los primeros en decir; porque queremos que los demás miren a través de nuestros ojos y que todos nuestros sentidos sean sus propios sentidos.

Porque esto es nuestra vida más querida y la profesión-oficio que más queremos y porque, además, muchos, no sabríamos hacer otra cosa.Y porque por encima de tiempo, hombres, circunstancias y adversidades, el periodismo seguirá siempre, mientras haya vida y exista ese alguien libre y soberano y capaz de seguir los pasos de los viejos maestros de la dignidad y el respeto al periodismo y al periodista. Es la historia de siempre. La historia de lo inmediato.

jhsantiago@prodigy.net.mx

Bueno ¿y cómo es que llegaron ahí… y por qué…? Antes le pido permiso a don Renato Leduc, de quien mantengo un enorme reconocimiento cargado de gratitud y afecto, y utilizo el título de su libro: Historia de lo inmediato.

Ver para contarlo’ es la regla del reporteo. Ver, oír, palpar, saborear, oler, tocar… todo en fracción de minutos, cosa de una mirada, cosa de penetrar en los hechos y guardarlos en la maceta, en la libreta de apuntes –indispensable- o en lo que ahora aporta la tecnología, la ciencia y el sistema métrico decimal. Por supuesto un atributo indispensable en todo periodista es la buena memoria.

El periodismo es memoria, sin olvido y el buen entendimiento, la razón y el archivo de las cosas que ocurren; la historia de los hombres de hoy y de las mujeres de hoy; de sus hechos; de sus aciertos y errores; de sus travesuras y bonanzas... de sus tragedias… sus dolores físicos y humanos. Todo se registra en periodismo. ¿Para qué? Para que, a la manera de Alfonso Reyes: “Sepan cuantos…” Y para que lo piensen y para que lo digan.

De pronto hago acopio de recuerdos para encontrar en el baúl algunas respuestas que se habían perdido entre tanta cosa guardada ahí: ¿Qué me llevó a esto del periodismo y por qué?

Apenas veo a ese niño, de unos cuantos años (¿cuatro?), pelos parados, sin camisa y sin zapatos, que cada tarde intenta descifrar las letras del periódico aquel. Desesperado por encontrar lo que decían las letras ya juntas y difíciles de entenderlas como palabras ya puestas en orden… Me dan ganas de abrazarlo y advertirle lo que sigue… Y platicar con él. Si. Me gustaría platicar con él.

Ya luego, con ayuda lo comprendería. Eran cosas que nadamás yo sabía por entonces. Y luego me gustaba platicarlas a los primos y amigos. Algunos atendían con interés. Otros preferían jugar. Pero uno tenía en sus manos el poder decirles que hay vidas además de las nuestras y que hay seres humanos que se debaten por ser felices, aunque también hay muchos que tienen hiel en la lengua: de todo hay. No importa. Si importa. Yo les platicaba del zoológico de Chapultepec.

Si importa que lo primero que hice al decidir la carrera fue meterme inmediato a la Universidad Nacional Autónoma de México para estudiar “periodismo”. Ahí me encontré con otros muchos otros que, como yo, querían ser eso: periodistas. Ellos y ellas. ¿Por qué y para qué?Juntos navegamos esa barca durante casi cinco años para ser “periodistas”. ¿Lo logramos? Yo creo que sí. Ahí están mis compañeros inolvidables. Algunos ya no están. Es así.

Y ahí mis maestros, luego colegas, de quienes tanto aprendí ya en las aulas como en la vida: Miguel Ángel Granados Chapa… Carlos Ferreyra Carrasco… Samuel I. del Villar… Alan Riding –de lejecitos porque cuando lo conocí ya era una eminencia periodística como corresponsal de The New York Times en México—, don Hero Rodríguez Toro, don Pedro Álvarez del Villar y tantos más.

Y se me inoculó la regla de oro del periodismo: la del respeto por lo que hacemos; la de nuestra responsabilidad individual y, sobre todo colectiva; la de la honorabilidad que se gana con el sudor de los dedos en las teclas y el respeto que nos merecemos los periodistas que de verdad lo son: uno y uno: uno más uno. Todos. O casi todos. La verdad como regla de vida.

Y ya puestos en la redacción y en la calle de la información, hay de todo en esta viña del Señor, pero sobre todo predominan los volcados y capaces. Los que entregan su vida entera por la nota, por la declaración, por llevar la mejor información a su periódico, a su estación de radio o televisión y hoy a los digitales serios. El desvelo no importa. Las malpasadas son cotidianas. Las confrontaciones con quienes ocultan están al día. Se vive en la angustia porque todo pasa de forma vertiginosa y hay que guardar el instante en la memoria y en la libreta, e informar luego.

Hay quienes se meten en guerras y reportan las tragedias. Hay los que viven de cerca la tragedia humana y la tienen que decir aunque les duela el corazón. O quienes en medio de las batallas interminables transmiten para todos con riesgo de su vida. Esla nota que se derrite en el tiempo.

Los hay, algunos, y esto es cierto, que medran con esta vocación y esta responsabilidad. Los hay que se hacen cómplices de lo injusto o del abuso. Los hay quienes venden sus letras S en signo de pesos. Pero la gran mayoría, la gran multitud, la enormidad de periodistas en el mundo, y en México en particular, son los que viven para vivir el periodismo serio, honorable, honesto, transparente, justo, equilibrado, objetivo, veraz, inmediato… La historia de lo inmediato

“Hoy desayuné conel ministro tal; comí con el Secretario de Estado; cené con el Presidente deMéxico… y me regresé a la casa en el metro…: soy periodista”.

En periodismo uno conoce a mucha gente: mucha: de toda naturaleza, de todo calado, de toda magnitud o insignificancia. Todo ahí. Y de pronto se repudia haber conocido a ese alguien; o bien se hacen amistades que duran toda la vida porque la vida del periodista es de todos y más del que también en reciprocidad entrega las llaves de la amistad perenne: sin nada a cambio. Los amigos periodistas lo somos para toda la vida, cuando se recibe amistad. Y si no, no.

Foto: pixabay.com

Y, bueno. Todo este rollo mareador viene al caso porque hay tragedia. Leo un informe de la Unesco que dice que de 1993 a 2019 han sido asesinados mil 300 periodistas en el mundo. Y que los países más violentos para ejercer el periodismo son Afganistán, Siria y México. Pero se da el caso de que los dos primeros países están en guerra. Aquí también: de otra manera.

En México, del año 2000, a la fecha, han sido muertos más de 145 periodistas. La Comisión Nacional de Derechos Humanosrelata que más del 90 por ciento de estos casos han quedado sin esclarecerse, mientras que Reporteros Sin Fronteras asegura que ‘la impunidad que impera en los casos de asesinatos y desapariciones de periodistas alcanza el 99 por ciento’. En febrero pasado la organización Artículo 19 dijo que ‘de 186 delitos cometidos entre 2010 y 2018 contra la libertad de expresión, en los que las víctimas fueron periodistas o medios de comunicación, el 99.13 por ciento ha quedado impune…’

Tan sólo en lo que va de este sexenio de gobierno han sido asesinados seis periodistas. Y muchos más han sido agraviados, amenazados, perseguidos…

¿Por qué? ¿Quién hace esta terrible tarea de aniquilamiento de quienes llevan a cabo su tarea de informar y comunicar? ¿Quién atenta en contra de la base de todas las libertades, como es la libertad de expresión, que le da sentido a la democracia?

Dicen las organizaciones que atienden esto que el 80 por ciento de los agravios a periodistas en México provienen de gobierno, el resto por parte del crimen organizado y otra parte por asuntos de partes, que es decir, en los que hay problemas ajenos a la tarea.

En días recientes se ha generado un lenguaje político de descalificación del periodismo serio, del periodismo democrático que quiere informar y decir la verdad, y esa verdad a veces no coincide con el criterio de verdad del gobierno, normal en toda democracia. Pero ya se impulsa la descalificación y se genera odio en un país hoy mismo polarizado… ¿Quién gana con esto? ¿Quién pierde?... Todos perdemos porque la libertad de expresión parece estar amenazada.

Foto Cuartoscuro

Es así por estos días. Sería mejor un ambiente de libertad con responsabilidad de todas las partes.

Y lo dicho. Esto del periodismo da para muchas experiencias vitales, y da para muchas vocaciones excepcionales. Eso es. La mayor parte de la gente que se dedica a esta tarea lo hace con pasión, casi locura, con los pies puestos en la tierra. Porque queremos ser los primeros en saber; porque queremos ser los primeros en decir; porque queremos que los demás miren a través de nuestros ojos y que todos nuestros sentidos sean sus propios sentidos.

Porque esto es nuestra vida más querida y la profesión-oficio que más queremos y porque, además, muchos, no sabríamos hacer otra cosa.Y porque por encima de tiempo, hombres, circunstancias y adversidades, el periodismo seguirá siempre, mientras haya vida y exista ese alguien libre y soberano y capaz de seguir los pasos de los viejos maestros de la dignidad y el respeto al periodismo y al periodista. Es la historia de siempre. La historia de lo inmediato.

jhsantiago@prodigy.net.mx

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