/ viernes 31 de enero de 2020

Hojas de papel volando | Telefonitis aguda

Se puede perder la razón, antes que perder el celular. Es la necesidad urgente de tenerlo en las manos

Están absortos. Callados. En silencio total. De pronto sonríen. Se carcajean. Guardan silencio otra vez. Se ponen serios. Tienen la mirada fija. El paso lento. La cabeza gacha. Y no ven para otro lado. No escuchan el entorno. ‘Son ellos mismos y sus circunstancias’, parafraseando a Ortega y Gasset en 1914.

Para algunos es una especie de autismo voluntario. Para otros es la pérdida de la conciencia. En algunos casos se describe ese aislamiento a la necesidad de no estar solos. Es para ellos la felicidad. O es, por así decirlo, la búsqueda urgente de que alguien le dé sentido a su existencia, aunque no le vean, aunque no perciban su presencia física, aunque quizá sólo sea “un sueño, y los sueños, sueños son...”

Se puede perder la razón, antes que perder el celular. Es la necesidad urgente de tenerlo en las manos. Es la indispensable vitalidad que nos inyecta saber que está a la vista o en la bolsa, como si fuera el amuleto con las esencias que dan la vida y que nos permite respirar, comer, amar, sexear, hablar con alguien, aunque no hablemos con ese alguien. Verle, aunque no se le perciba.

Pero así como aquella estación de radio cuyo slogan era: “La música que llegó para quedarse”, así los celulares: ‘llegaron para quedarse’ y lo que falta, porque cada año hay una nueva sorpresa que anula a la del año anterior y del anterior y de más antes cuando aquellos celulares iniciales que fabricaba una empresa estadounidense pesaban un kilo y cuya pila duraba una hora y habría que cargarla doce horas. Ya no. Y se nos crea la necesidad urgente. Es la espera angustiado por saber qué novedades nos depara esta o tal marca de teléfonos o qué paquete nos conviene y si es con carguita de a 50 pesos, aunque sea.

Y el celular puede ser un peligro de salud social. La desproporción y su mal uso conducen a ello, como también, gracias al teléfono celular, se han salvado vidas; se han advertido urgencias; se han mandado señales de salvación como cuando ocurren los sismos y se cuenta con la aplicación que advierte lo que va a ocurrir o como apoyo de auxilio. Como arma política que acusa o defiende, que pone en la mesa de discusiones lo que pasa y lo que ocurre en la política y sus políticos.

El Facebook, el Twitter, el Instagram, el Skype... y el teléfono: Todo ahí, para salvarnos... o para decirnos que hay ebullición en sus entrañas porque hay seres humanos que no se quedan quietos, que activan sus posibilidades de comunicación, de información o simple y sencillamente para ejercer la libertad de expresión.

Esto de la telefonía es un gran invento del homo sapiens. Es una demostración de inteligencia y de sabiduría. Es lo mejor de su curiosidad puesta a disposición de los seres humanos que quieren comunicarse entre sí salvando escollos y distancias; salvando tiempos distintos y geografías insospechadas... Comunicarse a distancia fue, siempre, el sueño del hombre y para eso ha reflexionado siglos a fin de conseguir “la piedra filosofal” de la intercomunicación: el teléfono.

Foto: Cuartoscuro

¿Quién lo inventó? Todo apunta a Graham Bell aunque algunos mencionan al italiano Antonio Meucci que desde 1854 andaba en esas, fue él quien inventó el telettrófon –luego sería teléfono—con el que se pudo comunicar a distancia no muy lejana, aunque debido a su falta de recursos inició el trámite de patente, pero no lo concluyó... Y se perdieron sus papeles ¿y su invento?

“En 1876, Alexander Graham Bell registró una patente que realmente no describía el teléfono pero lo mencionaba como tal. Cuando Meucci ―que vivía cerca de Nueva York― se enteró, pidió a un abogado que reclamara ante la oficina de patentes de los Estados Unidos en Washington, algo que nunca sucedió. Sin embargo, un amigo que tenía contactos en Washington, se enteró de que toda la documentación referente al telégrafo parlante registrada por Meucci se había perdido”. Y así.

Esta anécdota de quién es quién en el invento telefónico sería el inicio de la larga historia de la lucha por la telefonía entre hombres y empresas. Todos ellos luchando por atribuirse este sistema de comunicación y todos ellos en busca de lo redituable del mismo.

Así que es Graham Bell quien se atribuye el invento. Y lo patenta el 6 de marzo de 1875 como ‘parte de mejoras al sistema telegráfico’ de entonces y luego “mejoras a la telegrafía” del 8 de abril de 1876, que es cuando nace técnicamente el teléfono como ‘medio de comunicación a distancia por medio de la transmisión de la voz’.

Para el 12 de febrero de 1877 se realiza una demostración importante: una larga distancia de 25 kilómetros, entre Boston y Salem, ‘por medio de hilos telegráficos’. Ante el éxito y las grandes posibilidades empresariales del invento, nace en 1878 la Bell Telephone System Co. El invento se popularizaría inmediato, esto hace que cada día la empresa Bell tenga más suscriptores y se fabrican aparatos telefónicos y sistemas de intercomunicación de forma vertiginosa.

Foto Roberto Hernández | El Sol de México

‘La primera comunicación telefónica en México se realizó el 13 de marzo de 1878 entre la gendarmería de la población de Tlalpan y la oficina de correos de la capital del país’ (Leonardo Morales Blanco). Y a finales de ese mismo año se le otorgó permiso a Alfred Westrup y Co., para enlazar a “seis comisarías de policía con la inspección, después con la oficina del gobernador de la ciudad y por último con el ministro de Gobernación”.

Para el 16 de septiembre de 1880 el entonces presidente Porfirio Díaz anuncia que se ‘han instalado líneas telefónicas directas en cada uno de los establecimientos del ramo –Secretaría de Guerra con los cuerpos de la guarnición y oficinas y edificios militares—‘. En adelante surge la Compañía Telefónica Mexicana, la que por muchos años compitió en suscriptores con la empresa Ericsson...

Más tarde, para hacer sus llamadas, el público tenía que optar por cualquiera de las dos empresas “Mexicana” o “Ericsson” y así por muchos años la competencia entre empresas de telefonía y cuyos capitales se encontraban en el extranjero. Las empresas se proponían ofrecer novedades para ganar el mercado, como fue el sistema de larga distancia, ya por medio de operadora que conectaba de forma manual a los usuarios o, más tarde, mediante conexiones directas...

Según una nota de periódico El Demócrata del 8 de mayo de 1921 se informa: “estos cuadros donde se encienden y apagan los foquitos, es el conmutador local, cada señorita tiene a su cargo 200 suscriptores... cuando un suscriptor llama se enciende uno de esos foquillos y la señorita coloca uno de los contactos RN ese número y el otro (contacto) en el múltiple; existen 11 mil 600 suscriptores” (cit. Morales Blanco).

Lo que siguió más tarde tiene que ver con movimientos empresariales y de gobierno, porque es en 1947 cuando se funda Teléfonos de México con la fusión de Ericsson en México y la International Telephone and Telegraph Company. Así que se convirtió en la única empresa proveedora de servicios telefónicos en el país. El 20 de agosto de 1958 capital mexicano adquirió la totalidad de las acciones de Telmex que estaban en poder de las dos transnacionales (ITT y Ericsson), con lo que así se controlaría a dicha empresa que...

Foto: Cuartoscuro

Para 1990 el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari decidió privatizar a la empresa. “Se presentaron varios grupos de inversionistas formados por empresas nacionales e internacionales, y resultó ganador Grupo Carso el consorcio creado por Carlos Slim y las compañías extranjeras France Télecom y SBC Communications, junto con otros pequeños inversionistas”.

Como quiera que sea ya estaba la mesa dispuesta para la llegada de la telefonía celular en México. Fue en 1977, aunque al principio este servicio era sólo para ser instalado en automóviles y aparecen ya como difusores del sistema móvil de telefonía las empresas privadas, entre otras, pero el servicio era muy caro, lo que llevó a que poco a poco se abaratara el servicio permitiendo que muchos más adquirieran los equipos, rentaran el sistema y comenzara ese auge de telefonía que hoy vemos: el pan nuestro de cada día... El pequeño teléfono. Nuestra vida.

La competencia por el servicio está a la vista, pero sobre todo está ahí esa creciente necesidad pública de contar con un teléfono, ya sea básico o de última generación, pero indispensable hoy cuando asimismo el tipo de teléfono y su costo son vistos como muestra de estatus económico, aunque la vigencia de los equipos son menores cada vez, a fin de que el mercado alimente esa voracidad social de telefonitis aguda que ya existe...

Pero nada: ahí está ya la telefonía celular y sí ayuda, sí salva y sí acompaña... y ahí están los usuarios cada vez más y ya metidos en sí mismos, ya buscándose en su celular sin encontrarse y si encontrando un mundo raro, ese mundo del todo en la mano y de las alertas para convertirlo en utilidad y auxilio, no en pérdidas de vida-viva... “Ring-ring-... besos por aquí... uhhh-uhhh... besos para ti... uhhhh-uhhh...”


joelhsantiago@gmail.com


Están absortos. Callados. En silencio total. De pronto sonríen. Se carcajean. Guardan silencio otra vez. Se ponen serios. Tienen la mirada fija. El paso lento. La cabeza gacha. Y no ven para otro lado. No escuchan el entorno. ‘Son ellos mismos y sus circunstancias’, parafraseando a Ortega y Gasset en 1914.

Para algunos es una especie de autismo voluntario. Para otros es la pérdida de la conciencia. En algunos casos se describe ese aislamiento a la necesidad de no estar solos. Es para ellos la felicidad. O es, por así decirlo, la búsqueda urgente de que alguien le dé sentido a su existencia, aunque no le vean, aunque no perciban su presencia física, aunque quizá sólo sea “un sueño, y los sueños, sueños son...”

Se puede perder la razón, antes que perder el celular. Es la necesidad urgente de tenerlo en las manos. Es la indispensable vitalidad que nos inyecta saber que está a la vista o en la bolsa, como si fuera el amuleto con las esencias que dan la vida y que nos permite respirar, comer, amar, sexear, hablar con alguien, aunque no hablemos con ese alguien. Verle, aunque no se le perciba.

Pero así como aquella estación de radio cuyo slogan era: “La música que llegó para quedarse”, así los celulares: ‘llegaron para quedarse’ y lo que falta, porque cada año hay una nueva sorpresa que anula a la del año anterior y del anterior y de más antes cuando aquellos celulares iniciales que fabricaba una empresa estadounidense pesaban un kilo y cuya pila duraba una hora y habría que cargarla doce horas. Ya no. Y se nos crea la necesidad urgente. Es la espera angustiado por saber qué novedades nos depara esta o tal marca de teléfonos o qué paquete nos conviene y si es con carguita de a 50 pesos, aunque sea.

Y el celular puede ser un peligro de salud social. La desproporción y su mal uso conducen a ello, como también, gracias al teléfono celular, se han salvado vidas; se han advertido urgencias; se han mandado señales de salvación como cuando ocurren los sismos y se cuenta con la aplicación que advierte lo que va a ocurrir o como apoyo de auxilio. Como arma política que acusa o defiende, que pone en la mesa de discusiones lo que pasa y lo que ocurre en la política y sus políticos.

El Facebook, el Twitter, el Instagram, el Skype... y el teléfono: Todo ahí, para salvarnos... o para decirnos que hay ebullición en sus entrañas porque hay seres humanos que no se quedan quietos, que activan sus posibilidades de comunicación, de información o simple y sencillamente para ejercer la libertad de expresión.

Esto de la telefonía es un gran invento del homo sapiens. Es una demostración de inteligencia y de sabiduría. Es lo mejor de su curiosidad puesta a disposición de los seres humanos que quieren comunicarse entre sí salvando escollos y distancias; salvando tiempos distintos y geografías insospechadas... Comunicarse a distancia fue, siempre, el sueño del hombre y para eso ha reflexionado siglos a fin de conseguir “la piedra filosofal” de la intercomunicación: el teléfono.

Foto: Cuartoscuro

¿Quién lo inventó? Todo apunta a Graham Bell aunque algunos mencionan al italiano Antonio Meucci que desde 1854 andaba en esas, fue él quien inventó el telettrófon –luego sería teléfono—con el que se pudo comunicar a distancia no muy lejana, aunque debido a su falta de recursos inició el trámite de patente, pero no lo concluyó... Y se perdieron sus papeles ¿y su invento?

“En 1876, Alexander Graham Bell registró una patente que realmente no describía el teléfono pero lo mencionaba como tal. Cuando Meucci ―que vivía cerca de Nueva York― se enteró, pidió a un abogado que reclamara ante la oficina de patentes de los Estados Unidos en Washington, algo que nunca sucedió. Sin embargo, un amigo que tenía contactos en Washington, se enteró de que toda la documentación referente al telégrafo parlante registrada por Meucci se había perdido”. Y así.

Esta anécdota de quién es quién en el invento telefónico sería el inicio de la larga historia de la lucha por la telefonía entre hombres y empresas. Todos ellos luchando por atribuirse este sistema de comunicación y todos ellos en busca de lo redituable del mismo.

Así que es Graham Bell quien se atribuye el invento. Y lo patenta el 6 de marzo de 1875 como ‘parte de mejoras al sistema telegráfico’ de entonces y luego “mejoras a la telegrafía” del 8 de abril de 1876, que es cuando nace técnicamente el teléfono como ‘medio de comunicación a distancia por medio de la transmisión de la voz’.

Para el 12 de febrero de 1877 se realiza una demostración importante: una larga distancia de 25 kilómetros, entre Boston y Salem, ‘por medio de hilos telegráficos’. Ante el éxito y las grandes posibilidades empresariales del invento, nace en 1878 la Bell Telephone System Co. El invento se popularizaría inmediato, esto hace que cada día la empresa Bell tenga más suscriptores y se fabrican aparatos telefónicos y sistemas de intercomunicación de forma vertiginosa.

Foto Roberto Hernández | El Sol de México

‘La primera comunicación telefónica en México se realizó el 13 de marzo de 1878 entre la gendarmería de la población de Tlalpan y la oficina de correos de la capital del país’ (Leonardo Morales Blanco). Y a finales de ese mismo año se le otorgó permiso a Alfred Westrup y Co., para enlazar a “seis comisarías de policía con la inspección, después con la oficina del gobernador de la ciudad y por último con el ministro de Gobernación”.

Para el 16 de septiembre de 1880 el entonces presidente Porfirio Díaz anuncia que se ‘han instalado líneas telefónicas directas en cada uno de los establecimientos del ramo –Secretaría de Guerra con los cuerpos de la guarnición y oficinas y edificios militares—‘. En adelante surge la Compañía Telefónica Mexicana, la que por muchos años compitió en suscriptores con la empresa Ericsson...

Más tarde, para hacer sus llamadas, el público tenía que optar por cualquiera de las dos empresas “Mexicana” o “Ericsson” y así por muchos años la competencia entre empresas de telefonía y cuyos capitales se encontraban en el extranjero. Las empresas se proponían ofrecer novedades para ganar el mercado, como fue el sistema de larga distancia, ya por medio de operadora que conectaba de forma manual a los usuarios o, más tarde, mediante conexiones directas...

Según una nota de periódico El Demócrata del 8 de mayo de 1921 se informa: “estos cuadros donde se encienden y apagan los foquitos, es el conmutador local, cada señorita tiene a su cargo 200 suscriptores... cuando un suscriptor llama se enciende uno de esos foquillos y la señorita coloca uno de los contactos RN ese número y el otro (contacto) en el múltiple; existen 11 mil 600 suscriptores” (cit. Morales Blanco).

Lo que siguió más tarde tiene que ver con movimientos empresariales y de gobierno, porque es en 1947 cuando se funda Teléfonos de México con la fusión de Ericsson en México y la International Telephone and Telegraph Company. Así que se convirtió en la única empresa proveedora de servicios telefónicos en el país. El 20 de agosto de 1958 capital mexicano adquirió la totalidad de las acciones de Telmex que estaban en poder de las dos transnacionales (ITT y Ericsson), con lo que así se controlaría a dicha empresa que...

Foto: Cuartoscuro

Para 1990 el entonces presidente Carlos Salinas de Gortari decidió privatizar a la empresa. “Se presentaron varios grupos de inversionistas formados por empresas nacionales e internacionales, y resultó ganador Grupo Carso el consorcio creado por Carlos Slim y las compañías extranjeras France Télecom y SBC Communications, junto con otros pequeños inversionistas”.

Como quiera que sea ya estaba la mesa dispuesta para la llegada de la telefonía celular en México. Fue en 1977, aunque al principio este servicio era sólo para ser instalado en automóviles y aparecen ya como difusores del sistema móvil de telefonía las empresas privadas, entre otras, pero el servicio era muy caro, lo que llevó a que poco a poco se abaratara el servicio permitiendo que muchos más adquirieran los equipos, rentaran el sistema y comenzara ese auge de telefonía que hoy vemos: el pan nuestro de cada día... El pequeño teléfono. Nuestra vida.

La competencia por el servicio está a la vista, pero sobre todo está ahí esa creciente necesidad pública de contar con un teléfono, ya sea básico o de última generación, pero indispensable hoy cuando asimismo el tipo de teléfono y su costo son vistos como muestra de estatus económico, aunque la vigencia de los equipos son menores cada vez, a fin de que el mercado alimente esa voracidad social de telefonitis aguda que ya existe...

Pero nada: ahí está ya la telefonía celular y sí ayuda, sí salva y sí acompaña... y ahí están los usuarios cada vez más y ya metidos en sí mismos, ya buscándose en su celular sin encontrarse y si encontrando un mundo raro, ese mundo del todo en la mano y de las alertas para convertirlo en utilidad y auxilio, no en pérdidas de vida-viva... “Ring-ring-... besos por aquí... uhhh-uhhh... besos para ti... uhhhh-uhhh...”


joelhsantiago@gmail.com


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