/ domingo 7 de abril de 2019

Hojas de papel volando | Zapata es muerto

La muerte del caudillo del sur caló hondo en el ánimo de todo México, pero en particular de los morelenses: la gente del campo veía a Zapata como el reivindicador de las afrentas que les habían hecho por años los hacendados

“Escuchen señores oigan el corrido de un triste acontecimiento”


El 10 de abril de 1919 Emiliano Zapata fue a la Hacienda de Chinameca. Había quedado con el coahuilense Jesús Guajardo, militar que estaba bajo las órdenes de Pablo González, del grupo Carrancista, para platicar su adhesión al zapatismo. Llegó confiado al portón del lugar. Lo acompañaban diez de sus hombres. Entra al quicio del zaguán. Se escucha el sonido de una trompeta que suponían rendía los honores al jefe militar del sur…

Aquel sonido era la señal que esperaban las tropas de Guajardo para iniciar los disparos. Unos cuantos primero y luego ráfagas que parecían interminables. Les pidieron que no le dieran en la cara para que ya muerto pudiera ser reconocido y expuesto “para escarmiento de sus seguidores”.

Venustiano Carranza conocía el plan del general Pablo González y lo había aprobado. Lo habría de ejecutar Jesús Guajardo. Luego ocurriría una de las muertes históricas de México.

Su muerte caló hondo en el ánimo de todo México, pero en particular de los morelenses: la gente del campo veía a Zapata como el reivindicador de las afrentas que les habían hecho por años los hacendados con apoyo del gobierno: el despojo de sus tierras, el robo de sus bienes y abusos que los ponían en la cárcel o la muerte. Poco a poco, de grado o por fuerza, se convertían en sus peones: trabajadores en su propia tierra, sin tierra suya. Y esa era la lucha porque, Zapata decía: “La tierra es de quien la trabaja”… “Tierra y libertad”, ideales que le aportó el magonismo.

Y por muchos años la resistencia a la muerte de Zapata lo convirtió en un fantasma para la conciencia de la gente de Morelos. Todavía años después, los viejos relataban que se veía a Zapata cabalgar solitario por los campos, cerros, montañas y planicies de Morelos, siempre sobre su gran caballo negro, con su traje formal y su sombrero ancho.

Por aquellos días, gente de Emiliano Zapata le había dicho que Pablo González –que había sido enviado por el presidente Venustiano Carranza para combatirlo-- tenía problemas con su subordinado, Jesús Guajardo, un oficial de caballería del sur que estaba al mando del Quince Regimiento. A mediados de marzo –-relata John Womack Jr., en su excelente investigación “Zapata y la Revolución Mexicana”, SEP-colección Cien de México”, y así en adelante—González le había ordenado a Guajardo que atacara a los zapatistas en las montañas que rodean ‘Huautla’…

Pero a pesar de la orden con carácter de inmediata, se encontró al “apuesto joven oficial” de francachela en una cantina. Guajardo quiso huir por la puerta de atrás del lugar, pero fue perseguido por la gente de González y detenido…

“Aunque Guajardo era devotamente fiel a González, y aunque por ser de Coahuila se complacía en aplastar a la ‘chusma zapatista’ (como había dicho su presidente), aunque era famoso en Morelos por haber declarado que anhelaba probar su hombría en un encuentro personal con Zapata, González lo mandó encarcelar”.

Cuando Zapata escuchó la noticia le escribió a Guajardo una nota el 21 de marzo y la cual le sería entregada de forma subrepticia. En la misiva le invitaba a “unirse a nuestras tropas, entre las cuales será recibido con las consideraciones merecidas”. Guajardo estaba castigado y muy resentido con González. Esto era bueno para Zapata, que lo quería sumar a su movimiento.

Y era estratégico, porque si él y su gente se sumaban, el zapatismo podría sumar fuerzas para apoderarse de nuevo de las principales ciudades de Morelos. Su gente cercana le aconsejaba cautela con este militar carrancista, pero Zapata se empeñó e insistió en esa posibilidad.

Pero la nota que envió no llegó a manos de Guajardo, sino que apareció en manos de Pablo González. Y a partir de esto comenzó el plan para asesinar a Emiliano:

Pablo González “Haría que Guajardo le siguiese el juego a Zapata, hasta que lo pudiese atrapar muerto o vivo; si ocurría esto último, González arreglaría una corte marcial y una ejecución pública”.

‘González sabía que, por aquel entonces, Zapata constituía un desafío al gobierno que la muerte no suprimiría… Pero dejarlo correr por el campo era provocar un desafío peor.’

Y sabía que, por muchas razones, el presidente Carranza se sentía ofendido por la popularidad y la fortaleza que había adquirido el zapatismo, porque Zapata era ‘un rezongón’, porque le confrontaba y porque Emiliano había decidido seguir con su Plan de Ayala, que era el de la restitución de las tierras a sus propietarios originales. Un movimiento que había trascendido ya al estado de Morelos.’

González diseñó su plan. Se lo presentó a Venustiano Carranza. Éste estuvo de acuerdo. Hizo ir a Cuautla a Guajardo quien seguía molesto con él: “Allí, en una humillante escena que tuvo lugar en el comedor de los oficiales, lo enteró de que tenía instrucciones para él. Después de hacerle esperar fuera durante toda la comida, ordenó que lo hiciesen entrar mientras tomaba el café. Pidió que lo dejaran estar a solas con él. A gritos le espetó que no sólo era un triste borracho sino también un traidor. “González lo hizo llorar antes de apiadarse de él”… Guajardo escuchó entonces el plan que traía entre manos su jefe militar.

Guajardo respondió a la carta de Zapata. ‘Si me ofrece garantías pasaré con mis hombres y sus pertrechos cuando llegase el momento’. El 1 de abril de ese 1919 Zapata le mandó otra nota agradeciéndole su disposición. Y como primer trabajo le pidió que detuviera para una corte marcial a los únicos zapatistas que habían ayudado a los federales contra sus camaradas. Guajardo le respondió pronto y le prometió solidaridad.

Guajardo le pide más tiempo para llevar a cabo la tarea asignada. Le dice que entre el 6 y el 10 de abril llegará a Cuautla un envío de 20 mil cartuchos que ‘necesito’. Zapata le insiste en que acorte el plazo. Zapata manda al campamento de Guajardo a Feliciano Palacios con el mensaje, pero también para que observara. Palacios regresa e informa que no notó nada y que había encontrado a Guajardo “muy animado y decidido”.

Con las municiones en su poder, Guajardo va a Jonacatepec. Era la mañana del 9 de abril y con su gente ocupó la población en nombre de Zapata. ‘Arrestó a Bárcenas y sus traidores’. Y los hizo matar. Mientras tanto a Zapata le informaron de una posible celada por parte de Guajardo. Pero no hizo caso. Luego, en Pastor, se reunió Emiliano con Guajardo. Se dieron un abrazo. Zapata le felicitó y Guajardo le regaló un caballo alazán de gran clase: el As de Oros.

El 10 de abril Zapata y sus hombres estaban tranquilos. Hicieron algunos recorridos por el campo morelense a caballo. Tenía 39 años y muchos planes adelante. Su hijo Nicolás, el mayor, tenía 13 años y no había estado cerca de él para criarlo.

Ese jueves a eso de las 8.30 de la mañana él y su gente se acercaron a Chinameca. Afuera de la hacienda había casas de campaña. En una de ellas dialogaron Zapata y Guajardo. La escolta de Zapata descansaba. Alguien alertó que se habían visto a federales cerca del lugar. Zapata ordenó a Guajardo que resguardase la hacienda. Mandó patrullas con su gente para vigilar la zona.

A la 1.30 de la tarde sólo las tropas de Guajardo están dentro de la hacienda. Zapata esperó noticias. Guajardo lo invita a comer. Zapata prefiere seguir afuera, esperando. Los oficiales de Guajardo le insisten a que acepte la invitación a comer. Habría tacos y cerveza. A las dos de la tarde Zapata se muestra impaciente. A las 2.10 acepta entrar.

Ordenó que diez de sus hombres lo acompañaran hasta las puertas de la hacienda. Entró montado en el alazán que Guajardo le había regalado...El resto de su gente se quedó afuera, bajo la sombra de los árboles, descansando.

Una guardia estaba ahí, a la vista, la que parecía que le haría los honores. La trompeta tocó tres veces. Se suponía que era en su honor. Al término de la última nota, Emiliano Zapata entró al dintel del zaguán. A quemarropa los soldados que estaban ahí y distribuidos en la azotea descargaron dos veces sus fusiles. Zapata intentó llevar la mano a su pistola. Los hombres de Guajardo habían disparado. Zapata cayó de frente. Su cara hundida en la tierra. Muerto.


  1. Escuchen señores, oigan
  2. el corrido de un triste acontecimiento:
  3. pues en Chinameca ha muerto a mansalva
  4. Zapata, el gran insurrecto.

  5. “Abril de 1919 en la memoria
  6. quedará del campesino,
  7. como una mancha en la historia.


jhsantiago@prodigy.net.mx

“Escuchen señores oigan el corrido de un triste acontecimiento”


El 10 de abril de 1919 Emiliano Zapata fue a la Hacienda de Chinameca. Había quedado con el coahuilense Jesús Guajardo, militar que estaba bajo las órdenes de Pablo González, del grupo Carrancista, para platicar su adhesión al zapatismo. Llegó confiado al portón del lugar. Lo acompañaban diez de sus hombres. Entra al quicio del zaguán. Se escucha el sonido de una trompeta que suponían rendía los honores al jefe militar del sur…

Aquel sonido era la señal que esperaban las tropas de Guajardo para iniciar los disparos. Unos cuantos primero y luego ráfagas que parecían interminables. Les pidieron que no le dieran en la cara para que ya muerto pudiera ser reconocido y expuesto “para escarmiento de sus seguidores”.

Venustiano Carranza conocía el plan del general Pablo González y lo había aprobado. Lo habría de ejecutar Jesús Guajardo. Luego ocurriría una de las muertes históricas de México.

Su muerte caló hondo en el ánimo de todo México, pero en particular de los morelenses: la gente del campo veía a Zapata como el reivindicador de las afrentas que les habían hecho por años los hacendados con apoyo del gobierno: el despojo de sus tierras, el robo de sus bienes y abusos que los ponían en la cárcel o la muerte. Poco a poco, de grado o por fuerza, se convertían en sus peones: trabajadores en su propia tierra, sin tierra suya. Y esa era la lucha porque, Zapata decía: “La tierra es de quien la trabaja”… “Tierra y libertad”, ideales que le aportó el magonismo.

Y por muchos años la resistencia a la muerte de Zapata lo convirtió en un fantasma para la conciencia de la gente de Morelos. Todavía años después, los viejos relataban que se veía a Zapata cabalgar solitario por los campos, cerros, montañas y planicies de Morelos, siempre sobre su gran caballo negro, con su traje formal y su sombrero ancho.

Por aquellos días, gente de Emiliano Zapata le había dicho que Pablo González –que había sido enviado por el presidente Venustiano Carranza para combatirlo-- tenía problemas con su subordinado, Jesús Guajardo, un oficial de caballería del sur que estaba al mando del Quince Regimiento. A mediados de marzo –-relata John Womack Jr., en su excelente investigación “Zapata y la Revolución Mexicana”, SEP-colección Cien de México”, y así en adelante—González le había ordenado a Guajardo que atacara a los zapatistas en las montañas que rodean ‘Huautla’…

Pero a pesar de la orden con carácter de inmediata, se encontró al “apuesto joven oficial” de francachela en una cantina. Guajardo quiso huir por la puerta de atrás del lugar, pero fue perseguido por la gente de González y detenido…

“Aunque Guajardo era devotamente fiel a González, y aunque por ser de Coahuila se complacía en aplastar a la ‘chusma zapatista’ (como había dicho su presidente), aunque era famoso en Morelos por haber declarado que anhelaba probar su hombría en un encuentro personal con Zapata, González lo mandó encarcelar”.

Cuando Zapata escuchó la noticia le escribió a Guajardo una nota el 21 de marzo y la cual le sería entregada de forma subrepticia. En la misiva le invitaba a “unirse a nuestras tropas, entre las cuales será recibido con las consideraciones merecidas”. Guajardo estaba castigado y muy resentido con González. Esto era bueno para Zapata, que lo quería sumar a su movimiento.

Y era estratégico, porque si él y su gente se sumaban, el zapatismo podría sumar fuerzas para apoderarse de nuevo de las principales ciudades de Morelos. Su gente cercana le aconsejaba cautela con este militar carrancista, pero Zapata se empeñó e insistió en esa posibilidad.

Pero la nota que envió no llegó a manos de Guajardo, sino que apareció en manos de Pablo González. Y a partir de esto comenzó el plan para asesinar a Emiliano:

Pablo González “Haría que Guajardo le siguiese el juego a Zapata, hasta que lo pudiese atrapar muerto o vivo; si ocurría esto último, González arreglaría una corte marcial y una ejecución pública”.

‘González sabía que, por aquel entonces, Zapata constituía un desafío al gobierno que la muerte no suprimiría… Pero dejarlo correr por el campo era provocar un desafío peor.’

Y sabía que, por muchas razones, el presidente Carranza se sentía ofendido por la popularidad y la fortaleza que había adquirido el zapatismo, porque Zapata era ‘un rezongón’, porque le confrontaba y porque Emiliano había decidido seguir con su Plan de Ayala, que era el de la restitución de las tierras a sus propietarios originales. Un movimiento que había trascendido ya al estado de Morelos.’

González diseñó su plan. Se lo presentó a Venustiano Carranza. Éste estuvo de acuerdo. Hizo ir a Cuautla a Guajardo quien seguía molesto con él: “Allí, en una humillante escena que tuvo lugar en el comedor de los oficiales, lo enteró de que tenía instrucciones para él. Después de hacerle esperar fuera durante toda la comida, ordenó que lo hiciesen entrar mientras tomaba el café. Pidió que lo dejaran estar a solas con él. A gritos le espetó que no sólo era un triste borracho sino también un traidor. “González lo hizo llorar antes de apiadarse de él”… Guajardo escuchó entonces el plan que traía entre manos su jefe militar.

Guajardo respondió a la carta de Zapata. ‘Si me ofrece garantías pasaré con mis hombres y sus pertrechos cuando llegase el momento’. El 1 de abril de ese 1919 Zapata le mandó otra nota agradeciéndole su disposición. Y como primer trabajo le pidió que detuviera para una corte marcial a los únicos zapatistas que habían ayudado a los federales contra sus camaradas. Guajardo le respondió pronto y le prometió solidaridad.

Guajardo le pide más tiempo para llevar a cabo la tarea asignada. Le dice que entre el 6 y el 10 de abril llegará a Cuautla un envío de 20 mil cartuchos que ‘necesito’. Zapata le insiste en que acorte el plazo. Zapata manda al campamento de Guajardo a Feliciano Palacios con el mensaje, pero también para que observara. Palacios regresa e informa que no notó nada y que había encontrado a Guajardo “muy animado y decidido”.

Con las municiones en su poder, Guajardo va a Jonacatepec. Era la mañana del 9 de abril y con su gente ocupó la población en nombre de Zapata. ‘Arrestó a Bárcenas y sus traidores’. Y los hizo matar. Mientras tanto a Zapata le informaron de una posible celada por parte de Guajardo. Pero no hizo caso. Luego, en Pastor, se reunió Emiliano con Guajardo. Se dieron un abrazo. Zapata le felicitó y Guajardo le regaló un caballo alazán de gran clase: el As de Oros.

El 10 de abril Zapata y sus hombres estaban tranquilos. Hicieron algunos recorridos por el campo morelense a caballo. Tenía 39 años y muchos planes adelante. Su hijo Nicolás, el mayor, tenía 13 años y no había estado cerca de él para criarlo.

Ese jueves a eso de las 8.30 de la mañana él y su gente se acercaron a Chinameca. Afuera de la hacienda había casas de campaña. En una de ellas dialogaron Zapata y Guajardo. La escolta de Zapata descansaba. Alguien alertó que se habían visto a federales cerca del lugar. Zapata ordenó a Guajardo que resguardase la hacienda. Mandó patrullas con su gente para vigilar la zona.

A la 1.30 de la tarde sólo las tropas de Guajardo están dentro de la hacienda. Zapata esperó noticias. Guajardo lo invita a comer. Zapata prefiere seguir afuera, esperando. Los oficiales de Guajardo le insisten a que acepte la invitación a comer. Habría tacos y cerveza. A las dos de la tarde Zapata se muestra impaciente. A las 2.10 acepta entrar.

Ordenó que diez de sus hombres lo acompañaran hasta las puertas de la hacienda. Entró montado en el alazán que Guajardo le había regalado...El resto de su gente se quedó afuera, bajo la sombra de los árboles, descansando.

Una guardia estaba ahí, a la vista, la que parecía que le haría los honores. La trompeta tocó tres veces. Se suponía que era en su honor. Al término de la última nota, Emiliano Zapata entró al dintel del zaguán. A quemarropa los soldados que estaban ahí y distribuidos en la azotea descargaron dos veces sus fusiles. Zapata intentó llevar la mano a su pistola. Los hombres de Guajardo habían disparado. Zapata cayó de frente. Su cara hundida en la tierra. Muerto.


  1. Escuchen señores, oigan
  2. el corrido de un triste acontecimiento:
  3. pues en Chinameca ha muerto a mansalva
  4. Zapata, el gran insurrecto.

  5. “Abril de 1919 en la memoria
  6. quedará del campesino,
  7. como una mancha en la historia.


jhsantiago@prodigy.net.mx

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