/ viernes 14 de mayo de 2021

La viruela derrotó a los mexicas

Enfermedades desconocidas, el asedio español y la escasez de agua y alimentos provocaron la caída de Tenochtitlan sobre la cual se empezó a levantar una nueva ciudad

Si la llegada de los conquistadores españoles a Tenochtitlan significó un impacto para las comunidades indígenas, la caída del gran imperio azteca representó un giro de 180 grados en su cosmovisión. Todo lo que sabían y conocían hasta ese momento se transformó radicalmente a partir de una secuencia de cambios en su vida cotidiana, su organización política, su economía, sus usos y costumbres hasta crear, en un sentido literal, una nueva sociedad en una nueva ciudad.

“Fue un verdadero golpe para los indígenas, pero me atrevo a afirmar que también fue un impacto para los españoles que deciden quedarse”, advirtió José Rubén Romero Galván, doctor en Etnología, al afirmar que la captura y muerte de Cuauhtémoc el 13 de agosto de 1521 significó la caída definitiva del gobierno de Tenochtitlan y con ello el inicio de un periodo de readaptación principalmente por parte de los indígenas que concluye en la llamada Colonia de la Nueva España a lo largo de tres siglos, de 1521 a 1821.

“Realmente la caída del imperio mexica significó una tragedia para los indígenas: enfermedades, muertes, pérdida de sus costumbres. Todo lo que conocían se modificó y no fue un proceso de adaptación fácil y mucho menos rápido”, añadió en entrevista el también historiador.

La historia precisa que al morir Moctezuma, Cuitláhuac subió al poder, pero al poco tiempo murió a causa de la viruela, por lo que fue reemplazado por Cuauhtémoc. Sin embargo, el 13 de agosto de 1521 Cuauhtémoc fue capturado y con ello se dio la caída definitiva de Tenochtitlán en manos de los españoles.

➡️ Sin fecha para la remoción del techo colapsado en Templo Mayor

Al entender que son procesos sociales de largo aliento, el historiador precisó que los días y meses siguientes a la caída de Tenochtitlan, la ciudad se vio envuelta en guerras y sobre todo en enfermedades traídas por los españoles como la viruela y el sarampión, que incluso antes de la derrota del imperio azteca mató a millones de personas debilitando a las comunidades indígenas.

Por otro lado, se ordenó la destrucción del acueducto de Chapultepec que proveía de agua a la ciudad lo que colocó a la urbe en una crisis económica y alimentaria a pesar de estar rodeada de ríos y canales. A ello se sumó la reconstrucción de la ciudad sobre las ruinas arquitectónicas de los mexicas, sobre todo de iglesias católicas para iniciar el proceso de evangelización.

Foto: Cuartoscuro

También, Cortés mandó construir trece bergantines para asediar a la ciudad desde el lago con los que bombardeaban la zona. En medio del caos de la guerra, el hambre y la enfermedad, comenzó la Colonia española.

EPIDEMIAS Y HAMBRE

Una de las principales armas de los españoles para apropiarse del terreno mexica fue contagiar a su población de enfermedades desconocidas para ellos. Males fisiológicos que, aunados a la mala alimentación de la gente, redujo el número de habitantes de manera drástica, señala el historiador Romero Galván.

Hay registros de que en 1518 la población indígena era de 25 millones de personas y para 1600 esta se redujo a sólo un millón de personas debido, principalmente, a la epidemia de viruela traída por los conquistadores.

“La enfermedad en el mundo prehispánico se veía como un castigo divino de los dioses, y había diferentes deidades a las que se les vinculaba con las enfermedades, pero la viruela y luego el sarampión significaron un ataque mayor; desconocían totalmente cómo detenerla y se sumó a una severa hambruna. Se sabe que en 1520 fallecieron 11 millones de indígenas por estas enfermedades”, añadió Araceli Peralta, investigadora de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH.

➡️ UNAM presenta programa conmemorativo sobre la caída de Tenochtitlán

Al respecto América Molina del Villar, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, precisó que entre 1519 y 1521 se registró la primera epidemia de viruela que afectó el área central de la ciudad, y a pesar de que se logró controlar aun sin tener conocimientos especializados, estas enfermedades fueron apareciendo cada cinco o diez años y afectaron principalmente a la población productiva, hombres y mujeres trabajadores.

Otra peste se registró en 1545 que ya bajo un nuevo gobierno representó una pérdida multitudinaria de población. “En los códices se tiene registro de hombres y mujeres arrojando sangre por la nariz y muertes de 10 a 30 personas por día, fue realmente complejo”, relató. Finalmente, en 1736 la población empezó a recuperarse en términos de salud a pesar de que la viruela seguía presente, pero ahora centrada en la población infantil.

Foto: Cortesía INAH

Las enfermedades, escasez de agua y alimento y los cambios en la organización social puso a la población indígena, primero del centro de la ciudad y luego de la periferia, en una crisis de grandes proporciones. “También es importante decir que no fue fácil para la población española, quienes decidieron quedarse se vieron también afectados por esas enfermedades y crisis. Se puede hablar de un mestizaje en años posteriores, no al inicio donde todo era sorpresa”, apuntó Romero Galván.

UNA NUEVA CIUDAD

Otro de los aspectos importantes tras la derrota de Tenochtitlan, fue la construcción de una nueva ciudad sobre los restos mexicas. La ciudad azteca ocupó más de 170 hectáreas y en los años siguientes a la caída sufrió una transformación arquitectónica tanto en sus edificios religiosos como en los de uso habitacional.

Los primeros diseños de la nueva ciudad se hicieron a partir de bloques para fragmentar la presencia de los edificios prehispánicos y dar espacio a las calles cuadriculadas que aún convivían con el curso de los canales de la antigua ciudad. Así convivieron por algunos años un trazo urbano colonial con sitios como el Templo Mayor, cubierto por otro edificio en 1541.

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La demolición de los templos menores del centro ceremonial abrió un área de forma rectangular donde en 1571 inició la construcción de la Catedral Metropolitana, y con ello la nueva ciudad. Este gran espacio rectangular estaba limitado por la calle de las Escalerillas, la Acequia Real, el Palacio de Moctezuma y el Palacio de Axayácatl, representando la primera plaza de la Ciudad de México, la cual hoy ya no existe.

Si la llegada de los conquistadores españoles a Tenochtitlan significó un impacto para las comunidades indígenas, la caída del gran imperio azteca representó un giro de 180 grados en su cosmovisión. Todo lo que sabían y conocían hasta ese momento se transformó radicalmente a partir de una secuencia de cambios en su vida cotidiana, su organización política, su economía, sus usos y costumbres hasta crear, en un sentido literal, una nueva sociedad en una nueva ciudad.

“Fue un verdadero golpe para los indígenas, pero me atrevo a afirmar que también fue un impacto para los españoles que deciden quedarse”, advirtió José Rubén Romero Galván, doctor en Etnología, al afirmar que la captura y muerte de Cuauhtémoc el 13 de agosto de 1521 significó la caída definitiva del gobierno de Tenochtitlan y con ello el inicio de un periodo de readaptación principalmente por parte de los indígenas que concluye en la llamada Colonia de la Nueva España a lo largo de tres siglos, de 1521 a 1821.

“Realmente la caída del imperio mexica significó una tragedia para los indígenas: enfermedades, muertes, pérdida de sus costumbres. Todo lo que conocían se modificó y no fue un proceso de adaptación fácil y mucho menos rápido”, añadió en entrevista el también historiador.

La historia precisa que al morir Moctezuma, Cuitláhuac subió al poder, pero al poco tiempo murió a causa de la viruela, por lo que fue reemplazado por Cuauhtémoc. Sin embargo, el 13 de agosto de 1521 Cuauhtémoc fue capturado y con ello se dio la caída definitiva de Tenochtitlán en manos de los españoles.

➡️ Sin fecha para la remoción del techo colapsado en Templo Mayor

Al entender que son procesos sociales de largo aliento, el historiador precisó que los días y meses siguientes a la caída de Tenochtitlan, la ciudad se vio envuelta en guerras y sobre todo en enfermedades traídas por los españoles como la viruela y el sarampión, que incluso antes de la derrota del imperio azteca mató a millones de personas debilitando a las comunidades indígenas.

Por otro lado, se ordenó la destrucción del acueducto de Chapultepec que proveía de agua a la ciudad lo que colocó a la urbe en una crisis económica y alimentaria a pesar de estar rodeada de ríos y canales. A ello se sumó la reconstrucción de la ciudad sobre las ruinas arquitectónicas de los mexicas, sobre todo de iglesias católicas para iniciar el proceso de evangelización.

Foto: Cuartoscuro

También, Cortés mandó construir trece bergantines para asediar a la ciudad desde el lago con los que bombardeaban la zona. En medio del caos de la guerra, el hambre y la enfermedad, comenzó la Colonia española.

EPIDEMIAS Y HAMBRE

Una de las principales armas de los españoles para apropiarse del terreno mexica fue contagiar a su población de enfermedades desconocidas para ellos. Males fisiológicos que, aunados a la mala alimentación de la gente, redujo el número de habitantes de manera drástica, señala el historiador Romero Galván.

Hay registros de que en 1518 la población indígena era de 25 millones de personas y para 1600 esta se redujo a sólo un millón de personas debido, principalmente, a la epidemia de viruela traída por los conquistadores.

“La enfermedad en el mundo prehispánico se veía como un castigo divino de los dioses, y había diferentes deidades a las que se les vinculaba con las enfermedades, pero la viruela y luego el sarampión significaron un ataque mayor; desconocían totalmente cómo detenerla y se sumó a una severa hambruna. Se sabe que en 1520 fallecieron 11 millones de indígenas por estas enfermedades”, añadió Araceli Peralta, investigadora de la Coordinación Nacional de Monumentos Históricos del INAH.

➡️ UNAM presenta programa conmemorativo sobre la caída de Tenochtitlán

Al respecto América Molina del Villar, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social, precisó que entre 1519 y 1521 se registró la primera epidemia de viruela que afectó el área central de la ciudad, y a pesar de que se logró controlar aun sin tener conocimientos especializados, estas enfermedades fueron apareciendo cada cinco o diez años y afectaron principalmente a la población productiva, hombres y mujeres trabajadores.

Otra peste se registró en 1545 que ya bajo un nuevo gobierno representó una pérdida multitudinaria de población. “En los códices se tiene registro de hombres y mujeres arrojando sangre por la nariz y muertes de 10 a 30 personas por día, fue realmente complejo”, relató. Finalmente, en 1736 la población empezó a recuperarse en términos de salud a pesar de que la viruela seguía presente, pero ahora centrada en la población infantil.

Foto: Cortesía INAH

Las enfermedades, escasez de agua y alimento y los cambios en la organización social puso a la población indígena, primero del centro de la ciudad y luego de la periferia, en una crisis de grandes proporciones. “También es importante decir que no fue fácil para la población española, quienes decidieron quedarse se vieron también afectados por esas enfermedades y crisis. Se puede hablar de un mestizaje en años posteriores, no al inicio donde todo era sorpresa”, apuntó Romero Galván.

UNA NUEVA CIUDAD

Otro de los aspectos importantes tras la derrota de Tenochtitlan, fue la construcción de una nueva ciudad sobre los restos mexicas. La ciudad azteca ocupó más de 170 hectáreas y en los años siguientes a la caída sufrió una transformación arquitectónica tanto en sus edificios religiosos como en los de uso habitacional.

Los primeros diseños de la nueva ciudad se hicieron a partir de bloques para fragmentar la presencia de los edificios prehispánicos y dar espacio a las calles cuadriculadas que aún convivían con el curso de los canales de la antigua ciudad. Así convivieron por algunos años un trazo urbano colonial con sitios como el Templo Mayor, cubierto por otro edificio en 1541.

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