/ domingo 18 de agosto de 2019

Hojas de Papel Volando | Truman Capote "Adiós, amigo mío"

La soledad lo llevó a escribir. Decía que era una forma de abatir esa soledad. Y describía en hojas sueltas lo que veía, cómo veía a los personajes que le rodeaban

La familia Clutter vivía tranquilamente en su granja de Holcomb, Kansas, en la pradera sur de Estados Unidos. El padre, la madre, una hija y un hijo. La noche del 14 de noviembre de 1959 fueron asesinados de forma salvaje. Nadie en el pequeño poblado daba crédito a lo ocurrido esa noche y la madrugada siguiente…

No había razón aparente. La policía del pueblo no estaba acostumbrada a un crimen de esta magnitud; pero tenían que investigar paso a paso y durante meses, hasta dar con los culpables: Dick Hickcock y Perry Smith, ex presidiarios que, por otro compañero de cárcel, supieron de los Clutter, de quienes les dijo que el padre tenía mucho dinero guardado en su casa…

Fueron a buscarlo. Pero apenas había unos 450 dólares. Y lo asesinaron de forma cruel. ¿Quién lo hizo? ¿Por qué? ¿Qué ocurrió esa noche? ¿Cómo eran los asesinos? ¿Cómo llevaría a cabo la investigación la policía? ¿Qué decía la ley de Kansas?

Tantas preguntas que luego fueron desgranadas en un libro excepcional: “A sangre fría” (1966). Una obra de excelencia al mismo tiempo literaria como periodística; realismo y crudeza juntos. La escribió un pequeño hombre rubio con voz tipluda: se llamó Truman Capote y su aportación es lo que puso en órbita ‘la novela-no ficción’, o el ‘nuevo periodismo’, según Tom Wolfe. Luego muchos le seguirían.

Fue un escritor precoz. Nació en 1924 en Nueva Orleans. De su infancia lo dijo todo él mismo. Fue tormentosa. Difícil y cruel. El abandono paterno. El descuido materno. La idea misma de que era un estorbo para ambos padres.

Lillie Mae Faulk era una sureña hermosa. Arch Persons un aparente empresario que luego demostró que no lo era y que vivía en la precariedad.Se casaron en 1923 y el matrimonio fue un verdadero fracaso. Él buscando en dónde conseguir algo de dinero. Ella decepcionada intentó dejarlo pronto aunque ya estaba embarazada y quiso abortar. Era demasiado tarde y tuvo al niño: Truman Streckfus Persons: él de 26 años, ella de 17.

Truman creció abrazado por las hermanas de su madre, en particular una de ellas –Sook- que lo quiso como a un hijo mientras su madre desaparecía de tiempo. Decidió ser amante de muchos. El divorcio sobrevino y Truman quedó al cuidado de las tías.Tenía cuatro años.

Luego vino el traslado a Nueva York con su madre y los primeros estudios. Y el segundo matrimonio de ella, convertida en Nina Capote, al casarse con un rico empresario de origen español afincado en Cuba: Joseph García Capote. Éste adoptó a Truman y le dio su apellido: Capote.

Hizo estudios básicos en ‘Trinity School’y ‘St John’s Accademy’. De pronto lo veían extraño. No sólo por su acento sureño sino por su forma de ser. Tuvo el repudio de muchos. Su madre preocupada lo llevó al siquiatra ‘para que se alivie’, y hasta lo matriculó en una escuela militar, ‘para que se componga’. Nada podía cambiar a su naturaleza.

Pero también estaba muy solo. Y esa soledad fue la que lo llevó a escribir. Decía que era una forma de abatir esa soledad. Y describía en hojas sueltas lo que veía, cómo veía a los personajes que le rodeaban, los ambientes, las formas de ser, las actitudes… las razones y las motivaciones… Comenzaba a ser escritor…

“Comencé a escribir a los ocho años, inesperadamente, sin la inspiración de un modelo. No conocía a nadie que escribiera. En realidad, apenas si conocía a alguien que leyera. El hecho era que sólo cuatro cosas me interesaban: leer, ir al cine, zapatear y dibujar. Luego, un día empecé a escribir, sin saber que me había encadenado, de por vida, a un amo noble, pero despiadado”.

Sus compañeros de clase se burlaban de él aunque poco a poco consiguió que lo vieran como a uno más de ellos, “como la mascota” del equipo deportivo. Le querían por su carácter alegre, extrovertido, inteligente y siempre dispuesto a escuchar. Sabía escuchar. Y sabía guardar en la memoria lo que escuchaba. Esto habría de serle muy útil para su carrera futura.

Comenzó a trabajar para The New Yorker a los 18 años. Como apoyo editorial. Mientras tanto seguía escribiendo. Tres años después dejó este empleo y a los 21 publicó su primer gran relato: “Miriam”. Fue en la revista Mademoiselle. El relato tuvo un gran éxito y se publicó en el volumen de cuentos del premio ‘O’Henry’ en 1946…

En adelante las cosas serían distintas y comenzaría a mostrar un estilo propio: el gótico, que en mucho le debía a sus lecturas de Edgar Allan Poe. Y así irrumpe en el ámbito literario de EUA con una obra inicial: Una obra que asimismo atrajo la atención de la gran crítica y lectores por miles: “Otras voces, otros ámbitos”, publicada en 1948.

Es una novela poética que plantea la soledad de un adolescente que se encuentra en el sur profundo de EUA. Y es un reproche al estilo americano silencioso y al mismo tiempo perverso. Un adolescente que busca incansable a su padre pero que no lo consigue y busca alternativas que para aquel momento podrían parecer pecaminosas, pero que exhiben la represión, el silencio y la tristeza de una adolescencia traicionada en un país conservador y algunas veces desquiciado.

Al mismo tiempo hace periodismo. Entrevista a personalidades, para Play Bo, y otras de gran tiraje. Sus textos apuntaban al núcleo exacto con preguntas en apariencia ingenuas que hacían ‘Retratos’ al tiempo que con su estilo le daba el toque supremo de artículos periodísticos de lujo.

En 1958 viene otro éxito: “Desayuno en Tiffany’s”. Aquella aspiración por la buena vida, los mejores ambientes. La espuma de la sociedad estadounidense. El buen vivir. Pero también su contradicción en un mundo fascinante y hostil, con personajes hechos de porcelana e insospechados en sus reacciones. Holy Golightly es su personaje; la que se haría famosa en la obra literaria como en la versión cinematográfica de Blake Edwards, con Audrey Hepburn como ella.

Pero mientras más crecía su fama, el autor más se introducía en un mundo alucinante, de alcohol, drogas, sexo y más locuras personales. Le gustaba ‘la socialité’. Se sentía bien entre la opulencia de la clase alta. Lo abrigaban y le confiaban. Asistía a todo evento social al que era invitado, ya por ser un escritor de renombre como por su carácter alegre y sin complejos.

A finales de 1959 ve una pequeña nota en un periódico. Describe de forma breve el homicidio de una familia en un pueblito del sur de EUA. Se relata en un párrafo la crueldad con la que se había cometido el asesinato y el sopor de una comunidad de la que sólo sus habitantes conocían la existencia.

Por entonces trabaja para The New Yorker. Pide hacer un reportaje sobre lo ocurrido en Holcomb. Va acompañado de su amiga Nelle Harper, autora de “Matar un ruiseñor”. Llega al pueblo como un extraño, en todos sentidos. Pero se hace amigo de todos en el pueblo, sobre todo del jefe de la policía: todos le relatan lo ocurrido desde distintas perspectivas.

Y comienza una larguísima investigación que duró seis años. Desde los primeros indicios de la investigación hasta la identificación de los homicidas, su detención, encarcelamiento y luego la larguísima espera que le impedía terminar la novela: la sentencia final. La pena de muerte. El ahorcamiento de Dick Hickcock y Perry Smith.

Los había entrevistado por horas, días, meses, años. Se hizo amigo de ambos. Se enamoró de Perry. Vio y sufrió el momento del ahorcamiento. Y lloró por días, según relata su amigo Joe Fox. Pero al mismo tiempo pudo redactar el párrafo final de su obra máxima: “A sangre fría”.

Era, asimismo, la historia de una ejecución de dos seres humanos, culpables de homicidio, que mueren ‘a sangre fría’ por una sociedad vengativa y contradictoria.

Luego de esto vendría la decadencia del autor exitoso. Sus obras posteriores no consiguieron la excelencia aunque sobresalen “Música para Camaleones” y, por supuesto: “Plegarias atendidas” que era una especie de ‘en busca del tiempo perdido’ y la justificación de sus hechos.

Se había peleado con todos. La clase alta que antes lo abrigaba le dio la espalda luego de la exhibición que hace Capote de sus vicios y defectos en “La costa vasca”. En adelante la soledad. Pero ya había heredado algunas de las obras de la literatura estadounidense más importantes del siglo XX. Aportó su visión de una nueva forma de escribir la novela.

Murió en Los Ángeles, California, el 25 de agosto de 1984, ‘arrullado en un sillón’ por su amiga Joanne Carson…:

“Soy alcohólico, drogadicto y homosexual: soy un genio”; “Soy un hombre de obsesiones más que de pasiones”; “Las palabras me han salvado de la tristeza”; “Cuando Dios te da un don, también te da un látigo. Y ese látigo es para auto flagelarte”…

Cuando Perry Smith se cerca al cadalso con escalofriante serenidad, ve a Truman Capote, lo besa en la mejilla y le dice en español: “Adiós, amigo mío”.

La familia Clutter vivía tranquilamente en su granja de Holcomb, Kansas, en la pradera sur de Estados Unidos. El padre, la madre, una hija y un hijo. La noche del 14 de noviembre de 1959 fueron asesinados de forma salvaje. Nadie en el pequeño poblado daba crédito a lo ocurrido esa noche y la madrugada siguiente…

No había razón aparente. La policía del pueblo no estaba acostumbrada a un crimen de esta magnitud; pero tenían que investigar paso a paso y durante meses, hasta dar con los culpables: Dick Hickcock y Perry Smith, ex presidiarios que, por otro compañero de cárcel, supieron de los Clutter, de quienes les dijo que el padre tenía mucho dinero guardado en su casa…

Fueron a buscarlo. Pero apenas había unos 450 dólares. Y lo asesinaron de forma cruel. ¿Quién lo hizo? ¿Por qué? ¿Qué ocurrió esa noche? ¿Cómo eran los asesinos? ¿Cómo llevaría a cabo la investigación la policía? ¿Qué decía la ley de Kansas?

Tantas preguntas que luego fueron desgranadas en un libro excepcional: “A sangre fría” (1966). Una obra de excelencia al mismo tiempo literaria como periodística; realismo y crudeza juntos. La escribió un pequeño hombre rubio con voz tipluda: se llamó Truman Capote y su aportación es lo que puso en órbita ‘la novela-no ficción’, o el ‘nuevo periodismo’, según Tom Wolfe. Luego muchos le seguirían.

Fue un escritor precoz. Nació en 1924 en Nueva Orleans. De su infancia lo dijo todo él mismo. Fue tormentosa. Difícil y cruel. El abandono paterno. El descuido materno. La idea misma de que era un estorbo para ambos padres.

Lillie Mae Faulk era una sureña hermosa. Arch Persons un aparente empresario que luego demostró que no lo era y que vivía en la precariedad.Se casaron en 1923 y el matrimonio fue un verdadero fracaso. Él buscando en dónde conseguir algo de dinero. Ella decepcionada intentó dejarlo pronto aunque ya estaba embarazada y quiso abortar. Era demasiado tarde y tuvo al niño: Truman Streckfus Persons: él de 26 años, ella de 17.

Truman creció abrazado por las hermanas de su madre, en particular una de ellas –Sook- que lo quiso como a un hijo mientras su madre desaparecía de tiempo. Decidió ser amante de muchos. El divorcio sobrevino y Truman quedó al cuidado de las tías.Tenía cuatro años.

Luego vino el traslado a Nueva York con su madre y los primeros estudios. Y el segundo matrimonio de ella, convertida en Nina Capote, al casarse con un rico empresario de origen español afincado en Cuba: Joseph García Capote. Éste adoptó a Truman y le dio su apellido: Capote.

Hizo estudios básicos en ‘Trinity School’y ‘St John’s Accademy’. De pronto lo veían extraño. No sólo por su acento sureño sino por su forma de ser. Tuvo el repudio de muchos. Su madre preocupada lo llevó al siquiatra ‘para que se alivie’, y hasta lo matriculó en una escuela militar, ‘para que se componga’. Nada podía cambiar a su naturaleza.

Pero también estaba muy solo. Y esa soledad fue la que lo llevó a escribir. Decía que era una forma de abatir esa soledad. Y describía en hojas sueltas lo que veía, cómo veía a los personajes que le rodeaban, los ambientes, las formas de ser, las actitudes… las razones y las motivaciones… Comenzaba a ser escritor…

“Comencé a escribir a los ocho años, inesperadamente, sin la inspiración de un modelo. No conocía a nadie que escribiera. En realidad, apenas si conocía a alguien que leyera. El hecho era que sólo cuatro cosas me interesaban: leer, ir al cine, zapatear y dibujar. Luego, un día empecé a escribir, sin saber que me había encadenado, de por vida, a un amo noble, pero despiadado”.

Sus compañeros de clase se burlaban de él aunque poco a poco consiguió que lo vieran como a uno más de ellos, “como la mascota” del equipo deportivo. Le querían por su carácter alegre, extrovertido, inteligente y siempre dispuesto a escuchar. Sabía escuchar. Y sabía guardar en la memoria lo que escuchaba. Esto habría de serle muy útil para su carrera futura.

Comenzó a trabajar para The New Yorker a los 18 años. Como apoyo editorial. Mientras tanto seguía escribiendo. Tres años después dejó este empleo y a los 21 publicó su primer gran relato: “Miriam”. Fue en la revista Mademoiselle. El relato tuvo un gran éxito y se publicó en el volumen de cuentos del premio ‘O’Henry’ en 1946…

En adelante las cosas serían distintas y comenzaría a mostrar un estilo propio: el gótico, que en mucho le debía a sus lecturas de Edgar Allan Poe. Y así irrumpe en el ámbito literario de EUA con una obra inicial: Una obra que asimismo atrajo la atención de la gran crítica y lectores por miles: “Otras voces, otros ámbitos”, publicada en 1948.

Es una novela poética que plantea la soledad de un adolescente que se encuentra en el sur profundo de EUA. Y es un reproche al estilo americano silencioso y al mismo tiempo perverso. Un adolescente que busca incansable a su padre pero que no lo consigue y busca alternativas que para aquel momento podrían parecer pecaminosas, pero que exhiben la represión, el silencio y la tristeza de una adolescencia traicionada en un país conservador y algunas veces desquiciado.

Al mismo tiempo hace periodismo. Entrevista a personalidades, para Play Bo, y otras de gran tiraje. Sus textos apuntaban al núcleo exacto con preguntas en apariencia ingenuas que hacían ‘Retratos’ al tiempo que con su estilo le daba el toque supremo de artículos periodísticos de lujo.

En 1958 viene otro éxito: “Desayuno en Tiffany’s”. Aquella aspiración por la buena vida, los mejores ambientes. La espuma de la sociedad estadounidense. El buen vivir. Pero también su contradicción en un mundo fascinante y hostil, con personajes hechos de porcelana e insospechados en sus reacciones. Holy Golightly es su personaje; la que se haría famosa en la obra literaria como en la versión cinematográfica de Blake Edwards, con Audrey Hepburn como ella.

Pero mientras más crecía su fama, el autor más se introducía en un mundo alucinante, de alcohol, drogas, sexo y más locuras personales. Le gustaba ‘la socialité’. Se sentía bien entre la opulencia de la clase alta. Lo abrigaban y le confiaban. Asistía a todo evento social al que era invitado, ya por ser un escritor de renombre como por su carácter alegre y sin complejos.

A finales de 1959 ve una pequeña nota en un periódico. Describe de forma breve el homicidio de una familia en un pueblito del sur de EUA. Se relata en un párrafo la crueldad con la que se había cometido el asesinato y el sopor de una comunidad de la que sólo sus habitantes conocían la existencia.

Por entonces trabaja para The New Yorker. Pide hacer un reportaje sobre lo ocurrido en Holcomb. Va acompañado de su amiga Nelle Harper, autora de “Matar un ruiseñor”. Llega al pueblo como un extraño, en todos sentidos. Pero se hace amigo de todos en el pueblo, sobre todo del jefe de la policía: todos le relatan lo ocurrido desde distintas perspectivas.

Y comienza una larguísima investigación que duró seis años. Desde los primeros indicios de la investigación hasta la identificación de los homicidas, su detención, encarcelamiento y luego la larguísima espera que le impedía terminar la novela: la sentencia final. La pena de muerte. El ahorcamiento de Dick Hickcock y Perry Smith.

Los había entrevistado por horas, días, meses, años. Se hizo amigo de ambos. Se enamoró de Perry. Vio y sufrió el momento del ahorcamiento. Y lloró por días, según relata su amigo Joe Fox. Pero al mismo tiempo pudo redactar el párrafo final de su obra máxima: “A sangre fría”.

Era, asimismo, la historia de una ejecución de dos seres humanos, culpables de homicidio, que mueren ‘a sangre fría’ por una sociedad vengativa y contradictoria.

Luego de esto vendría la decadencia del autor exitoso. Sus obras posteriores no consiguieron la excelencia aunque sobresalen “Música para Camaleones” y, por supuesto: “Plegarias atendidas” que era una especie de ‘en busca del tiempo perdido’ y la justificación de sus hechos.

Se había peleado con todos. La clase alta que antes lo abrigaba le dio la espalda luego de la exhibición que hace Capote de sus vicios y defectos en “La costa vasca”. En adelante la soledad. Pero ya había heredado algunas de las obras de la literatura estadounidense más importantes del siglo XX. Aportó su visión de una nueva forma de escribir la novela.

Murió en Los Ángeles, California, el 25 de agosto de 1984, ‘arrullado en un sillón’ por su amiga Joanne Carson…:

“Soy alcohólico, drogadicto y homosexual: soy un genio”; “Soy un hombre de obsesiones más que de pasiones”; “Las palabras me han salvado de la tristeza”; “Cuando Dios te da un don, también te da un látigo. Y ese látigo es para auto flagelarte”…

Cuando Perry Smith se cerca al cadalso con escalofriante serenidad, ve a Truman Capote, lo besa en la mejilla y le dice en español: “Adiós, amigo mío”.

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