/ domingo 19 de mayo de 2019

Autoritarismo, caballo de Troya que mata a la democracia

Para Steven Levitsky, coautor del libro de moda entre la clase política mexicana, durante el siglo pasado un dictador llegaba al Poder a través de un golpe de Estado, hoy las democracias mueren por culpa de gobiernos elegidos con altos porcentajes de votación

La primera vez que vi este libro fue en el escritorio del coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal. Se titula Cómo mueren las democracias (Editorial Ariel, 2018).

¿Qué tal está? - le pregunté al senador.

Es una reflexión interesante en esta época, me respondió con una sonrisa de Monalisa.

Pero me llamó la atención que Monreal leyera este libro, pues hoy se encuentra en el centro del debate por impulsar varias iniciativas que para muchos buscan debilitar al Poder Judicial de la Federación y la bancada que coordina ha sido también criticada por aprobar designaciones que no cumplen con el perfil para encabezar los órganos autónomos, como fue el caso de la Comisión Reguladora de Energía.

“Para que el sistema constitucional del país funcione tal como esperamos, debe darse un delicado equilibrio entre el Poder Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial. Por un lado, el Congreso y los tribunales deben supervisar y, en caso necesario, controlar el poder del Presidente. Son, por así decirlo, los perros guardianes de la democracia”, sugieren en la página 147 los autores del libro, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt.

Foto: Ariel Editorial


Desde enero, Steven Levitsky no ha parado de conceder entrevistas a diversos medios. Y desde la publicación de este libro también es articulista invitado en el diario estadounidense The New York Times.

Dice que la fama no lo ha cambiado.

“Sigo cocinando la cena”, afirma.

Y luego suelta una broma: “lo que sucede es que en Harvard todos son famosos y visto así, pues yo no soy tan famoso”.

Nunca pierde el tono de mentor que lo caracteriza en las aulas de Harvard mientras imparte la clase de Regímenes Políticos Comparados.

Su investigación se centra en partidos políticos y autoritarismo. No es de mucho protocolo. Levanta el teléfono de su cubículo y de inmediato empieza a platicar.

Foto: drclas.harvard.edu

La fortaleza de la oposición es clave para la supervivencia de la democracia. Cuando la oposición está fragmentada o desorganizada, sin capacidad de movilizar a la gente, es más probable que un autoritario en el poder tenga éxito”, expone durante la charla.

El politólogo dibuja durante cinco minutos el autoritarismo de Donald Trump y de Nicolás Maduro, pero es más cauto en relación con Andrés Manuel López Obrador, ya que asegura no ha estudiado con detenimiento el caso mexicano.

La tesis central del libro de Levitsky y Ziblatt es que a diferencia del siglo pasado donde un dictador llegaba a través de un golpe de Estado, “hoy las democracias se mueren por gobiernos elegidos con altos porcentajes de votación, que utilizan a las mismas instituciones para minar las democracias, utilizan leyes aprobadas por el Congreso, utilizan la Constitución, plebiscitos, referéndums o al Poder Judicial para atacar a la oposición”. Así quiebran los contrapesos, expone Levitsky.

Foto: Reuters

El autor pone sobre la mesa una paradoja: la democracia ya no es elitista, como en el siglo pasado, y ahora el proceso surge fuera del establishment. A la Presidencia de la República llegan personajes que no tienen una trayectoria dentro de los partidos o que ni siquiera han ganado un cargo por elección popular.

Digamos que esta “democratización de la democracia” hace una grieta en el sistema para que lleguen demagogos populistas o autoritarios.

“Estamos entrando a una nueva etapa en las últimas décadas, esos mismos cambios que permiten el mínimo control de la élite, más democracia en cierto sentido, abren la ventana, no la puerta, la ventana, para la elección de outsiders, para bien o mal, demagogos o no, pero ahora pueden llegar a la Presidencia novatos y autoritarios”.

Para el autor, en América hay dos “democracias muertas”: Nicaragua y Venezuela. Mientras que Bolivia, Honduras y Guatemala están bajo amenaza.

“Los partidos tradicionales, en América Latina, se han debilitado mucho. Una de las razones por las que Alberto Fujimori (Perú) o Hugo Chávez (Venezuela) pudieron consolidar regímenes autocráticos, fue el colapso de los partidos políticos”, apunta.

Foto: Reuters

En realidad, Levitsky no quiere hablar concretamente de la figura de Andrés Manuel López Obrador porque sí conoce el caso mexicano o por lo menos el declive de los partidos de oposición, que enfrentan una profunda crisis de identidad y financiera.

Considera preocupante “el severo desvanecimiento de los partidos tradicionales en México”, principalmente del PRI y del PAN. Incluso, argumenta que la oposición sólida que tuvo Enrique Peña Nieto durante su sexenio lo obligó a negociar el llamado Pacto por México para sacar las reformas estructurales y frenó las ambiciones hegemónicas que mantuvieron a su partido 71 años en el poder.

El autor explica que el fracaso de los partidos tradicionales en nuestro país es atribuible al desgaste en el poder de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, quienes no pudieron bajar el nivel de violencia y mejorar la situación económica, y señala que, en el caso del priista, el nivel de corrupción fue muy alto.

“Una oposición organizada va a defender mejor la democracia. Eso requiere partidos fuertes. Para que haya una oposición fuerte tiene que haber partidos fuertes”, expone durante la conversación telefónica.

Foto: Cuartoscuro

En Cómo mueren las democracias, libro de moda entre la clase política mexicana, Levitsky y Ziblatt proponen una serie de preguntas, bajo cuatro indicadores, para encontrar a los líderes autoritarios que buscan matar las democracias: rechazan o tienen baja aceptación de las reglas democráticas del juego, por ejemplo, niegan el resultado de las elecciones cuando no les favorecen; lastiman la legitimidad de sus adversarios políticos; tolerancia o fomento a la violencia y predisposición a restringir las libertades civiles de la oposición, incluidos los medios de comunicación.

De esta manera, se está frente a un líder autoritario cuando éste se ha negado a condenar la violencia política en otros países o critica abiertamente a la oposición y a la sociedad civil que no está de acuerdo con sus políticas públicas.

Llama la atención uno de sus apuntes. Señala que una de las características de un líder autoritario es su poca capacidad para negociar con el Poder Legislativo aun cuando su partido tenga la mayoría.


¿Se pueden salvar a las democracias en América Latina?

“Siempre existe la posibilidad de salvar a las democracias, siempre. Aun si una figura abiertamente autoritaria, como lo es Donald Trump en Estados Unidos, que atenta contra las instituciones, aún él puede fracasar siempre y cuando las propias instituciones muestren fortaleza, también por la respuesta de la sociedad civil o de la oposición”.

De hecho, Levitsky y Ziblatt dedican el último capítulo de su libro a plantear la fórmula para rescatar las democracias de los líderes autoritarios, en específico, de Donald Trump, que quiere sepultar este modelo.

¿La Suprema Corte de Justicia de la Nación debería tener más presencia?

“Si el Ejecutivo no está plenamente comprometido con la democracia, las otras instituciones van a tener que ser más vigilantes, el Poder Judicial y la sociedad civil y los medios de comunicación tienen que estar más vigilantes”.

Y concluye: “la democracia no puede sobrevivir sin una prensa independiente dispuesta a investigar y a denunciar al gobierno. No hay otra manera para que la ciudadanía conozca un posible abuso de poder. Es clave, es totalmente necesaria para mantener la democracia”.

En esencia, Levitsky describe cómo un líder autoritario se convierte en el caballo de Troya que mata la democracia.

Cuatro indicadores claves del comportamiento autoritario

1) Rechazo (o débil aceptación) de las reglas democráticas del juego

¿Rechazan la Constitución o expresan su voluntad de no acatarla?

¿Sugieren la necesidad de adoptar medidas antidemocráticas, como cancelar elecciones, incumplir o suspender la Constitución, prohibir determinadas organizaciones o restringir los derechos políticos o civiles básicos?

¿Pretenden usar (o aprueban el uso de) medidas extraconstitucionales para cambiar el Gobierno, como golpes militares, insurrecciones violentas o manifestaciones masivas destinadas a la forzar un cambio en el Gobierno?

¿Intentan socavar la legitimidad de las elecciones, por ejemplo negándose a aceptar unos resultados electorales creíbles?

2) Negación de la legitimidad de los adversarios políticos

¿Describen a sus rivales como subversivos o contrarios al orden constitucional establecido?

¿Afirman que sus rivales constituyen una amenaza existencial, ya sea para la seguridad nacional o para el modo de la vida imperante?

¿Describen sin argumentos a sus rivales de otros partidos como delincuentes cuyo supuesto incumplimiento de la ley (o potencial para incumplirla) los descalifica para participar de manera plena en la esfera política?

¿Sugieren de manera infundada que sus rivales son espías extranjeros que trabajan secretamente en alianza con (o a sueldo de) un Gobierno foráneo, normalmente de un país enemigo?

3) Tolerancia o fomento de la violencia

¿Tienen lazos con bandas armadas, con fuerzas paramilitares, con milicias, guerrillas u otras organizaciones violentas ilegales?

¿Han patrocinado ellos mismos o sus aliados de partido linchamientos a adversarios?

¿Han apoyado de manera tácita la violencia de sus partidarios negándose a condenarla y penalizarla sin ambigüedades?

¿Han elogiado (o se han negado a condenar) otros actos destacados de violencia política, tanto pasados como acontecidos en otros lugares del mundo?

4) Predisposición de restringir las libertades civiles de la oposición, incluidos los medios de comunicación

¿Han apoyado leyes o políticas que restringen las libertades civiles, como ampliar las leyes por libelo o difamación o aprobar leyes que limitan en derecho de manifestación, las críticas al Gobierno o a determinadas organizaciones civiles o políticas?

¿Han amenazado por adoptar medidas legales u otras acciones punitivas contra personas críticas pertenecientes a partidos de la oposición, la sociedad civil o los medios de comunicación?

¿Han elogiado medidas represivas adoptadas por otros Gobiernos, ya sea e el pasado o en otros lugares del mundo?

||Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Edit. Ariel, 2018||

La primera vez que vi este libro fue en el escritorio del coordinador de Morena en el Senado, Ricardo Monreal. Se titula Cómo mueren las democracias (Editorial Ariel, 2018).

¿Qué tal está? - le pregunté al senador.

Es una reflexión interesante en esta época, me respondió con una sonrisa de Monalisa.

Pero me llamó la atención que Monreal leyera este libro, pues hoy se encuentra en el centro del debate por impulsar varias iniciativas que para muchos buscan debilitar al Poder Judicial de la Federación y la bancada que coordina ha sido también criticada por aprobar designaciones que no cumplen con el perfil para encabezar los órganos autónomos, como fue el caso de la Comisión Reguladora de Energía.

“Para que el sistema constitucional del país funcione tal como esperamos, debe darse un delicado equilibrio entre el Poder Ejecutivo, el Congreso y el Poder Judicial. Por un lado, el Congreso y los tribunales deben supervisar y, en caso necesario, controlar el poder del Presidente. Son, por así decirlo, los perros guardianes de la democracia”, sugieren en la página 147 los autores del libro, Steven Levitsky y Daniel Ziblatt.

Foto: Ariel Editorial


Desde enero, Steven Levitsky no ha parado de conceder entrevistas a diversos medios. Y desde la publicación de este libro también es articulista invitado en el diario estadounidense The New York Times.

Dice que la fama no lo ha cambiado.

“Sigo cocinando la cena”, afirma.

Y luego suelta una broma: “lo que sucede es que en Harvard todos son famosos y visto así, pues yo no soy tan famoso”.

Nunca pierde el tono de mentor que lo caracteriza en las aulas de Harvard mientras imparte la clase de Regímenes Políticos Comparados.

Su investigación se centra en partidos políticos y autoritarismo. No es de mucho protocolo. Levanta el teléfono de su cubículo y de inmediato empieza a platicar.

Foto: drclas.harvard.edu

La fortaleza de la oposición es clave para la supervivencia de la democracia. Cuando la oposición está fragmentada o desorganizada, sin capacidad de movilizar a la gente, es más probable que un autoritario en el poder tenga éxito”, expone durante la charla.

El politólogo dibuja durante cinco minutos el autoritarismo de Donald Trump y de Nicolás Maduro, pero es más cauto en relación con Andrés Manuel López Obrador, ya que asegura no ha estudiado con detenimiento el caso mexicano.

La tesis central del libro de Levitsky y Ziblatt es que a diferencia del siglo pasado donde un dictador llegaba a través de un golpe de Estado, “hoy las democracias se mueren por gobiernos elegidos con altos porcentajes de votación, que utilizan a las mismas instituciones para minar las democracias, utilizan leyes aprobadas por el Congreso, utilizan la Constitución, plebiscitos, referéndums o al Poder Judicial para atacar a la oposición”. Así quiebran los contrapesos, expone Levitsky.

Foto: Reuters

El autor pone sobre la mesa una paradoja: la democracia ya no es elitista, como en el siglo pasado, y ahora el proceso surge fuera del establishment. A la Presidencia de la República llegan personajes que no tienen una trayectoria dentro de los partidos o que ni siquiera han ganado un cargo por elección popular.

Digamos que esta “democratización de la democracia” hace una grieta en el sistema para que lleguen demagogos populistas o autoritarios.

“Estamos entrando a una nueva etapa en las últimas décadas, esos mismos cambios que permiten el mínimo control de la élite, más democracia en cierto sentido, abren la ventana, no la puerta, la ventana, para la elección de outsiders, para bien o mal, demagogos o no, pero ahora pueden llegar a la Presidencia novatos y autoritarios”.

Para el autor, en América hay dos “democracias muertas”: Nicaragua y Venezuela. Mientras que Bolivia, Honduras y Guatemala están bajo amenaza.

“Los partidos tradicionales, en América Latina, se han debilitado mucho. Una de las razones por las que Alberto Fujimori (Perú) o Hugo Chávez (Venezuela) pudieron consolidar regímenes autocráticos, fue el colapso de los partidos políticos”, apunta.

Foto: Reuters

En realidad, Levitsky no quiere hablar concretamente de la figura de Andrés Manuel López Obrador porque sí conoce el caso mexicano o por lo menos el declive de los partidos de oposición, que enfrentan una profunda crisis de identidad y financiera.

Considera preocupante “el severo desvanecimiento de los partidos tradicionales en México”, principalmente del PRI y del PAN. Incluso, argumenta que la oposición sólida que tuvo Enrique Peña Nieto durante su sexenio lo obligó a negociar el llamado Pacto por México para sacar las reformas estructurales y frenó las ambiciones hegemónicas que mantuvieron a su partido 71 años en el poder.

El autor explica que el fracaso de los partidos tradicionales en nuestro país es atribuible al desgaste en el poder de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, quienes no pudieron bajar el nivel de violencia y mejorar la situación económica, y señala que, en el caso del priista, el nivel de corrupción fue muy alto.

“Una oposición organizada va a defender mejor la democracia. Eso requiere partidos fuertes. Para que haya una oposición fuerte tiene que haber partidos fuertes”, expone durante la conversación telefónica.

Foto: Cuartoscuro

En Cómo mueren las democracias, libro de moda entre la clase política mexicana, Levitsky y Ziblatt proponen una serie de preguntas, bajo cuatro indicadores, para encontrar a los líderes autoritarios que buscan matar las democracias: rechazan o tienen baja aceptación de las reglas democráticas del juego, por ejemplo, niegan el resultado de las elecciones cuando no les favorecen; lastiman la legitimidad de sus adversarios políticos; tolerancia o fomento a la violencia y predisposición a restringir las libertades civiles de la oposición, incluidos los medios de comunicación.

De esta manera, se está frente a un líder autoritario cuando éste se ha negado a condenar la violencia política en otros países o critica abiertamente a la oposición y a la sociedad civil que no está de acuerdo con sus políticas públicas.

Llama la atención uno de sus apuntes. Señala que una de las características de un líder autoritario es su poca capacidad para negociar con el Poder Legislativo aun cuando su partido tenga la mayoría.


¿Se pueden salvar a las democracias en América Latina?

“Siempre existe la posibilidad de salvar a las democracias, siempre. Aun si una figura abiertamente autoritaria, como lo es Donald Trump en Estados Unidos, que atenta contra las instituciones, aún él puede fracasar siempre y cuando las propias instituciones muestren fortaleza, también por la respuesta de la sociedad civil o de la oposición”.

De hecho, Levitsky y Ziblatt dedican el último capítulo de su libro a plantear la fórmula para rescatar las democracias de los líderes autoritarios, en específico, de Donald Trump, que quiere sepultar este modelo.

¿La Suprema Corte de Justicia de la Nación debería tener más presencia?

“Si el Ejecutivo no está plenamente comprometido con la democracia, las otras instituciones van a tener que ser más vigilantes, el Poder Judicial y la sociedad civil y los medios de comunicación tienen que estar más vigilantes”.

Y concluye: “la democracia no puede sobrevivir sin una prensa independiente dispuesta a investigar y a denunciar al gobierno. No hay otra manera para que la ciudadanía conozca un posible abuso de poder. Es clave, es totalmente necesaria para mantener la democracia”.

En esencia, Levitsky describe cómo un líder autoritario se convierte en el caballo de Troya que mata la democracia.

Cuatro indicadores claves del comportamiento autoritario

1) Rechazo (o débil aceptación) de las reglas democráticas del juego

¿Rechazan la Constitución o expresan su voluntad de no acatarla?

¿Sugieren la necesidad de adoptar medidas antidemocráticas, como cancelar elecciones, incumplir o suspender la Constitución, prohibir determinadas organizaciones o restringir los derechos políticos o civiles básicos?

¿Pretenden usar (o aprueban el uso de) medidas extraconstitucionales para cambiar el Gobierno, como golpes militares, insurrecciones violentas o manifestaciones masivas destinadas a la forzar un cambio en el Gobierno?

¿Intentan socavar la legitimidad de las elecciones, por ejemplo negándose a aceptar unos resultados electorales creíbles?

2) Negación de la legitimidad de los adversarios políticos

¿Describen a sus rivales como subversivos o contrarios al orden constitucional establecido?

¿Afirman que sus rivales constituyen una amenaza existencial, ya sea para la seguridad nacional o para el modo de la vida imperante?

¿Describen sin argumentos a sus rivales de otros partidos como delincuentes cuyo supuesto incumplimiento de la ley (o potencial para incumplirla) los descalifica para participar de manera plena en la esfera política?

¿Sugieren de manera infundada que sus rivales son espías extranjeros que trabajan secretamente en alianza con (o a sueldo de) un Gobierno foráneo, normalmente de un país enemigo?

3) Tolerancia o fomento de la violencia

¿Tienen lazos con bandas armadas, con fuerzas paramilitares, con milicias, guerrillas u otras organizaciones violentas ilegales?

¿Han patrocinado ellos mismos o sus aliados de partido linchamientos a adversarios?

¿Han apoyado de manera tácita la violencia de sus partidarios negándose a condenarla y penalizarla sin ambigüedades?

¿Han elogiado (o se han negado a condenar) otros actos destacados de violencia política, tanto pasados como acontecidos en otros lugares del mundo?

4) Predisposición de restringir las libertades civiles de la oposición, incluidos los medios de comunicación

¿Han apoyado leyes o políticas que restringen las libertades civiles, como ampliar las leyes por libelo o difamación o aprobar leyes que limitan en derecho de manifestación, las críticas al Gobierno o a determinadas organizaciones civiles o políticas?

¿Han amenazado por adoptar medidas legales u otras acciones punitivas contra personas críticas pertenecientes a partidos de la oposición, la sociedad civil o los medios de comunicación?

¿Han elogiado medidas represivas adoptadas por otros Gobiernos, ya sea e el pasado o en otros lugares del mundo?

||Steven Levitsky y Daniel Ziblatt, Cómo mueren las democracias, Edit. Ariel, 2018||

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