/ sábado 8 de abril de 2017

Literatura: “Otoño en Londres”

POR ROBERTO RONDERO Con el inicio de la temporada otoñal, todos los personajes que aparecen a lo largo de “Otoño en Londres” (Nocturna Ediciones, 523 páginas, colección Literatura Mágica, distribuido por Lecturalia), libro escrito por Andrea Izquierdo, española de 22 años originaria de Zaragoza, coinciden en el entorno más exclusivo de Londres, donde cuanto más alta es la cima, más riesgo entraña el precipicio.

Con ilustraciones de Elena Pancorbo de cada uno de los juveniles personajes (Lily, Meredith, Ava, Connor, Rex, Martha, Tom, Finn y Oliver), “Otoño en Londres” es, como lo reseña Laila Soler, autora de “Los días que nos separan”, “¡Un vicio!”. Cada quien con su cada cual

“Llegar a la cima puede acercarte al precipicio”, advierte Andrea Izquierdo acerca de su libro, situado en el hotel Ellesmere, ubicado al sur de Hyde Park, en uno de los barrios más elitistas londinenses, hogar del creador de Peter Pan, el célebre Sout Kensigton.

A dicho hotel van a parar y a coincidir cada uno de los personajes de “Otoño en Londres”: Lily es admitida en la universidad gracias a una beca; mientras que para Meredith ese ambiente le es muy común, al igual que para Ava, más interesada en que sus secretos no salgan a la luz pese a la insistencia de Connor, ese chico coreano que siempre acompaña a Rex (del que todos hablan debido a su madre) y a Martha, la del pelo azul, que armó un escándalo cuando se cruzó en una fiesta con Tom Roy, amigo de Finn, el pelirrojo aficionado a los videojuegos que siente antipatía por Oliver, el mismo al que Lily preferiría no tener que nunca más.

La camarilla de estudiantes que se frecuentan constantemente, comparten secretos, mentiras, enredos y demasiada fama en una novela que bien puede tornarse adictiva.

Ava: “Lily no me deja sola ni para ir al baño; es más, cuando voy ahí, me vigila especialmente. Después de que la noche del jueves descubriera mi secreto, no se ha separado de mí ni un instante.

“Sé que no le sentó bien que no le contara nada, pero también entendió que estas cosas son difíciles de expresar, sobre todo porque lo que pretendes desde el principio es que nadie se entere. Sin embargo, cuando me insistió en que se lo explicara, hablé. Lo solté todo. “Nunca antes había revelado tantas cosas a una persona a la que conocía desde hacía tan poco. Aun así, cuando empecé no pude parar: le conté que lo escribía todo en el diario, por eso me alarmé cuando lo encontró; pensaba que había leído algunas de las páginas. Le dije que era algo que casi no podía evitar; sencillamente, me sentí mal cada vez que comía demasiado y la única manera que se me ocurría de compensarlo era así”.

Lily: “Falto dos días seguido a clase, arriesgándome a que me pongan un par de faltas. Tampoco me importa mucho ahora mismo. No puedo entrar en ningún tipo de red social, he tenido que borrármelas todas. Mi número de teléfono inglés se ha filtrado y me he visto obligada a cambiármelo por otro nuevo. A España también ha llegado la noticia, por supuesto. Mis padres no alcanzan a entender la magnitud del problema”…

POR ROBERTO RONDERO Con el inicio de la temporada otoñal, todos los personajes que aparecen a lo largo de “Otoño en Londres” (Nocturna Ediciones, 523 páginas, colección Literatura Mágica, distribuido por Lecturalia), libro escrito por Andrea Izquierdo, española de 22 años originaria de Zaragoza, coinciden en el entorno más exclusivo de Londres, donde cuanto más alta es la cima, más riesgo entraña el precipicio.

Con ilustraciones de Elena Pancorbo de cada uno de los juveniles personajes (Lily, Meredith, Ava, Connor, Rex, Martha, Tom, Finn y Oliver), “Otoño en Londres” es, como lo reseña Laila Soler, autora de “Los días que nos separan”, “¡Un vicio!”. Cada quien con su cada cual

“Llegar a la cima puede acercarte al precipicio”, advierte Andrea Izquierdo acerca de su libro, situado en el hotel Ellesmere, ubicado al sur de Hyde Park, en uno de los barrios más elitistas londinenses, hogar del creador de Peter Pan, el célebre Sout Kensigton.

A dicho hotel van a parar y a coincidir cada uno de los personajes de “Otoño en Londres”: Lily es admitida en la universidad gracias a una beca; mientras que para Meredith ese ambiente le es muy común, al igual que para Ava, más interesada en que sus secretos no salgan a la luz pese a la insistencia de Connor, ese chico coreano que siempre acompaña a Rex (del que todos hablan debido a su madre) y a Martha, la del pelo azul, que armó un escándalo cuando se cruzó en una fiesta con Tom Roy, amigo de Finn, el pelirrojo aficionado a los videojuegos que siente antipatía por Oliver, el mismo al que Lily preferiría no tener que nunca más.

La camarilla de estudiantes que se frecuentan constantemente, comparten secretos, mentiras, enredos y demasiada fama en una novela que bien puede tornarse adictiva.

Ava: “Lily no me deja sola ni para ir al baño; es más, cuando voy ahí, me vigila especialmente. Después de que la noche del jueves descubriera mi secreto, no se ha separado de mí ni un instante.

“Sé que no le sentó bien que no le contara nada, pero también entendió que estas cosas son difíciles de expresar, sobre todo porque lo que pretendes desde el principio es que nadie se entere. Sin embargo, cuando me insistió en que se lo explicara, hablé. Lo solté todo. “Nunca antes había revelado tantas cosas a una persona a la que conocía desde hacía tan poco. Aun así, cuando empecé no pude parar: le conté que lo escribía todo en el diario, por eso me alarmé cuando lo encontró; pensaba que había leído algunas de las páginas. Le dije que era algo que casi no podía evitar; sencillamente, me sentí mal cada vez que comía demasiado y la única manera que se me ocurría de compensarlo era así”.

Lily: “Falto dos días seguido a clase, arriesgándome a que me pongan un par de faltas. Tampoco me importa mucho ahora mismo. No puedo entrar en ningún tipo de red social, he tenido que borrármelas todas. Mi número de teléfono inglés se ha filtrado y me he visto obligada a cambiármelo por otro nuevo. A España también ha llegado la noticia, por supuesto. Mis padres no alcanzan a entender la magnitud del problema”…