/ miércoles 15 de abril de 2020

Las obras por las que nunca olvidaremos a Rubem Fonseca

Fue una revolucionario de las letras que con un lenguaje directo, violento, erótico y vulgar imprimió de "brutalismo" a la literatura brasileña

Río de Janeiro, Brasil.- El misterio que imprimió en cada una de sus novelas fue el mismo que marcó la vida del escritor Rubem Fonseca (1925-2020), un revolucionario de las letras que con un lenguaje directo, violento, erótico y vulgar imprimió de "brutalismo" a la literatura brasileña.

Tan intrigante como la trama de sus obras, el autor de "Agosto", "El Cobrador" o "El gran arte", vivió hasta sus 94 años como una especie de ermitaño, narrando las truculentas historias que marcaron su estilo.

No obstante, el ganador de premios tan importantes como el Juan Rulfo, el Jabuti o el Camoes, considerado el Nobel de la lengua portuguesa, Fonseca nunca concedió una entrevista en Brasil y aunque prefería el anonimato, quienes le conocían de cerca lo describían como una persona sencilla y con buen sentido del humor.

Foto: AFP

Fonseca no solo destacó como novelista, también fue reconocido por sus cuentos y ensayos e incluso por algunos guiones cinematográficos a los que dio vida con su pluma cruda y desgarradora.

Sus obras, en su mayoría policíacas, describen el día a día de la criminalidad, la prostitución y las desigualdades sociales y protagonizan la realidad de un submundo ficticio.

Incluso Mandrake, el abogado criminalista que fue uno de los personajes centrales de los libros "El Gran Arte" y "La biblia y la bengala", inspiró la serie "Mandrake" (2005), producida por HBO y representada por el actor brasileño Marcos Palmeira.

En sus obras se retrata sin miedo y de forma cruda la naturaleza humana y el mismo Fonseca reconocía que como autor debía decir lo que otros no se atrevían a mostrar.

Por ello, siempre apostó por un lenguaje "obsceno" en sus publicaciones y defendió que los escritores no pueden "discriminar las palabras".

"Yo escribí 30 libros. Todos llenos de palabras obscenas. Nosotros escritores no podemos discriminar las palabras. No tiene sentido que un autor diga 'eso no puedo usar'", sentenció en la ceremonia de premiación del galardón Machado de Assis, otorgado por la Academia Brasileña de Letras, en 2015.

Algunas de sus obras narran la historia a través de la ficción, como es el caso de "Agosto", donde cuenta las conspiraciones que terminaron en el suicidio del presidente Getúlio Vargas.

A continuación sus obras por las que nunca olvidaremos a Rubem Fonseca…

Agosto

A medio camino entre realidad y ficción, Agosto narra los últimos días del político brasileño Getulio Vargas, apodado Padre los Pobres, que se suicidó de un tiro en el corazón el 24 de agosto de 1954. Con su característico estilo narrativo, el magistral Rubem Fonseca noveliza uno de los períodos más convulsos y violentos de la historia de su país, y lo hace mezclando el género policíaco con la intriga política, el realismo social y el incansable sentido crítico que le ha convertido en uno de los escritores más comprometidos de América Latina. La particular mirada de Fonseca abre las puertas de un pasado reciente que aún hoy resulta tan incómodo como necesario de recordar. En las páginas de Agosto, el autor baraja hechos y sucesos que marcaron el final de un régimen y el comienzo de una nueva era para uno de los países más castigados del continente americano. Con un escenario desoladoramente verídico y unos personajes excelentemente dibujados, Fonseca consiguió con esta novela hacerse un hueco entre los narradores más importantes del siglo XX.

El Cobrador

Una inagotable galería de tragedias humanas recorre el inframundo de la ciudad. El odio, la desesperación, la amargura adoptan los rostros más diversos, en una sociedad cruel que es la real y la que no refleja la publicidad. En esta novela un asesino escribe poemas y se cobra cuentas pendientes; en “Pierrot de la caverna”, un pedófilo se sincera a una grabadora... Estos relatos secos, ásperos, directos y magistrales, sin concesiones a las florituras literarias ni psicológicas, ofrecen un brutal fresco de descomposición social, y acumulan una enorme cantidad de imágenes inolvidables que producen perplejidad ante el mal, el individual y el colectivo.

El Gran Arte

El gran arte toca diversidad de tramas en torno al crimen de mujeres a las que su asesino les escribe con un cuchillo una P en el rostro. Citando a Arquílocos de Paros ("tengo un gran arte, hiero duramente a aquellos que me hieren") y con la pregunta de si el gran arte es el de matar, Rubem Fonseca mezcla la constante alusión a los modelos clásicos y el manejo de referentes de la "alta cultura" con el uso de la novela negra y con guiños nada casuales a los medios de comunicación y a la cultura de masas.

O Caso Morel

El fotógrafo Paul Morel recibe una inesperada visita en la celda donde está prisionero. El comisario Matos y su amigo Vilela, un famoso novelista, están dispuestos a todo para averiguar cuanto se refiere al crimen que imputan al artista. Este, al parecer, está escribiendo una autobiografía con la que pretende confesar unos actos que ni en sus más retorcidas pesadillas Matos podría llegar a imaginar. Pero ¿qué hay de ficción y qué de realidad en tan delirante texto? Sexo, violencia, depravación, abusos...todo cabe en el relato. ¿O quizá era eso su vida? Rubem Fonseca, uno de los escritores brasileños más internacionales de todos los tiempos, desgarra el alma del lector en una novela cargada de lo peor de la condición humana. Con un lenguaje directo descarnado, con un estilo reflexivo a la par que inquietante, esta es sin lugar a dudas una de las obras literarias que ha despertado más polémica en el último medio siglo.

José

Rubem Fonseca narra el recuerdo del escritor, el recuerdo de su vida en la ciudad, el recuerdo de sus lecturas, de su viaje por la palabra, por los libros como único reducto de su soledad infantil, como única alternativa para encontrarse con los otros.


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Omny

Río de Janeiro, Brasil.- El misterio que imprimió en cada una de sus novelas fue el mismo que marcó la vida del escritor Rubem Fonseca (1925-2020), un revolucionario de las letras que con un lenguaje directo, violento, erótico y vulgar imprimió de "brutalismo" a la literatura brasileña.

Tan intrigante como la trama de sus obras, el autor de "Agosto", "El Cobrador" o "El gran arte", vivió hasta sus 94 años como una especie de ermitaño, narrando las truculentas historias que marcaron su estilo.

No obstante, el ganador de premios tan importantes como el Juan Rulfo, el Jabuti o el Camoes, considerado el Nobel de la lengua portuguesa, Fonseca nunca concedió una entrevista en Brasil y aunque prefería el anonimato, quienes le conocían de cerca lo describían como una persona sencilla y con buen sentido del humor.

Foto: AFP

Fonseca no solo destacó como novelista, también fue reconocido por sus cuentos y ensayos e incluso por algunos guiones cinematográficos a los que dio vida con su pluma cruda y desgarradora.

Sus obras, en su mayoría policíacas, describen el día a día de la criminalidad, la prostitución y las desigualdades sociales y protagonizan la realidad de un submundo ficticio.

Incluso Mandrake, el abogado criminalista que fue uno de los personajes centrales de los libros "El Gran Arte" y "La biblia y la bengala", inspiró la serie "Mandrake" (2005), producida por HBO y representada por el actor brasileño Marcos Palmeira.

En sus obras se retrata sin miedo y de forma cruda la naturaleza humana y el mismo Fonseca reconocía que como autor debía decir lo que otros no se atrevían a mostrar.

Por ello, siempre apostó por un lenguaje "obsceno" en sus publicaciones y defendió que los escritores no pueden "discriminar las palabras".

"Yo escribí 30 libros. Todos llenos de palabras obscenas. Nosotros escritores no podemos discriminar las palabras. No tiene sentido que un autor diga 'eso no puedo usar'", sentenció en la ceremonia de premiación del galardón Machado de Assis, otorgado por la Academia Brasileña de Letras, en 2015.

Algunas de sus obras narran la historia a través de la ficción, como es el caso de "Agosto", donde cuenta las conspiraciones que terminaron en el suicidio del presidente Getúlio Vargas.

A continuación sus obras por las que nunca olvidaremos a Rubem Fonseca…

Agosto

A medio camino entre realidad y ficción, Agosto narra los últimos días del político brasileño Getulio Vargas, apodado Padre los Pobres, que se suicidó de un tiro en el corazón el 24 de agosto de 1954. Con su característico estilo narrativo, el magistral Rubem Fonseca noveliza uno de los períodos más convulsos y violentos de la historia de su país, y lo hace mezclando el género policíaco con la intriga política, el realismo social y el incansable sentido crítico que le ha convertido en uno de los escritores más comprometidos de América Latina. La particular mirada de Fonseca abre las puertas de un pasado reciente que aún hoy resulta tan incómodo como necesario de recordar. En las páginas de Agosto, el autor baraja hechos y sucesos que marcaron el final de un régimen y el comienzo de una nueva era para uno de los países más castigados del continente americano. Con un escenario desoladoramente verídico y unos personajes excelentemente dibujados, Fonseca consiguió con esta novela hacerse un hueco entre los narradores más importantes del siglo XX.

El Cobrador

Una inagotable galería de tragedias humanas recorre el inframundo de la ciudad. El odio, la desesperación, la amargura adoptan los rostros más diversos, en una sociedad cruel que es la real y la que no refleja la publicidad. En esta novela un asesino escribe poemas y se cobra cuentas pendientes; en “Pierrot de la caverna”, un pedófilo se sincera a una grabadora... Estos relatos secos, ásperos, directos y magistrales, sin concesiones a las florituras literarias ni psicológicas, ofrecen un brutal fresco de descomposición social, y acumulan una enorme cantidad de imágenes inolvidables que producen perplejidad ante el mal, el individual y el colectivo.

El Gran Arte

El gran arte toca diversidad de tramas en torno al crimen de mujeres a las que su asesino les escribe con un cuchillo una P en el rostro. Citando a Arquílocos de Paros ("tengo un gran arte, hiero duramente a aquellos que me hieren") y con la pregunta de si el gran arte es el de matar, Rubem Fonseca mezcla la constante alusión a los modelos clásicos y el manejo de referentes de la "alta cultura" con el uso de la novela negra y con guiños nada casuales a los medios de comunicación y a la cultura de masas.

O Caso Morel

El fotógrafo Paul Morel recibe una inesperada visita en la celda donde está prisionero. El comisario Matos y su amigo Vilela, un famoso novelista, están dispuestos a todo para averiguar cuanto se refiere al crimen que imputan al artista. Este, al parecer, está escribiendo una autobiografía con la que pretende confesar unos actos que ni en sus más retorcidas pesadillas Matos podría llegar a imaginar. Pero ¿qué hay de ficción y qué de realidad en tan delirante texto? Sexo, violencia, depravación, abusos...todo cabe en el relato. ¿O quizá era eso su vida? Rubem Fonseca, uno de los escritores brasileños más internacionales de todos los tiempos, desgarra el alma del lector en una novela cargada de lo peor de la condición humana. Con un lenguaje directo descarnado, con un estilo reflexivo a la par que inquietante, esta es sin lugar a dudas una de las obras literarias que ha despertado más polémica en el último medio siglo.

José

Rubem Fonseca narra el recuerdo del escritor, el recuerdo de su vida en la ciudad, el recuerdo de sus lecturas, de su viaje por la palabra, por los libros como único reducto de su soledad infantil, como única alternativa para encontrarse con los otros.


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