/ viernes 3 de enero de 2020

Obra del escritor Benito Pérez Galdós prevale a cien años de su muerte

La obra del escritor prevalece y ha sido de gran inspiración para cineastas de Latinoamérica

La aguda y siempre irónica obra del novelista y dramaturgo Benito Pérez Galdós, máximo representante del realismo en la narrativa española, conoció el éxito y la admiración, pero también la censura y la intransigencia de una España que no estaba preparada para ver cómo sus textos se abrían camino hacia la gran pantalla.

Fue quizás ese estilo crítico y tremendamente analítico a la hora de representar tanto a sus personajes como a esa España del siglo XIX lo que llamó la atención, década tras década, de diferentes directores que quisieron (y quieren) trasladar su obra al cine y la televisión.

Tanto es así que, a pesar de la resistencia de los años del régimen franquista, muchas han sido las obras del escritor canario que han encontrado su espacio en otras artes escénicas. Ejemplo de ello es la novela El abuelo (1897), la cual ha sido representada en el cine hasta en cinco ocasiones, siendo una de las adaptaciones de origen mexicano y la otra procedente de Argentina.

Y es que la capacidad de retratar el alma de cada uno de sus personajes, de los que se cuentan cerca de ocho mil entre todas sus obras, así como la rigurosidad en la descripción de los escenarios y ambientes en los que tienen lugar sus historias, convierten la literatura de Galdós en una mina de oro para llevar a cabo adaptaciones tanto cinematográficas como para televisión.

Leer a Galdós supone crear una clara y viva película en la mente del lector, a quien no le resulta difícil involucrarse en la historia por la minuciosa descripción ofrecida por el escritor. Junto a ello, su visión crítica y, por decirlo de alguna manera, ‘sin pelos en la lengua’ de su país y su gente es otro punto de conexión con el lector que aún hoy encuentra similitudes y rasgos de identificación con la sociedad actual.

No es extraño, pues, que el escritor, nacido el 10 de mayo de 1843 en Las Palmas de Gran Canaria, España, fuera considerado el restaurador de nuestra tradición novelística y el mayor novelista español tras Miguel de Cervantes, del que, se dice, recoge ese estilo irónico en sus obras.

Sin embargo, Galdós fue capaz de desarrollar su propio estilo y es precisamente ahí, en su unicidad y en el carácter atemporal de sus atrevidas historias y personajes, donde reside el interés por trasladar textos de finales del siglo XIX a películas del siglo XX e, incluso, a largometrajes recientes como Nela (2018), película de Sri Lanka que adapta la novela Marianela (1878).

Triángulos amorosos, adulterio, prostitutas, familiares ilegítimos o clérigos con las mismas virtudes y defectos que cualquier otro personaje han servido de reclamo para la adaptación de las obras galdosianas que, curiosamente, encuentran su lugar en el cine unos años después de la muerte del escritor canario en 1920.

Es, precisamente, en 1925, en plena etapa del cine mudo, cuando José Buchs lleva a cabo la primera representación cinematográfica de una obra de Galdós, El abuelo. Le seguirán la versión mexicana de la misma, Adulterio (1945), de José Díaz Morales; la adaptación argentina de 1954 de Román Viñoly Barreto; una nueva versión española en el año 1972, La duda de Rafael Gil; y, finalmente, la que quizás más ha trascendido: El abuelo (1998) de José Luis Garci, nominada al Oscar a mejor película de habla no inglesa y galardonada con el Goya a mejor actor por el exquisito trabajo de Fernando Fernán Gómez.

El abuelo se convierte así en la obra de Galdós más representada en el cine y la que, al mismo tiempo, muestra cómo la literatura del escritor canario caló hondo entre los artistas más “rebeldes” y revolucionarios, quienes no se amilanaron al contar una historia que envolvía bastardía y adulterio, mientras que chocó con el conservadurismo y la intransigencia de España entre los años 40 y 60.

De ahí que en España no se adaptara ninguna obra de Galdós después de 1925 – salvo Marianela (1940) de Benito Perojo – hasta finales de los 50.

Sería Luis Buñuel el que, en 1959, abriría de nuevo la veda con Nazarín, con Francisco Rabal encarnando al cura protagonista. El director español repetiría con una obra de Galdós, Tristana, en 1970.

Sería, por tanto, en Argentina y México, junto con las ya nombradas adaptaciones de El abuelo, donde la obra de Galdós tendría más expansión.

Títulos como La loca de la casa (1950) del mexicano Juan Bustillo Oro o Doña Perfecta (1950), de su compatriota Alejandro Galindo, así como Marianela (1955) del argentino Julio Porter fueron los que expandieron el universo Galdós.

En España, sin embargo, no fue hasta 1969 cuando el triángulo amoroso de Fortunata y Jacinta vería la luz en la gran pantalla de la mano de Angelino Fons, quien adaptaría años después Marianela (1972). Fortunata y Jacinta, por su parte, tendría su versión televisiva en 1980.

Múltiples adaptaciones e infinitud de versiones de la obra de un autor considerado un revolucionario por sus temas, sus personajes y su irónica escritura. Un escritor del que, 100 años después de su muerte, rescatamos frases tan importantes como la de su discurso ante la Real Academia Española en 1897: “Imagen de la vida es la Novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño…”.

La aguda y siempre irónica obra del novelista y dramaturgo Benito Pérez Galdós, máximo representante del realismo en la narrativa española, conoció el éxito y la admiración, pero también la censura y la intransigencia de una España que no estaba preparada para ver cómo sus textos se abrían camino hacia la gran pantalla.

Fue quizás ese estilo crítico y tremendamente analítico a la hora de representar tanto a sus personajes como a esa España del siglo XIX lo que llamó la atención, década tras década, de diferentes directores que quisieron (y quieren) trasladar su obra al cine y la televisión.

Tanto es así que, a pesar de la resistencia de los años del régimen franquista, muchas han sido las obras del escritor canario que han encontrado su espacio en otras artes escénicas. Ejemplo de ello es la novela El abuelo (1897), la cual ha sido representada en el cine hasta en cinco ocasiones, siendo una de las adaptaciones de origen mexicano y la otra procedente de Argentina.

Y es que la capacidad de retratar el alma de cada uno de sus personajes, de los que se cuentan cerca de ocho mil entre todas sus obras, así como la rigurosidad en la descripción de los escenarios y ambientes en los que tienen lugar sus historias, convierten la literatura de Galdós en una mina de oro para llevar a cabo adaptaciones tanto cinematográficas como para televisión.

Leer a Galdós supone crear una clara y viva película en la mente del lector, a quien no le resulta difícil involucrarse en la historia por la minuciosa descripción ofrecida por el escritor. Junto a ello, su visión crítica y, por decirlo de alguna manera, ‘sin pelos en la lengua’ de su país y su gente es otro punto de conexión con el lector que aún hoy encuentra similitudes y rasgos de identificación con la sociedad actual.

No es extraño, pues, que el escritor, nacido el 10 de mayo de 1843 en Las Palmas de Gran Canaria, España, fuera considerado el restaurador de nuestra tradición novelística y el mayor novelista español tras Miguel de Cervantes, del que, se dice, recoge ese estilo irónico en sus obras.

Sin embargo, Galdós fue capaz de desarrollar su propio estilo y es precisamente ahí, en su unicidad y en el carácter atemporal de sus atrevidas historias y personajes, donde reside el interés por trasladar textos de finales del siglo XIX a películas del siglo XX e, incluso, a largometrajes recientes como Nela (2018), película de Sri Lanka que adapta la novela Marianela (1878).

Triángulos amorosos, adulterio, prostitutas, familiares ilegítimos o clérigos con las mismas virtudes y defectos que cualquier otro personaje han servido de reclamo para la adaptación de las obras galdosianas que, curiosamente, encuentran su lugar en el cine unos años después de la muerte del escritor canario en 1920.

Es, precisamente, en 1925, en plena etapa del cine mudo, cuando José Buchs lleva a cabo la primera representación cinematográfica de una obra de Galdós, El abuelo. Le seguirán la versión mexicana de la misma, Adulterio (1945), de José Díaz Morales; la adaptación argentina de 1954 de Román Viñoly Barreto; una nueva versión española en el año 1972, La duda de Rafael Gil; y, finalmente, la que quizás más ha trascendido: El abuelo (1998) de José Luis Garci, nominada al Oscar a mejor película de habla no inglesa y galardonada con el Goya a mejor actor por el exquisito trabajo de Fernando Fernán Gómez.

El abuelo se convierte así en la obra de Galdós más representada en el cine y la que, al mismo tiempo, muestra cómo la literatura del escritor canario caló hondo entre los artistas más “rebeldes” y revolucionarios, quienes no se amilanaron al contar una historia que envolvía bastardía y adulterio, mientras que chocó con el conservadurismo y la intransigencia de España entre los años 40 y 60.

De ahí que en España no se adaptara ninguna obra de Galdós después de 1925 – salvo Marianela (1940) de Benito Perojo – hasta finales de los 50.

Sería Luis Buñuel el que, en 1959, abriría de nuevo la veda con Nazarín, con Francisco Rabal encarnando al cura protagonista. El director español repetiría con una obra de Galdós, Tristana, en 1970.

Sería, por tanto, en Argentina y México, junto con las ya nombradas adaptaciones de El abuelo, donde la obra de Galdós tendría más expansión.

Títulos como La loca de la casa (1950) del mexicano Juan Bustillo Oro o Doña Perfecta (1950), de su compatriota Alejandro Galindo, así como Marianela (1955) del argentino Julio Porter fueron los que expandieron el universo Galdós.

En España, sin embargo, no fue hasta 1969 cuando el triángulo amoroso de Fortunata y Jacinta vería la luz en la gran pantalla de la mano de Angelino Fons, quien adaptaría años después Marianela (1972). Fortunata y Jacinta, por su parte, tendría su versión televisiva en 1980.

Múltiples adaptaciones e infinitud de versiones de la obra de un autor considerado un revolucionario por sus temas, sus personajes y su irónica escritura. Un escritor del que, 100 años después de su muerte, rescatamos frases tan importantes como la de su discurso ante la Real Academia Española en 1897: “Imagen de la vida es la Novela, y el arte de componerla estriba en reproducir los caracteres humanos, las pasiones, las debilidades, lo grande y lo pequeño…”.

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