/ domingo 13 de noviembre de 2016

Sin sus esposos, las sirias a merced de los yihadistas

Sirias que vivieron bajo el mando del grupo Estado islámico (EI) cuentan cómo fueron destrozadas las parejas en sus pueblos, donde los yihadistas impidieron a los maridos que trabajaban en el extranjero regresar a casa.

“Dáesh (acrónimo árabe del EI) destrozó nuestras familias”, dijo una mujer que se presenta bajo el pseudónimo de Houda. Con su pequeña hija de cinco meses huyó de Al Hisha, pueblo que estaba en manos de los yihadistas.

Hace parte de los miles de desplazados congregados cerca de camiones cargados con sus pertenencias en un campamento improvisado a la entrada de Ain Issa.

Esta ciudad está situada a unos 50 km de Raqa, “capital del EI” que es objeto de una ofensiva de las Fuerzas democráticas sirias (FDS), alianza dominada por los kurdos.

“Mi marido trabaja en el Líbano y solo vio a su hijo una sola vez en foto por WhatsApp. Luego, el EI prohibió cualquier comunicación” entre nosotros, dice esta mujer que lleva una falda amarilla.

“Quería tanto que viera su niño, pero Dáesh le prohibió regresar al pueblo. No estuvo a mi lado en los momentos más duros”, agregó Houda sin dar más explicaciones.

Este campamento improvisado tiene pocos hombres. Son en su mayoría mujeres, algunas encinta, y niños, que huyeron de los combates para refugiarse de lado de las FDS. MARIDOS EN EL EXTRANJERO

Junto a Houda, en el suelo, mujeres amamantan a sus bebés. La resignación se lee en los rostros fatigados y empolvados.

La mayoría de los desplazados no han comido y esperan ayuda, otros tienen algunas legumbres que tomaron antes de huir hacia Ain Issa.

Pero para muchas mujeres el rencor es también en contra de sus esposos. “La mayoría de quienes se fueron a trabajar a otros países ya no regresan y abandonan sus hijos”, afirma Houda.

Maram, de 35 años, como algunas desplazadas, lleva un manto que cubre su rostro salvo los ojos. “Tengo cinco niños, mi marido trabaja en el Líbano y se casó allá. Vivo en condiciones financieras difíciles y no puedo alimentar a mis niños”, deplora.

No lejos, niños con cabellos sucios y desordenados juegan tranquilos.

Cuando se interroga a las mujeres sobre sus relaciones con el EI en el pueblo de al-Hicha, mencionan las sumas de dinero que les proponían los yihadistas a algunas de ellas. DOTE DE YIHADISTAS

Junto a un auto cargado de cosas y madera, Fatima Abbas, de 38 años, asegura con frases entrecortadas que “la mayoría de las mujeres” del pueblo “se casaron con yihadistas del EI que las sedujeron con dinero”.

“Pagaban una dote de un millón de libras sirias (2 mil dólares, mil 800 euros, ndlr)”, asegura esta mujer, con su bebé dormido.

Temiendo que mujeres desplazadas tengan lazos estrechos con yihadistas, miembros de las Assayech (policía kurda) revisan sus pertenencias, en busca de armas, CD’s o documentos que puedan mostrar una pertenencia al grupo ultraradical.

Rouqaya, de 25 años, también de al-Hicha, afirma también que un yihadista le pidió matrimonio a cambio de una suma de dinero.

“Pero rechacé, los detesto”, dice, con el rostro oculto por un velo.

Sirias que vivieron bajo el mando del grupo Estado islámico (EI) cuentan cómo fueron destrozadas las parejas en sus pueblos, donde los yihadistas impidieron a los maridos que trabajaban en el extranjero regresar a casa.

“Dáesh (acrónimo árabe del EI) destrozó nuestras familias”, dijo una mujer que se presenta bajo el pseudónimo de Houda. Con su pequeña hija de cinco meses huyó de Al Hisha, pueblo que estaba en manos de los yihadistas.

Hace parte de los miles de desplazados congregados cerca de camiones cargados con sus pertenencias en un campamento improvisado a la entrada de Ain Issa.

Esta ciudad está situada a unos 50 km de Raqa, “capital del EI” que es objeto de una ofensiva de las Fuerzas democráticas sirias (FDS), alianza dominada por los kurdos.

“Mi marido trabaja en el Líbano y solo vio a su hijo una sola vez en foto por WhatsApp. Luego, el EI prohibió cualquier comunicación” entre nosotros, dice esta mujer que lleva una falda amarilla.

“Quería tanto que viera su niño, pero Dáesh le prohibió regresar al pueblo. No estuvo a mi lado en los momentos más duros”, agregó Houda sin dar más explicaciones.

Este campamento improvisado tiene pocos hombres. Son en su mayoría mujeres, algunas encinta, y niños, que huyeron de los combates para refugiarse de lado de las FDS. MARIDOS EN EL EXTRANJERO

Junto a Houda, en el suelo, mujeres amamantan a sus bebés. La resignación se lee en los rostros fatigados y empolvados.

La mayoría de los desplazados no han comido y esperan ayuda, otros tienen algunas legumbres que tomaron antes de huir hacia Ain Issa.

Pero para muchas mujeres el rencor es también en contra de sus esposos. “La mayoría de quienes se fueron a trabajar a otros países ya no regresan y abandonan sus hijos”, afirma Houda.

Maram, de 35 años, como algunas desplazadas, lleva un manto que cubre su rostro salvo los ojos. “Tengo cinco niños, mi marido trabaja en el Líbano y se casó allá. Vivo en condiciones financieras difíciles y no puedo alimentar a mis niños”, deplora.

No lejos, niños con cabellos sucios y desordenados juegan tranquilos.

Cuando se interroga a las mujeres sobre sus relaciones con el EI en el pueblo de al-Hicha, mencionan las sumas de dinero que les proponían los yihadistas a algunas de ellas. DOTE DE YIHADISTAS

Junto a un auto cargado de cosas y madera, Fatima Abbas, de 38 años, asegura con frases entrecortadas que “la mayoría de las mujeres” del pueblo “se casaron con yihadistas del EI que las sedujeron con dinero”.

“Pagaban una dote de un millón de libras sirias (2 mil dólares, mil 800 euros, ndlr)”, asegura esta mujer, con su bebé dormido.

Temiendo que mujeres desplazadas tengan lazos estrechos con yihadistas, miembros de las Assayech (policía kurda) revisan sus pertenencias, en busca de armas, CD’s o documentos que puedan mostrar una pertenencia al grupo ultraradical.

Rouqaya, de 25 años, también de al-Hicha, afirma también que un yihadista le pidió matrimonio a cambio de una suma de dinero.

“Pero rechacé, los detesto”, dice, con el rostro oculto por un velo.

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