/ martes 14 de febrero de 2017

Sofía Gubaidulina gana Premio Fundación BBVA en Música Contemporánea

Madrid.- La compositora rusa de origen tártaro Sofía Gubaidulina ganó el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Música Contemporánea, por la cualidad transformadora y espiritual de su música, que ha llegado a un público muy amplio.

El jurado destacó que la compositora rusa ha alcanzado su propia voz sin renunciar a su conciencia personal, manteniendo su integridad artística incluso cuando estuvo en las listas negras del régimen soviético.

Gubaidulina, nacida en 1931, conjuga la influencia de Bach con las tendencias de la vanguardia europea, informando un estilo que exhibe una amplia paleta de colores y hace un uso muy particular del silencio.

En videoconferencia, desde Appen, Hamburgo, donde reside, la compositora señaló que el recibir este premio supone un gran honor, y destacó la importancia de que la Fundación del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) premie el arte serio profundo, "sobre todo en esta época que vivimos tan tensa, tan inquieta".

Considerada hoy en día como uno de los más grandes compositores en activo, resaltó que "el mundo necesita que la gente no solo se divierta o reaccione a determinado estímulo, sino mantener la espiritualidad de nuestra existencia, es importante que exista este fondo".

Insistió que "es importante que se comprenda la importancia del arte profundo en nuestra existencia" y afirmó que no le interesa que la parte material de la vida influya en su obra, una de las razones por las que uno de los géneros que no cultivó fue la ópera.

La compositora subrayó que "no parece necesario este tipo de arte, pero la relación entre el cielo y la tierra, la relación entre lo que pasa en la tierra y la más alta dimensión de nuestra vida humana tiene que materializarse".

Aseguró que "el objetivo que me propuse desde mi infancia hasta la vejez por fin está cuajando en algo real, en algo sublime como este premio que me han otorgado".

Gubaidulina, quien estará en Madrid en junio próximo para recibir el premio, manifestó su interés en la música, según sus palabras, de manera espontánea, cuando era una niña.

"Por decirlo de alguna manera, no fui yo quien eligió la música, sino la propia música se manifestó en mí", dijo.

El jurado, presidido por el catedrático de Música de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, Nicholas Cook, justificó el premio en virtud de las "extraordinarias cualidades musicales y humanas" de la compositora rusa.

Sus obras, añadió, demuestran "el excepcional alcance y la calidad de una música que se construye sobre una diversidad fe tradiciones de forma tan personal como innovadora, haciendo uso de una amplia gama de instrumentos, algunos extraídos de la música folclórica, así como de la improvisación".

El jurado también hizo hincapié en la "cualidad espiritual" de la obra de Gubaidulina, así como "la dimensión transformadora de su música, que le ha garantizado un amplio acceso a públicos que van más allá de los convencionales para la música contemporánea".

La compositora estudió piano en el conservatorio de Kazan, a orillas del Volga, y posteriormente se trasladó a Moscú para estudiar composición con maestros como Nikolai Peiko, asistente de Shostakovich, y Vissarion Shebalin.

En 1975 formó, junto a sus colegas Viktor Suslin y Vyacheslav Artyoov, el Ensemble "Astreia", que se especializó en la exploración del folclore del Asia Central, algunos de cuyos instrumentos incorporó en sus composiciones.

Al mismo tiempo, la obra de Gubaidulina asimiló con gran rapidez muchas de las tendencias y escuelas de la vanguardia europea, cristalizando en un estilo que conjuga con una rara perfección la tradición y la modernidad.

Su reconocimiento internacional se produjo en la década de 1980, pese a que la fuerte impronta espiritual y religiosa de su obra le acarreó más de un contratiempo con las autoridades soviéticos, hasta el punto de ser incluida en 1979 en una lista negra de compositores sospechosos para el régimen.

Gubaidulina permaneció en Rusia hasta 1992 y desde entonces reside en un pueblo cerca de Hamburgo, en Alemania.

/afa

Madrid.- La compositora rusa de origen tártaro Sofía Gubaidulina ganó el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Música Contemporánea, por la cualidad transformadora y espiritual de su música, que ha llegado a un público muy amplio.

El jurado destacó que la compositora rusa ha alcanzado su propia voz sin renunciar a su conciencia personal, manteniendo su integridad artística incluso cuando estuvo en las listas negras del régimen soviético.

Gubaidulina, nacida en 1931, conjuga la influencia de Bach con las tendencias de la vanguardia europea, informando un estilo que exhibe una amplia paleta de colores y hace un uso muy particular del silencio.

En videoconferencia, desde Appen, Hamburgo, donde reside, la compositora señaló que el recibir este premio supone un gran honor, y destacó la importancia de que la Fundación del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) premie el arte serio profundo, "sobre todo en esta época que vivimos tan tensa, tan inquieta".

Considerada hoy en día como uno de los más grandes compositores en activo, resaltó que "el mundo necesita que la gente no solo se divierta o reaccione a determinado estímulo, sino mantener la espiritualidad de nuestra existencia, es importante que exista este fondo".

Insistió que "es importante que se comprenda la importancia del arte profundo en nuestra existencia" y afirmó que no le interesa que la parte material de la vida influya en su obra, una de las razones por las que uno de los géneros que no cultivó fue la ópera.

La compositora subrayó que "no parece necesario este tipo de arte, pero la relación entre el cielo y la tierra, la relación entre lo que pasa en la tierra y la más alta dimensión de nuestra vida humana tiene que materializarse".

Aseguró que "el objetivo que me propuse desde mi infancia hasta la vejez por fin está cuajando en algo real, en algo sublime como este premio que me han otorgado".

Gubaidulina, quien estará en Madrid en junio próximo para recibir el premio, manifestó su interés en la música, según sus palabras, de manera espontánea, cuando era una niña.

"Por decirlo de alguna manera, no fui yo quien eligió la música, sino la propia música se manifestó en mí", dijo.

El jurado, presidido por el catedrático de Música de la Universidad de Cambridge, Reino Unido, Nicholas Cook, justificó el premio en virtud de las "extraordinarias cualidades musicales y humanas" de la compositora rusa.

Sus obras, añadió, demuestran "el excepcional alcance y la calidad de una música que se construye sobre una diversidad fe tradiciones de forma tan personal como innovadora, haciendo uso de una amplia gama de instrumentos, algunos extraídos de la música folclórica, así como de la improvisación".

El jurado también hizo hincapié en la "cualidad espiritual" de la obra de Gubaidulina, así como "la dimensión transformadora de su música, que le ha garantizado un amplio acceso a públicos que van más allá de los convencionales para la música contemporánea".

La compositora estudió piano en el conservatorio de Kazan, a orillas del Volga, y posteriormente se trasladó a Moscú para estudiar composición con maestros como Nikolai Peiko, asistente de Shostakovich, y Vissarion Shebalin.

En 1975 formó, junto a sus colegas Viktor Suslin y Vyacheslav Artyoov, el Ensemble "Astreia", que se especializó en la exploración del folclore del Asia Central, algunos de cuyos instrumentos incorporó en sus composiciones.

Al mismo tiempo, la obra de Gubaidulina asimiló con gran rapidez muchas de las tendencias y escuelas de la vanguardia europea, cristalizando en un estilo que conjuga con una rara perfección la tradición y la modernidad.

Su reconocimiento internacional se produjo en la década de 1980, pese a que la fuerte impronta espiritual y religiosa de su obra le acarreó más de un contratiempo con las autoridades soviéticos, hasta el punto de ser incluida en 1979 en una lista negra de compositores sospechosos para el régimen.

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/afa

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