/ domingo 17 de marzo de 2019

Hay teatro bueno o malo, no culto o comercial: Horacio Villalobos

Insiste en que hay propuestas teatrales muy sofisticadas que, si están mal hechas, “aunque seas Einstein te vas a jetear”

En México, al teatro no hay que dividirlo en comercial y culto, sino en bueno o malo, ya que en ambos ámbitos se montan obras horribles y excelentes por igual, asegura el actor y conductor de radio y televisión Horacio Villalobos, quien pide no satanizar a los montajes de ningún tipo sólo por el origen de su financiamiento o los lugares donde se presentan. Lo cierto para él es que el buen teatro hace que el tejido social se recupere.

Obras públicas y privadas dan trabajo a la gente por igual. Refiere que hay empresarios privados que traen obras comerciales buenísimas como también vemos errores en el llamado teatro cultural o subvencionado.

“El mal teatro es el que contribuye a alejar a la gente. Cuánta gente vio mal teatro en espacios culturales y nunca más volvió; así como cuánta gente vio una obra montada por Manolo Fábregas y se enamoró del teatro, entonces yo creo que se divide en bueno y malo únicamente”.

Más aún, considera que el bueno cambia la vida.

Foto: Horacio Villalobos | TV Azteca

“Es el teatro que te conmueve, que te recoloca, que te explica, que te da. Es un espectáculo vivo que ocurre en esa ocasión por única vez. El teatro tiene mucha magia, yo amo hacer teatro”.

Sobre el público que va a las funciones, Villalobos dice que cada quien va a poder degustar una obra de teatro de acuerdo a sus recursos alternativos, a su bagaje cultural, a lo que ha estudiado, a lo que ha leído, a cómo ha vivido, a lo que conoce. Por lo mismo, mientras menos recursos alternativos tengas, menos vas a entender una propuesta sofisticada.

Pero advierte que algo sea culto no es garantía de que sea bueno.

“Hay muchas de esas propuestas muy sofisticadas que, si están mal hechas, aunque seas Einstein te vas a jetear, porque hay unas muy pretenciosas que son verdaderamente un error”.

Foto: Horacio Villalobos | TV Azteca

Eso, asegura, tiene que ver con la calidad y cohesión del tejido social, pero tampoco es siempre culpa del espectador. “Si la obra está bien hecha y bien ejecutada, incluso una persona sin muchos estudios puede quedarse con algo, va a recibir un mensaje, una sensación; es como espiritual, te lo juro. El arte es un asunto de conexión”.

Tu puedes tener enfrente a la Gioconda, pero si nadie se conmueve con ella, vale madres la Gioconda.

“Créeme que es satisfactorio estar arriba de un escenario. Te hierve el corazón. Creo que los momentos más felices que he tenido en mi vida han sido haciendo teatro. Es una vocación y las vocaciones conllevan riesgos, conllevan sinsabores, pero también conllevan beneficios”.

Foto: Horacio Villalobos Facebook

Sobre si eran mejores los tiempos pasados para el teatro en el país, Horacio concluye que por lo menos se hacía con más frecuencia, había funciones de martes a domingo. “Actualmente muchos teatros han cerrado por no tener función. Muchos se han convertido en estacionamientos o en otras cosas, pero ya no son escenarios”.

Hay menos teatro. Se presentan las obras con menor frecuencia, pero a cambio también hay nuevos espacios como estos microteatros o teatro en corto que también representan opciones para actores aunque sean formatos muy pequeños de 15 minutos

LEVANTAR UN PROYECTO

Esta industria es muy compleja, “yo lo que he dicho es que el teatro es un acto de solidaridad donde todos, iluminadores, tramoyistas, taquilleros, actores, directores, escenógrafos, tecladistas, todos estamos trabajando por el mismo fin y todos tiene que trabajar porque la gente vaya a ver nuestra obra”.

“Lo más difícil es hacer un proyecto teatral que haga que la gente te vaya a ver, que es el objetivo final del teatro, amén de lo dificilísimo que es levantar un proyecto.

“Si tu vas hacer una obra tienes que matar por hacerlo, porque si no muy probablemente sucumbirás a las trabas y no llegarás a la meta. En los tiempos actuales la gente posterga su ida al teatro con cualquier pretexto: el fútbol, una manifestación, la lluvia. Hay que usar ahora las plataformas digitales, cualquier foro, para hacer promoción”.

Respecto a los financiamientos para incentivar a la industria, hace la comparación con el cine, que tiene mecanismos para que los inversionistas privados apoyen películas porque su empresa queda mencionada en ella y además pueden promover un hospital, una fábrica de enlatados o lo que sea.

Con esos apoyos es posible que una película tenga 300 pantallas para exhibirse, mientras que una obra, que únicamente se presenta en un teatro, no alcanza tantas recaudaciones. “Lo más que te dan para invertir son 2 millones de pesos, que con tantas devaluaciones y crisis te alcanzan para poco. Si así quieres una ganancia ambiciosa pues no te da. Hay que garantizar 40 funciones por lo menos para salir con los gastos.

“Mira, cualquier apoyo para el teatro siempre es necesario, pero proveerlos no es responsabilidad absoluta del gobierno. Lo que sí podría ser un trabajo colectivo, social, gubernamental y privado sería fomentar mayores actividades teatrales; recuperar espacios que hoy ya no son teatros y fomentarlos a través de distintos medios. La actividad teatral no es una responsabilidad del Estado, no es de ´Papá gobierno prodúceme mi obra', existen también productores privados que arriesgan sus propios recursos, pero también para ellos tendría que haber estímulos porque en verdad lo puedes perder todo…”

Hace ver que en muchas ocasiones el Estado ha hecho teatro subvencionado, pero no ha propiciado que los integrantes de estas compañías se preocupen porque la gente vaya a verlos. Les da igual si tienen un espectador o 500.

Sobre si existe calidad entre quienes tienen la responsabilidad de montar obras mexicanas, Villalobos asegura que no sabe cómo poder medirlos y desconoce cuántas escuelas nuevas hay de actuación, “lo único que puedo decirte personalmente, que he trabajado en distintos teatros,es que el personal es absolutamente calificado. Muchos de ellos, tramoyistas, ingenieros de audio, se han fogueado en la práctica. He trabajado con directores fantásticos, con actores increíbles. Hay escuelas de toda la vida. Hay maestros que llevan años dando clases y han formado generaciones enteras de actores, como también es posible encontrar escuelas mediocres, patito”.

Foto: TV Azteca

NEGOCIO DE ALTO RIESGO

Villalobos refiere que las dos últimas obras que ha montado le trajeron buenas experiencias. “Un corazón normal logró dar más de 200 funciones, y Un acto de Dios fue un éxito, a pesar de ser una comedia irreverente. Pude hacer promoción en muchos foros, radio, televisión, que me permitieron publicitarlas, y aun así costó trabajo”.

“Una vez, la presentación de Un corazón normal se empalmaba con un evento deportivo grande en México, de esos masivos con todos los boletos vendidos, el mismo domingo que nosotros nos presentábamos. No habíamos vendido mucho; casi nada. Me puse a hacer promoción en las redes sociales, armé promociones, hice circo maroma y teatro y tuve el teatro lleno. La enseñanza fue no resignarte. Una obra tiene que promoverse; a fuerza se tienen que buscar todos los caminos para decir aquí está y no te falla.

“Al final el resultado es muy bonito. Desde mi primera obra, Un café en París, de Steve Martin, yo siempre entendí que todos lo hacemos por solidaridad, que todos trabajamos para que la gente vaya, le encante y entienda porqué hicimos esa obra”.

Foto: TV Azteca

Como actor y conductor de radio y televisión, considera inútil comparar el teatro mexicano con el que se hace en Nueva York o en Gran Bretaña, porque esos se cuecen aparte. Incluso, dice, ni siquiera tienen punto de comparación con cualquier otro país.

“En esos dos lugares, el West End y Broadway, hacen cosas fastuosas, cierto, pero si bien son un centro de inspiración artística y dechado de recursos actorales y efectos especiales, tampoco es el gran negocio que una piensa. En Estados Unidos te cobran hasta por respirar. El costo de los boletos es altísimo porque intervienen muchos sindicatos, más las aportaciones a la ciudad, impuestos, es un negocio de alto riesgo que contribuye ciertamente muchísimo al crecimiento de sus ciudades, pero al final del día es una caja negra con un equipo de gente talentosa que conoces y puede ser fantástico”.

En México, al teatro no hay que dividirlo en comercial y culto, sino en bueno o malo, ya que en ambos ámbitos se montan obras horribles y excelentes por igual, asegura el actor y conductor de radio y televisión Horacio Villalobos, quien pide no satanizar a los montajes de ningún tipo sólo por el origen de su financiamiento o los lugares donde se presentan. Lo cierto para él es que el buen teatro hace que el tejido social se recupere.

Obras públicas y privadas dan trabajo a la gente por igual. Refiere que hay empresarios privados que traen obras comerciales buenísimas como también vemos errores en el llamado teatro cultural o subvencionado.

“El mal teatro es el que contribuye a alejar a la gente. Cuánta gente vio mal teatro en espacios culturales y nunca más volvió; así como cuánta gente vio una obra montada por Manolo Fábregas y se enamoró del teatro, entonces yo creo que se divide en bueno y malo únicamente”.

Más aún, considera que el bueno cambia la vida.

Foto: Horacio Villalobos | TV Azteca

“Es el teatro que te conmueve, que te recoloca, que te explica, que te da. Es un espectáculo vivo que ocurre en esa ocasión por única vez. El teatro tiene mucha magia, yo amo hacer teatro”.

Sobre el público que va a las funciones, Villalobos dice que cada quien va a poder degustar una obra de teatro de acuerdo a sus recursos alternativos, a su bagaje cultural, a lo que ha estudiado, a lo que ha leído, a cómo ha vivido, a lo que conoce. Por lo mismo, mientras menos recursos alternativos tengas, menos vas a entender una propuesta sofisticada.

Pero advierte que algo sea culto no es garantía de que sea bueno.

“Hay muchas de esas propuestas muy sofisticadas que, si están mal hechas, aunque seas Einstein te vas a jetear, porque hay unas muy pretenciosas que son verdaderamente un error”.

Foto: Horacio Villalobos | TV Azteca

Eso, asegura, tiene que ver con la calidad y cohesión del tejido social, pero tampoco es siempre culpa del espectador. “Si la obra está bien hecha y bien ejecutada, incluso una persona sin muchos estudios puede quedarse con algo, va a recibir un mensaje, una sensación; es como espiritual, te lo juro. El arte es un asunto de conexión”.

Tu puedes tener enfrente a la Gioconda, pero si nadie se conmueve con ella, vale madres la Gioconda.

“Créeme que es satisfactorio estar arriba de un escenario. Te hierve el corazón. Creo que los momentos más felices que he tenido en mi vida han sido haciendo teatro. Es una vocación y las vocaciones conllevan riesgos, conllevan sinsabores, pero también conllevan beneficios”.

Foto: Horacio Villalobos Facebook

Sobre si eran mejores los tiempos pasados para el teatro en el país, Horacio concluye que por lo menos se hacía con más frecuencia, había funciones de martes a domingo. “Actualmente muchos teatros han cerrado por no tener función. Muchos se han convertido en estacionamientos o en otras cosas, pero ya no son escenarios”.

Hay menos teatro. Se presentan las obras con menor frecuencia, pero a cambio también hay nuevos espacios como estos microteatros o teatro en corto que también representan opciones para actores aunque sean formatos muy pequeños de 15 minutos

LEVANTAR UN PROYECTO

Esta industria es muy compleja, “yo lo que he dicho es que el teatro es un acto de solidaridad donde todos, iluminadores, tramoyistas, taquilleros, actores, directores, escenógrafos, tecladistas, todos estamos trabajando por el mismo fin y todos tiene que trabajar porque la gente vaya a ver nuestra obra”.

“Lo más difícil es hacer un proyecto teatral que haga que la gente te vaya a ver, que es el objetivo final del teatro, amén de lo dificilísimo que es levantar un proyecto.

“Si tu vas hacer una obra tienes que matar por hacerlo, porque si no muy probablemente sucumbirás a las trabas y no llegarás a la meta. En los tiempos actuales la gente posterga su ida al teatro con cualquier pretexto: el fútbol, una manifestación, la lluvia. Hay que usar ahora las plataformas digitales, cualquier foro, para hacer promoción”.

Respecto a los financiamientos para incentivar a la industria, hace la comparación con el cine, que tiene mecanismos para que los inversionistas privados apoyen películas porque su empresa queda mencionada en ella y además pueden promover un hospital, una fábrica de enlatados o lo que sea.

Con esos apoyos es posible que una película tenga 300 pantallas para exhibirse, mientras que una obra, que únicamente se presenta en un teatro, no alcanza tantas recaudaciones. “Lo más que te dan para invertir son 2 millones de pesos, que con tantas devaluaciones y crisis te alcanzan para poco. Si así quieres una ganancia ambiciosa pues no te da. Hay que garantizar 40 funciones por lo menos para salir con los gastos.

“Mira, cualquier apoyo para el teatro siempre es necesario, pero proveerlos no es responsabilidad absoluta del gobierno. Lo que sí podría ser un trabajo colectivo, social, gubernamental y privado sería fomentar mayores actividades teatrales; recuperar espacios que hoy ya no son teatros y fomentarlos a través de distintos medios. La actividad teatral no es una responsabilidad del Estado, no es de ´Papá gobierno prodúceme mi obra', existen también productores privados que arriesgan sus propios recursos, pero también para ellos tendría que haber estímulos porque en verdad lo puedes perder todo…”

Hace ver que en muchas ocasiones el Estado ha hecho teatro subvencionado, pero no ha propiciado que los integrantes de estas compañías se preocupen porque la gente vaya a verlos. Les da igual si tienen un espectador o 500.

Sobre si existe calidad entre quienes tienen la responsabilidad de montar obras mexicanas, Villalobos asegura que no sabe cómo poder medirlos y desconoce cuántas escuelas nuevas hay de actuación, “lo único que puedo decirte personalmente, que he trabajado en distintos teatros,es que el personal es absolutamente calificado. Muchos de ellos, tramoyistas, ingenieros de audio, se han fogueado en la práctica. He trabajado con directores fantásticos, con actores increíbles. Hay escuelas de toda la vida. Hay maestros que llevan años dando clases y han formado generaciones enteras de actores, como también es posible encontrar escuelas mediocres, patito”.

Foto: TV Azteca

NEGOCIO DE ALTO RIESGO

Villalobos refiere que las dos últimas obras que ha montado le trajeron buenas experiencias. “Un corazón normal logró dar más de 200 funciones, y Un acto de Dios fue un éxito, a pesar de ser una comedia irreverente. Pude hacer promoción en muchos foros, radio, televisión, que me permitieron publicitarlas, y aun así costó trabajo”.

“Una vez, la presentación de Un corazón normal se empalmaba con un evento deportivo grande en México, de esos masivos con todos los boletos vendidos, el mismo domingo que nosotros nos presentábamos. No habíamos vendido mucho; casi nada. Me puse a hacer promoción en las redes sociales, armé promociones, hice circo maroma y teatro y tuve el teatro lleno. La enseñanza fue no resignarte. Una obra tiene que promoverse; a fuerza se tienen que buscar todos los caminos para decir aquí está y no te falla.

“Al final el resultado es muy bonito. Desde mi primera obra, Un café en París, de Steve Martin, yo siempre entendí que todos lo hacemos por solidaridad, que todos trabajamos para que la gente vaya, le encante y entienda porqué hicimos esa obra”.

Foto: TV Azteca

Como actor y conductor de radio y televisión, considera inútil comparar el teatro mexicano con el que se hace en Nueva York o en Gran Bretaña, porque esos se cuecen aparte. Incluso, dice, ni siquiera tienen punto de comparación con cualquier otro país.

“En esos dos lugares, el West End y Broadway, hacen cosas fastuosas, cierto, pero si bien son un centro de inspiración artística y dechado de recursos actorales y efectos especiales, tampoco es el gran negocio que una piensa. En Estados Unidos te cobran hasta por respirar. El costo de los boletos es altísimo porque intervienen muchos sindicatos, más las aportaciones a la ciudad, impuestos, es un negocio de alto riesgo que contribuye ciertamente muchísimo al crecimiento de sus ciudades, pero al final del día es una caja negra con un equipo de gente talentosa que conoces y puede ser fantástico”.

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