/ viernes 29 de abril de 2022

México, el país donde Tina Modotti se hizo fotógrafa

Organización Mexicana, en alianza con Google & Arts, presenta una exposición virtual con artículos y fotografías de la artista italiana que falleció hace 80 años

“Sí ha sido político el asesinato de Mella". Anuncia el periódico La Prensa la mañana del 12 de enero de 1929, pues la noticia de Julio Antonio Mella, estudiante de leyes, líder comunista cubano y refugiado en México, consternó a la sociedad, no sólo por tratarse de un homicidio a todas luces político fraguado desde el gobierno cubano, sino también por la gran cantidad de simpatizantes que tenía tanto Mella como el comunismo. Además de lo mencionado, la historia del asesinato tuvo un vuelco al intentar Valente Quintana, jefe de la policía, de amañar la investigación forzando la idea de un crimen con carácter pasional, fue entonces que los periódicos se volcaron por cubrir la nota día con día.

➡️ Aquí puedes consultar la exhibición virtual en Google & Arts sobre Tina Modotti

En la misma fecha que La Prensa informaba del crimen político, Tina Modotti fue encarcelada como principal sospechosa, al ser la amante y quien acompañaba a Mella la noche del 10 de enero cuando sufrió el impacto de las dos balas. Esta mujer era el blanco perfecto para encubrir el crimen político, pues su vida tenía mucha hebra de donde sacar para escandalizar a la sociedad mexicana. Tina, era italiana, con ideas revolucionarias y comunistas que encontraron eco entre el círculo de artistas e intelectuales de nuestro país; una mujer bella, que se atrevía a romper con el papel femenino dictado por el imaginario social de principios del siglo XX; pero no desde una actitud retadora, sino desde su personalidad que le permitía caminar por la calle sola y sin medias, así como vivir con hombres sin estar casada.

Sus primeros pasos

Tina Modotti arribó a México en el año de 1923 junto con Edward Weston, un reconocido fotógrafo americano quien fue su pareja y maestro. Se establecieron en la Ciudad de México que venía saliendo de los casi once años de la Revolución Mexicana. Era una sociedad en renacimiento, y el arte y la cultura estaban gestándose con nuevas ideas traídas de Europa junto con aquellos ideales que habían surgido en la Revolución, esta mezcla palpitante de creación le permitió a Tina Modotti sentir a México desde el primer momento; en sus propias palabras: “Yo tenía con México una relación eléctrica, el país me invitaba todos los días a ser mejor amante, a ser mejor discípula, mejor fotógrafa, mejor ser humano ”.

Durante sus primeros años en México Tina fue aprendiendo el oficio, dejando ver en sus primeras fotografías la influencia de su mentor. Las Rosas, como en su serie de plantas y flores, se concentró en el juego de las luces y las sombras. Algunos de los pétalos de estas rosas lucen marchitos y maltratados, lo que ha sido motivo de varias interpretaciones desde el sentido erótico, hasta la pureza, pasando por el amor y los eternos misterios de la vida. Lo que sabemos es que en ese momento Tina, al igual que Edward, buscaba el arte por el arte; es decir, en el sentido más idealista y puro.

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Las tertulias en casa de Edward y Tina, así como aquellas en casa de otros artistas, hicieron que Tina fuera abrazando las ideas revolucionarias de las que tanto había escuchado hablar a su padre, fueron estas ideologías las que hicieron que sus fotografías se tornaran más humanas y que se alejara de la abstracción que tanto buscaba Edward. Sin dejar de explorar con la fotografía, su arte se tornó hacia un sentido más revolucionario; fortaleciendo su compromiso para con las organizaciones comunistas y alejándola de Edward, quien no compartía esa pasión. Esta diferencia hizo que su relación fuera más profesional que amorosa durante los últimos meses que pasó Weston en México. Nunca dejaron de ser amigos, ni Edward de jugar el papel de mentor, así nos lo deja ver la correspondencia entre ambos. El retrato de Edward Weston que le tomó Tina nos deja ver esa admiración. Weston aparece detrás de la cámara, interponiéndose entre él y el espectador; como sucedió siempre con las fotografías de Weston en las que la persona se borra para dejar paso a la imagen, a las figuras, a las luces y a las sombras que forman parte de una composición. Weston, en la fotografía de Tina, no mira al espectador, sino al horizonte, como buscando esa toma perfecta, el instante inmejorable para oprimir el botón y así crear la obra de arte esperada.

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Colaboradora del periódico El Machete

Desde su primera visita a México, Tina conoció a Xavier Guerrero, quien siempre estuvo enamorado de su belleza e intelecto. Con la separación de Weston, Xavier conquistó el corazón de Tina a través de la pasión compartida por la búsqueda de la justicia social. El pintor Xavier Guerrero era miembro activo del Partido Comunista de México, esta relación le permitió a Tina comprender los problemas de México y de su pueblo; fue por ello que realizó un acercamiento definitivo con el partido y con su periódico El Machete. Para esta publicación realizó varias de sus fotografías más conocidas y famosas, pues Tina lograba este toque entre la fotografía documental y la artística, como ella lo menciona en un artículo para la revista Mexican Folkways -en su edición de octubre a diciembre de 1929- que la fotografía sólo puede ser producida en el presente y basándose en lo que existe objetivamente frente a la cámara, por ello es el medio artístico que mejor puede registrar la vida de manera objetiva, de allí su valor documental, y si a esto se añade sensibilidad, el resultado final obtiene una gran calidad fotográfica.

Para El Machete realizó una serie de fotografías en una de las colonias más pobres de la ciudad, de ahí se extrae esta imagen de Niña con cubeta, que muestra en la inexpresividad de la pequeña el silencio de la pobreza. La niña no mira al espectador a pesar de que Tina tuvo que agacharse para tomarla de frente; el lugar en donde se encuentra no importa, así como tampoco su nombre, lo que se destaca es la miseria que percibimos a través de la vestimenta, al tiempo que las luces y las sombras, que con tanta maestría manejaba, resaltan los elementos que nos hablan de la pobreza en la que vivían varias de las niñas y niños de la Ciudad de México. Con este tipo de imágenes Modotti iba documentando el México de los años 20.

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Creó un nuevo lenguaje artístico

Esta mujer junto con varios de los artistas plásticos crearon un nuevo lenguaje artístico en el que confluyen las revoluciones mexicana y soviética, la vanguardia y el nacionalismo. Así integraron nuevos elementos al imaginario mexicano y que hoy todavía nos sigue identificando como mexicanos. De este lenguaje artístico del que participó Tina en su creación de manera activa, se nutren las imágenes cinematográficas como las de Eisenstein, Emilio El Indio Fernández o las fotografías de Gabriel Figueroa. Como lo señala la especialista Maricela González Cruz Manjarrez en su texto Tina Modotti y el muralismo, un lenguaje común, en el Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas número 78 del año 2001. Existen paralelismos formales y conceptuales entre la fotografía de Tina Modotti y el muralismo, tales como la representación de la naturaleza y del campo, donde se destaca la presencia de nopales, maíz y magueyes; también aluden a instrumentos de trabajo y a elementos distintivos de sectores populares, tales como machetes, palas, cananas y sombreros de campesinos; finalmente, registran escenas populares, fiestas tradicionales, corridos, artesanías y costumbres. Expresan también un discurso similar al exaltar el socialismo, al mostrar la oposición de clases sociales, en la constante alusión al trabajo y en el enaltecimiento de los trabajadores, ya sean obreros, artesanos o campesinos.

Y también se crearon algunos símbolos como la hoz, el puño y el martillo que se ven repetidos en algunos de los murales como identificadores de la lucha social en la que estaban inmersos este grupo de artistas mexicanos y extranjeros.

Un amor trágico

La amistad con muralistas y artistas que formaban parte del Partido Comunista se dejó ver en el periódico La Prensa, el 17 de enero de 1929, en el que salieron a interceder a favor de la fotógrafa. Muestra de ello la nota en donde Diego Rivera y Miguel Covarrubias defienden a Tina Modotti ante las calumnias en el juicio del asesinato de Julio Antonio Mella. Ese día, Tina estaba por salir libre, pero el daño estaba hecho, su imagen había sido afectada al mandar el jefe de la policía y responsable del caso, rastrear la casa de Tina para buscar evidencias que sustentaran la hipótesis de un crimen pasional. Encontraron dos joyas a las que les sacaron mucho jugo periodístico y que dieron mucho de qué hablar. Una de ellas la carta que le escribió a Xavier Guerrero, el 15 de septiembre de 1928, para terminar su relación y poder comenzar una nueva con Julio Antonio Mella. La carta salió publicada en La Prensa para dejar ver el “temperamento de esta mujer”. Esta carta la escribió tiempo después de haber conocido a Mella, cuando Guerrero fue enviado por el partido a Moscú por tres años. Dicen que el encuentro con Julio Antonio fue amor a primera vista. Tina se debe haber impresionado de la inteligencia de Mella, de su afán revolucionario y de su activismo contagioso. Julio Antonio le declaró su amor y ella titubeó varios meses hasta que le envió la carta a Xavier y se aseguró de su recepción, fue hasta entonces que aceptó vivir con él.

La carta no fue la única fuente de ataque, también lo fueron las fotografías que años antes Edward Weston le había tomado desnuda en la azotea de su casa en Tacubaya. Estas imágenes las hicieron pasar como si se tratara de pornografía, argumentando que también se había desnudado frente a Diego Rivera para el mural de Chapingo. Ante tales comentarios salieron varios artistas en su defensa: Roberto Montenegro, Carlos Chávez, Adolfo Best Maugard y Gabriel Fernández Ledesma, entre otros, todos refutando la idea de que las obras de Weston fueran pornografía y tratando de dignificar la imagen de Tina como artista y como mujer. Quizá estas declaraciones de personas tan reconocidas en México hayan influenciado en los lectores; sin embargo, Tina jamás fue la misma, cambió su forma de vestir y se dedicó con más pasión a los fines políticos.

Un nuevo comienzo y la deportación

Finalmente, removieron del juicio a Valente Quintana y la autopsia confirmó lo que tantas veces Tina había repetido en el juicio: que ellos venían caminando por las calles Abraham González y Morelos cuando escucharon dos disparos que recibió Julio Antonio por la espalda, uno en el pecho y otro en el vientre que lo hicieron caer al suelo. Con esta declaratoria, Tina quedó libre legalmente, pero no emocionalmente, pues la muerte del amor de su vida le había afectado tanto como la desacreditación pública. “Lo que no me mata, me hace más fuerte”, le escribiría a Weston citando a Nietzsche.

Quizá siguiendo un nuevo ideal, pero más probablemente en un intento por recuperarse de lo vivido, Tina viajó a Oaxaca y en los pueblos de Juchitán y Tehuantepec, en los que todavía quedan vestigios de una sociedad matriarcal, tomó una de las series fotográficas más grandes. La pluralidad de colores en sus faldas, blusas, jícaras y moños fueron un festín para los ojos de Tina. Le maravillaba verlas andar tranquilas con un sin fin de cosas en la cabeza, también como hacían alarde de su maternidad amamantando sin ningún pudor, lo que fascinaba los ojos de la italiana. Las mujeres de Juchitán le parecieron una especie de diosas Venus. Sus fotografías dejaron huella para las siguientes generaciones que también quisieron retratarlas como un símbolo de la feminidad.

Tina se rehusaba a llevar u ostentar el término de feminista por las asociaciones burguesas que le veía, pues argumentaba que las mujeres de clase media simplemente confrontaban a los hombres de su clase, siendo que las mujeres trabajadoras luchaban hombro con hombro junto a los hombres obreros. Al ser una mujer de convicciones, la lucha por la justicia social, la causa principal del comunismo de aquella época; fue su principal razón de vida como lo hemos visto al renunciar a su relación con Xavier Guerrero aceptando su partida a Moscú; aún en la relación más pasional que tuvo con Mella, siempre estuvo primero la causa y fue esta misma la que le dio una razón de vida después de todo lo sucedido en el juicio en el que se vio envuelta. Esta misma entrega a la ideología fue la que detonó su deportación de su querido México; después del atentado que sufrió el presidente Pascual Ortiz Rubio -el 3 de febrero de 1930-, por lo que fueron encarcelados los comunistas. Tina permaneció 13 días en prisión y al salir tuvo únicamente dos días para abandonar el país. Abordó el barco Edam, en donde se reunió con Vittorio Vidali, miembro del Partido y enviado de la Internacional Comunista (Comintern), quien había logrado escapar de la persecución. El Socorro Rojo Internacional consiguió que Tina llegara hasta Berlín, en donde pasó seis meses, un periodo en que no necesitaba de visado. En octubre, Vidali la convenció de acompañarlo a Moscú y ahí trabajó en el Comité Ejecutivo del Socorro Rojo Internacional. En ese tiempo Vittorio y Tina se volvieron pareja.

“He vivido un torbellino permanente… Nunca como ahora tuve tan poco tiempo para mí misma. Vivo una vida totalmente nueva…” Le escribió a Edward Weston a unos meses de su llegada a Europa, sin embargo no fue capaz de decirle que había renunciado a la fotografía, pues en su última salida de Moscú dejó su cámara.

Su regreso a México

En 1936, cuando estalló la Guerra Civil Española, Tina trabajó para el Socorro Rojo y también de manera activa en un hospital. Hasta 1939 Tina estuvo muy involucrada en la guerra española, interviniendo en la evacuación de niños a la Unión Soviética y a México, así como fue la responsable de sacar al presidente del Socorro Rojo español y llevarlo a París. En ese mismo año Vidali y Tina recibieron la encomienda de formar una amplia organización de solidaridad internacional en Estados Unidos, sin embargo a Modotti no la dejan bajarse en ese país, así que tiene que seguirse hasta México, en donde todavía era una persona non grata. Ahí, Vidali organiza que miembros del Socorro Rojo la recojan en Veracruz.

Aún habiendo regresado a su querido México, Tina vivió una vida muy retirada y casi en el anonimato, incluso después de haber conseguido el permiso permanente del propio presidente Lázaro Cárdenas.

La Tina Modotti activista y revolucionaria que entregó su vida a la causa comunista, se sintió naufragar cuando se da el pacto entre Stalin y Hitler, fue como si toda su vida de lucha hubiera perdido sentido. Se sentía sin rumbo.

El 7 de enero de 1942, otra vez el nombre de Tina se vio envuelto en un escándalo periodístico, sólo que esta vez fue su muerte. “Inexplicable desaparición del amante de Tina Modotti, Carlos Jiménez Contreras”, que era el nombre con el que Vittorio Vidali llegó a México. La italiana venía de regreso de una reunión la madrugada del 5 de enero en un taxi y tuvo un infarto, sin embargo al principio parecía que el mismo Vidali la había asesinado por encargo del servicio secreto soviético, pero la autopsia dejó ver que se trató de un infarto.

Los restos de Tina Modotti descansan en el Cementerio de Dolores con una lápida esculpida por su amigo Leopoldo Méndez y Pablo Neruda le escribió un poema. Su nombre fue olvidado por algunos años y hoy es recordada como la mujer: fotógrafa, revolucionaria, activista, comunista que entregó su vida a la lucha por la justicia social.



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Disponible en: Acast, Spotify, Apple Podcasts, Google Podcasts, Deezer y Amazon Music

“Sí ha sido político el asesinato de Mella". Anuncia el periódico La Prensa la mañana del 12 de enero de 1929, pues la noticia de Julio Antonio Mella, estudiante de leyes, líder comunista cubano y refugiado en México, consternó a la sociedad, no sólo por tratarse de un homicidio a todas luces político fraguado desde el gobierno cubano, sino también por la gran cantidad de simpatizantes que tenía tanto Mella como el comunismo. Además de lo mencionado, la historia del asesinato tuvo un vuelco al intentar Valente Quintana, jefe de la policía, de amañar la investigación forzando la idea de un crimen con carácter pasional, fue entonces que los periódicos se volcaron por cubrir la nota día con día.

➡️ Aquí puedes consultar la exhibición virtual en Google & Arts sobre Tina Modotti

En la misma fecha que La Prensa informaba del crimen político, Tina Modotti fue encarcelada como principal sospechosa, al ser la amante y quien acompañaba a Mella la noche del 10 de enero cuando sufrió el impacto de las dos balas. Esta mujer era el blanco perfecto para encubrir el crimen político, pues su vida tenía mucha hebra de donde sacar para escandalizar a la sociedad mexicana. Tina, era italiana, con ideas revolucionarias y comunistas que encontraron eco entre el círculo de artistas e intelectuales de nuestro país; una mujer bella, que se atrevía a romper con el papel femenino dictado por el imaginario social de principios del siglo XX; pero no desde una actitud retadora, sino desde su personalidad que le permitía caminar por la calle sola y sin medias, así como vivir con hombres sin estar casada.

Sus primeros pasos

Tina Modotti arribó a México en el año de 1923 junto con Edward Weston, un reconocido fotógrafo americano quien fue su pareja y maestro. Se establecieron en la Ciudad de México que venía saliendo de los casi once años de la Revolución Mexicana. Era una sociedad en renacimiento, y el arte y la cultura estaban gestándose con nuevas ideas traídas de Europa junto con aquellos ideales que habían surgido en la Revolución, esta mezcla palpitante de creación le permitió a Tina Modotti sentir a México desde el primer momento; en sus propias palabras: “Yo tenía con México una relación eléctrica, el país me invitaba todos los días a ser mejor amante, a ser mejor discípula, mejor fotógrafa, mejor ser humano ”.

Durante sus primeros años en México Tina fue aprendiendo el oficio, dejando ver en sus primeras fotografías la influencia de su mentor. Las Rosas, como en su serie de plantas y flores, se concentró en el juego de las luces y las sombras. Algunos de los pétalos de estas rosas lucen marchitos y maltratados, lo que ha sido motivo de varias interpretaciones desde el sentido erótico, hasta la pureza, pasando por el amor y los eternos misterios de la vida. Lo que sabemos es que en ese momento Tina, al igual que Edward, buscaba el arte por el arte; es decir, en el sentido más idealista y puro.

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Colaboradora del periódico El Machete

Desde su primera visita a México, Tina conoció a Xavier Guerrero, quien siempre estuvo enamorado de su belleza e intelecto. Con la separación de Weston, Xavier conquistó el corazón de Tina a través de la pasión compartida por la búsqueda de la justicia social. El pintor Xavier Guerrero era miembro activo del Partido Comunista de México, esta relación le permitió a Tina comprender los problemas de México y de su pueblo; fue por ello que realizó un acercamiento definitivo con el partido y con su periódico El Machete. Para esta publicación realizó varias de sus fotografías más conocidas y famosas, pues Tina lograba este toque entre la fotografía documental y la artística, como ella lo menciona en un artículo para la revista Mexican Folkways -en su edición de octubre a diciembre de 1929- que la fotografía sólo puede ser producida en el presente y basándose en lo que existe objetivamente frente a la cámara, por ello es el medio artístico que mejor puede registrar la vida de manera objetiva, de allí su valor documental, y si a esto se añade sensibilidad, el resultado final obtiene una gran calidad fotográfica.

Para El Machete realizó una serie de fotografías en una de las colonias más pobres de la ciudad, de ahí se extrae esta imagen de Niña con cubeta, que muestra en la inexpresividad de la pequeña el silencio de la pobreza. La niña no mira al espectador a pesar de que Tina tuvo que agacharse para tomarla de frente; el lugar en donde se encuentra no importa, así como tampoco su nombre, lo que se destaca es la miseria que percibimos a través de la vestimenta, al tiempo que las luces y las sombras, que con tanta maestría manejaba, resaltan los elementos que nos hablan de la pobreza en la que vivían varias de las niñas y niños de la Ciudad de México. Con este tipo de imágenes Modotti iba documentando el México de los años 20.

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Esta mujer junto con varios de los artistas plásticos crearon un nuevo lenguaje artístico en el que confluyen las revoluciones mexicana y soviética, la vanguardia y el nacionalismo. Así integraron nuevos elementos al imaginario mexicano y que hoy todavía nos sigue identificando como mexicanos. De este lenguaje artístico del que participó Tina en su creación de manera activa, se nutren las imágenes cinematográficas como las de Eisenstein, Emilio El Indio Fernández o las fotografías de Gabriel Figueroa. Como lo señala la especialista Maricela González Cruz Manjarrez en su texto Tina Modotti y el muralismo, un lenguaje común, en el Anales del Instituto de Investigaciones Estéticas número 78 del año 2001. Existen paralelismos formales y conceptuales entre la fotografía de Tina Modotti y el muralismo, tales como la representación de la naturaleza y del campo, donde se destaca la presencia de nopales, maíz y magueyes; también aluden a instrumentos de trabajo y a elementos distintivos de sectores populares, tales como machetes, palas, cananas y sombreros de campesinos; finalmente, registran escenas populares, fiestas tradicionales, corridos, artesanías y costumbres. Expresan también un discurso similar al exaltar el socialismo, al mostrar la oposición de clases sociales, en la constante alusión al trabajo y en el enaltecimiento de los trabajadores, ya sean obreros, artesanos o campesinos.

Y también se crearon algunos símbolos como la hoz, el puño y el martillo que se ven repetidos en algunos de los murales como identificadores de la lucha social en la que estaban inmersos este grupo de artistas mexicanos y extranjeros.

Un amor trágico

La amistad con muralistas y artistas que formaban parte del Partido Comunista se dejó ver en el periódico La Prensa, el 17 de enero de 1929, en el que salieron a interceder a favor de la fotógrafa. Muestra de ello la nota en donde Diego Rivera y Miguel Covarrubias defienden a Tina Modotti ante las calumnias en el juicio del asesinato de Julio Antonio Mella. Ese día, Tina estaba por salir libre, pero el daño estaba hecho, su imagen había sido afectada al mandar el jefe de la policía y responsable del caso, rastrear la casa de Tina para buscar evidencias que sustentaran la hipótesis de un crimen pasional. Encontraron dos joyas a las que les sacaron mucho jugo periodístico y que dieron mucho de qué hablar. Una de ellas la carta que le escribió a Xavier Guerrero, el 15 de septiembre de 1928, para terminar su relación y poder comenzar una nueva con Julio Antonio Mella. La carta salió publicada en La Prensa para dejar ver el “temperamento de esta mujer”. Esta carta la escribió tiempo después de haber conocido a Mella, cuando Guerrero fue enviado por el partido a Moscú por tres años. Dicen que el encuentro con Julio Antonio fue amor a primera vista. Tina se debe haber impresionado de la inteligencia de Mella, de su afán revolucionario y de su activismo contagioso. Julio Antonio le declaró su amor y ella titubeó varios meses hasta que le envió la carta a Xavier y se aseguró de su recepción, fue hasta entonces que aceptó vivir con él.

La carta no fue la única fuente de ataque, también lo fueron las fotografías que años antes Edward Weston le había tomado desnuda en la azotea de su casa en Tacubaya. Estas imágenes las hicieron pasar como si se tratara de pornografía, argumentando que también se había desnudado frente a Diego Rivera para el mural de Chapingo. Ante tales comentarios salieron varios artistas en su defensa: Roberto Montenegro, Carlos Chávez, Adolfo Best Maugard y Gabriel Fernández Ledesma, entre otros, todos refutando la idea de que las obras de Weston fueran pornografía y tratando de dignificar la imagen de Tina como artista y como mujer. Quizá estas declaraciones de personas tan reconocidas en México hayan influenciado en los lectores; sin embargo, Tina jamás fue la misma, cambió su forma de vestir y se dedicó con más pasión a los fines políticos.

Un nuevo comienzo y la deportación

Finalmente, removieron del juicio a Valente Quintana y la autopsia confirmó lo que tantas veces Tina había repetido en el juicio: que ellos venían caminando por las calles Abraham González y Morelos cuando escucharon dos disparos que recibió Julio Antonio por la espalda, uno en el pecho y otro en el vientre que lo hicieron caer al suelo. Con esta declaratoria, Tina quedó libre legalmente, pero no emocionalmente, pues la muerte del amor de su vida le había afectado tanto como la desacreditación pública. “Lo que no me mata, me hace más fuerte”, le escribiría a Weston citando a Nietzsche.

Quizá siguiendo un nuevo ideal, pero más probablemente en un intento por recuperarse de lo vivido, Tina viajó a Oaxaca y en los pueblos de Juchitán y Tehuantepec, en los que todavía quedan vestigios de una sociedad matriarcal, tomó una de las series fotográficas más grandes. La pluralidad de colores en sus faldas, blusas, jícaras y moños fueron un festín para los ojos de Tina. Le maravillaba verlas andar tranquilas con un sin fin de cosas en la cabeza, también como hacían alarde de su maternidad amamantando sin ningún pudor, lo que fascinaba los ojos de la italiana. Las mujeres de Juchitán le parecieron una especie de diosas Venus. Sus fotografías dejaron huella para las siguientes generaciones que también quisieron retratarlas como un símbolo de la feminidad.

Tina se rehusaba a llevar u ostentar el término de feminista por las asociaciones burguesas que le veía, pues argumentaba que las mujeres de clase media simplemente confrontaban a los hombres de su clase, siendo que las mujeres trabajadoras luchaban hombro con hombro junto a los hombres obreros. Al ser una mujer de convicciones, la lucha por la justicia social, la causa principal del comunismo de aquella época; fue su principal razón de vida como lo hemos visto al renunciar a su relación con Xavier Guerrero aceptando su partida a Moscú; aún en la relación más pasional que tuvo con Mella, siempre estuvo primero la causa y fue esta misma la que le dio una razón de vida después de todo lo sucedido en el juicio en el que se vio envuelta. Esta misma entrega a la ideología fue la que detonó su deportación de su querido México; después del atentado que sufrió el presidente Pascual Ortiz Rubio -el 3 de febrero de 1930-, por lo que fueron encarcelados los comunistas. Tina permaneció 13 días en prisión y al salir tuvo únicamente dos días para abandonar el país. Abordó el barco Edam, en donde se reunió con Vittorio Vidali, miembro del Partido y enviado de la Internacional Comunista (Comintern), quien había logrado escapar de la persecución. El Socorro Rojo Internacional consiguió que Tina llegara hasta Berlín, en donde pasó seis meses, un periodo en que no necesitaba de visado. En octubre, Vidali la convenció de acompañarlo a Moscú y ahí trabajó en el Comité Ejecutivo del Socorro Rojo Internacional. En ese tiempo Vittorio y Tina se volvieron pareja.

“He vivido un torbellino permanente… Nunca como ahora tuve tan poco tiempo para mí misma. Vivo una vida totalmente nueva…” Le escribió a Edward Weston a unos meses de su llegada a Europa, sin embargo no fue capaz de decirle que había renunciado a la fotografía, pues en su última salida de Moscú dejó su cámara.

Su regreso a México

En 1936, cuando estalló la Guerra Civil Española, Tina trabajó para el Socorro Rojo y también de manera activa en un hospital. Hasta 1939 Tina estuvo muy involucrada en la guerra española, interviniendo en la evacuación de niños a la Unión Soviética y a México, así como fue la responsable de sacar al presidente del Socorro Rojo español y llevarlo a París. En ese mismo año Vidali y Tina recibieron la encomienda de formar una amplia organización de solidaridad internacional en Estados Unidos, sin embargo a Modotti no la dejan bajarse en ese país, así que tiene que seguirse hasta México, en donde todavía era una persona non grata. Ahí, Vidali organiza que miembros del Socorro Rojo la recojan en Veracruz.

Aún habiendo regresado a su querido México, Tina vivió una vida muy retirada y casi en el anonimato, incluso después de haber conseguido el permiso permanente del propio presidente Lázaro Cárdenas.

La Tina Modotti activista y revolucionaria que entregó su vida a la causa comunista, se sintió naufragar cuando se da el pacto entre Stalin y Hitler, fue como si toda su vida de lucha hubiera perdido sentido. Se sentía sin rumbo.

El 7 de enero de 1942, otra vez el nombre de Tina se vio envuelto en un escándalo periodístico, sólo que esta vez fue su muerte. “Inexplicable desaparición del amante de Tina Modotti, Carlos Jiménez Contreras”, que era el nombre con el que Vittorio Vidali llegó a México. La italiana venía de regreso de una reunión la madrugada del 5 de enero en un taxi y tuvo un infarto, sin embargo al principio parecía que el mismo Vidali la había asesinado por encargo del servicio secreto soviético, pero la autopsia dejó ver que se trató de un infarto.

Los restos de Tina Modotti descansan en el Cementerio de Dolores con una lápida esculpida por su amigo Leopoldo Méndez y Pablo Neruda le escribió un poema. Su nombre fue olvidado por algunos años y hoy es recordada como la mujer: fotógrafa, revolucionaria, activista, comunista que entregó su vida a la lucha por la justicia social.



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