/ viernes 22 de noviembre de 2019

En la Mira | El perro de Evo Morales y las "photofakenews"

Hoy me enfocaré en las imágenes falsas que circulan impunemente en redes sociales

Al parecer, la mentira tiene permiso. En distintas entregas anteriores, hemos hablado sobre el cáncer que representan las fakenews difundidas en redes; hoy permítanme enfocarme en las imágenes falsas que circulan impunemente en redes sociales, y que no sólo desvirtúan cualquier debate, sino que adicionalmente envenenan la mente de quién las cree y se construye un mundo colateral a partir de ello.

Hace unos días, en la ociosidad de un vuelo relámpago, vi pasar un tuit de Rafael Cabrera, periodista de la AP quien alertaba sobre una foto falsa en redes, que mentía sobre la muerte de un perro atribuido en propiedad a Evo Morales y que (falsamente) fue asesinado por militares bolivianos.

Y cito la nota de Cabrera: “LA AFIRMACIÓN: Diversas publicaciones en redes sociales difunden una fotografía que supuestamente prueba que el perro que adoptó el expresidente de Bolivia, Evo Morales, fue asesinado por militares como parte de las protestas que se registran actualmente en el país.”

“VERIFICACIÓN AP: Falso. La imagen original fue tomada en julio de 2008 y el incidente ocurrió en Chile, en el marco de una serie de protestas estudiantiles.”

“LOS HECHOS: El pasado 1 de agosto, el expresidente de Bolivia, Evo Morales, publicó un tuit anunciando que adoptaba a un perro, al cual nombró como Ringo”.

“Pero no es la única prueba de que la foto no es actual, ni de Bolivia”. Además existe un video de las protestas estudiantiles en Chile, donde se puede ver cómo ocurre aquel accidente.

En resumen: la foto que se viralizó en redes, es una mentira que no muestra al perro de Evo Morales atropellado por el Ejército de Bolivia; sino otra imagen que corresponde a lo sucedido en Chile, pero hace más de una década allá por 2008.

Así las cosas, entonces ¿quién está detrás de la mentira? ¿Qué persiguen los que inventan información falsa? ¿Por qué tiene tanto éxito en su circulación? ¿Cuánto tiempo circulan y quiénes las detectan? ¿Es posible prevenir su difusión? ¿Existen sanciones para quien miente o las difunde? Nada tiene una respuesta clara.

¿Qué pasará con las nuevas generaciones que solo consumen información en redes? ¿Cómo vacunar a la sociedad frente a tanta basura informativa y visual recorriendo sus dispositivos? No lo sé. Pero algo habría que hacer.

Inútil buscarle respuesta a todo, pero claramente el fenómeno se mueve entre la inocente broma de un adolescente en redes y la perversidad de un grupo político o empresarial que manda confeccionar las notas a su gusto, en el marco de una guerra comercial o que responde a un proyecto político en específico.

¿Qué persiguen? Destruir, difamar, confundir; ejemplos sobran. Y ¿quién les da vida? Pues primero, un grupo de creativos malintencionados sin el mayor escrúpulo profesional y bajo las órdenes de un cerebro estratégico que por lo general se queda en el anonimato. Lo increíble, es que después de un empujoncito de bots, la gente frecuentemente lo hace viral de manera orgánica.

De ahí que, a cada rato, cualquier universitario o gente de la “oficina” diga con total ligereza: ¿Vieron que ayer aterrizó un ovni en el zócalo?, si, lo vi en Twitter; Juan Gabriel no ha muerto, me llegó un whats de un amigo; Brad Pitt es mujer, lo vi en Facebook me cae, y así al infinito.

A veces hay consecuencias, en la mayoría de los casos, no. Y ¿cuál es el caldo de cultivo que ayuda a germinar la semilla de la mentira? Pues la ignorancia, el dinero, los intereses y el consumo de noticias sin fuentes, gratuitas y sin rigor.

¿Existen sanciones para quien miente o las difunde? Hasta ahora no. Pero, sobre todo, porque no hay reglas claras sobre este tema en redes sociales y toda esa basura informativa flota sobre un océano de impunidad global y cibernético, que resulta difícil de regular o controlar.

Siempre se han filtrado mentiras visuales e informativas en los medios, desde su nacimiento, pero hoy nos toca vivir en el absoluto reinado de las fakenews, -texto e imagen- sin que nadie las detenga. De ahí la importancia de los editores y verificadores profesionales que deben estar siempre alertas frente a lo inverosímil, en un ambiente repleto de intereses y mezquindades.

Y para muestra un botón, aunque desde la invención de la fotografía siempre se ha buscado manipular la imagen, no es, sino a principios del siglo XXI que con los software de photoshop y otros derivados, la fotografía se volvió más difícil de diferenciar entre la falsa o verdadera.

Cómo olvidar una de las primeras de este siglo, después de los ataques en las torres gemelas, aquel 11 de septiembre, cuando se publicó en línea una foto (falsa) que presumía haber sido "tomada" justo un segundo antes de que ocurriera la tragedia, -con un turista en primer plano mientras viene uno de los (presuntos) aviones que se impactaron en las torres gemelas de Manhattan- y sin embargo, la gente rápidamente comenzó a compartirla. Por fortuna no existían ni Twitter ni Facebook, su impacto fue bajo y terminó en un meme infinito, con ese turista atestiguándolo todo, en la historia de la humanidad.

Arriba se las dejo, para que no olviden el principio de la mentira digital hecha imagen. No crean todo pues. Verifiquen siempre.

Al parecer, la mentira tiene permiso. En distintas entregas anteriores, hemos hablado sobre el cáncer que representan las fakenews difundidas en redes; hoy permítanme enfocarme en las imágenes falsas que circulan impunemente en redes sociales, y que no sólo desvirtúan cualquier debate, sino que adicionalmente envenenan la mente de quién las cree y se construye un mundo colateral a partir de ello.

Hace unos días, en la ociosidad de un vuelo relámpago, vi pasar un tuit de Rafael Cabrera, periodista de la AP quien alertaba sobre una foto falsa en redes, que mentía sobre la muerte de un perro atribuido en propiedad a Evo Morales y que (falsamente) fue asesinado por militares bolivianos.

Y cito la nota de Cabrera: “LA AFIRMACIÓN: Diversas publicaciones en redes sociales difunden una fotografía que supuestamente prueba que el perro que adoptó el expresidente de Bolivia, Evo Morales, fue asesinado por militares como parte de las protestas que se registran actualmente en el país.”

“VERIFICACIÓN AP: Falso. La imagen original fue tomada en julio de 2008 y el incidente ocurrió en Chile, en el marco de una serie de protestas estudiantiles.”

“LOS HECHOS: El pasado 1 de agosto, el expresidente de Bolivia, Evo Morales, publicó un tuit anunciando que adoptaba a un perro, al cual nombró como Ringo”.

“Pero no es la única prueba de que la foto no es actual, ni de Bolivia”. Además existe un video de las protestas estudiantiles en Chile, donde se puede ver cómo ocurre aquel accidente.

En resumen: la foto que se viralizó en redes, es una mentira que no muestra al perro de Evo Morales atropellado por el Ejército de Bolivia; sino otra imagen que corresponde a lo sucedido en Chile, pero hace más de una década allá por 2008.

Así las cosas, entonces ¿quién está detrás de la mentira? ¿Qué persiguen los que inventan información falsa? ¿Por qué tiene tanto éxito en su circulación? ¿Cuánto tiempo circulan y quiénes las detectan? ¿Es posible prevenir su difusión? ¿Existen sanciones para quien miente o las difunde? Nada tiene una respuesta clara.

¿Qué pasará con las nuevas generaciones que solo consumen información en redes? ¿Cómo vacunar a la sociedad frente a tanta basura informativa y visual recorriendo sus dispositivos? No lo sé. Pero algo habría que hacer.

Inútil buscarle respuesta a todo, pero claramente el fenómeno se mueve entre la inocente broma de un adolescente en redes y la perversidad de un grupo político o empresarial que manda confeccionar las notas a su gusto, en el marco de una guerra comercial o que responde a un proyecto político en específico.

¿Qué persiguen? Destruir, difamar, confundir; ejemplos sobran. Y ¿quién les da vida? Pues primero, un grupo de creativos malintencionados sin el mayor escrúpulo profesional y bajo las órdenes de un cerebro estratégico que por lo general se queda en el anonimato. Lo increíble, es que después de un empujoncito de bots, la gente frecuentemente lo hace viral de manera orgánica.

De ahí que, a cada rato, cualquier universitario o gente de la “oficina” diga con total ligereza: ¿Vieron que ayer aterrizó un ovni en el zócalo?, si, lo vi en Twitter; Juan Gabriel no ha muerto, me llegó un whats de un amigo; Brad Pitt es mujer, lo vi en Facebook me cae, y así al infinito.

A veces hay consecuencias, en la mayoría de los casos, no. Y ¿cuál es el caldo de cultivo que ayuda a germinar la semilla de la mentira? Pues la ignorancia, el dinero, los intereses y el consumo de noticias sin fuentes, gratuitas y sin rigor.

¿Existen sanciones para quien miente o las difunde? Hasta ahora no. Pero, sobre todo, porque no hay reglas claras sobre este tema en redes sociales y toda esa basura informativa flota sobre un océano de impunidad global y cibernético, que resulta difícil de regular o controlar.

Siempre se han filtrado mentiras visuales e informativas en los medios, desde su nacimiento, pero hoy nos toca vivir en el absoluto reinado de las fakenews, -texto e imagen- sin que nadie las detenga. De ahí la importancia de los editores y verificadores profesionales que deben estar siempre alertas frente a lo inverosímil, en un ambiente repleto de intereses y mezquindades.

Y para muestra un botón, aunque desde la invención de la fotografía siempre se ha buscado manipular la imagen, no es, sino a principios del siglo XXI que con los software de photoshop y otros derivados, la fotografía se volvió más difícil de diferenciar entre la falsa o verdadera.

Cómo olvidar una de las primeras de este siglo, después de los ataques en las torres gemelas, aquel 11 de septiembre, cuando se publicó en línea una foto (falsa) que presumía haber sido "tomada" justo un segundo antes de que ocurriera la tragedia, -con un turista en primer plano mientras viene uno de los (presuntos) aviones que se impactaron en las torres gemelas de Manhattan- y sin embargo, la gente rápidamente comenzó a compartirla. Por fortuna no existían ni Twitter ni Facebook, su impacto fue bajo y terminó en un meme infinito, con ese turista atestiguándolo todo, en la historia de la humanidad.

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