/ viernes 28 de agosto de 2020

Una mascota sí hace verano

Sus ojos no tienen límite ni descanso. Su mirada es dulce y al mismo tiempo intensa. En su forma de ver lo dicen todo. Parece que no tienen voz ni voto, pero ahí están

Es para Lucas, en el cielo de los perros más queridos.


Sus ojos no tienen límite ni descanso. Su mirada es dulce y al mismo tiempo intensa. En su forma de ver lo dicen todo. Parece que no tienen voz ni voto, pero ahí están. Siempre. Con nosotros. Detrás de nosotros. Delante de nosotros. O a la espera-esperando. Así es todas las tardes o noches.

Aunque están ansiosos por el encuentro tienen paciencia infinita durante la demora. Se quedan en un solo lugar y apenas se mueven en su entorno. Atisban. Buscan. Si quieren comen, pero prefieren esperar. Eso es: su vida es una espera diaria y dependen de uno en su alimento, aseo, salud y amor, aunque, al final, uno depende de ellos.

De su cariño, de su entrega sin intereses y sin fiador; sin ganas de cambiarnos quieren con todo y su misterio. Porque la vida de las mascotas es un misterio al que penetramos sólo hasta donde ellas lo permiten, no más, sin rebasar los límites impuestos por su libertad dedicada a nosotros.

Y de pronto escuchan la llave que entra en la chapa; levantan las orejas y de forma casi enloquecida dan vueltas y mueven la cola. Es su danza del amor-amista-cariño-felicidad: “Te estaba esperando ¿por qué tardaste tanto?”.

Son las mascotas de casa; las que nos acompañan; las que están ahí con nosotros día y noche, en su entrega total mientras que nosotros que creemos ser los “amos y señores” somos sus mascotas, somos el espejo en el que se ven y hacen que en su entrega les dediquemos parte importante de nuestras vidas para estar con ellos a lo que manden, a su modo.

Porque cuando salimos con ellas, son ellas quienes nos llevan de la cuerda, quienes deciden ritmo, tono, árbol o nicho... y nosotros accedemos y esperamos, recogíamos sus porfiadas miserias y así, en buena armonía se construye la vida en común con la mascota nuestra de todos los días.

O como cuando son celosos y fieros vigilantes de la casa que anuncian la llegada de gente desconocida, porque tienen un instinto que les hace percibir lo extraño y posiblemente malévolo. Tocan desde la calle y salen –si es perro- como flecha para avisar a quien está ahí que él, nuestra mascota, está para defendernos, para defender la casa, para alejar a los extraños mal-olientes, para advertirles que aquí no hay espacio para un desconocido... Grrrrrr.

El amor-cariño-necesidad por una mascota es histórico, como es la necesidad del hombre de estar acompañado por el amor de la vida, pero también del amor fraterno que es el que entregaban aquellas mascotas egipcias de las que tanto se escrituró en los muros de las pirámides. En la cultura griega los hay. En la prehispánica también. Mascotas están ahí, como si estuvieran a un lado, pero al final de cuentas son el eje central de lo ocurrido.

Caballos son mascotas también. Los hay históricos. El de Napoleón que se llamaba Marengo; el Siete Leguas de PanchoVilla; Bucéfalo el de Alejandro Magno, La yegua Babieca de El Mío Cid; Palomo, el de Simón Bolívar; y qué tal Pegasus, que según los antiguos griegos era el preferido de Zeus; o Rocinante el de don Quijote; Rucio el de Sancho, por el color de su pelo.

Y como los seres humanos somos impredecibles, así también el gusto por distintas especies de mascotas. Los hay quienes adoptan serpientes como mascotas. El pintor español Salvador Dalí(1904-1989) tuvo como mascota a un leopardo al que llamó Babou, un ocelote que viajaba con él de forma frecuente.

La reina Catalina de Aragón (1485-1536) tuvo un mono como animal de compañía; Grace Coolidge –la esposa del presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge–1923-1929—tenía a un mapache–o mapacha- a la que llamó Rebecca la cual habitó los jardines de la Casa Blanca en ese periodo.

Hongwu, emperador de la dinastía Ming (1368 y 1398) tenía peces como mascotas. En los jardines de palacio chino mandó a instalar tanques de agua para carpas y otros peces de colores. Hay quienes tienen conejos, tortugas, hurones, cerditos, borregos, chivos... Y tantos más.

Pero hay dos especies muy queridas, apapachadas, bien integradas a la vida común del ser humano, sin importar clases ocial, raza, credo, preferencias, gustos, formas de vida: son los perros y los gatos.

Son los reyes de la casa. Son los que andan por ella como si uno fuera el visitante. Son los que conocen cada rincón del hogar pobre-rico-opulento e, incluso, se ha visto a mascotas-perro, que siguen a sus amos vagabundos, y no los dejan ni a sol ni asombra: acaso la única compañía fiel.

La literatura de amor al perro ha creado imágenes emotivas y, cómo no, hasta cursis, nomás faltaba que no: “El hecho simple de que mi perro me quiere más que yo a él constituye una realidad tan innegable que, cada vez que pienso en ella, me avergüenzo”; “La mayoría de los perros, saben lo que son, no como los humanos”; “Un perro es una sonrisa y una cola que se mueve alegremente... lo demás ¡No importa!”.

Hay películas en las que los perros son el eje central de la historia, como aquel inolvidable “Hachiko”. Según se sabe, era un perro de raza Akita, de Hidesaburo Ueno, un profesor de ingeniería agrónoma de laUniversidad de Tokio quien murió en 1925 tras sufrir una hemorragia cerebral mientras impartía una de sus clases.

Su fiel mascota “Hachiko” esperó todos los días durante 9años en la estación de Shibuya a la hora en la que llegaba el tren que siempre traía de vuelta a Ueno. Así hasta su muerte, ahí mismo.

O el alegre perro pastor alemán “Rin tintin” o la perra collie “Lassie” Y qué tal el perro-policía “Rex”...O hasta musas, como “Martha” la perra de Paul McCartney que se hizo famosa como “Martha, myd ear”... Y tantos personajes y sus mascotas, dependientes uno del otro. También hay perros o perras rescatistas en desastres, como la famosa “Frida” de 2017 en México.

Como también los gatos que han estado ahí, felinos, libres como ellos solos, inquietos, atentos, mirando a hurtadillas o ronroneando descarados. Ernest Hemingway tenía una gran colección de ellos. Eran sus preferidos. Como ya se sabe de Carlos Monsiváis que ser odeaba de gatos-mascota en su casa y estudio. Son los gatos inspiración de poetas o escritores como José Emilio Pacheco y su Tríptico al gato; o de Pablo Neruda en su “Oda al gato”:

“Oh fiera independiente/ de la casa, arrogante/vestigio de la noche,/perezoso, gimnástico/y ajeno,/profundísimo gato,/policía secreta/de las habitaciones,/insignia/de un/desaparecido terciopelo,/seguramente no hay/enigma/en tu manera,/tal vez no eres misterio,/todo el mundo te sabe y perteneces/al habitante menos misterioso,/tal vez todos lo creen,/todos se creen dueños,/propietarios, tíos/de gatos, compañeros,/colegas,/discípulos o amigos/de su gato.”

Según la American Heart Association, las personas que sacan a pasear a su mascota tienen un 54% más de energía en el día y son menos propensos a un infarto. Y que otro beneficio por la presencia de las mascotas en la casa es el sistema inmunológico, en especial el de los niños, en quienes se fortalece haciendo que se reduzca el riesgo de desarrollar alergias y fortalece al cuerpo para combatir otros virus.

Que muchos programas de salud en varios países han empezado a incluir más a las mascotas en las terapias. Aparte de los lazarillos, hay perros que están siendo entrenados para apoyar a diabéticos o simplemente para ser compañía de niños y ancianos. (También advierte que algunas mascotas no cuidadas por el veterinario o vacunadas o aseadas podrían ser portadoras y transmisoras de enfermedades graves como rabia o toxoplasmosis así como también provocar alergias...)

Las mascotas han estado con nosotros en las buenas y en las malas; en las duras como en las maduras; en los tiempos de tirar cohetes y recoger las varas. Están con nosotros en estos días de confinamiento, fieles e incapaces de exigir libertad porque advierten que no es posible.

Aunque miran a través delas rendijas, a través de las ventanas o desde las azoteas cómo se pasa la vida... Pero, para las mascotas, todo está bien, nada está mal, están con su amo, a quien ha domesticado y a quien tiene bajo resguardo y junto con él o ella, solidarias, calladas, a la espera, a la espera, a la espera... Semper fidelis.

“Cuando la luna se pone regrandota, como una pelotota que alumbra el callejón. Se oye el maullido del triste gato viudo, y su lomo peludo se eriza con horror...”

joelhsantiago@gmail.com


Es para Lucas, en el cielo de los perros más queridos.


Sus ojos no tienen límite ni descanso. Su mirada es dulce y al mismo tiempo intensa. En su forma de ver lo dicen todo. Parece que no tienen voz ni voto, pero ahí están. Siempre. Con nosotros. Detrás de nosotros. Delante de nosotros. O a la espera-esperando. Así es todas las tardes o noches.

Aunque están ansiosos por el encuentro tienen paciencia infinita durante la demora. Se quedan en un solo lugar y apenas se mueven en su entorno. Atisban. Buscan. Si quieren comen, pero prefieren esperar. Eso es: su vida es una espera diaria y dependen de uno en su alimento, aseo, salud y amor, aunque, al final, uno depende de ellos.

De su cariño, de su entrega sin intereses y sin fiador; sin ganas de cambiarnos quieren con todo y su misterio. Porque la vida de las mascotas es un misterio al que penetramos sólo hasta donde ellas lo permiten, no más, sin rebasar los límites impuestos por su libertad dedicada a nosotros.

Y de pronto escuchan la llave que entra en la chapa; levantan las orejas y de forma casi enloquecida dan vueltas y mueven la cola. Es su danza del amor-amista-cariño-felicidad: “Te estaba esperando ¿por qué tardaste tanto?”.

Son las mascotas de casa; las que nos acompañan; las que están ahí con nosotros día y noche, en su entrega total mientras que nosotros que creemos ser los “amos y señores” somos sus mascotas, somos el espejo en el que se ven y hacen que en su entrega les dediquemos parte importante de nuestras vidas para estar con ellos a lo que manden, a su modo.

Porque cuando salimos con ellas, son ellas quienes nos llevan de la cuerda, quienes deciden ritmo, tono, árbol o nicho... y nosotros accedemos y esperamos, recogíamos sus porfiadas miserias y así, en buena armonía se construye la vida en común con la mascota nuestra de todos los días.

O como cuando son celosos y fieros vigilantes de la casa que anuncian la llegada de gente desconocida, porque tienen un instinto que les hace percibir lo extraño y posiblemente malévolo. Tocan desde la calle y salen –si es perro- como flecha para avisar a quien está ahí que él, nuestra mascota, está para defendernos, para defender la casa, para alejar a los extraños mal-olientes, para advertirles que aquí no hay espacio para un desconocido... Grrrrrr.

El amor-cariño-necesidad por una mascota es histórico, como es la necesidad del hombre de estar acompañado por el amor de la vida, pero también del amor fraterno que es el que entregaban aquellas mascotas egipcias de las que tanto se escrituró en los muros de las pirámides. En la cultura griega los hay. En la prehispánica también. Mascotas están ahí, como si estuvieran a un lado, pero al final de cuentas son el eje central de lo ocurrido.

Caballos son mascotas también. Los hay históricos. El de Napoleón que se llamaba Marengo; el Siete Leguas de PanchoVilla; Bucéfalo el de Alejandro Magno, La yegua Babieca de El Mío Cid; Palomo, el de Simón Bolívar; y qué tal Pegasus, que según los antiguos griegos era el preferido de Zeus; o Rocinante el de don Quijote; Rucio el de Sancho, por el color de su pelo.

Y como los seres humanos somos impredecibles, así también el gusto por distintas especies de mascotas. Los hay quienes adoptan serpientes como mascotas. El pintor español Salvador Dalí(1904-1989) tuvo como mascota a un leopardo al que llamó Babou, un ocelote que viajaba con él de forma frecuente.

La reina Catalina de Aragón (1485-1536) tuvo un mono como animal de compañía; Grace Coolidge –la esposa del presidente de Estados Unidos, Calvin Coolidge–1923-1929—tenía a un mapache–o mapacha- a la que llamó Rebecca la cual habitó los jardines de la Casa Blanca en ese periodo.

Hongwu, emperador de la dinastía Ming (1368 y 1398) tenía peces como mascotas. En los jardines de palacio chino mandó a instalar tanques de agua para carpas y otros peces de colores. Hay quienes tienen conejos, tortugas, hurones, cerditos, borregos, chivos... Y tantos más.

Pero hay dos especies muy queridas, apapachadas, bien integradas a la vida común del ser humano, sin importar clases ocial, raza, credo, preferencias, gustos, formas de vida: son los perros y los gatos.

Son los reyes de la casa. Son los que andan por ella como si uno fuera el visitante. Son los que conocen cada rincón del hogar pobre-rico-opulento e, incluso, se ha visto a mascotas-perro, que siguen a sus amos vagabundos, y no los dejan ni a sol ni asombra: acaso la única compañía fiel.

La literatura de amor al perro ha creado imágenes emotivas y, cómo no, hasta cursis, nomás faltaba que no: “El hecho simple de que mi perro me quiere más que yo a él constituye una realidad tan innegable que, cada vez que pienso en ella, me avergüenzo”; “La mayoría de los perros, saben lo que son, no como los humanos”; “Un perro es una sonrisa y una cola que se mueve alegremente... lo demás ¡No importa!”.

Hay películas en las que los perros son el eje central de la historia, como aquel inolvidable “Hachiko”. Según se sabe, era un perro de raza Akita, de Hidesaburo Ueno, un profesor de ingeniería agrónoma de laUniversidad de Tokio quien murió en 1925 tras sufrir una hemorragia cerebral mientras impartía una de sus clases.

Su fiel mascota “Hachiko” esperó todos los días durante 9años en la estación de Shibuya a la hora en la que llegaba el tren que siempre traía de vuelta a Ueno. Así hasta su muerte, ahí mismo.

O el alegre perro pastor alemán “Rin tintin” o la perra collie “Lassie” Y qué tal el perro-policía “Rex”...O hasta musas, como “Martha” la perra de Paul McCartney que se hizo famosa como “Martha, myd ear”... Y tantos personajes y sus mascotas, dependientes uno del otro. También hay perros o perras rescatistas en desastres, como la famosa “Frida” de 2017 en México.

Como también los gatos que han estado ahí, felinos, libres como ellos solos, inquietos, atentos, mirando a hurtadillas o ronroneando descarados. Ernest Hemingway tenía una gran colección de ellos. Eran sus preferidos. Como ya se sabe de Carlos Monsiváis que ser odeaba de gatos-mascota en su casa y estudio. Son los gatos inspiración de poetas o escritores como José Emilio Pacheco y su Tríptico al gato; o de Pablo Neruda en su “Oda al gato”:

“Oh fiera independiente/ de la casa, arrogante/vestigio de la noche,/perezoso, gimnástico/y ajeno,/profundísimo gato,/policía secreta/de las habitaciones,/insignia/de un/desaparecido terciopelo,/seguramente no hay/enigma/en tu manera,/tal vez no eres misterio,/todo el mundo te sabe y perteneces/al habitante menos misterioso,/tal vez todos lo creen,/todos se creen dueños,/propietarios, tíos/de gatos, compañeros,/colegas,/discípulos o amigos/de su gato.”

Según la American Heart Association, las personas que sacan a pasear a su mascota tienen un 54% más de energía en el día y son menos propensos a un infarto. Y que otro beneficio por la presencia de las mascotas en la casa es el sistema inmunológico, en especial el de los niños, en quienes se fortalece haciendo que se reduzca el riesgo de desarrollar alergias y fortalece al cuerpo para combatir otros virus.

Que muchos programas de salud en varios países han empezado a incluir más a las mascotas en las terapias. Aparte de los lazarillos, hay perros que están siendo entrenados para apoyar a diabéticos o simplemente para ser compañía de niños y ancianos. (También advierte que algunas mascotas no cuidadas por el veterinario o vacunadas o aseadas podrían ser portadoras y transmisoras de enfermedades graves como rabia o toxoplasmosis así como también provocar alergias...)

Las mascotas han estado con nosotros en las buenas y en las malas; en las duras como en las maduras; en los tiempos de tirar cohetes y recoger las varas. Están con nosotros en estos días de confinamiento, fieles e incapaces de exigir libertad porque advierten que no es posible.

Aunque miran a través delas rendijas, a través de las ventanas o desde las azoteas cómo se pasa la vida... Pero, para las mascotas, todo está bien, nada está mal, están con su amo, a quien ha domesticado y a quien tiene bajo resguardo y junto con él o ella, solidarias, calladas, a la espera, a la espera, a la espera... Semper fidelis.

“Cuando la luna se pone regrandota, como una pelotota que alumbra el callejón. Se oye el maullido del triste gato viudo, y su lomo peludo se eriza con horror...”

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