/ viernes 30 de noviembre de 2018

Hojas de Papel Volando | “…y si no, que la Nación me lo demande”

Se quitó el término ‘juramento’ por el de ‘protesta’, ya que el primero tenía connotaciones religiosas

Esto de rendir protesta ante el Congreso es histórico. Muchos presidentes mexicanos lo han hecho desde que lo hiciera por primera vez el primer presidente de México el 8 de octubre de 1824. Ese día José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, mejor conocido en nuestros libros de historia como ‘Guadalupe Victoria’ y el Vicepresidente Nicolás Bravo, juraron la Constitución política de ese mismo año. Y fue en un salón del Palacio Nacional. Dijo así:

“Yo (N), nombrado presidente de los Estados Unidos Mexicanos, juro por Dios y por los Santos Evangelios, que ejerceré fielmente el encargo que los mismos Estados Unidos me han confiado, y que guardaré y haré guardar exactamente la Constitución y leyes generales de la Federación”

Esto viene de la Constitución de Cádiz de 1812 que llegó a México poco después y que trajo la noticia de que l a soberanía radica en el pueblo, y que existe la libertad de imprenta y que el gobierno es responsable ‘ante Dios’ y ante las leyes de conducirse y conducir al país hacia el progreso, su seguridad, su integridad, su armonía y paz social y… tanto.

Según el estudioso Mario Melgar Adalid: “Para algunos autores, el presidente asume el cargo en virtud de la protesta y ésta determina el inicio de las responsabilidades constitucionales. Para otros, este acto no es requisito imprescindible para ejercer el cargo sino un acto forma y solemne pero no constitutivo”.

Foto: Archivo Cuartoscuro

Luego vino la nueva Constitución de 1935, que era archiconservadora y centralista. Era la Constitución de las Siete Leyes, como se le conoce. La tercera de esas Siete Leyes decía que el juramento del presidente de la República-que se elegía por ocho años- habría de dejar claro que se juraba por Dios y por los Santos Evangelios ‘para ejercer fielmente el encargo y observar y hacer observar exactamente la Constitución y las Leyes de la nación’.

Y así esos traqueteos a ritmo de cha-cha-chá. A veces ocurrió de forma dramática como cuando Juárez es declarado presidente y rinde protesta en Palacio Nacional el 15 de junio de 1861, fue en el momento mismo en el que, para su pesar, le anuncian que el general Santos Degollado, su gran amigo, que perseguía a los asesinos de Melchor Ocampo, había sido ejecutado en el camino a Toluca por Ignacio Buitrón, un militar conservador.

Con todo, en la Constitución liberal de 1857, en su artículo 83 señalaba que el presidente al tomar posesión de su encargo juraría ante el Congreso y en su receso ante la diputación permanente, de esta forma: “Juro desempeñar leal y patrióticamente el encargo de presidente de los Estados Unidos Mexicanos, conforme a la Constitución y mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión”.

En adelante h abría de quitarse el término ‘juramento’ por el de ‘protesta’, ya que el primero tenía connotaciones religiosas. En 1896 y en 1904 fue reformada la constitución para hacerla aún más a tono liberal y consciente de que el presidente es el mandatario y el pueblo el mandante.

El artículo 87 de la Constitución de 1917 decía que el presidente protestaría ante el Congreso así: ¿Protestáis guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la República que el pueblo os ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión? –a lo que el susodicho habría de gritar con el alma en el pecho: “¡Si, protesto!”…

Pero nada, que pronto fue objetada esta forma de preguntar las cosas, y esto porque la protesta debe ser una afirmación y no una interrogación. Hubo gran debate en el Congreso y el 18 de enero de 1917 se ponen de acuerdo y por unanimidad se modificó el texto original y quedó así:

“Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanan y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión, y si así no lo hiciere que la nación me lo demande”. Tan-tan.

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En todo caso la costumbre de rendir protesta presidencial el 1 de diciembre viene al inicio del gobierno de Manuel Ávila Camacho, pues todavía el general Lázaro Cárdenas rindió protesta en 1934 el 30 de noviembre, y sus funciones habrían de iniciar al día siguiente.

En adelante el acto protocolario de rendición de protesta cambiaría de sede en varias ocasiones luego de que durante años se llevó a cabo en el Palacio Nacional; por ejemplo, el general Lázaro Cárdenas quiso quitarle lo elitista a la ceremonia y se llevó a cabo de forma multitudinaria en lo que fuera el Estadio Nacional (que estaba en donde fue el Multifamiliar Juárez, de la colonia Roma). Miguel Alemán lo haría el primero de diciembre de 1946 en el Palacio de Bellas Artes, al muy estilo pirrurris pues quería atraer a “una selecta concurrencia”. Y por ese rumbo Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz; Luis Echeverría echó un larguísimo discurso en la Cámara de Diputados.

archivo

Por aquellosh diash, la rendición de Protesta incluía inflamados discursos del presidente nuevo en los que habría de decir sus planes, sus proyectos y su amor por la patria, el mar y sus pescaditos. Hablaban también representantes del Poder Legislativo que hacían la apología del gobierno emanado de la Revolución Mexicana y aplaudían a rabiar al gobernante en turno.

Luego de la toma de protesta s e acostumbraba un recorrido desde el recinto en el cual se hubiera llevado a cabo la ceremonia, en un carro descapotable que avanzaba a rodada muy lenta pues el personaje iba de pie saludando a diestra y siniestra con la mano a modo de paloma al volar… A su paso había aplausos de la multitud y desde los edificios se desparramaban cientos-miles-millones de papelitos de china de colores patrios…

En el Palacio Nacional se llevaba a cabo el “besamanos” que no era otra cosa que las largas filas de muchas estrellas, estrellitas y asteroides de la política nacional, de lo social y gente de a pie que podrían estrechar la mano del Mandatario. Así fue con Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo: el absoluto priista.

Vicente Fox Quezada (2000), primer presidente de oposición al PRI con el conservador Partido Acción Nacional rindió protesta atrabancada pues la oposición no le permitió entrar por la puerta grande de la Cámara de Diputados y entró por la puerta de atrás. La ceremonia se llevó a cabo de forma precipitada, y se cumplió con el ritual aunque en tono nervioso. Muchas caras largas, angustia de los panistas, gritos y centellas.

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El memorioso periodista Gerardo Galarza dice que antes de acudir a la Cámara de Diputados fue a la Villa de Guadalupe y luego de la ceremonia acudió al Auditorio Nacional para tomar protesta a su gabinete. Pero lo que no cuadró a muchos es que en los momentos estelares priorizara a “sus queridos hijos” antes que la responsabilidad nacional y que uno de ellos le entregara un crucifijo en señal de buenos deseos y de que las cosas marcharan bien. En un Estado aún laico, esto volvió a los tiempos del juramento religioso…

Para Felipe Calderón Hinojosa (2006) estuvo peor la cosa. A su partido, el PAN y a él, se les había acusado de fraude electoral y la oposición enfurecida prácticamente se negó a que entrara al recinto parlamentario. Relata el mismo Galarza que para poder acceder a rendir protesta se disfrazó a un diputado panista, muy parecido al nuevo presidente, para distraer la atención en la puerta principal del edificio, aunque Calderón entró por la puerta de atrás, y ahí, entre gritos de protesta, y rechiflas y ánimos encrespados, rindió protesta de forma apresurada y él mismo se colocó la banda presidencial

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Enrique Peña Nieto (2012) pudo rendir protesta y recibir la banda presidencial de manos del presidente del Congreso. Entre gritos y rechiflas, pero consiguió leer las sacrosantas palabras en las que se comprometía a cuidar y hacer cuidar la Constitución y luchar por el bienestar de la nación: ‘Y si no, que la Nación me lo demande’. ¿Será?

cuartoscuro

Ya comenzaron los nuevos tiempos. Comienza la expectativa de lo que habrá de ser la Cuarta Transformación nacional. Andrés Manuel López Obrador es presidente de México. Millones de mexicanos esperan cumplimientos, porque merecemos un país con todo cumplido para todos; sobre todo para quienes menos han tenido y menos tienen, con justicia social, con igualdad, con libertades sin tacha, casa comida y sustento y solaz…

Que sea para bien de la Nación, de la Patria, que es el país mexicano y de todos nosotros. Si, que así sea. Y si no: “que la nación lo demande”.

Esto de rendir protesta ante el Congreso es histórico. Muchos presidentes mexicanos lo han hecho desde que lo hiciera por primera vez el primer presidente de México el 8 de octubre de 1824. Ese día José Miguel Ramón Adaucto Fernández y Félix, mejor conocido en nuestros libros de historia como ‘Guadalupe Victoria’ y el Vicepresidente Nicolás Bravo, juraron la Constitución política de ese mismo año. Y fue en un salón del Palacio Nacional. Dijo así:

“Yo (N), nombrado presidente de los Estados Unidos Mexicanos, juro por Dios y por los Santos Evangelios, que ejerceré fielmente el encargo que los mismos Estados Unidos me han confiado, y que guardaré y haré guardar exactamente la Constitución y leyes generales de la Federación”

Esto viene de la Constitución de Cádiz de 1812 que llegó a México poco después y que trajo la noticia de que l a soberanía radica en el pueblo, y que existe la libertad de imprenta y que el gobierno es responsable ‘ante Dios’ y ante las leyes de conducirse y conducir al país hacia el progreso, su seguridad, su integridad, su armonía y paz social y… tanto.

Según el estudioso Mario Melgar Adalid: “Para algunos autores, el presidente asume el cargo en virtud de la protesta y ésta determina el inicio de las responsabilidades constitucionales. Para otros, este acto no es requisito imprescindible para ejercer el cargo sino un acto forma y solemne pero no constitutivo”.

Foto: Archivo Cuartoscuro

Luego vino la nueva Constitución de 1935, que era archiconservadora y centralista. Era la Constitución de las Siete Leyes, como se le conoce. La tercera de esas Siete Leyes decía que el juramento del presidente de la República-que se elegía por ocho años- habría de dejar claro que se juraba por Dios y por los Santos Evangelios ‘para ejercer fielmente el encargo y observar y hacer observar exactamente la Constitución y las Leyes de la nación’.

Y así esos traqueteos a ritmo de cha-cha-chá. A veces ocurrió de forma dramática como cuando Juárez es declarado presidente y rinde protesta en Palacio Nacional el 15 de junio de 1861, fue en el momento mismo en el que, para su pesar, le anuncian que el general Santos Degollado, su gran amigo, que perseguía a los asesinos de Melchor Ocampo, había sido ejecutado en el camino a Toluca por Ignacio Buitrón, un militar conservador.

Con todo, en la Constitución liberal de 1857, en su artículo 83 señalaba que el presidente al tomar posesión de su encargo juraría ante el Congreso y en su receso ante la diputación permanente, de esta forma: “Juro desempeñar leal y patrióticamente el encargo de presidente de los Estados Unidos Mexicanos, conforme a la Constitución y mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión”.

En adelante h abría de quitarse el término ‘juramento’ por el de ‘protesta’, ya que el primero tenía connotaciones religiosas. En 1896 y en 1904 fue reformada la constitución para hacerla aún más a tono liberal y consciente de que el presidente es el mandatario y el pueblo el mandante.

El artículo 87 de la Constitución de 1917 decía que el presidente protestaría ante el Congreso así: ¿Protestáis guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la República que el pueblo os ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión? –a lo que el susodicho habría de gritar con el alma en el pecho: “¡Si, protesto!”…

Pero nada, que pronto fue objetada esta forma de preguntar las cosas, y esto porque la protesta debe ser una afirmación y no una interrogación. Hubo gran debate en el Congreso y el 18 de enero de 1917 se ponen de acuerdo y por unanimidad se modificó el texto original y quedó así:

“Protesto guardar y hacer guardar la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanan y desempeñar leal y patrióticamente el cargo de presidente de la República que el pueblo me ha conferido, mirando en todo por el bien y prosperidad de la Unión, y si así no lo hiciere que la nación me lo demande”. Tan-tan.

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En todo caso la costumbre de rendir protesta presidencial el 1 de diciembre viene al inicio del gobierno de Manuel Ávila Camacho, pues todavía el general Lázaro Cárdenas rindió protesta en 1934 el 30 de noviembre, y sus funciones habrían de iniciar al día siguiente.

En adelante el acto protocolario de rendición de protesta cambiaría de sede en varias ocasiones luego de que durante años se llevó a cabo en el Palacio Nacional; por ejemplo, el general Lázaro Cárdenas quiso quitarle lo elitista a la ceremonia y se llevó a cabo de forma multitudinaria en lo que fuera el Estadio Nacional (que estaba en donde fue el Multifamiliar Juárez, de la colonia Roma). Miguel Alemán lo haría el primero de diciembre de 1946 en el Palacio de Bellas Artes, al muy estilo pirrurris pues quería atraer a “una selecta concurrencia”. Y por ese rumbo Adolfo Ruiz Cortines, Adolfo López Mateos y Gustavo Díaz Ordaz; Luis Echeverría echó un larguísimo discurso en la Cámara de Diputados.

archivo

Por aquellosh diash, la rendición de Protesta incluía inflamados discursos del presidente nuevo en los que habría de decir sus planes, sus proyectos y su amor por la patria, el mar y sus pescaditos. Hablaban también representantes del Poder Legislativo que hacían la apología del gobierno emanado de la Revolución Mexicana y aplaudían a rabiar al gobernante en turno.

Luego de la toma de protesta s e acostumbraba un recorrido desde el recinto en el cual se hubiera llevado a cabo la ceremonia, en un carro descapotable que avanzaba a rodada muy lenta pues el personaje iba de pie saludando a diestra y siniestra con la mano a modo de paloma al volar… A su paso había aplausos de la multitud y desde los edificios se desparramaban cientos-miles-millones de papelitos de china de colores patrios…

En el Palacio Nacional se llevaba a cabo el “besamanos” que no era otra cosa que las largas filas de muchas estrellas, estrellitas y asteroides de la política nacional, de lo social y gente de a pie que podrían estrechar la mano del Mandatario. Así fue con Echeverría, López Portillo, De la Madrid, Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo: el absoluto priista.

Vicente Fox Quezada (2000), primer presidente de oposición al PRI con el conservador Partido Acción Nacional rindió protesta atrabancada pues la oposición no le permitió entrar por la puerta grande de la Cámara de Diputados y entró por la puerta de atrás. La ceremonia se llevó a cabo de forma precipitada, y se cumplió con el ritual aunque en tono nervioso. Muchas caras largas, angustia de los panistas, gritos y centellas.

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El memorioso periodista Gerardo Galarza dice que antes de acudir a la Cámara de Diputados fue a la Villa de Guadalupe y luego de la ceremonia acudió al Auditorio Nacional para tomar protesta a su gabinete. Pero lo que no cuadró a muchos es que en los momentos estelares priorizara a “sus queridos hijos” antes que la responsabilidad nacional y que uno de ellos le entregara un crucifijo en señal de buenos deseos y de que las cosas marcharan bien. En un Estado aún laico, esto volvió a los tiempos del juramento religioso…

Para Felipe Calderón Hinojosa (2006) estuvo peor la cosa. A su partido, el PAN y a él, se les había acusado de fraude electoral y la oposición enfurecida prácticamente se negó a que entrara al recinto parlamentario. Relata el mismo Galarza que para poder acceder a rendir protesta se disfrazó a un diputado panista, muy parecido al nuevo presidente, para distraer la atención en la puerta principal del edificio, aunque Calderón entró por la puerta de atrás, y ahí, entre gritos de protesta, y rechiflas y ánimos encrespados, rindió protesta de forma apresurada y él mismo se colocó la banda presidencial

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Enrique Peña Nieto (2012) pudo rendir protesta y recibir la banda presidencial de manos del presidente del Congreso. Entre gritos y rechiflas, pero consiguió leer las sacrosantas palabras en las que se comprometía a cuidar y hacer cuidar la Constitución y luchar por el bienestar de la nación: ‘Y si no, que la Nación me lo demande’. ¿Será?

cuartoscuro

Ya comenzaron los nuevos tiempos. Comienza la expectativa de lo que habrá de ser la Cuarta Transformación nacional. Andrés Manuel López Obrador es presidente de México. Millones de mexicanos esperan cumplimientos, porque merecemos un país con todo cumplido para todos; sobre todo para quienes menos han tenido y menos tienen, con justicia social, con igualdad, con libertades sin tacha, casa comida y sustento y solaz…

Que sea para bien de la Nación, de la Patria, que es el país mexicano y de todos nosotros. Si, que así sea. Y si no: “que la nación lo demande”.

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