/ martes 20 de diciembre de 2016

Al final, el toro y la gente ponen las cosas en su lugar: Zotoluco

por Manuel Naredo

QUERÉTARO, Qro.-  El pelo ya pinta algo de canas y el cuerpo seguramente resiente el paso de más de tres décadas dedicadas a una compleja, dura y peligrosa profesión. Por eso, Eulalio López Díaz, unido desde niño al mundo del toro bravo, decidió emprender el último de sus ciclos como torero con una larga temporada por las plazas del país, a manera de despedida. Antes de lidiar a su último toro, que planea pueda ser en la Plaza México, le tocará el turno, en la tradicional corrida de Navidad, a la queretana Santa María, escenario de muchas tardes de triunfos.

La carrera del Zotoluco, mote heredado de la cercanía de su familia con la ganadería de Zotoluca, nunca fue fácil y constituye un tratado de esfuerzo y persistencia, gracias al cual se convirtió en figura del toreo nacional, además de protagonista de tardes importantes en ruedos europeos, donde se especializó en las llamadas corridas “duras”, destacando, como ningún otro mexicano en la historia, con los temibles y legendarios Miuras.

A unos días de su última cita con la afición queretana, accede a la entrevista, y la seriedad seca del inicio de la charla se va trocando en suavidad cultivada por los nostálgicos recuerdos, como si fuera sintiéndose cada vez más a gusto con el toro que le ha tocado en suerte. Surgen las reflexiones, los detalles de los momentos vividos, y también las expectativas de una vida que, dentro de unos meses, no contará más con el aderezo del nervio de las fechas por cumplir.

“Es difícil hablar de una sola de tarde. Ha habido tardes muy importantes, tanto aquí en mi país como en España y Sudamérica”, me dice cuando le pregunto sobre los mejores momentos de su trayectoria taurina, de treinta años como matador de toros y tres de novillero. “Es gracias al trabajo, al esfuerzo y al sacrifico de tantos años como he podido salir a delante en una profesión tan dura como es el toreo, y sobre todo, como he podido llegar a ocupar un sitio importante. Como bien dicen, lo fácil es llegar, pero lo más difícil es mantenerse”.

“Han sido años de lucha y sacrificio, de ir asimilando el toreo e ir superándome día a día. Han sido muchas las cosas que han pasado en mi vida para poder llegar a esta etapa, retirándome después de casi mil cien corridas de toros, y obviamente, con las mismas ideas, con los mismos valores, los mismos principios, dentro y fuera del ruedo”, sostiene, como queriendo apretar apenas en unas frases el cúmulo de instantes que le han dado color a una vida dedicada a la lidia de reses bravas.

Con la sinceridad que le caracterizó como torero en el ruedo, no elude hablar de los momentos negativos cuando asegura: “¿Por qué no decirlo? En ciertas etapas de la vida se suele perder el piso. Yo no fui ajeno a ello, al contrario. Es la fama que da el toreo, que viene muy de la mano con lo económico, que suele hacer perder el piso. Pero al final, el toro y la gente ponen las cosas en su lugar”.

Y el lugar de privilegio del Zotoluco en la Fiesta Brava es indiscutible, como lo demuestra este largo periplo de festejos de despedida, donde ha ido pisando casi todos los ruedos del país, antes de el paseíllo final, en el coso mexicano más importante, en la capital, donde prevé cortarse la coleta en febrero venidero. En tierras queretanas estuvo ya, en este ciclo de despedidas, en San Juan del Río y en Juriquilla, y este sábado lo hará en la tradicional Santa María.

“La Santa María de Querétaro ha significado mucho para mí.  Han sido muchas las ocasiones, muchos los veinticinco de diciembre…”, recuerda resaltando la despedida en estas tierras de Jorge Gutiérrez y mencionando tardes triunfales “y otras no tanto”, como si por unos segundos volviera a vivirlas. “Me llena de nostalgia el poderme despedir de una plaza a la que tanto le debo”.

Cuando le pregunto por los momentos difíciles vividos, por aquellas inevitables insistencias para poder torear, asiente de inmediato. “Sobre todo en los principios, cuando uno trata de hacerse un nombre, de figurar, de formar parte de los carteles importantes e ir poco a poco escalando peldaños en una profesión en la que es difícil abrirse puertas. Muchas veces esas puertas no se abren, y a veces se presentan las injusticias que tiene el toreo, más fuera del ruedo que dentro”.

“Son muchas las circunstancias que tienen que suceder para poder ser figura del toreo, para ser torero importante, y en base al trabajo poder irse ganando un nombre poco a poco”, continúa. “Tomar la alternativa, abrirse paso, tratar de triunfar, de alternar con las figuras, de mantenerse en un sitio… Es mucho el aprendizaje que se adquiere a través de los toros. Yo siento que, de alguna manera, los toreros crecemos un poquito más, dadas las circunstancias que esta profesión exige, tanto fuera como dentro del ruedo”.

Es inevitable preguntarle por su experiencia europea, cuando se especializó en lidiar las corridas llamadas “duras”, aquellas a las que las figuras les daban, y les siguen dando, la vuelta. Parece que fue ayer cuando en aquellas temporadas se rifó el físico en plazas españolas  francesas, pues mantiene el recuerdo intacto.

“Afortunadamente tuve la capacidad, y la suerte también, de haber podido con aquellas corridas de toros de esa importante y legendaria ganadería que es la de Miura. Eso fue un parteaguas en mi carrera, porque he sido el único mexicano en la historia en haber podido matar una camada completa de Miura en un año, en plazas tan emblemáticas como Sevilla, Madrid, Pamplona o Salamanca, y en Francia en Nimes o Béziers”.  Eso, además, de cortarle una oreja a un toro –“del Puerto de San Lorenzo”, recuerda, en esa catedral del toreo que es la Plaza de Las Ventas, en Madrid.

Le pregunto sobre las diferencias de aquella Fiesta que él descubrió en sus inicios como novillero y matador de toros con ésta que hoy vivimos, y reconoce que ha cambiado, sobre todo por la importación de sangre española para las dehesas nacionales. También recuerda a Miguel Espinosa, Armillita, y a Jorge Gutiérrez: “Cuando yo empezaba a sacar la cabeza, a despuntar, ellos estaban en los últimos años de su carrera. Se perdieron muchos toreros en ese lapso, se quedaron en el camino. Ahora comparto carteles con una nueva camada de toreros jóvenes que no rebasan los treinta años de edad. A mí me tocó torear con los papás de algunos de los muchachos que están funcionando ahora. Para mí es muy satisfactorio el haber podido vivir esa Fiesta, con aquellas grandes figuras del toreo, y luego darle la cara a esta nueva camada de toreros”.

“Creo que es algo muy positivo para el toreo, porque la Fiesta en México está ávida de figuras”, me responde cuando le inquiero sobre su opinión sobre esos toreros jóvenes de hoy. “El camino es muy largo todavía, pero el futuro está en las manos de toreros como Joselito Adame, que con base en sus actuaciones, tanto en nuestro país como en Europa, es el más avanzado; como el Payo, un torero duramente castigado, que ha pasado las duras y las buenas de la profesión y que está ahora en gran momento; como Diego Silveti o Juan Pablo Sánchez… Son toreros en quienes recaerá el peso de la Fiesta, los indicados para tratar de seguir manteniéndola y  dando la cara con los de aquí y con los de allá”.

Eulalio López, junto con su esposa, mantiene también una fundación que procura el apoyo a niños ciegos, aventura a la que le dedica tiempo y pasión. Los porqués de esta altruista empresa se pueden vislumbrar claramente cuando se abre de capa, como para recibir a un burel en el ruedo, y muestra sus sentimientos: “A mí el toreo me ha dado todo. Hay anti taurinos que creen que uno sólo se para frente a un toro para matarlo, pero la Fiesta no es solamente eso, la Fiesta es mucho más…”

Le inquiero igualmente sobre sus planes futuros, aquellos que a mediano plazo se vuelven ya inminentes.

“De momento espero poder seguir disfrutando de aquí a febrero, que es cuando tengo la intención de despedirme en la Plaza México”, sostiene de entrada. “Luego me gustaría estar con mi familia, pues esta es una profesión en la que hay que sacrificar muchas cosas, y lo que más se sacrifica es a la familia. Deseo poder estar más tiempo con mis hijos y con mi mujer, y también me gustaría seguir ligado a la fiesta de los toros, de alguna u otra manera; tratar de seguir aportando ideas, un poquito de lo aprendido en el camino, y sobre todo, tratar de devolverle a la Fiesta un poco de lo mucho que a mí me ha dado”.

A manera de despedida le deseo suerte y triunfo en su participación en la tradicional corrida navideña de la queretana Santa María.

“Tanto la afición de Querétaro, como un servidor, nos lo merecemos”, sentencia en tanto reitera: “Aquí ha habido tardes importantes y otras no tanto, pero al final el resultado es más positivo que negativo. La verdad es que me hace mucha ilusión despedirme en la Santa María de Querétaro, que es una plaza a la que le debo mucho”.

/cpg

por Manuel Naredo

QUERÉTARO, Qro.-  El pelo ya pinta algo de canas y el cuerpo seguramente resiente el paso de más de tres décadas dedicadas a una compleja, dura y peligrosa profesión. Por eso, Eulalio López Díaz, unido desde niño al mundo del toro bravo, decidió emprender el último de sus ciclos como torero con una larga temporada por las plazas del país, a manera de despedida. Antes de lidiar a su último toro, que planea pueda ser en la Plaza México, le tocará el turno, en la tradicional corrida de Navidad, a la queretana Santa María, escenario de muchas tardes de triunfos.

La carrera del Zotoluco, mote heredado de la cercanía de su familia con la ganadería de Zotoluca, nunca fue fácil y constituye un tratado de esfuerzo y persistencia, gracias al cual se convirtió en figura del toreo nacional, además de protagonista de tardes importantes en ruedos europeos, donde se especializó en las llamadas corridas “duras”, destacando, como ningún otro mexicano en la historia, con los temibles y legendarios Miuras.

A unos días de su última cita con la afición queretana, accede a la entrevista, y la seriedad seca del inicio de la charla se va trocando en suavidad cultivada por los nostálgicos recuerdos, como si fuera sintiéndose cada vez más a gusto con el toro que le ha tocado en suerte. Surgen las reflexiones, los detalles de los momentos vividos, y también las expectativas de una vida que, dentro de unos meses, no contará más con el aderezo del nervio de las fechas por cumplir.

“Es difícil hablar de una sola de tarde. Ha habido tardes muy importantes, tanto aquí en mi país como en España y Sudamérica”, me dice cuando le pregunto sobre los mejores momentos de su trayectoria taurina, de treinta años como matador de toros y tres de novillero. “Es gracias al trabajo, al esfuerzo y al sacrifico de tantos años como he podido salir a delante en una profesión tan dura como es el toreo, y sobre todo, como he podido llegar a ocupar un sitio importante. Como bien dicen, lo fácil es llegar, pero lo más difícil es mantenerse”.

“Han sido años de lucha y sacrificio, de ir asimilando el toreo e ir superándome día a día. Han sido muchas las cosas que han pasado en mi vida para poder llegar a esta etapa, retirándome después de casi mil cien corridas de toros, y obviamente, con las mismas ideas, con los mismos valores, los mismos principios, dentro y fuera del ruedo”, sostiene, como queriendo apretar apenas en unas frases el cúmulo de instantes que le han dado color a una vida dedicada a la lidia de reses bravas.

Con la sinceridad que le caracterizó como torero en el ruedo, no elude hablar de los momentos negativos cuando asegura: “¿Por qué no decirlo? En ciertas etapas de la vida se suele perder el piso. Yo no fui ajeno a ello, al contrario. Es la fama que da el toreo, que viene muy de la mano con lo económico, que suele hacer perder el piso. Pero al final, el toro y la gente ponen las cosas en su lugar”.

Y el lugar de privilegio del Zotoluco en la Fiesta Brava es indiscutible, como lo demuestra este largo periplo de festejos de despedida, donde ha ido pisando casi todos los ruedos del país, antes de el paseíllo final, en el coso mexicano más importante, en la capital, donde prevé cortarse la coleta en febrero venidero. En tierras queretanas estuvo ya, en este ciclo de despedidas, en San Juan del Río y en Juriquilla, y este sábado lo hará en la tradicional Santa María.

“La Santa María de Querétaro ha significado mucho para mí.  Han sido muchas las ocasiones, muchos los veinticinco de diciembre…”, recuerda resaltando la despedida en estas tierras de Jorge Gutiérrez y mencionando tardes triunfales “y otras no tanto”, como si por unos segundos volviera a vivirlas. “Me llena de nostalgia el poderme despedir de una plaza a la que tanto le debo”.

Cuando le pregunto por los momentos difíciles vividos, por aquellas inevitables insistencias para poder torear, asiente de inmediato. “Sobre todo en los principios, cuando uno trata de hacerse un nombre, de figurar, de formar parte de los carteles importantes e ir poco a poco escalando peldaños en una profesión en la que es difícil abrirse puertas. Muchas veces esas puertas no se abren, y a veces se presentan las injusticias que tiene el toreo, más fuera del ruedo que dentro”.

“Son muchas las circunstancias que tienen que suceder para poder ser figura del toreo, para ser torero importante, y en base al trabajo poder irse ganando un nombre poco a poco”, continúa. “Tomar la alternativa, abrirse paso, tratar de triunfar, de alternar con las figuras, de mantenerse en un sitio… Es mucho el aprendizaje que se adquiere a través de los toros. Yo siento que, de alguna manera, los toreros crecemos un poquito más, dadas las circunstancias que esta profesión exige, tanto fuera como dentro del ruedo”.

Es inevitable preguntarle por su experiencia europea, cuando se especializó en lidiar las corridas llamadas “duras”, aquellas a las que las figuras les daban, y les siguen dando, la vuelta. Parece que fue ayer cuando en aquellas temporadas se rifó el físico en plazas españolas  francesas, pues mantiene el recuerdo intacto.

“Afortunadamente tuve la capacidad, y la suerte también, de haber podido con aquellas corridas de toros de esa importante y legendaria ganadería que es la de Miura. Eso fue un parteaguas en mi carrera, porque he sido el único mexicano en la historia en haber podido matar una camada completa de Miura en un año, en plazas tan emblemáticas como Sevilla, Madrid, Pamplona o Salamanca, y en Francia en Nimes o Béziers”.  Eso, además, de cortarle una oreja a un toro –“del Puerto de San Lorenzo”, recuerda, en esa catedral del toreo que es la Plaza de Las Ventas, en Madrid.

Le pregunto sobre las diferencias de aquella Fiesta que él descubrió en sus inicios como novillero y matador de toros con ésta que hoy vivimos, y reconoce que ha cambiado, sobre todo por la importación de sangre española para las dehesas nacionales. También recuerda a Miguel Espinosa, Armillita, y a Jorge Gutiérrez: “Cuando yo empezaba a sacar la cabeza, a despuntar, ellos estaban en los últimos años de su carrera. Se perdieron muchos toreros en ese lapso, se quedaron en el camino. Ahora comparto carteles con una nueva camada de toreros jóvenes que no rebasan los treinta años de edad. A mí me tocó torear con los papás de algunos de los muchachos que están funcionando ahora. Para mí es muy satisfactorio el haber podido vivir esa Fiesta, con aquellas grandes figuras del toreo, y luego darle la cara a esta nueva camada de toreros”.

“Creo que es algo muy positivo para el toreo, porque la Fiesta en México está ávida de figuras”, me responde cuando le inquiero sobre su opinión sobre esos toreros jóvenes de hoy. “El camino es muy largo todavía, pero el futuro está en las manos de toreros como Joselito Adame, que con base en sus actuaciones, tanto en nuestro país como en Europa, es el más avanzado; como el Payo, un torero duramente castigado, que ha pasado las duras y las buenas de la profesión y que está ahora en gran momento; como Diego Silveti o Juan Pablo Sánchez… Son toreros en quienes recaerá el peso de la Fiesta, los indicados para tratar de seguir manteniéndola y  dando la cara con los de aquí y con los de allá”.

Eulalio López, junto con su esposa, mantiene también una fundación que procura el apoyo a niños ciegos, aventura a la que le dedica tiempo y pasión. Los porqués de esta altruista empresa se pueden vislumbrar claramente cuando se abre de capa, como para recibir a un burel en el ruedo, y muestra sus sentimientos: “A mí el toreo me ha dado todo. Hay anti taurinos que creen que uno sólo se para frente a un toro para matarlo, pero la Fiesta no es solamente eso, la Fiesta es mucho más…”

Le inquiero igualmente sobre sus planes futuros, aquellos que a mediano plazo se vuelven ya inminentes.

“De momento espero poder seguir disfrutando de aquí a febrero, que es cuando tengo la intención de despedirme en la Plaza México”, sostiene de entrada. “Luego me gustaría estar con mi familia, pues esta es una profesión en la que hay que sacrificar muchas cosas, y lo que más se sacrifica es a la familia. Deseo poder estar más tiempo con mis hijos y con mi mujer, y también me gustaría seguir ligado a la fiesta de los toros, de alguna u otra manera; tratar de seguir aportando ideas, un poquito de lo aprendido en el camino, y sobre todo, tratar de devolverle a la Fiesta un poco de lo mucho que a mí me ha dado”.

A manera de despedida le deseo suerte y triunfo en su participación en la tradicional corrida navideña de la queretana Santa María.

“Tanto la afición de Querétaro, como un servidor, nos lo merecemos”, sentencia en tanto reitera: “Aquí ha habido tardes importantes y otras no tanto, pero al final el resultado es más positivo que negativo. La verdad es que me hace mucha ilusión despedirme en la Santa María de Querétaro, que es una plaza a la que le debo mucho”.

/cpg