/ jueves 29 de septiembre de 2016

Marlins y fanáticos se despiden de José Fernández

Consternados jugadores y empleados de los Marlins de Miami escoltaron una carroza fúnebre que trasladó los restos del pitcher José Fernández desde el estadio del equipo hasta su velorio.

El dueño de los Marlins, Jeffrey Loria, el manager Don Mattingly, el coach de bateo Barry Bonds y los jugadores del equipo, incluyendo su estrella Giancarlo Stanton, vistieron camisetas blancas con la imagen de Fernández y las letras "RIP" (Descansa en Paz) mientras caminaban lentamente alrededor de la carroza que salía del Marlins Park en el barrio Pequeña Habana de Miami.

Muchos en la multitud de unas mil personas coreaban "¡José, José!", y algunos ondeaban banderas cubanas en honor del popular lanzador cubano.

José Portuondo, un fanático de 55 años, dijo que Fernández fue un ejemplo para los cubanos que arriesgan la vida en balsas para llegar a Estados Unidos. El pitcher huyó de Cuba a los 15 años.

"Su historia es la misma de mucho en el sur de la Florida. Es muy familiar", dijo Portuondo, quien trabaja como chofer de trolebús. "La tristeza permea el ambiente", agregó.

Junko Sasaki, una japonesa de 40 años que pasa mucho tiempo en Miami, colocó fruta, arroz y agua en una especie de altar colocado en honor a Fernández afuera del estadio. Dijo que se trata de una tradición japonesa para asegurar que los muertos tengan lo que necesiten en el más allá.

"Es una costumbre japonesa. Así puede comer todos los días", comentó Sasaki, quien agregó que Fernández una vez le tiró una pelota a las gradas durante un partido.

Cientos de fanáticos acudieron a la iglesia católoca St. Brendan para un velorio que iba a durar hasta entrada la noche. Muchos dijeron que no solo vinieron debido a la fama de Fernández como pelotero, sino también por ser considerado como una figura heroica para la comunidad cubana en Estados Unidos.

"Tenía que estar aquí. Soy un gran fanático", dijo Rick Gerena, de 31 años, un gerente de proyectos ambientales. "Amababa a todos. Uno siente que era uno más de nosotros".

Dentro de la iglesia, los dolientes pasaban frente a un ataúd enmarcado con un arreglo floral en forma de las banderas de Estados Unidos y Cuba, con una enorme foto de Fernández colocada a un lado. Muchos tocaban levemente el féretro y se hacían la señal de la cruz.

La misa del funeral será el jueves a puerta cerrada para los familiares y miembros del equipo.

Por su parte, el senador Marco Rubio pidió una investigación sobre la seguridad del rompeolas donde chocó el bote en el que viajaban el pelotero de 24 años y dos amigos, que también fallecieron en el accidente.

Rubio, senador por Florida, envió una carta a la Guardia Costanera y al Cuerpo de Ingenieros del Ejército para solicitar que se evalúe el rompeolas, instalado hace un siglo, y si representa un peligro para las embarcaciones. El rompeolas, que se extiende desde el puerto de Miami, es difícil de ver de noche, especialmente con la marea alta, dijo Rubio.

Consternados jugadores y empleados de los Marlins de Miami escoltaron una carroza fúnebre que trasladó los restos del pitcher José Fernández desde el estadio del equipo hasta su velorio.

El dueño de los Marlins, Jeffrey Loria, el manager Don Mattingly, el coach de bateo Barry Bonds y los jugadores del equipo, incluyendo su estrella Giancarlo Stanton, vistieron camisetas blancas con la imagen de Fernández y las letras "RIP" (Descansa en Paz) mientras caminaban lentamente alrededor de la carroza que salía del Marlins Park en el barrio Pequeña Habana de Miami.

Muchos en la multitud de unas mil personas coreaban "¡José, José!", y algunos ondeaban banderas cubanas en honor del popular lanzador cubano.

José Portuondo, un fanático de 55 años, dijo que Fernández fue un ejemplo para los cubanos que arriesgan la vida en balsas para llegar a Estados Unidos. El pitcher huyó de Cuba a los 15 años.

"Su historia es la misma de mucho en el sur de la Florida. Es muy familiar", dijo Portuondo, quien trabaja como chofer de trolebús. "La tristeza permea el ambiente", agregó.

Junko Sasaki, una japonesa de 40 años que pasa mucho tiempo en Miami, colocó fruta, arroz y agua en una especie de altar colocado en honor a Fernández afuera del estadio. Dijo que se trata de una tradición japonesa para asegurar que los muertos tengan lo que necesiten en el más allá.

"Es una costumbre japonesa. Así puede comer todos los días", comentó Sasaki, quien agregó que Fernández una vez le tiró una pelota a las gradas durante un partido.

Cientos de fanáticos acudieron a la iglesia católoca St. Brendan para un velorio que iba a durar hasta entrada la noche. Muchos dijeron que no solo vinieron debido a la fama de Fernández como pelotero, sino también por ser considerado como una figura heroica para la comunidad cubana en Estados Unidos.

"Tenía que estar aquí. Soy un gran fanático", dijo Rick Gerena, de 31 años, un gerente de proyectos ambientales. "Amababa a todos. Uno siente que era uno más de nosotros".

Dentro de la iglesia, los dolientes pasaban frente a un ataúd enmarcado con un arreglo floral en forma de las banderas de Estados Unidos y Cuba, con una enorme foto de Fernández colocada a un lado. Muchos tocaban levemente el féretro y se hacían la señal de la cruz.

La misa del funeral será el jueves a puerta cerrada para los familiares y miembros del equipo.

Por su parte, el senador Marco Rubio pidió una investigación sobre la seguridad del rompeolas donde chocó el bote en el que viajaban el pelotero de 24 años y dos amigos, que también fallecieron en el accidente.

Rubio, senador por Florida, envió una carta a la Guardia Costanera y al Cuerpo de Ingenieros del Ejército para solicitar que se evalúe el rompeolas, instalado hace un siglo, y si representa un peligro para las embarcaciones. El rompeolas, que se extiende desde el puerto de Miami, es difícil de ver de noche, especialmente con la marea alta, dijo Rubio.