/ jueves 16 de febrero de 2017

El Kayakista azteca Rafa Ortiz acepta nuevos retos

EL aire impacta su rostro. Su mirada apunta hacia el acantilado, pero él no le teme, al contrario lo ve como un reto que puede dominar.

La cascada no es su enemiga. Aunado al kayak, el mexicano Rafael Ortiz se avienta para apaciguar esa pasión que tanto lo atrae.

No se trata de uno más. Rafa es el máximo representante de este exótico deporte en nuestro país. Como mexicano no le teme a nada. Su mentalidad de vida es la clave de su éxito.

“Morir exhausto es lo que siempre pienso, es como una frase que me caracteriza y con la que me siento muy cómodo”, dice con el reto enfrente de sus ojos.

“Respiro y con mi mano derecha me salpico de agua la cara, los nervios se van fríos. Veo una vez más la línea de horizonte hacia donde voy, pero clavo mi mirada. Las primeras remadas me embarcan a la corriente, dejo atrás las últimas oportunidades de desertar y es ahí cuando mi remo se convierte en mi mejor amigo”, explica.

La experiencia le hace dictar sus vivencias. Rafa se siente un privilegiado de lo que alcanza a visualizar mientras está sobre el kayak.

“Todo fluye con la misma lentitud. Llego a la caída y en el último segundo alcanzo a ver todo el paisaje. La verdad es que es lo más hermoso que presenta la cascada antes de empezar a caer. Esos segundos se convierten en milésimas y entonces caigo, es algo que siempre intento describir pero no se parece ni un poco a lo que en realidad es”, remata con nostalgia en su mirada y excitación en sus palabras.

EL aire impacta su rostro. Su mirada apunta hacia el acantilado, pero él no le teme, al contrario lo ve como un reto que puede dominar.

La cascada no es su enemiga. Aunado al kayak, el mexicano Rafael Ortiz se avienta para apaciguar esa pasión que tanto lo atrae.

No se trata de uno más. Rafa es el máximo representante de este exótico deporte en nuestro país. Como mexicano no le teme a nada. Su mentalidad de vida es la clave de su éxito.

“Morir exhausto es lo que siempre pienso, es como una frase que me caracteriza y con la que me siento muy cómodo”, dice con el reto enfrente de sus ojos.

“Respiro y con mi mano derecha me salpico de agua la cara, los nervios se van fríos. Veo una vez más la línea de horizonte hacia donde voy, pero clavo mi mirada. Las primeras remadas me embarcan a la corriente, dejo atrás las últimas oportunidades de desertar y es ahí cuando mi remo se convierte en mi mejor amigo”, explica.

La experiencia le hace dictar sus vivencias. Rafa se siente un privilegiado de lo que alcanza a visualizar mientras está sobre el kayak.

“Todo fluye con la misma lentitud. Llego a la caída y en el último segundo alcanzo a ver todo el paisaje. La verdad es que es lo más hermoso que presenta la cascada antes de empezar a caer. Esos segundos se convierten en milésimas y entonces caigo, es algo que siempre intento describir pero no se parece ni un poco a lo que en realidad es”, remata con nostalgia en su mirada y excitación en sus palabras.