/ viernes 17 de marzo de 2017

El motociclista Iván Ramíres domina el desierto

Iván Ramírez tenía sólo cinco años cuando recibió de su papá una moto 55 cc. Muy pronto ganó confianza y empezó a correr y a ganar.

Los fines de semana se volvieron un ritual: iba con sus padres y hermanas a ver las carreras y a competir. En la adolescencia, empezó a coleccionar victorias en el motocross y supercross en México y Estados Unidos. Conocido por su estilo aguerrido y por sentirse cómodo a altas velocidades, acumuló los títulos en la Baja 500, de 2007 (clase 21: motores de 126 cc a 250 cc), en la Baja 1000, de 2008 (clase 21), y fue campeón en score.

Nacido en Ensenada, Baja California, donde también arrancó la competencia off-road más larga del mundo, Iván ya tenía un destino esperándolo. Su amor por el desierto se le daba naturalmente. “Cuando algunos amigos me llaman y les digo que estoy en el desierto entrenando, no lo aprecian. Para mí es lo mejor del mundo”. Esa relación con la tierra también le ha forjado un amor especial por su país.

La cercanía a la frontera americana hizo que él también corriera en Estados Unidos.

Con amigos en ambos lados, la idea de representar a México se desarrolló como un pretexto para ser más competitivo. Poco a poco migró del motocross al rally.

Fue hasta 2013 que Iván conoció el lado mortal del hobby que en este punto se había vuelto su profesión. En el desierto de la Baja 1000, el piloto, entonces con tan solo 20 años, vio de cerca la muerte de Kurt Caselli, su mejor amigo y mentor. Por primera vez, el mexicano se dio cuenta de que en su deporte, se estaba jugando la vida. Aunque fue su valentía por la que RedBull decidió cumplir todos sus sueños.

“Es mi trabajo y lo amo, pero tengo que estar al 100 por ciento, o mejor no lo hago. Tengo que hacer una carrera más inteligente. Agradezco a todos los que confían en mí, es un gusto que lo hagan”, concluyó Ramírez.

Iván Ramírez tenía sólo cinco años cuando recibió de su papá una moto 55 cc. Muy pronto ganó confianza y empezó a correr y a ganar.

Los fines de semana se volvieron un ritual: iba con sus padres y hermanas a ver las carreras y a competir. En la adolescencia, empezó a coleccionar victorias en el motocross y supercross en México y Estados Unidos. Conocido por su estilo aguerrido y por sentirse cómodo a altas velocidades, acumuló los títulos en la Baja 500, de 2007 (clase 21: motores de 126 cc a 250 cc), en la Baja 1000, de 2008 (clase 21), y fue campeón en score.

Nacido en Ensenada, Baja California, donde también arrancó la competencia off-road más larga del mundo, Iván ya tenía un destino esperándolo. Su amor por el desierto se le daba naturalmente. “Cuando algunos amigos me llaman y les digo que estoy en el desierto entrenando, no lo aprecian. Para mí es lo mejor del mundo”. Esa relación con la tierra también le ha forjado un amor especial por su país.

La cercanía a la frontera americana hizo que él también corriera en Estados Unidos.

Con amigos en ambos lados, la idea de representar a México se desarrolló como un pretexto para ser más competitivo. Poco a poco migró del motocross al rally.

Fue hasta 2013 que Iván conoció el lado mortal del hobby que en este punto se había vuelto su profesión. En el desierto de la Baja 1000, el piloto, entonces con tan solo 20 años, vio de cerca la muerte de Kurt Caselli, su mejor amigo y mentor. Por primera vez, el mexicano se dio cuenta de que en su deporte, se estaba jugando la vida. Aunque fue su valentía por la que RedBull decidió cumplir todos sus sueños.

“Es mi trabajo y lo amo, pero tengo que estar al 100 por ciento, o mejor no lo hago. Tengo que hacer una carrera más inteligente. Agradezco a todos los que confían en mí, es un gusto que lo hagan”, concluyó Ramírez.