/ sábado 6 de mayo de 2017

Saúl Álvarez y Julio César Chávez pelearan esta noche en combate esperado

Por EDUARDO Lamazón

Un detalle menor o no tan menor vino a meterle ruido a lospreparativos: Omar Chávez le ganó hace siete días al InocenteÁlvarez en Chihuahua, y lo hizo de manera rápida, inesperada ybrutal.

La gran pelea de hoy se nutre con un condimento más,beligerante y sustancioso: es la duda que se hace presente.¿Podrá Junior hacer lo que hizo Omar? Omar, como su hermano, eraun no favorito contra el Álvarez de turno.

Pero ganó con la contundencia de una explosión nuclear. Fue elasombro. Nadie vio el desenlace del sábado pasado sin preguntarsesi algo parecido no podría ocurrir  esta noche en la fabulosaarena T-Mobile de Las Vegas. La percepción de miles de aficionadosse vio inevitablemente modificada.

Saúl Álvarez y Julio César Chávez van a pelear esta noche enun combate largamente esperado, y por eso y por muchas otrasrazones lleno de dramatismo y expectación.

Lo primero que se aprende en el boxeo es que el boxeo esimpredecible. Si Pedro le gana a Pablo y Pablo le gana a José,esto no garantiza que Pedro  le gana a José. Un resultado nuncapuede anticiparse.

Canelo y Chávez Junior van a disputar una pelea inescrutable ybárbara, que en  México será la más vista de la historia. Dostelevisoras transmitiendo, como cuando juega la SelecciónNacional. El mundo de las redes sociales y las comunicacionesbaratas y fáciles multiplicándose en millones por estos dos quejuran madrearse con televisión al mundo entero.

¿Qué va a suceder, quién va a ganar?, preguntan en las callesy en las redes miles de individuos sin rostro en un coro deansiedad desbordada que no conoce indiferentes.

¿Quién saldrá avante? ¿Por puntos o por nocaut?

No hay de dónde agarrarse para pronosticar una pelea corta,porque Canelo no ha caído y Chávez ha caído poco. Pero noolvidemos que Tommy Hearns también había caído poco, o nunca,cuando Marvin Hagler lo sepultó con un derechazo letal en elCaesars Palace en 1985.

El 14 de septiembre de 1923 Jack Dempsey y Luis Ángel Firpoprotagonizaron en el Polo Grounds la primera de las llamadas peleasdel siglo XX. El choque duró cuatro minutos  y se registraron 11caídas. Fue un duelo inmisericorde y total, a pesar de subrevedad.

Corta o larga, la pelea de hoy apasiona y divide pronósticos entodas las latitudes. Ochenta países la verán por televisión,millones de aficionados la sufrirán, y en México una inauditahermandad de acción reunirá más feligreses que nunca.

*   *   *   *

Se habla de este combate desde hace años, desde cuando elloseran físicamente iguales, desde que tenían sueños parecidos,desde que los dos querían ser uno; y el que haya tardado tanto enconcretarse calentó las expectativas como hace un cuarto de sigloaquella otra pelea, la Chávez-Camacho inolvidable.

Tan esperada, esta Canelo-Chávez hizo tejer sueños e ilusionessinfín en el universo de fanáticos que hoy esperan sedientos elfinal de la historia.

Tantos años, tantas conjeturas. La pelea parecióirremediablemente perdida. Dos que no se encontraban en el ring yque caminaban por el boxeo distantes y protagonizando otrasturbulencias.

Cuando pelearon Carlos Zárate y Alfonso Zamora, cuando pelearonMarco Antonio Barrera y el Terrible Morales eran boxeadoresadmirados y queridos por el gran público, al revés de lo que enestos años sucedió con Canelo y Chávez Junior.

Seguidos por multitudes, pero cuestionados, polemizados,señalados “inventos de la televisión”.

Eran dos peleadores, sí, pero eran también dos televisoras,dos apellidos, dos promociones, Sinaloa y Jalisco dos estados, ydos cervecerías patrocinando. Una pequeña guerra mundial.

Todos queríamos verla, pero le hablabas de hacerla a Televisa,que tenía al Canelo, o le hablabas de firmarla a TV Azteca, quetenía a Chávez, y hacían como que no oían. Nadie quería cargarcon una posible derrota. Hubiera sido demasiado grande lahumillación.

Estábamos perdidos. Otra vez la historia de la ChiquitaGonzález y Ricardo López que nunca se enfrentaron, o del RatónMacías y el Toluco López, que son lamentos irredentos para laeternidad.

*   *   *   *   *

Que el Canelo sea favorito no le garantiza la victoria. En unring de boxeo pasan muchas cosas, y la lista de los que en el boxeono podían ganar peleas importantes y las ganaron, es muy larga. En1994 Frankie Randall no le podía ganar a un Julio César Chávezinvicto en 90 combates, pero le ganó.

Las simpatías y antipatías por los dos no han sido del todoexplicadas y en lo que a mí respecta ni siquiera del todocomprendidas. Canelo y Junior no son inmortales del boxeo -notodavía, y no sabemos si alguno lo será-, pero son másrespetados por el mundo del boxeo fuera de México que en supaís.

En México los dos encienden pasiones tremebundas, mientrasÁlvarez se ha convertido en el mayor vendedor del mundo del boxeoy el Junior intenta recuperar la ventaja que le sacó los últimosaños el rojo peleador de Guadalajara, por su mejorrendimiento.

El torbellino que ha creado esta pelea provoca que el destino ledé una nueva oportunidad al Junior, tan indolente a veces, tandescuidado en una carrera que pudo dar más.

Chávez es un hombre inteligente, pero la inteligencia nosiempre se usa en la forma que todos pensamos que se debería usar.Yo no sé si a Chávez le importa proyectar su mejor imagenposible, porque haber hecho su pelea mayor contra Sergio Martínez,haberla descuidado durante 11 rounds, haber mostrado en el últimoasalto que tenía con qué ganar y no haberlo hecho, y arrojardespués un positivo de marihuana es algo imperdonable.

A ese Chávez lo esperamos y lo esperamos a lo largo de losaños. “La próxima pelea es la buena, en la próxima voy a estarcomo nunca, para la que viene sí me preparo” fue un discursodemasiado repetido, y un día nos cansó. Ese día llegó y dije:“ya no confío en él”.

Terrible escenario, porque el talento ahí está, evanescente,dentro de él, de su cuerpo privilegiado y de su mente errática,late bajo la piel. El problema de Julio César no es de músculos,ni de estrategias, es emocional. Fantasmas que lo asaltan derepente y lo amarran con hilos invisibles.

Canelo es un buen peleador y un atleta respetable. Saca su podercon facilidad y lo pone a su servicio. Fortaleza, preparación yuna actitud entre mediana y alta para resolver sus peleas. Hacebien lo que sabe y puede, y ha logrado una compaginación admirablecon Chepo y Eddie Reynoso que son parte inseparable de su equipovital.

Los Reynoso también han sido destinatarios de críticas, perosus números con Canelo son elocuentes: 48 ganadas, una derrota;números que nadie más puede mostrar en la élite del boxeo.

*   *   *   *   *

Canelo sobrellevó una pelea round por round con Miguel ÁngelCotto, y la ganó para los jueces. Una pelea parecida, con élespeculando y cuidando los márgenes de puntuación, podría darleuna ventaja en las tarjetas sin arriesgarse a una batalla cruenta. Es Chávez es el que tiene que provocar un estallido,desencadenar la acción, romper valladares.

Es Chávez el obligado a subir y patear el tablero.

El Chávez Junior que le ganó a Andy Lee, el que derrotó aJohn Duddy, el que superó con brillantez a Ray Sánchez, el dedisparos largos y ejecuciones combinadas y rápidas desde media ylarga distancia, el que pueda llevar al Canelo a las cuerdas yconfinarlo a un espacio finito para pegarle, es el que puedeaspirar a la victoria. En otras palabras, un Chávez que piense engrande, con generosidad y con hambre infinita. Los ganadoresdesprecian la mentira del mundo de las excusas.

En cuanto a Canelo, es un tipo confiable, que sólo una vez nolo fue, cuando perdió ignominiosamente contra Floyd Mayweather.Aquella noche, al no rifarse en la adversidad, no fue capaz ni deintentar romper el sino inevitable de una derrota total. PeroMayweather hubo uno solo, y para vencerlo se necesitaban otrasarmas, otros quehaceres.

Hoy la historia es distinta.

Contra el Junior lo único a probar en el Canelo es su aptitudfrente a un hombre físicamente más grande, sabido como es quesiempre ha peleado con enemigos más pequeños. La velocidad deÁlvarez mermará en este peso, y si recordamos que potencia esfuerza más velocidad su golpeo será proporcionalmente menosdañino para un tipo mejor dotado como Chávez.

El detalle es serio: Canelo subirá 4 kilos arriba de su mayorregistro.

El boxeo es un deporte en el que pelean dos iguales, peroconceder ventajas tiene mucho mérito.

Hubo grandes peleadores que nunca se movieron de su división, oque fracasaron al subir, como Carlos Monzón o Wilfredo Gómez,pero es admirable lo que a través de la historia consiguieronotros que con la misma estatura, los mismos huesos y la misma carneengordaron para retar a rivales más grandes. Pensemos en BobFitzsimmons, en Harry Greb, en Evander Holyfield, en HenryArmstrong o en Roberto Durán. He explicado muchas veces que el‘catchweight’ (o peso pactado) ha existido siempre y es unabuena herramienta para facilitar algunos pleitos. Lo demuestra conclaridad esta pelea. No pueden pelear dentro de los límites de unacategoría tradicional por la razón contundente de que nopertenecen a una misma categoría. Canelo es superwelter, Chávezes supermedio.

*   *   *   *   *   *

Habrá que dejar que la pelea fluya. Se pueden analizar hasta elhartazgo todos los detalles, por nimios que sean, el peso, lasestaturas, la actitud de cada uno, el bien hacer de  estrategiascorrectamente pensadas por cada bando. Se vale.

Se vale, pero nadie sabe nada. Déjenme les encuentro veinteexpertos que dicen que gana Álvarez, y otros veinte que dicen quegana Chávez. Si la acción del cuadrilátero respetara a los quesaben Mike Tyson no le hubiera ganado en 91 segundos a MichaelSpinks que era el único favorito de los entendidos.

Todo es importante, pero todo es relativo. ‘¿-Qué es larelatividad que usted menciona?’, le preguntaron un día a AlbertEinstein. “-La relatividad consiste en que si usted está unahora con una mujer hermosa le parece un minuto, pero si está unminuto con una fea le parece una hora”, respondió el sabio.

Una pelea se termina con un golpe preciso como el de Márquezque noqueó a  Pacquiao. Y a la basura todo lo que se pensó y sedijo.

Si Canelo gana se acercará a esa inmortalidad que todavía noalcanza. Le faltará ganarle a Gennady Golovkin, acaso, pero habráresuelto un pendiente importante. Si gana Chávez revolucionarátodo en el boxeo mexicano y sacudirá el boxeo  mundial. Habráque revisar los mejores libra por libra, habrá que replantear laspróximas peleas del calendario, y habrá que reconocerle un nivelde rendimiento que por ahora se le niega.

Mi primer pronóstico sobre esta pelea no fue bueno. Dije quehabría muertos para conseguir boletos, y muertos no hubo. Pero losboletos desaparecieron a la velocidad del trueno, y hay reventas de30 mil dólares por un asiento. Favorito Canelo. Chávez Junior poruna sorpresa ecuménica.

La locura. La locura que renace con cada combate planetario. EnMoscú, en París, en Sidney, en Buenos Aires y en Managua saben dequé se trata. Dos mexicanos apropiándose de todo el boxeo por undía, en una noche fascinante que ojalá produzca una pelea a laaltura de las expectativas que ha creado.

Si es así, seguirá palpitante y vivo el boxeo que edificaronCorbett, Johnson, Pep, Louis, Robinson, Chávez, Ali, Leonard,  elmismo que en las grandes noches del ring vuelve a proclamar lapasión que genera con un grito ensordecedor y eterno.

Por EDUARDO Lamazón

Un detalle menor o no tan menor vino a meterle ruido a lospreparativos: Omar Chávez le ganó hace siete días al InocenteÁlvarez en Chihuahua, y lo hizo de manera rápida, inesperada ybrutal.

La gran pelea de hoy se nutre con un condimento más,beligerante y sustancioso: es la duda que se hace presente.¿Podrá Junior hacer lo que hizo Omar? Omar, como su hermano, eraun no favorito contra el Álvarez de turno.

Pero ganó con la contundencia de una explosión nuclear. Fue elasombro. Nadie vio el desenlace del sábado pasado sin preguntarsesi algo parecido no podría ocurrir  esta noche en la fabulosaarena T-Mobile de Las Vegas. La percepción de miles de aficionadosse vio inevitablemente modificada.

Saúl Álvarez y Julio César Chávez van a pelear esta noche enun combate largamente esperado, y por eso y por muchas otrasrazones lleno de dramatismo y expectación.

Lo primero que se aprende en el boxeo es que el boxeo esimpredecible. Si Pedro le gana a Pablo y Pablo le gana a José,esto no garantiza que Pedro  le gana a José. Un resultado nuncapuede anticiparse.

Canelo y Chávez Junior van a disputar una pelea inescrutable ybárbara, que en  México será la más vista de la historia. Dostelevisoras transmitiendo, como cuando juega la SelecciónNacional. El mundo de las redes sociales y las comunicacionesbaratas y fáciles multiplicándose en millones por estos dos quejuran madrearse con televisión al mundo entero.

¿Qué va a suceder, quién va a ganar?, preguntan en las callesy en las redes miles de individuos sin rostro en un coro deansiedad desbordada que no conoce indiferentes.

¿Quién saldrá avante? ¿Por puntos o por nocaut?

No hay de dónde agarrarse para pronosticar una pelea corta,porque Canelo no ha caído y Chávez ha caído poco. Pero noolvidemos que Tommy Hearns también había caído poco, o nunca,cuando Marvin Hagler lo sepultó con un derechazo letal en elCaesars Palace en 1985.

El 14 de septiembre de 1923 Jack Dempsey y Luis Ángel Firpoprotagonizaron en el Polo Grounds la primera de las llamadas peleasdel siglo XX. El choque duró cuatro minutos  y se registraron 11caídas. Fue un duelo inmisericorde y total, a pesar de subrevedad.

Corta o larga, la pelea de hoy apasiona y divide pronósticos entodas las latitudes. Ochenta países la verán por televisión,millones de aficionados la sufrirán, y en México una inauditahermandad de acción reunirá más feligreses que nunca.

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Se habla de este combate desde hace años, desde cuando elloseran físicamente iguales, desde que tenían sueños parecidos,desde que los dos querían ser uno; y el que haya tardado tanto enconcretarse calentó las expectativas como hace un cuarto de sigloaquella otra pelea, la Chávez-Camacho inolvidable.

Tan esperada, esta Canelo-Chávez hizo tejer sueños e ilusionessinfín en el universo de fanáticos que hoy esperan sedientos elfinal de la historia.

Tantos años, tantas conjeturas. La pelea parecióirremediablemente perdida. Dos que no se encontraban en el ring yque caminaban por el boxeo distantes y protagonizando otrasturbulencias.

Cuando pelearon Carlos Zárate y Alfonso Zamora, cuando pelearonMarco Antonio Barrera y el Terrible Morales eran boxeadoresadmirados y queridos por el gran público, al revés de lo que enestos años sucedió con Canelo y Chávez Junior.

Seguidos por multitudes, pero cuestionados, polemizados,señalados “inventos de la televisión”.

Eran dos peleadores, sí, pero eran también dos televisoras,dos apellidos, dos promociones, Sinaloa y Jalisco dos estados, ydos cervecerías patrocinando. Una pequeña guerra mundial.

Todos queríamos verla, pero le hablabas de hacerla a Televisa,que tenía al Canelo, o le hablabas de firmarla a TV Azteca, quetenía a Chávez, y hacían como que no oían. Nadie quería cargarcon una posible derrota. Hubiera sido demasiado grande lahumillación.

Estábamos perdidos. Otra vez la historia de la ChiquitaGonzález y Ricardo López que nunca se enfrentaron, o del RatónMacías y el Toluco López, que son lamentos irredentos para laeternidad.

*   *   *   *   *

Que el Canelo sea favorito no le garantiza la victoria. En unring de boxeo pasan muchas cosas, y la lista de los que en el boxeono podían ganar peleas importantes y las ganaron, es muy larga. En1994 Frankie Randall no le podía ganar a un Julio César Chávezinvicto en 90 combates, pero le ganó.

Las simpatías y antipatías por los dos no han sido del todoexplicadas y en lo que a mí respecta ni siquiera del todocomprendidas. Canelo y Junior no son inmortales del boxeo -notodavía, y no sabemos si alguno lo será-, pero son másrespetados por el mundo del boxeo fuera de México que en supaís.

En México los dos encienden pasiones tremebundas, mientrasÁlvarez se ha convertido en el mayor vendedor del mundo del boxeoy el Junior intenta recuperar la ventaja que le sacó los últimosaños el rojo peleador de Guadalajara, por su mejorrendimiento.

El torbellino que ha creado esta pelea provoca que el destino ledé una nueva oportunidad al Junior, tan indolente a veces, tandescuidado en una carrera que pudo dar más.

Chávez es un hombre inteligente, pero la inteligencia nosiempre se usa en la forma que todos pensamos que se debería usar.Yo no sé si a Chávez le importa proyectar su mejor imagenposible, porque haber hecho su pelea mayor contra Sergio Martínez,haberla descuidado durante 11 rounds, haber mostrado en el últimoasalto que tenía con qué ganar y no haberlo hecho, y arrojardespués un positivo de marihuana es algo imperdonable.

A ese Chávez lo esperamos y lo esperamos a lo largo de losaños. “La próxima pelea es la buena, en la próxima voy a estarcomo nunca, para la que viene sí me preparo” fue un discursodemasiado repetido, y un día nos cansó. Ese día llegó y dije:“ya no confío en él”.

Terrible escenario, porque el talento ahí está, evanescente,dentro de él, de su cuerpo privilegiado y de su mente errática,late bajo la piel. El problema de Julio César no es de músculos,ni de estrategias, es emocional. Fantasmas que lo asaltan derepente y lo amarran con hilos invisibles.

Canelo es un buen peleador y un atleta respetable. Saca su podercon facilidad y lo pone a su servicio. Fortaleza, preparación yuna actitud entre mediana y alta para resolver sus peleas. Hacebien lo que sabe y puede, y ha logrado una compaginación admirablecon Chepo y Eddie Reynoso que son parte inseparable de su equipovital.

Los Reynoso también han sido destinatarios de críticas, perosus números con Canelo son elocuentes: 48 ganadas, una derrota;números que nadie más puede mostrar en la élite del boxeo.

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Canelo sobrellevó una pelea round por round con Miguel ÁngelCotto, y la ganó para los jueces. Una pelea parecida, con élespeculando y cuidando los márgenes de puntuación, podría darleuna ventaja en las tarjetas sin arriesgarse a una batalla cruenta. Es Chávez es el que tiene que provocar un estallido,desencadenar la acción, romper valladares.

Es Chávez el obligado a subir y patear el tablero.

El Chávez Junior que le ganó a Andy Lee, el que derrotó aJohn Duddy, el que superó con brillantez a Ray Sánchez, el dedisparos largos y ejecuciones combinadas y rápidas desde media ylarga distancia, el que pueda llevar al Canelo a las cuerdas yconfinarlo a un espacio finito para pegarle, es el que puedeaspirar a la victoria. En otras palabras, un Chávez que piense engrande, con generosidad y con hambre infinita. Los ganadoresdesprecian la mentira del mundo de las excusas.

En cuanto a Canelo, es un tipo confiable, que sólo una vez nolo fue, cuando perdió ignominiosamente contra Floyd Mayweather.Aquella noche, al no rifarse en la adversidad, no fue capaz ni deintentar romper el sino inevitable de una derrota total. PeroMayweather hubo uno solo, y para vencerlo se necesitaban otrasarmas, otros quehaceres.

Hoy la historia es distinta.

Contra el Junior lo único a probar en el Canelo es su aptitudfrente a un hombre físicamente más grande, sabido como es quesiempre ha peleado con enemigos más pequeños. La velocidad deÁlvarez mermará en este peso, y si recordamos que potencia esfuerza más velocidad su golpeo será proporcionalmente menosdañino para un tipo mejor dotado como Chávez.

El detalle es serio: Canelo subirá 4 kilos arriba de su mayorregistro.

El boxeo es un deporte en el que pelean dos iguales, peroconceder ventajas tiene mucho mérito.

Hubo grandes peleadores que nunca se movieron de su división, oque fracasaron al subir, como Carlos Monzón o Wilfredo Gómez,pero es admirable lo que a través de la historia consiguieronotros que con la misma estatura, los mismos huesos y la misma carneengordaron para retar a rivales más grandes. Pensemos en BobFitzsimmons, en Harry Greb, en Evander Holyfield, en HenryArmstrong o en Roberto Durán. He explicado muchas veces que el‘catchweight’ (o peso pactado) ha existido siempre y es unabuena herramienta para facilitar algunos pleitos. Lo demuestra conclaridad esta pelea. No pueden pelear dentro de los límites de unacategoría tradicional por la razón contundente de que nopertenecen a una misma categoría. Canelo es superwelter, Chávezes supermedio.

*   *   *   *   *   *

Habrá que dejar que la pelea fluya. Se pueden analizar hasta elhartazgo todos los detalles, por nimios que sean, el peso, lasestaturas, la actitud de cada uno, el bien hacer de  estrategiascorrectamente pensadas por cada bando. Se vale.

Se vale, pero nadie sabe nada. Déjenme les encuentro veinteexpertos que dicen que gana Álvarez, y otros veinte que dicen quegana Chávez. Si la acción del cuadrilátero respetara a los quesaben Mike Tyson no le hubiera ganado en 91 segundos a MichaelSpinks que era el único favorito de los entendidos.

Todo es importante, pero todo es relativo. ‘¿-Qué es larelatividad que usted menciona?’, le preguntaron un día a AlbertEinstein. “-La relatividad consiste en que si usted está unahora con una mujer hermosa le parece un minuto, pero si está unminuto con una fea le parece una hora”, respondió el sabio.

Una pelea se termina con un golpe preciso como el de Márquezque noqueó a  Pacquiao. Y a la basura todo lo que se pensó y sedijo.

Si Canelo gana se acercará a esa inmortalidad que todavía noalcanza. Le faltará ganarle a Gennady Golovkin, acaso, pero habráresuelto un pendiente importante. Si gana Chávez revolucionarátodo en el boxeo mexicano y sacudirá el boxeo  mundial. Habráque revisar los mejores libra por libra, habrá que replantear laspróximas peleas del calendario, y habrá que reconocerle un nivelde rendimiento que por ahora se le niega.

Mi primer pronóstico sobre esta pelea no fue bueno. Dije quehabría muertos para conseguir boletos, y muertos no hubo. Pero losboletos desaparecieron a la velocidad del trueno, y hay reventas de30 mil dólares por un asiento. Favorito Canelo. Chávez Junior poruna sorpresa ecuménica.

La locura. La locura que renace con cada combate planetario. EnMoscú, en París, en Sidney, en Buenos Aires y en Managua saben dequé se trata. Dos mexicanos apropiándose de todo el boxeo por undía, en una noche fascinante que ojalá produzca una pelea a laaltura de las expectativas que ha creado.

Si es así, seguirá palpitante y vivo el boxeo que edificaronCorbett, Johnson, Pep, Louis, Robinson, Chávez, Ali, Leonard,  elmismo que en las grandes noches del ring vuelve a proclamar lapasión que genera con un grito ensordecedor y eterno.

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