/ sábado 1 de julio de 2017

Enrique Fraga, como pocas historias

En la historia del toreo mexicano pocos han sido los personajes que se han destacado en los principales matices que componen la Fiesta Brava. Enrique Fraga, michoacano de sepa, puede contar orgullosamente su incursión en diferentes ramas de la Tauromaquia mexicana.

Primero que nada fue maletilla, luego novillero con paso de triunfador en la Plaza México, lo cual le llevó a tomar la alternativa como matador de toros. La historia no paró ahí, ya que Enrique años más tarde tomó la alternativa, pero como rejoneador. Una vez concluidas las etapas dentro del ruedo, incursionó como empresario taurino y apoderado. Pero la inquietud de Fraga es incesante y el amor que desprende hacia el toro bravo y los caballos siguió creciendo; además de crear una yeguada, Enrique también decidió probar suerte en al ámbito ganadero, fue así como fundó la ganadería que lleva su nombre, con sangre española de Parladé, que se ubica en el municipio de Ezequiel Montes, Querétaro, desde el 2011. Esto, por ahora. INICIA LA AVENTURA

Con 13 años de edad, el pequeño michoacano tuvo sus primeras apariciones como becerrista en el norte del país, concretamente en Ciudad Juárez, gracias al apoyo de su primo hermano, Benjamín Morales “El Tarasco”, quien fue matador de toros. En ese entonces nació su historia en el mundo del toro, proveniente de una familia lo bastante taurina como para que el chamaco dejará inconclusa su carrera de médico veterinario años después. Como novillero, Fraga vivió un tiempo en Portugal, ya que en Santarém se enfiló en una escuela taurina donde logró sobresalir y hacer un sin fin de tentaderos. Sin duda la semilla de rejoneador le fue sembrada en este país, cuna del rejoneo, que no pasó desapercibido para Enrique. Sin saber que el Arte de Marialba ya había inoculado sus venas, regresó a México para torear como figura, por todos lados, además de Centroamérica, lo que patentó en la Plaza México sobradamente para catapultarse a su alternativa. Este suceso tuvo desarrollo el 15 de mayo de 1977 en Mérida, Yucatán, tuvo de padrino a Jesús Solórzano y testigo a Rafael Gil Rafaelillo, así como los rejoneadores Pedro Louceiro y Jorge Hernández Andrés, ante ganado de Javier Labastida. Otro indicio de que Enrique estaba dispuesto por el destino para ser rejoneador. A CABALLO

Transcurrieron 14 largos años en los que Fraga anduvo con la borla de matador a pie, hasta sumar más de 50 corridas, unas tantas en Portugal, donde recibió una de sus más graves cornadas. Probada la suerte en este renglón, Enrique se enfocó en aquella semilla que ya florecía: el rejoneo. Y así, el 24 de noviembre de 1991, en Mérida igualmente, tomó su el doctorado a caballo estando con él los rejoneadores Gerardo Trueba y Eduardo Funtanet (qepd), ante un encierro de Matancillas. Ahora como caballista, Enrique cosechó importantes campañas, recibió distinciones grandes, como el trofeo al mejor rejoneador de la Temporada Grande 1997-1998 de la Plaza México. Enamorado de la Fiesta Brava, Fraga acumuló más de 700 festejos entre novillero, matador y rejoneador. DE REGRESO A MICHOACÁN

La vida siguió su curso y Enrique aún tenía mucho para dar a esta gran Tauromaquia. En 2011 las circunstancias lo llevaron a cristalizar uno de sus más grande sueños: convertirse en ganadero. Esto sucede con la compra de la ganadería de don Eduardo Funtanet, que estaba por irse al rastro, a la cual le cambió el nombre por Enrique Fraga; sus conocimientos bastos a cerca del toro bravo, habiéndolo conocido en sus facetas como matador y rejoneador, hace que el hoy ganadero esté realizando una selección suprema de ganado, conservando de este hierro lo puro Parladé. Y sucede que una cosa lleva a la otra, le cuento: recientemente Enrique firmó el documento de compra venta del rancho El Milagro, ubicado en Araró, Michoacán, que perteneció al ganadero Gonzalo Vega (qepd). Será ahí donde Fraga trasladará su ganadería y yeguada, además del encaste Parladé se quedará con lo del difunto, que es encaste Marqués de Saltillo. En resumen, contará con sangre española y mexiana. El increíble destino le regresó a su terruño muchos años después, pero convertido en ganadero. APASIONADO POR LA FIESTA

-La satisfacción.

“Es muy sencillo: después del andar en estos años me quedo con la vida de torero, de la que da el toreo”.

-¿Único es su especie?

“No sé si soy el único personaje con estas etapas, pero las he vivido intensamente. Me apasiona todo lo que tenga relación a la vida del toreo y hoy en día con la ganadería vivo con la misma inquietud”.

-Ganadero escrupuloso.

“Me inclino por un toro que se deje torear pero que no pierda su bravura. Es un laboratorio interesante que nos ha dado importantes resultados en estos últimos siete años”.

Él es Enrique Fraga, personaje relevante de la Fiesta Brava Mexicana, que aplica cabalmente su frase: “Lo importante es estar feliz donde uno está”.

En la historia del toreo mexicano pocos han sido los personajes que se han destacado en los principales matices que componen la Fiesta Brava. Enrique Fraga, michoacano de sepa, puede contar orgullosamente su incursión en diferentes ramas de la Tauromaquia mexicana.

Primero que nada fue maletilla, luego novillero con paso de triunfador en la Plaza México, lo cual le llevó a tomar la alternativa como matador de toros. La historia no paró ahí, ya que Enrique años más tarde tomó la alternativa, pero como rejoneador. Una vez concluidas las etapas dentro del ruedo, incursionó como empresario taurino y apoderado. Pero la inquietud de Fraga es incesante y el amor que desprende hacia el toro bravo y los caballos siguió creciendo; además de crear una yeguada, Enrique también decidió probar suerte en al ámbito ganadero, fue así como fundó la ganadería que lleva su nombre, con sangre española de Parladé, que se ubica en el municipio de Ezequiel Montes, Querétaro, desde el 2011. Esto, por ahora. INICIA LA AVENTURA

Con 13 años de edad, el pequeño michoacano tuvo sus primeras apariciones como becerrista en el norte del país, concretamente en Ciudad Juárez, gracias al apoyo de su primo hermano, Benjamín Morales “El Tarasco”, quien fue matador de toros. En ese entonces nació su historia en el mundo del toro, proveniente de una familia lo bastante taurina como para que el chamaco dejará inconclusa su carrera de médico veterinario años después. Como novillero, Fraga vivió un tiempo en Portugal, ya que en Santarém se enfiló en una escuela taurina donde logró sobresalir y hacer un sin fin de tentaderos. Sin duda la semilla de rejoneador le fue sembrada en este país, cuna del rejoneo, que no pasó desapercibido para Enrique. Sin saber que el Arte de Marialba ya había inoculado sus venas, regresó a México para torear como figura, por todos lados, además de Centroamérica, lo que patentó en la Plaza México sobradamente para catapultarse a su alternativa. Este suceso tuvo desarrollo el 15 de mayo de 1977 en Mérida, Yucatán, tuvo de padrino a Jesús Solórzano y testigo a Rafael Gil Rafaelillo, así como los rejoneadores Pedro Louceiro y Jorge Hernández Andrés, ante ganado de Javier Labastida. Otro indicio de que Enrique estaba dispuesto por el destino para ser rejoneador. A CABALLO

Transcurrieron 14 largos años en los que Fraga anduvo con la borla de matador a pie, hasta sumar más de 50 corridas, unas tantas en Portugal, donde recibió una de sus más graves cornadas. Probada la suerte en este renglón, Enrique se enfocó en aquella semilla que ya florecía: el rejoneo. Y así, el 24 de noviembre de 1991, en Mérida igualmente, tomó su el doctorado a caballo estando con él los rejoneadores Gerardo Trueba y Eduardo Funtanet (qepd), ante un encierro de Matancillas. Ahora como caballista, Enrique cosechó importantes campañas, recibió distinciones grandes, como el trofeo al mejor rejoneador de la Temporada Grande 1997-1998 de la Plaza México. Enamorado de la Fiesta Brava, Fraga acumuló más de 700 festejos entre novillero, matador y rejoneador. DE REGRESO A MICHOACÁN

La vida siguió su curso y Enrique aún tenía mucho para dar a esta gran Tauromaquia. En 2011 las circunstancias lo llevaron a cristalizar uno de sus más grande sueños: convertirse en ganadero. Esto sucede con la compra de la ganadería de don Eduardo Funtanet, que estaba por irse al rastro, a la cual le cambió el nombre por Enrique Fraga; sus conocimientos bastos a cerca del toro bravo, habiéndolo conocido en sus facetas como matador y rejoneador, hace que el hoy ganadero esté realizando una selección suprema de ganado, conservando de este hierro lo puro Parladé. Y sucede que una cosa lleva a la otra, le cuento: recientemente Enrique firmó el documento de compra venta del rancho El Milagro, ubicado en Araró, Michoacán, que perteneció al ganadero Gonzalo Vega (qepd). Será ahí donde Fraga trasladará su ganadería y yeguada, además del encaste Parladé se quedará con lo del difunto, que es encaste Marqués de Saltillo. En resumen, contará con sangre española y mexiana. El increíble destino le regresó a su terruño muchos años después, pero convertido en ganadero. APASIONADO POR LA FIESTA

-La satisfacción.

“Es muy sencillo: después del andar en estos años me quedo con la vida de torero, de la que da el toreo”.

-¿Único es su especie?

“No sé si soy el único personaje con estas etapas, pero las he vivido intensamente. Me apasiona todo lo que tenga relación a la vida del toreo y hoy en día con la ganadería vivo con la misma inquietud”.

-Ganadero escrupuloso.

“Me inclino por un toro que se deje torear pero que no pierda su bravura. Es un laboratorio interesante que nos ha dado importantes resultados en estos últimos siete años”.

Él es Enrique Fraga, personaje relevante de la Fiesta Brava Mexicana, que aplica cabalmente su frase: “Lo importante es estar feliz donde uno está”.