/ viernes 13 de julio de 2018

La historia de Luka Modric, el futbolista que creció en medio de la guerra

Luka Modric brilla con luz propia en Rusia, tal y como lo ha hecho durante los últimos seis años con Real Madrid

La Copa del Mundo está por terminar y Croacia se confirmó como el “Caballo Negro” que se metió hasta la final del certamen para verse las caras con la poderosa Francia, en lo que será sin duda un duelo trepidante y de pronóstico reservado.

En el particular caso de los llamados “Vatreni” (los llenos de fuego, como se les conoce en su país), han encontrado en su mediocampo a un líder en lo futbolístico y lo anímico para poder estar en esta instancia. Se trata de Luka Modric, quien brilla con luz propia en Rusia, tal y como lo ha hecho durante los últimos seis años con Real Madrid.

Sin embargo, detrás de todo el éxito que hoy se puede ver en el 10 croata, hay una historia complicada, llena de momentos difíciles y tragos amargos a los que Luka se tuvo que reponer desde que era apenas un refugiado.

REFUGIADO EN HOTELES

Modric nació en 1985 y durante una parte de su niñez vivió en la aldea Jesenice. Sin embargo, en 1991, cuando estalló la Guerra de los Balcanes, él y su familia tuvieron que desplazarse hasta el corazón de la ciudad de Zadar, en donde vivieron refugiados en hoteles, mismos en los que comenzó a jugar futbol con otros niños que ahí conoció.

En ese entonces, el padre y el abuelo de Luka participaron directamente en el conflicto bélico. Lamentablemente, ambos fallecieron y se convirtieron en víctimas de esa guerra, lo que significó uno de los primeros golpes arteros que la vida le dio.

En el hotel Kolovare, Modric y la pelota se convirtieron en amigos inseparables, y aunque quebró más de un cristal con la pelota, encontró la actividad ideal para esos días difíciles. Aunque, a decir verdad, el futbol era ya más que un pasatiempo para el pequeño Luka, ya que los empleados del lugar se daban cuenta del talento nato con el que contaba, por lo que lo recomendaron al equipo de la ciudad de Zadar.

A LOS 10 AÑOS AFLORÓ SU TALENTO

Con 10 años de edad, se podría decir que Tomislav Basic fue el descubridor de Luka Modric en lo futbolístico. Él era el jefe de la cantera de Zadar y decidió que se quedara en las divisiones inferiores del club tras ver sus cualidades. El propio Basic relató en su momento las condiciones en las que la familia Modric vivía. “Eran muy pobres. No tenían dinero para camisetas o espinilleras para Luka. Así que le hice unas de madera”, relató en su momento al diario Marca, en España. Incluso, confesó que esas espinilleras todavía las conserva, con todo y que a Luka no le gusta mucho recordar esa etapa a detalle. “Las conservé porque sabía que Modric iba a llegar a ser un gran jugador”, destacó.

Con el paso del tiempo, se abrió paso poco a poco en Zadar, al grado de que, a los 16 años, Dinamo Zagreb, el club más importante de Croacia, lo contrató. Aunque vendría otra etapa compleja para él. Debido a la obligación de hacer el servicio militar, tuvo que irse durante un año a Mostar, en Bosnia. Ahí, se convirtió en futbolista del H.S.K. Zrinjski Mostar, en donde terminó por consolidarse como el mejor de la liga.

Al cabo de un año, Luka Modric regresó a su natal Croacia, pero esta vez el Dinamo lo prestó al Inter Zapresic, de la propia liga croata. Ahí, Luka volvió a demostrar su gran talento y terminó en segundo lugar al final de la temporada.

GRAN FORTALEZA MENTAL

Hoy, Luka Modric puede voltear atrás y ver en el camino recorrido los frutos de la fortaleza mental que tuvo para salir adelante en su niñez, pese a crecer entre tiroteos, sangre e incertidumbre.

“La guerra me hizo más fuerte. Fueron tiempos durísimos para mí y para mi familia. No quiero arrastrar ese tema para siempre, pero tampoco me quiero olvidar de ello. Ahora tengo la sensación de que estoy listo para cualquier cosa”, ha comentado el propio jugador en diferentes entrevistas a medios de comunicación.

La vida parece haberlo premiado con la realidad que hoy experimenta y que lo tiene en la cúspide de su carrera..

Croacia está a 90 minutos de poder ser campeón del mundo por primera vez en su joven historia, pero aunque no lo consiga, en su medio campo, el líder del equipo ya demostró que tiene todo para ser el campeón en el juego de la vida.

El salto al estrellato

Convencidos de que no debían cederlo más, el club de Zagreb se quedó de forma definitiva con su mediocampista y lo retuvieron durante cuatro temporadas, pero con el correr del tiempo, pasó lo que tenía que pasar. El salto al balompié de primer nivel era inevitable y llegó con la oferta del Tottenham. Inglaterra sería el nuevo destino en su carrera y no desaprovecharía la oportunidad.

Llegó como uno de los fichajes más caros en la historia de los Spurs hasta ese momento. Desquitó cada euro durante los cuatro años que estuvo ahí. Prueba de ello fue el interés que despertó en Real Madrid, club con el que milita en la actualidad y en el que ha conquistado cuatro Champions League, una Liga, una Copa del Rey, dos Súpercopas de España y tres Súpercopas de Europa, además del Mundial de Clubes 2016.

Ahora está en uno de los clubes más grandes del mundo y como el jugador más importante de su país.


La Copa del Mundo está por terminar y Croacia se confirmó como el “Caballo Negro” que se metió hasta la final del certamen para verse las caras con la poderosa Francia, en lo que será sin duda un duelo trepidante y de pronóstico reservado.

En el particular caso de los llamados “Vatreni” (los llenos de fuego, como se les conoce en su país), han encontrado en su mediocampo a un líder en lo futbolístico y lo anímico para poder estar en esta instancia. Se trata de Luka Modric, quien brilla con luz propia en Rusia, tal y como lo ha hecho durante los últimos seis años con Real Madrid.

Sin embargo, detrás de todo el éxito que hoy se puede ver en el 10 croata, hay una historia complicada, llena de momentos difíciles y tragos amargos a los que Luka se tuvo que reponer desde que era apenas un refugiado.

REFUGIADO EN HOTELES

Modric nació en 1985 y durante una parte de su niñez vivió en la aldea Jesenice. Sin embargo, en 1991, cuando estalló la Guerra de los Balcanes, él y su familia tuvieron que desplazarse hasta el corazón de la ciudad de Zadar, en donde vivieron refugiados en hoteles, mismos en los que comenzó a jugar futbol con otros niños que ahí conoció.

En ese entonces, el padre y el abuelo de Luka participaron directamente en el conflicto bélico. Lamentablemente, ambos fallecieron y se convirtieron en víctimas de esa guerra, lo que significó uno de los primeros golpes arteros que la vida le dio.

En el hotel Kolovare, Modric y la pelota se convirtieron en amigos inseparables, y aunque quebró más de un cristal con la pelota, encontró la actividad ideal para esos días difíciles. Aunque, a decir verdad, el futbol era ya más que un pasatiempo para el pequeño Luka, ya que los empleados del lugar se daban cuenta del talento nato con el que contaba, por lo que lo recomendaron al equipo de la ciudad de Zadar.

A LOS 10 AÑOS AFLORÓ SU TALENTO

Con 10 años de edad, se podría decir que Tomislav Basic fue el descubridor de Luka Modric en lo futbolístico. Él era el jefe de la cantera de Zadar y decidió que se quedara en las divisiones inferiores del club tras ver sus cualidades. El propio Basic relató en su momento las condiciones en las que la familia Modric vivía. “Eran muy pobres. No tenían dinero para camisetas o espinilleras para Luka. Así que le hice unas de madera”, relató en su momento al diario Marca, en España. Incluso, confesó que esas espinilleras todavía las conserva, con todo y que a Luka no le gusta mucho recordar esa etapa a detalle. “Las conservé porque sabía que Modric iba a llegar a ser un gran jugador”, destacó.

Con el paso del tiempo, se abrió paso poco a poco en Zadar, al grado de que, a los 16 años, Dinamo Zagreb, el club más importante de Croacia, lo contrató. Aunque vendría otra etapa compleja para él. Debido a la obligación de hacer el servicio militar, tuvo que irse durante un año a Mostar, en Bosnia. Ahí, se convirtió en futbolista del H.S.K. Zrinjski Mostar, en donde terminó por consolidarse como el mejor de la liga.

Al cabo de un año, Luka Modric regresó a su natal Croacia, pero esta vez el Dinamo lo prestó al Inter Zapresic, de la propia liga croata. Ahí, Luka volvió a demostrar su gran talento y terminó en segundo lugar al final de la temporada.

GRAN FORTALEZA MENTAL

Hoy, Luka Modric puede voltear atrás y ver en el camino recorrido los frutos de la fortaleza mental que tuvo para salir adelante en su niñez, pese a crecer entre tiroteos, sangre e incertidumbre.

“La guerra me hizo más fuerte. Fueron tiempos durísimos para mí y para mi familia. No quiero arrastrar ese tema para siempre, pero tampoco me quiero olvidar de ello. Ahora tengo la sensación de que estoy listo para cualquier cosa”, ha comentado el propio jugador en diferentes entrevistas a medios de comunicación.

La vida parece haberlo premiado con la realidad que hoy experimenta y que lo tiene en la cúspide de su carrera..

Croacia está a 90 minutos de poder ser campeón del mundo por primera vez en su joven historia, pero aunque no lo consiga, en su medio campo, el líder del equipo ya demostró que tiene todo para ser el campeón en el juego de la vida.

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Convencidos de que no debían cederlo más, el club de Zagreb se quedó de forma definitiva con su mediocampista y lo retuvieron durante cuatro temporadas, pero con el correr del tiempo, pasó lo que tenía que pasar. El salto al balompié de primer nivel era inevitable y llegó con la oferta del Tottenham. Inglaterra sería el nuevo destino en su carrera y no desaprovecharía la oportunidad.

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