/ miércoles 21 de septiembre de 2016

Habitantes de París son gente muy “acomodada

Para miles de parisinos el “hogar, dulce hogar” es solo unsueño, ya que se ven obligados a vivir en las famosas buhardillasdonde vivían las criadas en el siglo XIX, unas “jaulas” demenos de 9 m2 cuyo alquiler es ilegal.

La fundación Abbé Pierre lanzó una campaña para denunciarlas precarias condiciones de la vivienda en Francia y para reclamara los políticos y a los ciudadanos que se movilicen.

Iván López, un mexicano de 35 años que trabaja derecepcionista, sube cada día al último piso donde le espera su“casa”, un espacio de 6.8 m2 bajo techo donde es casi imposiblerespirar cuando hace calor.

“Trabajo de noche, por la mañana vuelvo a mi casa y hacemuchísimo calor, no puedo dormir”, explica.

A pesar de tener dos empleos con contratos a tiempo indefinido,no puede pagarse otra cosa que esta habitación de 370 euros almes, donde vive desde hace ocho años.

A duras penas caben una ducha, una nevera y una cama, que lesirve también de sofá y para guardar sus cosas.

“No tengo garante [la persona que garantiza el alquiler encaso de impago], no tengo familia en París y tengo acentoextranjero”, dice para explicar los rechazos de las agenciasinmobiliarias de alquilarle algo más”.

En el noreste de París, en un barrio elegante del distritoXVII, Victoire Ratrimoson, de 67 años, sube a duras penas los seispisos que le llevan a su casa.

Esta mujer llegó desde Madagascar a París en 2011 paratrabajar limpiando en la casa de una familia del edificio, que lainstaló en la pequeña habitación.

Pero un día la familia cambió de casa e intentaron echarla.“Me dijeron ‘Ya no le necesitamos, hemos encontrado a alguienpor 400 euros al mes’“, explica Victoria con la vozquebrada.

- ‘Albergue’ -

Desde entonces, a la espera de algo mejor, lucha por quedarse enesta habitación de 7,50 m2 pero pasa la mayor parte del tiempofuera.

“Casi no vivo aquí. Es como si fuera un albergue como cuandoestás de viaje”, explica en la habitación, que no tiene niventilación ni calefacción, con estanterías llenas arebosar.

Tanto Victoire como Iván esperan que su vivienda sea reconocidaoficialmente como “vivienda no apta para vivir”, lo queimpediría su expulsión y obligaría al propietario, o en su casoal Estado, a realojarlos en una vivienda en condiciones.

Pero según la fundación Abbé Pierre, el Estado, a través desu agencias regionales de salud, es reacio a este tipo dereconocimiento.

“Ahora mismo hay en París 7.000 habitaciones de servicio quese usan como residencia principal y tienen menos de 9 m2. En sumayoría, el Estado no quiere reconocer que son insalubres”,denuncia Sarah Coupechoux, responsable de las habitacionesparisinas dentro de la fundación.

Según Emmanuelle Beaugrand, responsable de la agencia regionalde salud de París, cada año se declaran como no aptas unas 60viviendas, una cifra que va “en aumento”.

Pero reconoce que un local no puede ser considerado insalubresólo en función de sus metros cuadrados, según una sentencia de2013 del Consejo de Estado, la mayor instancia judicialadministrativa de Francia.

“Una habitación de entre 7 y 9 m2 no la declaramossistemáticamente [como no apta]. Tiene que haber otros criterios,como la configuración del lugar o si hay o no aperturas alexterior”, explica.

Consciente del problema específico de París con sus cerca de115.000 ‘chambres de bonne’ —donde las familias burguesasalojaban a sus criadas en el siglo XIX y hasta entrado el XX—,Ian Brossat, adjunto del departamento de vivienda del ayuntamiento,promete un plan “muy pronto” para resolver el problema.

Las buhardillas se negocian a precio de oro, con precios dehasta 11.000 euros el metro cuadrado en los distritos máscaros.

Tras 15 años, Albert Verdier, de 56 años, que trabaja dosveces por semana como un pinche de cocina en el parlamento francésy el resto de días de conserje, acaba de abandonar su casa de 6,5m2, que pagaba 350 euros al mes, y ahora vive en 19 m2, donde porfin puede cocinar.

“Al principio me decía que no era posible y creía estarsoñando”, dice aliviado.

Para miles de parisinos el “hogar, dulce hogar” es solo unsueño, ya que se ven obligados a vivir en las famosas buhardillasdonde vivían las criadas en el siglo XIX, unas “jaulas” demenos de 9 m2 cuyo alquiler es ilegal.

La fundación Abbé Pierre lanzó una campaña para denunciarlas precarias condiciones de la vivienda en Francia y para reclamara los políticos y a los ciudadanos que se movilicen.

Iván López, un mexicano de 35 años que trabaja derecepcionista, sube cada día al último piso donde le espera su“casa”, un espacio de 6.8 m2 bajo techo donde es casi imposiblerespirar cuando hace calor.

“Trabajo de noche, por la mañana vuelvo a mi casa y hacemuchísimo calor, no puedo dormir”, explica.

A pesar de tener dos empleos con contratos a tiempo indefinido,no puede pagarse otra cosa que esta habitación de 370 euros almes, donde vive desde hace ocho años.

A duras penas caben una ducha, una nevera y una cama, que lesirve también de sofá y para guardar sus cosas.

“No tengo garante [la persona que garantiza el alquiler encaso de impago], no tengo familia en París y tengo acentoextranjero”, dice para explicar los rechazos de las agenciasinmobiliarias de alquilarle algo más”.

En el noreste de París, en un barrio elegante del distritoXVII, Victoire Ratrimoson, de 67 años, sube a duras penas los seispisos que le llevan a su casa.

Esta mujer llegó desde Madagascar a París en 2011 paratrabajar limpiando en la casa de una familia del edificio, que lainstaló en la pequeña habitación.

Pero un día la familia cambió de casa e intentaron echarla.“Me dijeron ‘Ya no le necesitamos, hemos encontrado a alguienpor 400 euros al mes’“, explica Victoria con la vozquebrada.

- ‘Albergue’ -

Desde entonces, a la espera de algo mejor, lucha por quedarse enesta habitación de 7,50 m2 pero pasa la mayor parte del tiempofuera.

“Casi no vivo aquí. Es como si fuera un albergue como cuandoestás de viaje”, explica en la habitación, que no tiene niventilación ni calefacción, con estanterías llenas arebosar.

Tanto Victoire como Iván esperan que su vivienda sea reconocidaoficialmente como “vivienda no apta para vivir”, lo queimpediría su expulsión y obligaría al propietario, o en su casoal Estado, a realojarlos en una vivienda en condiciones.

Pero según la fundación Abbé Pierre, el Estado, a través desu agencias regionales de salud, es reacio a este tipo dereconocimiento.

“Ahora mismo hay en París 7.000 habitaciones de servicio quese usan como residencia principal y tienen menos de 9 m2. En sumayoría, el Estado no quiere reconocer que son insalubres”,denuncia Sarah Coupechoux, responsable de las habitacionesparisinas dentro de la fundación.

Según Emmanuelle Beaugrand, responsable de la agencia regionalde salud de París, cada año se declaran como no aptas unas 60viviendas, una cifra que va “en aumento”.

Pero reconoce que un local no puede ser considerado insalubresólo en función de sus metros cuadrados, según una sentencia de2013 del Consejo de Estado, la mayor instancia judicialadministrativa de Francia.

“Una habitación de entre 7 y 9 m2 no la declaramossistemáticamente [como no apta]. Tiene que haber otros criterios,como la configuración del lugar o si hay o no aperturas alexterior”, explica.

Consciente del problema específico de París con sus cerca de115.000 ‘chambres de bonne’ —donde las familias burguesasalojaban a sus criadas en el siglo XIX y hasta entrado el XX—,Ian Brossat, adjunto del departamento de vivienda del ayuntamiento,promete un plan “muy pronto” para resolver el problema.

Las buhardillas se negocian a precio de oro, con precios dehasta 11.000 euros el metro cuadrado en los distritos máscaros.

Tras 15 años, Albert Verdier, de 56 años, que trabaja dosveces por semana como un pinche de cocina en el parlamento francésy el resto de días de conserje, acaba de abandonar su casa de 6,5m2, que pagaba 350 euros al mes, y ahora vive en 19 m2, donde porfin puede cocinar.

“Al principio me decía que no era posible y creía estarsoñando”, dice aliviado.

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