/ jueves 7 de abril de 2016

Lujosas cafeterías invaden Pyongyang

PYONGYANG, Corea del Norte.- Pyongyang podría ser la única de las grandes ciudades del mundo donde no se puede encontrar un café de Starbucks.

Pero en los últimos tiempos, las cafeterías florecen en sus calles.

Los pequeños y mal iluminados cafés están presentes en la capital norcoreana desde hace años, pero la popularidad de la bebida sufrió un impulso recientemente, lo suficiente como para alentar una competición entre los dueños de los locales para proporcionar un ambiente más lujoso y una variedad de cafés que casi avergonzaría a la omnipresente cadena estadounidense.

“En los últimos dos años, el número de personas que conoce realmente el buen café ha aumentado mucho, y buscan por toda la ciudad para encontrar los mejores lugares”, dijo Ri Hyon Ai, camarera en un popular café que aprendió el oficio en China. “Tenemos muchos clientes habituales”.

Aunque en Pyongyang hay más nivel adquisitivo y está mejor abastecida que el resto del país, el aumento de las cafeterías y el claro esfuerzo competitivo de sus dueños para atraer clientes y obtener beneficios pone de manifiesto la transformación más amplia que desde hace tiempo se cuece en Corea del Norte.

Aunque el capitalismo está mal visto y la economía sigue ampliamente controlada por el Gobierno central y estancada, la presencia de emprendedores no solo está creciendo sino que es una necesidad para muchos norcoreanos.

Hasta la hambruna de la década de 1990, el Gobierno cubría las necesidades básicas y daba empleo a la mayoría de la población. La crisis económica provocada por la hambruna enseñó a los norcoreanos a autoabastecerse y, sin embargo, forzó una apertura gradual a más actividades de estilo capitalista.

La vida en las zonas rurales sigue siendo precaria, el simple hecho de seguir una dieta equilibrada, o carne con asiduidad, es todavía imposible para muchos.

Pero la creciente economía popular ha permitido la aparición de una suerte de clase media en Pyongyang y otras ciudades, en la que mucha gente tiene suficiente dinero para ofrecerse pequeños lujos como el café.

/arm

PYONGYANG, Corea del Norte.- Pyongyang podría ser la única de las grandes ciudades del mundo donde no se puede encontrar un café de Starbucks.

Pero en los últimos tiempos, las cafeterías florecen en sus calles.

Los pequeños y mal iluminados cafés están presentes en la capital norcoreana desde hace años, pero la popularidad de la bebida sufrió un impulso recientemente, lo suficiente como para alentar una competición entre los dueños de los locales para proporcionar un ambiente más lujoso y una variedad de cafés que casi avergonzaría a la omnipresente cadena estadounidense.

“En los últimos dos años, el número de personas que conoce realmente el buen café ha aumentado mucho, y buscan por toda la ciudad para encontrar los mejores lugares”, dijo Ri Hyon Ai, camarera en un popular café que aprendió el oficio en China. “Tenemos muchos clientes habituales”.

Aunque en Pyongyang hay más nivel adquisitivo y está mejor abastecida que el resto del país, el aumento de las cafeterías y el claro esfuerzo competitivo de sus dueños para atraer clientes y obtener beneficios pone de manifiesto la transformación más amplia que desde hace tiempo se cuece en Corea del Norte.

Aunque el capitalismo está mal visto y la economía sigue ampliamente controlada por el Gobierno central y estancada, la presencia de emprendedores no solo está creciendo sino que es una necesidad para muchos norcoreanos.

Hasta la hambruna de la década de 1990, el Gobierno cubría las necesidades básicas y daba empleo a la mayoría de la población. La crisis económica provocada por la hambruna enseñó a los norcoreanos a autoabastecerse y, sin embargo, forzó una apertura gradual a más actividades de estilo capitalista.

La vida en las zonas rurales sigue siendo precaria, el simple hecho de seguir una dieta equilibrada, o carne con asiduidad, es todavía imposible para muchos.

Pero la creciente economía popular ha permitido la aparición de una suerte de clase media en Pyongyang y otras ciudades, en la que mucha gente tiene suficiente dinero para ofrecerse pequeños lujos como el café.

/arm