/ martes 25 de octubre de 2016

Ponchan llantas gratis contra robos

Entre la insurgencia talibán, la escalada del crimen y los pocos recursos de que dispone, la policía de Kabul ha optado por un método controvertido pero sencillo para prevenir el robo de autos en la calle: deshinchar las ruedas.

Durante una reciente boda, Najibhullah encontró así su vehículo delante de su casa, junto a otros cuatro autos, todos ellos aparcados en la calle mientras se celebraba la fiesta.

Los habitantes de Kabul, estimados en cinco millones, viven bajo la amenaza constante de atentados de talibanes y de los yihadistas del Estado Islámico, que moviliza por completo a todo el cuerpo de policía.

Por eso, cuando se trata de luchar contra la delincuencia común, los efectivos optan por esta sencilla solución de una lógica implacable: con las ruedas planas, un auto no irá muy lejos.

“La policía pide amablemente a la gente que evite estacionar en la calle, pero si deciden ignorarnos, abrimos la válvula”, resume Faraidoon Obaidi, jefe del departamento de investigaciones criminales de Kabul. “Así protegemos a la población de los ladrones y terroristas”.

“Estacionar su auto en la calle es una invitación a los ladrones... Deberían tener en cuenta la energía que destinamos a perseguir a los terroristas”, asegura Obaidi, mientras sus hombres se agachan para desinflar metódicamente unos neumáticos. “¡FUNCIONA!”

Entre los atentados más sangrientos registrados recientemente en Kabul está un ataque contra una manifestación de la minoría chiita que a fines de julio dejó 84 muertos y más de 400 heridos, y otros tres contra una universidad estadunidense y el centro de la ciudad que en 24 horas se cobraron 41 vidas a principios de septiembre.

La mayoría de los ataques fueron reivindicados por los talibanes, mientras que el EI se atribuyó la autoría de los atentados contra chiitas.

Según las estadísticas oficiales, unos 300 autos fueron robados en Kabul entre marzo y julio, una baja sensible respecto al año pasado.

“A veces los ladrones actúan en grupos, otras veces solos”, explica Kabir Ahmad Barmak, jefe de policía de un distrito de la capital.

“Localizan los autos estacionados durante la noche en las calles desiertas, a veces los desmontan en autopartes”, afirma Barmak, lamentando tener que enviar patrullas para ocuparse de este problema.

Al principio, los policías pinchaban directamente los neumáticos, antes de optar por un método menos drástico.

“Cuando vemos a los ladrones que aguardan en la oscuridad y la gente que aparca de forma imprudente en la calle, creemos que la mejor manera de protegerlos es dañando sus neumáticos”, explica otro oficial bajo el anonimato. “¡Y funciona”“, se felicita. “¡ESO ES VANDALISMO!”

Pero incluso así la táctica suscita el enojo de los propietarios de los vehículos, obligados a pagar la reparación de las ruedas.

“¿La policía está para servirnos o perjudicarnos?”, pregunta iracundo Akbar, un cliente de un taller de reparación del “Bush Bazar”, un mercado negro de Kabul que lleva el nombre del expresidente estadounidense George W. Bush.

“Es injusto, uno aparca unos minutos y o le roban el auto o se lo daña la policía”, lamenta. “Eso es vandalismo, no es ningún servicio”.

A su alrededor, muchos aseguran que no les queda más remedio que estacionar en la calle.

“No hay tantos sitios para aparcar aparte de en las calles”, confía Ahmad Shoaib, a quien le robaron el auto el mes pasado.

Su desdicha es para otros motivo de alegría: “La policía nos hace un favor”, asegura sonriendo Abdul Shukoor, empleado en una estación de servicio que repara neumáticos. “Impide que se roben autos y me permite ganar dinero”, agrega, bebiendo a sorbos su té.

Entre la insurgencia talibán, la escalada del crimen y los pocos recursos de que dispone, la policía de Kabul ha optado por un método controvertido pero sencillo para prevenir el robo de autos en la calle: deshinchar las ruedas.

Durante una reciente boda, Najibhullah encontró así su vehículo delante de su casa, junto a otros cuatro autos, todos ellos aparcados en la calle mientras se celebraba la fiesta.

Los habitantes de Kabul, estimados en cinco millones, viven bajo la amenaza constante de atentados de talibanes y de los yihadistas del Estado Islámico, que moviliza por completo a todo el cuerpo de policía.

Por eso, cuando se trata de luchar contra la delincuencia común, los efectivos optan por esta sencilla solución de una lógica implacable: con las ruedas planas, un auto no irá muy lejos.

“La policía pide amablemente a la gente que evite estacionar en la calle, pero si deciden ignorarnos, abrimos la válvula”, resume Faraidoon Obaidi, jefe del departamento de investigaciones criminales de Kabul. “Así protegemos a la población de los ladrones y terroristas”.

“Estacionar su auto en la calle es una invitación a los ladrones... Deberían tener en cuenta la energía que destinamos a perseguir a los terroristas”, asegura Obaidi, mientras sus hombres se agachan para desinflar metódicamente unos neumáticos. “¡FUNCIONA!”

Entre los atentados más sangrientos registrados recientemente en Kabul está un ataque contra una manifestación de la minoría chiita que a fines de julio dejó 84 muertos y más de 400 heridos, y otros tres contra una universidad estadunidense y el centro de la ciudad que en 24 horas se cobraron 41 vidas a principios de septiembre.

La mayoría de los ataques fueron reivindicados por los talibanes, mientras que el EI se atribuyó la autoría de los atentados contra chiitas.

Según las estadísticas oficiales, unos 300 autos fueron robados en Kabul entre marzo y julio, una baja sensible respecto al año pasado.

“A veces los ladrones actúan en grupos, otras veces solos”, explica Kabir Ahmad Barmak, jefe de policía de un distrito de la capital.

“Localizan los autos estacionados durante la noche en las calles desiertas, a veces los desmontan en autopartes”, afirma Barmak, lamentando tener que enviar patrullas para ocuparse de este problema.

Al principio, los policías pinchaban directamente los neumáticos, antes de optar por un método menos drástico.

“Cuando vemos a los ladrones que aguardan en la oscuridad y la gente que aparca de forma imprudente en la calle, creemos que la mejor manera de protegerlos es dañando sus neumáticos”, explica otro oficial bajo el anonimato. “¡Y funciona”“, se felicita. “¡ESO ES VANDALISMO!”

Pero incluso así la táctica suscita el enojo de los propietarios de los vehículos, obligados a pagar la reparación de las ruedas.

“¿La policía está para servirnos o perjudicarnos?”, pregunta iracundo Akbar, un cliente de un taller de reparación del “Bush Bazar”, un mercado negro de Kabul que lleva el nombre del expresidente estadounidense George W. Bush.

“Es injusto, uno aparca unos minutos y o le roban el auto o se lo daña la policía”, lamenta. “Eso es vandalismo, no es ningún servicio”.

A su alrededor, muchos aseguran que no les queda más remedio que estacionar en la calle.

“No hay tantos sitios para aparcar aparte de en las calles”, confía Ahmad Shoaib, a quien le robaron el auto el mes pasado.

Su desdicha es para otros motivo de alegría: “La policía nos hace un favor”, asegura sonriendo Abdul Shukoor, empleado en una estación de servicio que repara neumáticos. “Impide que se roben autos y me permite ganar dinero”, agrega, bebiendo a sorbos su té.