/ lunes 30 de septiembre de 2019

Convertirse en emoji, la nueva moda en redes sociales

Con más de 100 millones de descargas, la aplicación Bitmoji se ha convertido en una nueva forma de comunicación por mensajería

Los emojis son ya un lenguaje universal pues, según la Emojipedia, los utilizan 95 por ciento de internautas, y Brandwatch, compañía de monitoreo de redes sociales, apuesta porque será la primera forma de comunicación que supere la barrera idiomática, sustituyendo a las palabras.

Pero, ¿y si se pudiera ir más allá, por ejemplo, personalizando los "emojis" para que se parezcan a nosotros mismos? Pues, de hecho, se puede. Los avatares personalizables son una realidad y la aplicación Bitmoji permite que ese “yo” digital adquiera las expresiones de los emojis más populares.

Para hablar del nacimiento de Bitmoji hay que remontarse un poco más atrás en el tiempo, al año 2008 en Canadá, cuando el artista del cómic, Jacob Blackstock, junto a su compañero de instituto, el periodista Jesse Brown presentaron por primera vez Bitstrips.

La idea original era que los usuarios pudieran crear su propia historieta tipo cómic sin necesidad de tener habilidades artísticas para ello. Una propuesta que, en 2009, adquirió un cariz educativo en las escuelas de Ontario (Canadá), pero que los jóvenes utilizaban más allá de las clases.

Así, en 2012 Bitstrips pasó a formar parte de Facebook, con una gran acogida y, en 2013, lanzaron su propia app, con igualmente una buena recepción y numerosísimas descargas.

Un año después, por fin, llegó Bitmoji, la aplicación que permite a los usuarios tener stickers y emojis protagonizados por su propio avatar al estilo cómic de los de Bitstrips, personalizable.

“Yo recuerdo haber usado BitStrips en Facebook. E incluso nos ofrecía la posibilidad de crear viñetas con los avatares de gente que estuviera en nuestra lista de amigos”, explica Sonia, una joven aficionada al uso de Bitmojis, que añade que “ya entonces sorprendía la personalización, pero ahora ha ido mucho más lejos”.

En 2016, Snapchat, la aplicación de mensajería para teléfonos inteligentes con soporte multimedia de vídeo, fotos y filtros de realidad aumentada, adquirió Bitmoji, que ahora está integrada en esa red, por 100 millones de dólares. Y Bitmoji se convirtió en una de las app más descargadas de la Apple Store en 2017.

NUESTRO “YO” EN LA RED

Ahora, cuenta con 100 millones de descargas según datos oficiales, facilitados por la Universidad Abierta de Cataluña (UOC) y, una vez más, las generaciones digitales son clave: según UOC, es especialmente popular entre los menores de 34 años.

¿La clave de dicho éxito? El sociólogo Francesc Núñez, profesor de Estudios de Humanidades de la UOC afirma que “la posibilidad de ‘materializarse’ en la red o de encarnarse de alguna forma en el mundo digital, satisface a mucha gente”.

Y es que con Bitmoji, según Gemma San Cornelio, profesora de Ciencias de la Información y la Comunicación en la UOC, “el usuario puede acercarse a una imagen gráfica de sí mismo”.

Núñez, por su parte, explica que “son avatares generados con una tecnología que reproduce nuestra imagen y que hace que nos reconozcamos de manera suficiente en ellos, pero en una versión digital de uno mismo”.

Los emojis son ya un lenguaje universal pues, según la Emojipedia, los utilizan 95 por ciento de internautas, y Brandwatch, compañía de monitoreo de redes sociales, apuesta porque será la primera forma de comunicación que supere la barrera idiomática, sustituyendo a las palabras.

Pero, ¿y si se pudiera ir más allá, por ejemplo, personalizando los "emojis" para que se parezcan a nosotros mismos? Pues, de hecho, se puede. Los avatares personalizables son una realidad y la aplicación Bitmoji permite que ese “yo” digital adquiera las expresiones de los emojis más populares.

Para hablar del nacimiento de Bitmoji hay que remontarse un poco más atrás en el tiempo, al año 2008 en Canadá, cuando el artista del cómic, Jacob Blackstock, junto a su compañero de instituto, el periodista Jesse Brown presentaron por primera vez Bitstrips.

La idea original era que los usuarios pudieran crear su propia historieta tipo cómic sin necesidad de tener habilidades artísticas para ello. Una propuesta que, en 2009, adquirió un cariz educativo en las escuelas de Ontario (Canadá), pero que los jóvenes utilizaban más allá de las clases.

Así, en 2012 Bitstrips pasó a formar parte de Facebook, con una gran acogida y, en 2013, lanzaron su propia app, con igualmente una buena recepción y numerosísimas descargas.

Un año después, por fin, llegó Bitmoji, la aplicación que permite a los usuarios tener stickers y emojis protagonizados por su propio avatar al estilo cómic de los de Bitstrips, personalizable.

“Yo recuerdo haber usado BitStrips en Facebook. E incluso nos ofrecía la posibilidad de crear viñetas con los avatares de gente que estuviera en nuestra lista de amigos”, explica Sonia, una joven aficionada al uso de Bitmojis, que añade que “ya entonces sorprendía la personalización, pero ahora ha ido mucho más lejos”.

En 2016, Snapchat, la aplicación de mensajería para teléfonos inteligentes con soporte multimedia de vídeo, fotos y filtros de realidad aumentada, adquirió Bitmoji, que ahora está integrada en esa red, por 100 millones de dólares. Y Bitmoji se convirtió en una de las app más descargadas de la Apple Store en 2017.

NUESTRO “YO” EN LA RED

Ahora, cuenta con 100 millones de descargas según datos oficiales, facilitados por la Universidad Abierta de Cataluña (UOC) y, una vez más, las generaciones digitales son clave: según UOC, es especialmente popular entre los menores de 34 años.

¿La clave de dicho éxito? El sociólogo Francesc Núñez, profesor de Estudios de Humanidades de la UOC afirma que “la posibilidad de ‘materializarse’ en la red o de encarnarse de alguna forma en el mundo digital, satisface a mucha gente”.

Y es que con Bitmoji, según Gemma San Cornelio, profesora de Ciencias de la Información y la Comunicación en la UOC, “el usuario puede acercarse a una imagen gráfica de sí mismo”.

Núñez, por su parte, explica que “son avatares generados con una tecnología que reproduce nuestra imagen y que hace que nos reconozcamos de manera suficiente en ellos, pero en una versión digital de uno mismo”.

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