/ miércoles 1 de febrero de 2023

Buscan enterrar CO2 para mitigar cambio climático

De acuerdo con los estudios de un grupo de especialistas españoles, este permanecería en las profundidades del subsuelo durante millones de años

Almacenar dióxido de carbono (CO2) bajo la tierra podría ser una solución para mitigar el cambio climático, según un estudio elaborado por investigadores de España, quienes han desarrollado una nueva tecnología para calcular los efectos de inyectar miles de millones de toneladas de este compuesto bajo tierra durante millones de años.

El estudio, que fue liderado por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) y el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA CSIC-UIB), ambos de España, demuestra que existe un bajo riesgo de escape de CO2 en la superficie, lo que garantiza que se trata de una tecnología segura para conseguir la neutralidad del carbono, aseguraron los investigadores.

Entérate: Industria fósil gasta millones en desinformar

De acuerdo con las simulaciones, el CO2 permanecería en las profundidades del subsuelo durante millones de años, incluso si las rocas suprayacentes de baja permeabilidad se fracturaran.

Los resultados del estudio, que publica la revista Geophysical Research Letter, indican que este almacenamiento geológico podría empezar a utilizarse de forma segura para mitigar el cambio climático, según los investigadores del CSIC, que han contado con la colaboración del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley y la Universidad de Illinois.

"El objetivo del almacenamiento del CO2 es tomar este gas de efecto invernadero de industrias con dificultades para reducir emisiones e inyectarlo a gran profundidad bajo tierra. Para que el gas permanezca en la profundidad debe inyectarse en rocas con alta permeabilidad y porosidad, como el gres", dijo Iman Rahimzadeh Kivi, investigador del IDAEA-CSIC, quien encabeza el estudio.

"Sin embargo -añadió-, existe un riesgo de escape del gas, dado que el CO2 es menos denso que el agua salina que llena los poros a gran profundidad, por lo que puede salir hacia arriba y volver a filtrarse hacia la superficie".

Para calcular el riesgo de escape del CO2, los investigadores predijeron el flujo de gas en la superficie después de su inyección a mil 550 metros de profundidad, la habitual para almacenar el gas bajo tierra, utilizando modelos numéricos de transporte en dos escenarios diferentes.

"Nuestras predicciones demuestran que, en el mejor escenario, cuando las propiedades de la roca subterránea permanezcan intactas, el CO2 sólo subiría 200 metros después de un millón de años. En el peor escenario, cuando las rocas presentan un gran número de fracturas, el CO2 subiría 300 metros", detalló el investigador del IMEDEA (CSIC-UIB) Víctor Vilarrasa.

"Esto quiere decir que incluso en el peor escenario posible, el CO2 se mantendría indefinidamente a mil 250 metros de profundidad durante millones de años", destacó Rahimzadeh.


Los autores del estudio subrayaron que este estudio es relevante para aumentar la confianza en la seguridad del almacenamiento de CO2 bajo tierra, para conseguir la neutralidad de carbono y mitigar los efectos de la emergencia climática.


"Los escenarios propuestos por el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático para obtener las cero emisiones, e incluso la eliminación neta del carbono de la atmósfera, requieren el almacenamiento geológico de CO2, y este estudio demuestra que su almacenamiento se puede conseguir de forma segura", dijo Vilarrasa.

Calentamiento alcanzará los 1.5 grados en una década

Para Carlo Buontempo, el director del Servicio de Cambio Climático (C3S) de Copernicus, todo apunta a que en 2023 se mantendrán las altas temperaturas tras un 2022 de máximas extremas.

El grupo de expertos climáticos de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés) pide limitar el calentamiento global a 1.5°C a lo largo del siglo respecto los niveles preindustriales para evitar consecuencias irreparables del cambio climático, como, por ejemplo, la desaparición de islas o zonas costeras bajo el mar.

Este límite llegó después del Acuerdo de París de 2015, cuyos firmantes se comprometieron a actuar para mantener el aumento de la temperatura de la superficie de la Tierra muy por debajo de 2°C y esforzarse para limitarlo a 1,5°C (temperatura media en 30 años).

En 2022 la media se situó 0,3°C por encima de la del periodo 1991-2020 y superó en 1,2° a la de 1850-1900 (preindustrial).

Así, por octavo año consecutivo, se superó en 1°C la media preindustrial, según datos del C3S, que revelan que fue el segundo año más cálido en Europa y el quinto a nivel global desde que existen registros.

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Además, se vivió el verano más caluroso de la historia en Europa y el tercero a escala mundial, subraya Buontempo, que apunta que básicamente todo el oeste europeo sufrió temperaturas extremas y que los datos confirman que, en los últimos 30 años, el Viejo Continente se está calentando a mayor velocidad que otras partes del planeta.

"Esto no era así en los 30 años anteriores -1960 a 1990-", dice el experto, que atribuye el cambio a un cúmulo de factores: la falta de precipitaciones combinada con una mayor evaporación del agua por las altas temperaturas, el deshielo polar o la desaparición de glaciares y nieve en las grandes cadenas montañosas.




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Almacenar dióxido de carbono (CO2) bajo la tierra podría ser una solución para mitigar el cambio climático, según un estudio elaborado por investigadores de España, quienes han desarrollado una nueva tecnología para calcular los efectos de inyectar miles de millones de toneladas de este compuesto bajo tierra durante millones de años.

El estudio, que fue liderado por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA) y el Instituto Mediterráneo de Estudios Avanzados (IMEDEA CSIC-UIB), ambos de España, demuestra que existe un bajo riesgo de escape de CO2 en la superficie, lo que garantiza que se trata de una tecnología segura para conseguir la neutralidad del carbono, aseguraron los investigadores.

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De acuerdo con las simulaciones, el CO2 permanecería en las profundidades del subsuelo durante millones de años, incluso si las rocas suprayacentes de baja permeabilidad se fracturaran.

Los resultados del estudio, que publica la revista Geophysical Research Letter, indican que este almacenamiento geológico podría empezar a utilizarse de forma segura para mitigar el cambio climático, según los investigadores del CSIC, que han contado con la colaboración del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley y la Universidad de Illinois.

"El objetivo del almacenamiento del CO2 es tomar este gas de efecto invernadero de industrias con dificultades para reducir emisiones e inyectarlo a gran profundidad bajo tierra. Para que el gas permanezca en la profundidad debe inyectarse en rocas con alta permeabilidad y porosidad, como el gres", dijo Iman Rahimzadeh Kivi, investigador del IDAEA-CSIC, quien encabeza el estudio.

"Sin embargo -añadió-, existe un riesgo de escape del gas, dado que el CO2 es menos denso que el agua salina que llena los poros a gran profundidad, por lo que puede salir hacia arriba y volver a filtrarse hacia la superficie".

Para calcular el riesgo de escape del CO2, los investigadores predijeron el flujo de gas en la superficie después de su inyección a mil 550 metros de profundidad, la habitual para almacenar el gas bajo tierra, utilizando modelos numéricos de transporte en dos escenarios diferentes.

"Nuestras predicciones demuestran que, en el mejor escenario, cuando las propiedades de la roca subterránea permanezcan intactas, el CO2 sólo subiría 200 metros después de un millón de años. En el peor escenario, cuando las rocas presentan un gran número de fracturas, el CO2 subiría 300 metros", detalló el investigador del IMEDEA (CSIC-UIB) Víctor Vilarrasa.

"Esto quiere decir que incluso en el peor escenario posible, el CO2 se mantendría indefinidamente a mil 250 metros de profundidad durante millones de años", destacó Rahimzadeh.


Los autores del estudio subrayaron que este estudio es relevante para aumentar la confianza en la seguridad del almacenamiento de CO2 bajo tierra, para conseguir la neutralidad de carbono y mitigar los efectos de la emergencia climática.


"Los escenarios propuestos por el Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático para obtener las cero emisiones, e incluso la eliminación neta del carbono de la atmósfera, requieren el almacenamiento geológico de CO2, y este estudio demuestra que su almacenamiento se puede conseguir de forma segura", dijo Vilarrasa.

Calentamiento alcanzará los 1.5 grados en una década

Para Carlo Buontempo, el director del Servicio de Cambio Climático (C3S) de Copernicus, todo apunta a que en 2023 se mantendrán las altas temperaturas tras un 2022 de máximas extremas.

El grupo de expertos climáticos de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés) pide limitar el calentamiento global a 1.5°C a lo largo del siglo respecto los niveles preindustriales para evitar consecuencias irreparables del cambio climático, como, por ejemplo, la desaparición de islas o zonas costeras bajo el mar.

Este límite llegó después del Acuerdo de París de 2015, cuyos firmantes se comprometieron a actuar para mantener el aumento de la temperatura de la superficie de la Tierra muy por debajo de 2°C y esforzarse para limitarlo a 1,5°C (temperatura media en 30 años).

En 2022 la media se situó 0,3°C por encima de la del periodo 1991-2020 y superó en 1,2° a la de 1850-1900 (preindustrial).

Así, por octavo año consecutivo, se superó en 1°C la media preindustrial, según datos del C3S, que revelan que fue el segundo año más cálido en Europa y el quinto a nivel global desde que existen registros.

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Además, se vivió el verano más caluroso de la historia en Europa y el tercero a escala mundial, subraya Buontempo, que apunta que básicamente todo el oeste europeo sufrió temperaturas extremas y que los datos confirman que, en los últimos 30 años, el Viejo Continente se está calentando a mayor velocidad que otras partes del planeta.

"Esto no era así en los 30 años anteriores -1960 a 1990-", dice el experto, que atribuye el cambio a un cúmulo de factores: la falta de precipitaciones combinada con una mayor evaporación del agua por las altas temperaturas, el deshielo polar o la desaparición de glaciares y nieve en las grandes cadenas montañosas.




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