/ miércoles 1 de diciembre de 2021

La moda es vestir con etiqueta libre de carbono

Las grandes marcas ponen en marcha diferentes acciones e iniciativas para vender y venderse se como sustentables

La discusión del daño ambiental que las cadenas de producción provocan en el mundo llegó a la moda, y no sólo se puede apreciar en ropa, accesorios o cualquier objeto de uso personal que llevan etiquetas con la frase “sustentable” o “responsable con el medio ambiente”, sino porque hay iniciativas mundiales para combatir la huella de carbón que deja la fabricación de esos productos y las grandes firmas de diseño se están uniendo.

Se estima que esta industria es responsable de casi 10 por ciento de la contaminación global y la palabra sustentabilidad se adopta con mayor rapidez y en mayores ámbitos a lo largo del mundo; la industria de la moda y el vestido no son excepción.

Algunas de las marcas más conocidas como Adidas, Versace, Burberry, Chanel, H&M, Gap, Gucci, Yves Saint Laurent, Nike y Prada, entre otras compañías han suscrito acuerdos de responsabilidad ambiental para conseguir cero emisiones en 2050.

En entrevista, Jeaneth Haber, responsable del área de marketing de Robert’s, empresa de moda enfocada en varones, señaló que la moda sustentable no es algo nuevo en México, pero que está tomando relevancia en las marcas establecidas en México.

Dijo que las empresas de moda en México, como es Robert’s, buscan llevar el tema de sustentabilidad a todos sus procesos, desde la elaboración de su materia prima, donde buscan fibras naturales, telas con procesos ecológicos y hechos por proveedores certificados en la materia, así como que cuenten con poca o nula huella de carbono en sus proceso de manufactura.

Las tendencias globales y el calentamiento global han obligado a las grandes compañías y también a las más pequeñas a reducir los efectos contaminantes en sus procesos de producción masiva, o lo que se conoce como fast fashion, así como a mejorar las condiciones en cómo desechan y manejan sus residuos.

Tan solo en 2021 se prevé que los ingresos en el segmento de la moda alcancen los 898 mil 670 millones de dólares, de acuerdo con datos de Statista, que también apunta en su último informe, que el promedio de gasto que realiza un consumidor de moda es de 215.73 dólares al año; es decir, más de cuatro mil 300 pesos por persona.

Foto: Daniel Galeana

Algunas de las compañías están optando por producir energía eléctrica con fuentes renovables como el sol o el viento para reducir sus costos, y sus emisiones contaminantes por plantas impulsadas con fuentes fósiles. También buscan mejorar el manejo de sus residuos y, además, que las cadenas de suministro se comprometan a reducir su huella de carbono, por ejemplo en el transporte de las mercancías.

Otras más, también están innovando en el reciclaje e incentivan a sus consumidores a llevarles la ropa que ya no utilizan o que esté en mal estado para poder reciclarla y utilizarla en sus nuevas producciones.

Unas donan la ropa en buen estado y la que no la envían a otras industrias como insumos como puede ser el sector automotriz, donde utilizan esta ropa, ya procesada, para rellenar cojines, asientos y otros componentes textiles de un vehículo.

Una de las empresas que fomenta esta cultura es la sueca H&M, que tan sólo en 2019 recolectó 29 toneladas de ropa y tejidos desechados a través de su programa de recolección en la que por cada cinco prendas otorga un descuento a sus consumidores de 15 por ciento válido en todas sus sucursales físicas.

La cantidad recogida por la empresa estadounidense es equivalente a la producción de 145 millones de camisetas que se evitó llegaran a procesos contaminantes.

Según datos recabados por la organización ambiental más grande del mundo, Greenpeace, la producción de ropa no solo afecta en tierra sino también en mares, ya que contribuye con aproximadamente 500 mil toneladas de microplásticos en los océanos año tras año que se utilizan en ropa deportiva o en los elásticos de algunas prendas donde se utilizan materiales como el nailon y spandex.

Además, se estima que 73 por ciento de la ropa producida anualmente termina incinerada o en basureros, lo que contribuye a la contaminación terrestre y atmosférica con más emisiones contaminantes.

Parte de esta nueva tendencia también tiene que ver con el cuidado de los animales y evitar el maltrato a éstos, por lo que también las empresas están migrando al uso de pieles como Armani, Oscar de la Renta, Hugo Boss y Balenciaga, entre otras más.

Foto: Daniel Galeana

Los datos de Fur Free Retailer, una de las organizaciones que ha promovido el desuso de pieles naturales apunta que cada año cinco millones de animales son atrapados en condiciones crueles, mientras que identifica a los zorros, mapaches y los perros entre las principales especies que son atrapadas para aprovechar sus pieles.

El directivo de Robert’s en México detalló que en su caso también reciclan ropa y tienen buzones para incentivar su reuso y reciclaje. Dijo al El Sol de México que la ropa que está en buenas condiciones es donada a comunidades marginadas del país para que tengan una segunda vida, mientras que “las no están en condiciones de reutilizarse se pasan a un área donde se le quitan botones, cierres y se van a lugares como aislantes acústicos de las construcciones o a plantas automotrices para todo lo que es interno en tapicería de coches”.

Por su parte, existe una corriente de la moda, conocida como slow fashion, que al contrario de la fast fashion, no busca fabricar la mayor cantidad de temporadas y colecciones, reduciendo costos y calidad en los productos finales, sino que busca que las prendas se sostengan con mayor duración en el tiempo.

En 2019, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) señaló en su edición decembrina de la Revista del Consumidor que “la durabilidad de la ropa ha pasado de varios años a unos cuantos meses”.

“La gran mayoría de las generaciones nacidas antes del cambio de siglo recuerdan cómo la ropa era heredada entre las familias, siendo más común entre los hermanos menores que recibieron la ropa que ya no les quedaba a los más grandes, así que la ropa tenía más vida útil que el tiempo que era usada por la misma persona”, se lee en su artículo.

En ese entonces expuso que marcas de ropa como Bershka, C&A, Forever 21, Pull&Bear, Shasa, United Colors of Benetton y Zara, y otras más que utilizan este modelo de producción acelerada que trasciende los tradicionales esquemas de las temporadas divididas en primavera-verano y otoño-invierno, a esquemas de máximo seis semanas de duración, cambiando sus estantes hasta ocho veces por año.

La Profeco también señala que la producción rápida de la moda tampoco deja de lado el uso de fibras sintéticas como el poliéster, nylon, rayón y acrílico que derivan del petróleo y que son los mismos polímeros con los que se hacen los envases desechables.

Foto: Daniel Galeana

Una de las tendencias que impulsa esta responsabilidad con el medio ambiente y que busca dejar fuera la fast fashion es la reutilización de las prendas que ya no se utilizan o que se utilizaron una sola vez y ocupan un lugar en el armario de una persona.

En el mejor de los caso, menciona la Profeco, después de “cientos de años para la biodegradación de aquella blusa, camisa o pantalón que en su momento, durante las tres veces que la usamos en todo su esplendor, nos dio esa satisfacción efímera de estar a la moda”.

Otra de las tendencias es la moda de segunda mano, justo para aprovechar el uso de esa prenda que sólo se utilizó una vez y que desde entonces ocupa un lugar en el armario y puede ser de utilidad para alguien más.

Jesús Monleon, cofundador de GoTrendier, una aplicación que promueve la moda de segunda mano y dentro de su plataforma permite transacciones entre mujeres que buscan vender y comprar una prenda de segunda mano en buenas condiciones para su reuso.

“El calcula que por cada prenda de moda usada que se vende, se ahorra un 80 por ciento de huella de carbono”, expresó.

Para dimensionar el mercado de la moda de segunda mano en México, GoTrendier detalló a El Sol de México que actualmente, dentro de su plataforma, tiene registradas a seis millones de mujeres, más de 15 millones de prendas de segunda mano publicadas y más de dos millones de prendas vendidas.

Además, este mercado digital de segundo uso logró facturar 40 mil millones de dólares en México y Colombia durante 2021, donde opera este market virtual.

Tan sólo en 2019, antes del cierre de mercados y el crecimiento de las ventas en línea o sin contacto por la pandemia Covid-19 , GoTrendier obtuvo siete millones de dólares de inyección de capital, lo cual se triplicó para para 2020, cuando facturaron 21 millones de dólares. Y este monto se duplicó en 2021.



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Se estima que esta industria es responsable de casi 10 por ciento de la contaminación global y la palabra sustentabilidad se adopta con mayor rapidez y en mayores ámbitos a lo largo del mundo; la industria de la moda y el vestido no son excepción.

Algunas de las marcas más conocidas como Adidas, Versace, Burberry, Chanel, H&M, Gap, Gucci, Yves Saint Laurent, Nike y Prada, entre otras compañías han suscrito acuerdos de responsabilidad ambiental para conseguir cero emisiones en 2050.

En entrevista, Jeaneth Haber, responsable del área de marketing de Robert’s, empresa de moda enfocada en varones, señaló que la moda sustentable no es algo nuevo en México, pero que está tomando relevancia en las marcas establecidas en México.

Dijo que las empresas de moda en México, como es Robert’s, buscan llevar el tema de sustentabilidad a todos sus procesos, desde la elaboración de su materia prima, donde buscan fibras naturales, telas con procesos ecológicos y hechos por proveedores certificados en la materia, así como que cuenten con poca o nula huella de carbono en sus proceso de manufactura.

Las tendencias globales y el calentamiento global han obligado a las grandes compañías y también a las más pequeñas a reducir los efectos contaminantes en sus procesos de producción masiva, o lo que se conoce como fast fashion, así como a mejorar las condiciones en cómo desechan y manejan sus residuos.

Tan solo en 2021 se prevé que los ingresos en el segmento de la moda alcancen los 898 mil 670 millones de dólares, de acuerdo con datos de Statista, que también apunta en su último informe, que el promedio de gasto que realiza un consumidor de moda es de 215.73 dólares al año; es decir, más de cuatro mil 300 pesos por persona.

Foto: Daniel Galeana

Algunas de las compañías están optando por producir energía eléctrica con fuentes renovables como el sol o el viento para reducir sus costos, y sus emisiones contaminantes por plantas impulsadas con fuentes fósiles. También buscan mejorar el manejo de sus residuos y, además, que las cadenas de suministro se comprometan a reducir su huella de carbono, por ejemplo en el transporte de las mercancías.

Otras más, también están innovando en el reciclaje e incentivan a sus consumidores a llevarles la ropa que ya no utilizan o que esté en mal estado para poder reciclarla y utilizarla en sus nuevas producciones.

Unas donan la ropa en buen estado y la que no la envían a otras industrias como insumos como puede ser el sector automotriz, donde utilizan esta ropa, ya procesada, para rellenar cojines, asientos y otros componentes textiles de un vehículo.

Una de las empresas que fomenta esta cultura es la sueca H&M, que tan sólo en 2019 recolectó 29 toneladas de ropa y tejidos desechados a través de su programa de recolección en la que por cada cinco prendas otorga un descuento a sus consumidores de 15 por ciento válido en todas sus sucursales físicas.

La cantidad recogida por la empresa estadounidense es equivalente a la producción de 145 millones de camisetas que se evitó llegaran a procesos contaminantes.

Según datos recabados por la organización ambiental más grande del mundo, Greenpeace, la producción de ropa no solo afecta en tierra sino también en mares, ya que contribuye con aproximadamente 500 mil toneladas de microplásticos en los océanos año tras año que se utilizan en ropa deportiva o en los elásticos de algunas prendas donde se utilizan materiales como el nailon y spandex.

Además, se estima que 73 por ciento de la ropa producida anualmente termina incinerada o en basureros, lo que contribuye a la contaminación terrestre y atmosférica con más emisiones contaminantes.

Parte de esta nueva tendencia también tiene que ver con el cuidado de los animales y evitar el maltrato a éstos, por lo que también las empresas están migrando al uso de pieles como Armani, Oscar de la Renta, Hugo Boss y Balenciaga, entre otras más.

Foto: Daniel Galeana

Los datos de Fur Free Retailer, una de las organizaciones que ha promovido el desuso de pieles naturales apunta que cada año cinco millones de animales son atrapados en condiciones crueles, mientras que identifica a los zorros, mapaches y los perros entre las principales especies que son atrapadas para aprovechar sus pieles.

El directivo de Robert’s en México detalló que en su caso también reciclan ropa y tienen buzones para incentivar su reuso y reciclaje. Dijo al El Sol de México que la ropa que está en buenas condiciones es donada a comunidades marginadas del país para que tengan una segunda vida, mientras que “las no están en condiciones de reutilizarse se pasan a un área donde se le quitan botones, cierres y se van a lugares como aislantes acústicos de las construcciones o a plantas automotrices para todo lo que es interno en tapicería de coches”.

Por su parte, existe una corriente de la moda, conocida como slow fashion, que al contrario de la fast fashion, no busca fabricar la mayor cantidad de temporadas y colecciones, reduciendo costos y calidad en los productos finales, sino que busca que las prendas se sostengan con mayor duración en el tiempo.

En 2019, la Procuraduría Federal del Consumidor (Profeco) señaló en su edición decembrina de la Revista del Consumidor que “la durabilidad de la ropa ha pasado de varios años a unos cuantos meses”.

“La gran mayoría de las generaciones nacidas antes del cambio de siglo recuerdan cómo la ropa era heredada entre las familias, siendo más común entre los hermanos menores que recibieron la ropa que ya no les quedaba a los más grandes, así que la ropa tenía más vida útil que el tiempo que era usada por la misma persona”, se lee en su artículo.

En ese entonces expuso que marcas de ropa como Bershka, C&A, Forever 21, Pull&Bear, Shasa, United Colors of Benetton y Zara, y otras más que utilizan este modelo de producción acelerada que trasciende los tradicionales esquemas de las temporadas divididas en primavera-verano y otoño-invierno, a esquemas de máximo seis semanas de duración, cambiando sus estantes hasta ocho veces por año.

La Profeco también señala que la producción rápida de la moda tampoco deja de lado el uso de fibras sintéticas como el poliéster, nylon, rayón y acrílico que derivan del petróleo y que son los mismos polímeros con los que se hacen los envases desechables.

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