/ miércoles 19 de mayo de 2021

Natural | Ecosistemas marinos: De aliados a enemigos

Especialistas advierten que la devastación de manglares, pastos marinos y marismas es un error mortal que se revertirá en contra de los humanos

La devastación de ecosistemas marinos como manglares, pastos marinos y marismas representan hoy en día un problema serio para el planeta. Si su destrucción continúa y no se realizan acciones de preservación, estos dejarán de ser uno de los grandes aliados del medio ambiente para convertirse en su enemigo, pues debido a que en su interior almacenan grandes cantidades de carbono, su destrucción provocaría emisiones de gases de efecto invernadero que acelerarían el calentamiento global.

Se trata de una advertencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), emitida a través de la Investigación integrada sobre el carbono oceánico, la cual busca generar conciencia para incentivar la conservación de dichos espacios.

Cuando escuchamos hablar de los grandes pulmones del planeta vienen a nuestra mente los bosques y selvas, ecosistemas terrestres constituidos por una gran variedad de vegetación que ayudan a mitigar el calentamiento global a través de la captación del carbono. Pero poco se habla de la importancia de los ecosistemas de carbono azul, aquellos que cumplen con la misma función, pero que se encuentran en las costas y que secuestran hasta cuatro veces más carbono que los ecosistemas terrestres.

“Voy a ir un poco más atrás para hablar del color del carbono”, dijo el doctor en Ciencias Jorge Alfredo Herrera Silveira, de la Universidad de Barcelona, España, en entrevista con El Sol de México.

“El primer carbono del que derivan todos es el carbono negro, es el carbono que se emite por las actividades antrópicas que emiten los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, que es producto de la combustión de los autos o de las actividades humanas. Este carbono negro está provocando lo que se conoce como efecto invernadero y con ello el cambio climático”, explicó.

“Luego está el carbono verde, que precisamente cuando se identificó que estos gases de efecto invernadero traían problemas, las plantas, a través de este proceso de fotosíntesis, tomaban este dióxido de carbono para producir carbohidratos. Producen sus hojas, tallos, troncos, sus flores, raíces, etcétera, entonces se podía eliminar parte de este carbono que estaba en la atmósfera. Y entonces cuando se llevó a cabo lo que se le llamó la revolución verde, que es proteger a los bosques; sin embargo, no hace mucho, estoy hablando de alrededor de 10 años, se identificó que los ecosistemas como manglares, pastos marinos y marismas, todos ellos ecosistemas costeros, acumulan más carbono que los ecosistemas terrestres, entonces por esta razón, a los ecosistemas en el mar se les denominó de carbono azul”, continuó el biólogo.

De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), los ecosistemas costeros brindan importantes servicios ambientales, entre los que se incluyen la protección de costas, la purificación del agua, el sustento de pesquerías, la conservación de la biodiversidad y el secuestro de carbono.

En 1 año los ecosistemas marinos secuestran una cantidad de carbono equivalente a casi la mitad de las emisiones generadas por el transporte a nivel mundial / Foto: Cuartoscuro

No obstante, la dependencia ha advertido que a pesar de los múltiples beneficios de estos reservorios, sus tasas de degradación y pérdida siguen en aumento, lo que ocasiona impactos graves, pues no sólo disminuye su capacidad para captar carbono, “sino que se producen emisiones a la atmósfera del carbono ya almacenado”.

“En las décadas de los setentas, ochentas y noventas hubo una gran pérdida de manglares, de ecosistemas de carbono azul, uno de los problemas es que no hay buenos mapas, no sabemos exactamente cuántos de estos ecosistemas hay”, expuso el doctor Herrera Silveira.

Según indicó el investigador, México tendría poco más de un millón de hectáreas de manglares: “alrededor de un millón 300 hectáreas, por lo que se sabe que México ha perdido 10, 15 o 20 por ciento de sus manglares”, indicó.

Sumado a esto, con la devastación también se incrementa la acidificación de las aguas de los litorales que afecta directamente a la biodiversidad y a la población humana.

Una de las cualidades de los ecosistemas de carbono azul es su gran capacidad de contener el carbono. Y aunque estos cubren el 0.5 por ciento de la superficie marina mundial, captan carbono a una tasa anual de dos a cuatro veces mayor que la de los bosques tropicales maduros, y almacenan entre tres y cinco veces más carbono por área.

Asimismo, la Semarnat asegura que representan más del 50 por ciento del total de carbono contenido en sedimentos oceánicos, y se calcula que en un año secuestran una cantidad de carbono equivalente a casi la mitad de las emisiones generadas por el transporte a nivel mundial.

“Los ecosistemas de carbono azul ocupan una superficie terrestre relativamente pequeña, pero almacenan más del 10 por ciento del carbono que hay en la tierra, por lo tanto tienen una importante contribución a mitigar el cambio climático gracias a que capturan el CO2 y lo llevan a su estructura como troncos, raíces, etcétera, pero más importante es que la mayor parte del carbono en estos ecosistemas está en el suelo y ahí se puede mantener por miles de años”, indicó el doctor en Ciencias.

En su investigación, la Unesco ha señalado que, sin estos reservorios marinos, junto con los terrestres, los niveles de CO2 en la atmósfera serían un 50% más altos que los registrados en 2019, los cuales se encontraban “muy por encima del límite para contener el calentamiento global a dos grados centígrados”.

¿Por qué retienen más carbono?

El doctor Jorge Herra dijo que la explicación está en el agua y el proceso de descomposición de la materia:

“La descomposición de la materia orgánica tiene que suceder tarde o temprano en un proceso que se le conoce como oxidación. El proceso de oxidación de la materia orgánica es muy lento cuando hay agua, pues esta crea condiciones que se le conocen como anaeróbicas, es decir, con poco o nulo oxígeno libre, lo cual hace que la materia se acumule en vez de descomponerse y otra vez regresar a la atmósfera como dióxido de carbono”, aseveró el investigador.

“Es como una hoja que cae en el agua. Esta hoja se comienza a descomponer, pero como su descomposición es muy lenta, antes de que se haya descompuesto completamente le cae otra hoja encima, entonces esta hoja que queda abajo se descompone más lentamente porque hay una hoja arriba que la cubre y que también se está comenzando descomponer y así sucesivamente”, explicó.

Herra indicó que esto provoca que se formen capas en el suelo, por lo que este va a ir en aumento, acción que hace frente al otro impacto del calentamiento global: el incremento del nivel medio del mar.

Son ecosistemas altamente sensibles y vulnerables / Foto: El Sol de Tampico

Otros beneficios de los ecosistemas de carbono azul

Además de la captación del carbono, los ecosistemas de carbono azul traen múltiples beneficios al medio ambiente, uno de ellos es preservar la biodiversidad en dichos espacios, explica la Semarnat.

Por ejemplo, los marismas proveen alimento y fungen como hábitat de poblaciones de peces y aves, son sumideros de contaminantes y actúan como barreras naturales que protegen de las tormentas a tierras continentales.

Los pastos marinos, por su parte, filtran las aguas y aumentan su claridad, son hábitat temporal y permanente de especies como camarones y estrellas de mar y constituyen la base de redes alimentarias de otros entornos costeros que, a su vez, sustentan gran cantidad y diversidad de especies. Además, evitan la erosión de playas, manteniendo los sedimentos entre su sistema de raíces.

Finalmente, los manglares desempeñan un papel importante en la atenuación del oleaje, funcionan como zonas de amortiguamiento frente a tormentas y son sitios de reproducción, anidación y crecimiento para peces, crustáceos, moluscos, aves y especies de importancia económica.

“Los ecosistemas costeros son muy importantes dentro de la vida humana, pues ofrecen una gran cantidad de beneficios a la sociedad, entre los que podemos mencionar las pesquerías, muchos de los organismos que hoy en día consumimos permanecen en una etapa de su vida en estos ecosistemas; son el criadero de muchas de las pesquerías. Son como las guarderías donde crecen y se protegen los organismos que están en etapa juvenil”, secundó el investigador Herrera Silveira.

“Otro tema muy importante es la capacidad y la habilidad que tienen para proteger a la costa, debido a sus características protegen del viento de las tormentas, protegen de las inundaciones cuando hay huracanes”, explicó.

Amenaza latente

Según un informe de la Semarnat, debido a su ubicación en los límites entre la tierra y el mar, los manglares, pastos marinos y marismas resultan ser ecosistemas altamente sensibles y vulnerables.

“Su pérdida y degradación son causadas principalmente por la urbanización costera, la contaminación de los cuerpos de agua, los cambios en la cobertura y uso de suelo asociados a la acuacultura, ganadería y agricultura, la falta de sedimentos suspendidos, el exceso de nutrientes, el estrangulamiento de las costas, la construcción de infraestructura portuaria, el turismo, el incremento del nivel medio del mar y los eventos climáticos extremos”, detalló la dependencia.

Ante la urgencia de la preservación de estos espacios, las autoridades ambientales han señalado diversas alternativas para el cuidado de los ecosistemas de carbono azul y con ello, la mitigación del cambio climático.

Estas zonas nos aportan múltiples beneficios / Foto: Cuartoscuro

La Unesco precisa que las acciones deben ser conjuntas y enmarca, en primer lugar, el avance en las investigaciones sobre el ciclo de captación del CO2 para establecer “una ruta” que pueda guiar a las autoridades responsables del diseño de políticas de mitigación y adaptación al cambio climático durante el próximo decenio.

El texto destaca la importancia del conocimiento científico para tomar decisiones informadas con el fin de alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sobre el clima y construir sociedades más resilientes.

A nivel nacional, la Semarnat ha clasificado las acciones en tres grupos, desde el ámbito de la ciencia y la política hasta el manejo de los ecosistemas.

En cuanto al avance científico se refiere, recomienda aumentar y mejorar las investigaciones dirigidas a lograr la cobertura nacional de los ecosistemas de carbono azul.

Entre las acciones políticas, las autoridades señalan necesario impulsar la formulación de regulaciones en materia de carbono azul, proponer opciones innovadoras en cuanto a medidas de mitigación y promover la educación y concientización en torno al valor sociocultural y ambiental de los ecosistemas.

Finalmente, en la ejecución, propone definir acciones y condiciones estrictas para la conservación, promover mejores prácticas para la restauración, impulsar medidas de manejo efectivo de áreas naturales protegidas e integrar al sector privado en las acciones de protección y restauración.

“Tenemos una situación realmente mala, por eso se reconoce que hay que restaurarlo. Desafortunadamente restaurar manglares no es lo mismo que reforestar, pues implica otro procedimiento, otra metodología y no es fácil”, lamentó Jorge Alfredo Herrera.

Desde el punto de vista científico, la solución para ponerle un freno a la devastación de los ecosistemas de carbono azul es la conservación y la mitigación del cambio climático, todo ello siempre acompañado de un desarrollo sostenible en la sociedad.

Por ello, precisó que una de las primeras acciones para hacer frente a la devastación de dichos espacios es comenzar con una asignación de presupuesto para la restauración de ecosistemas marinos, con lo que, posteriormente, las autoridades encargadas podrán poner en marcha medidas efectivas.

“Lo que hace falta es que los que toman las decisiones de los recursos, en este caso, del presupuesto, lo asignen de manera correcta. Muchas veces me preguntan sobre el papel que están teniendo las instituciones y muchas veces se le culpa por la falta de respuesta ante este tipo de problemas, pero mi respuesta es: en 30 años yo he visto cómo se ha quitado recursos a las instituciones encargadas del medio ambiente”, precisó.

El investigador reitera que ya es momento de tomar conciencia para proteger y conservar los ecosistemas, además de poner en práctica un desarrollo sostenible.

“Es momento de poner en el centro la salud de los ecosistemas, que impactará en la salud de las personas”, puntualizó.

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Se trata de una advertencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), emitida a través de la Investigación integrada sobre el carbono oceánico, la cual busca generar conciencia para incentivar la conservación de dichos espacios.

Cuando escuchamos hablar de los grandes pulmones del planeta vienen a nuestra mente los bosques y selvas, ecosistemas terrestres constituidos por una gran variedad de vegetación que ayudan a mitigar el calentamiento global a través de la captación del carbono. Pero poco se habla de la importancia de los ecosistemas de carbono azul, aquellos que cumplen con la misma función, pero que se encuentran en las costas y que secuestran hasta cuatro veces más carbono que los ecosistemas terrestres.

“Voy a ir un poco más atrás para hablar del color del carbono”, dijo el doctor en Ciencias Jorge Alfredo Herrera Silveira, de la Universidad de Barcelona, España, en entrevista con El Sol de México.

“El primer carbono del que derivan todos es el carbono negro, es el carbono que se emite por las actividades antrópicas que emiten los gases de efecto invernadero, como el dióxido de carbono, que es producto de la combustión de los autos o de las actividades humanas. Este carbono negro está provocando lo que se conoce como efecto invernadero y con ello el cambio climático”, explicó.

“Luego está el carbono verde, que precisamente cuando se identificó que estos gases de efecto invernadero traían problemas, las plantas, a través de este proceso de fotosíntesis, tomaban este dióxido de carbono para producir carbohidratos. Producen sus hojas, tallos, troncos, sus flores, raíces, etcétera, entonces se podía eliminar parte de este carbono que estaba en la atmósfera. Y entonces cuando se llevó a cabo lo que se le llamó la revolución verde, que es proteger a los bosques; sin embargo, no hace mucho, estoy hablando de alrededor de 10 años, se identificó que los ecosistemas como manglares, pastos marinos y marismas, todos ellos ecosistemas costeros, acumulan más carbono que los ecosistemas terrestres, entonces por esta razón, a los ecosistemas en el mar se les denominó de carbono azul”, continuó el biólogo.

De acuerdo con la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), los ecosistemas costeros brindan importantes servicios ambientales, entre los que se incluyen la protección de costas, la purificación del agua, el sustento de pesquerías, la conservación de la biodiversidad y el secuestro de carbono.

En 1 año los ecosistemas marinos secuestran una cantidad de carbono equivalente a casi la mitad de las emisiones generadas por el transporte a nivel mundial / Foto: Cuartoscuro

No obstante, la dependencia ha advertido que a pesar de los múltiples beneficios de estos reservorios, sus tasas de degradación y pérdida siguen en aumento, lo que ocasiona impactos graves, pues no sólo disminuye su capacidad para captar carbono, “sino que se producen emisiones a la atmósfera del carbono ya almacenado”.

“En las décadas de los setentas, ochentas y noventas hubo una gran pérdida de manglares, de ecosistemas de carbono azul, uno de los problemas es que no hay buenos mapas, no sabemos exactamente cuántos de estos ecosistemas hay”, expuso el doctor Herrera Silveira.

Según indicó el investigador, México tendría poco más de un millón de hectáreas de manglares: “alrededor de un millón 300 hectáreas, por lo que se sabe que México ha perdido 10, 15 o 20 por ciento de sus manglares”, indicó.

Sumado a esto, con la devastación también se incrementa la acidificación de las aguas de los litorales que afecta directamente a la biodiversidad y a la población humana.

Una de las cualidades de los ecosistemas de carbono azul es su gran capacidad de contener el carbono. Y aunque estos cubren el 0.5 por ciento de la superficie marina mundial, captan carbono a una tasa anual de dos a cuatro veces mayor que la de los bosques tropicales maduros, y almacenan entre tres y cinco veces más carbono por área.

Asimismo, la Semarnat asegura que representan más del 50 por ciento del total de carbono contenido en sedimentos oceánicos, y se calcula que en un año secuestran una cantidad de carbono equivalente a casi la mitad de las emisiones generadas por el transporte a nivel mundial.

“Los ecosistemas de carbono azul ocupan una superficie terrestre relativamente pequeña, pero almacenan más del 10 por ciento del carbono que hay en la tierra, por lo tanto tienen una importante contribución a mitigar el cambio climático gracias a que capturan el CO2 y lo llevan a su estructura como troncos, raíces, etcétera, pero más importante es que la mayor parte del carbono en estos ecosistemas está en el suelo y ahí se puede mantener por miles de años”, indicó el doctor en Ciencias.

En su investigación, la Unesco ha señalado que, sin estos reservorios marinos, junto con los terrestres, los niveles de CO2 en la atmósfera serían un 50% más altos que los registrados en 2019, los cuales se encontraban “muy por encima del límite para contener el calentamiento global a dos grados centígrados”.

¿Por qué retienen más carbono?

El doctor Jorge Herra dijo que la explicación está en el agua y el proceso de descomposición de la materia:

“La descomposición de la materia orgánica tiene que suceder tarde o temprano en un proceso que se le conoce como oxidación. El proceso de oxidación de la materia orgánica es muy lento cuando hay agua, pues esta crea condiciones que se le conocen como anaeróbicas, es decir, con poco o nulo oxígeno libre, lo cual hace que la materia se acumule en vez de descomponerse y otra vez regresar a la atmósfera como dióxido de carbono”, aseveró el investigador.

“Es como una hoja que cae en el agua. Esta hoja se comienza a descomponer, pero como su descomposición es muy lenta, antes de que se haya descompuesto completamente le cae otra hoja encima, entonces esta hoja que queda abajo se descompone más lentamente porque hay una hoja arriba que la cubre y que también se está comenzando descomponer y así sucesivamente”, explicó.

Herra indicó que esto provoca que se formen capas en el suelo, por lo que este va a ir en aumento, acción que hace frente al otro impacto del calentamiento global: el incremento del nivel medio del mar.

Son ecosistemas altamente sensibles y vulnerables / Foto: El Sol de Tampico

Otros beneficios de los ecosistemas de carbono azul

Además de la captación del carbono, los ecosistemas de carbono azul traen múltiples beneficios al medio ambiente, uno de ellos es preservar la biodiversidad en dichos espacios, explica la Semarnat.

Por ejemplo, los marismas proveen alimento y fungen como hábitat de poblaciones de peces y aves, son sumideros de contaminantes y actúan como barreras naturales que protegen de las tormentas a tierras continentales.

Los pastos marinos, por su parte, filtran las aguas y aumentan su claridad, son hábitat temporal y permanente de especies como camarones y estrellas de mar y constituyen la base de redes alimentarias de otros entornos costeros que, a su vez, sustentan gran cantidad y diversidad de especies. Además, evitan la erosión de playas, manteniendo los sedimentos entre su sistema de raíces.

Finalmente, los manglares desempeñan un papel importante en la atenuación del oleaje, funcionan como zonas de amortiguamiento frente a tormentas y son sitios de reproducción, anidación y crecimiento para peces, crustáceos, moluscos, aves y especies de importancia económica.

“Los ecosistemas costeros son muy importantes dentro de la vida humana, pues ofrecen una gran cantidad de beneficios a la sociedad, entre los que podemos mencionar las pesquerías, muchos de los organismos que hoy en día consumimos permanecen en una etapa de su vida en estos ecosistemas; son el criadero de muchas de las pesquerías. Son como las guarderías donde crecen y se protegen los organismos que están en etapa juvenil”, secundó el investigador Herrera Silveira.

“Otro tema muy importante es la capacidad y la habilidad que tienen para proteger a la costa, debido a sus características protegen del viento de las tormentas, protegen de las inundaciones cuando hay huracanes”, explicó.

Amenaza latente

Según un informe de la Semarnat, debido a su ubicación en los límites entre la tierra y el mar, los manglares, pastos marinos y marismas resultan ser ecosistemas altamente sensibles y vulnerables.

“Su pérdida y degradación son causadas principalmente por la urbanización costera, la contaminación de los cuerpos de agua, los cambios en la cobertura y uso de suelo asociados a la acuacultura, ganadería y agricultura, la falta de sedimentos suspendidos, el exceso de nutrientes, el estrangulamiento de las costas, la construcción de infraestructura portuaria, el turismo, el incremento del nivel medio del mar y los eventos climáticos extremos”, detalló la dependencia.

Ante la urgencia de la preservación de estos espacios, las autoridades ambientales han señalado diversas alternativas para el cuidado de los ecosistemas de carbono azul y con ello, la mitigación del cambio climático.

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La Unesco precisa que las acciones deben ser conjuntas y enmarca, en primer lugar, el avance en las investigaciones sobre el ciclo de captación del CO2 para establecer “una ruta” que pueda guiar a las autoridades responsables del diseño de políticas de mitigación y adaptación al cambio climático durante el próximo decenio.

El texto destaca la importancia del conocimiento científico para tomar decisiones informadas con el fin de alcanzar los objetivos del Acuerdo de París sobre el clima y construir sociedades más resilientes.

A nivel nacional, la Semarnat ha clasificado las acciones en tres grupos, desde el ámbito de la ciencia y la política hasta el manejo de los ecosistemas.

En cuanto al avance científico se refiere, recomienda aumentar y mejorar las investigaciones dirigidas a lograr la cobertura nacional de los ecosistemas de carbono azul.

Entre las acciones políticas, las autoridades señalan necesario impulsar la formulación de regulaciones en materia de carbono azul, proponer opciones innovadoras en cuanto a medidas de mitigación y promover la educación y concientización en torno al valor sociocultural y ambiental de los ecosistemas.

Finalmente, en la ejecución, propone definir acciones y condiciones estrictas para la conservación, promover mejores prácticas para la restauración, impulsar medidas de manejo efectivo de áreas naturales protegidas e integrar al sector privado en las acciones de protección y restauración.

“Tenemos una situación realmente mala, por eso se reconoce que hay que restaurarlo. Desafortunadamente restaurar manglares no es lo mismo que reforestar, pues implica otro procedimiento, otra metodología y no es fácil”, lamentó Jorge Alfredo Herrera.

Desde el punto de vista científico, la solución para ponerle un freno a la devastación de los ecosistemas de carbono azul es la conservación y la mitigación del cambio climático, todo ello siempre acompañado de un desarrollo sostenible en la sociedad.

Por ello, precisó que una de las primeras acciones para hacer frente a la devastación de dichos espacios es comenzar con una asignación de presupuesto para la restauración de ecosistemas marinos, con lo que, posteriormente, las autoridades encargadas podrán poner en marcha medidas efectivas.

“Lo que hace falta es que los que toman las decisiones de los recursos, en este caso, del presupuesto, lo asignen de manera correcta. Muchas veces me preguntan sobre el papel que están teniendo las instituciones y muchas veces se le culpa por la falta de respuesta ante este tipo de problemas, pero mi respuesta es: en 30 años yo he visto cómo se ha quitado recursos a las instituciones encargadas del medio ambiente”, precisó.

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