/ domingo 5 de julio de 2020

¡Sueña con Tokio 2021! La historia del policía que ganó reto de lagartijas

Pablo, el policía que se volvió viral en redes sociales, lucha para cumplir su sueño, competir en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2021 en la disciplina de remo

Pablo Ramírez nació dos veces. La primera cuando salió del vientre de su madre en noviembre de 1991 y la segunda en agosto de 2012, cuando a los 21 años sufrió un accidente en el que perdió su pierna izquierda.

Circulaba en su moto, estaba en su día de descanso como policía de la Ciudad de México cuando se cruzó con un auto que había volcado. Se detuvo detrás de un vehículo que frenó por el accidente, pero otro coche lo embistió y lo prensó, provocándole fractura expuesta de fémur. Estuvo en coma varios días y fueron necesarias 28 cirugías y cuatro meses de hospitalización para salvarle la vida.

Foto: Alejandro Aguilar | El Sol de México

De aquel día poco recuerda. “Desperté en una sala de urgencias. Estaba paralizado, con mangueras y tubos por donde sea”, cuenta. Su pierna fue el costo que pagó para seguir con vida y desde entonces usa una prótesis.

“Gracias a Dios tuve una oportunidad y la estoy aprovechando”, dice Pablo, el policía segundo de tránsito que se volvió viral en redes sociales por ganar un reto de lagartijas a un instructor de gimnasio durante una protesta en el Zócalo, y en medio de la pandemia se convirtió en un símbolo de fortaleza física y mental. A simple vista no parece ser de cuerpo recio, pero debajo del uniforme guarda una carrera deportiva como practicante e instructor.

“El deporte jugó un papel muy importante para mí. No solamente me rehabilitó, me enseñó que hay que ser perseverantes, que tienes que entrenar una, dos o tres veces hasta que algo te salga bien. Es lo mismo en la vida, el trabajo, la familia, una meta. Debes de aprender a creer en ti mismo, si lo crees, todo va a ser posible”.

Esa fue la clave para aguantar 63 lagartijas y ganar el reto, pero también lo es para su día a día. “El cuerpo es una máquina perfecta”, afirma para explicar cómo es que se adaptó a su nueva forma de vida después del accidente.

Foto: Alejandro Aguilar | El Sol de México

“Todo está aquí”, dice mientras con su índice derecho señala su cabeza. “Si crees en ti todo es posible. Sea quien sea quien esté enfrente”. Y es con esa mentalidad con la que Pablo lucha para cumplir uno de sus sueños: competir en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2021 en la disciplina de remo.

“En esta vida nada es gratis. Tengo que sacrificar mis horas francas, descansos, salidas, fiestas y todo por seguir algo: mi sueño es llegar a Tokio 2021 y ser mi mejor versión”. Su palmarés habla por sí solo: hace un año ganó la Regata Oficial C.E.I.L en Argentina.

Incluso este año fue reconocido con la Medalla al Mérito Deportivo dentro de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, pero la emergencia sanitaria pausó la ceremonia de premiación. Su carrera deportiva registra ya varios triunfos. En 2018 logró una medalla de bronce y otra de plata en los Juegos Internacionales de Remo Paralímpico en Gavirate, Italia.

Este gusto por el deporte lo obtuvo de sus padres, quienes desde pequeño le inculcaron el atletismo, pero para él el remo es una de las disciplinas más completas. Le llama el detector de mentiras, porque uno pone a prueba su resistencia física para saber qué tan bien o no está.

Pablo tiene 28 años y durante ocho ha ejercido como policía. Es el primero de su familia en entrar a una corporación policial. “De hecho me decían que no fuera policía, que siguiera estudiando. Al final me volví policía, terminé mi carrera (en Criminalística) y me profesionalicé”. Aunque confiesa que primero quiso entrar al Ejército.

Es optimista y piensa que después del reto que ganó la ciudadanía puede cambiar la percepción que tiene de la policía de ciudad. “Somos más los buenos, hay licenciados, maestros, doctores, tenemos muchos profesionistas”, argumenta.

Foto: Alejandro Aguilar | El Sol de México

Como todas, la de Pablo es una vida con altas y bajas, pero lo importante para él es saber sobreponerse a las dificultades. “Al tener esas bajas recapacito sobre todo lo que hice y aprendo de ello para no volver a cometerlo. Mientras te llenas de problemas en la cabeza te estás olvidando que tienes lo más preciado: tu familia, tu trabajo, tus amistades, un paisaje.

El tiempo corre. En lo que te estás preocupando, el tiempo corre y ya no regresa. No hay que ser impacientes y desperdiciar las oportunidades. Creo que todos somos capaces de todo”, reflexiona.

La fama no le nubla el juicio. De hecho, tiene muy claro que después de que se hizo viral el video en el que hace lagartijas contra un instructor de gimnasio tiene una oportunidad para fomentar más todavía el deporte dentro de la policía.

“No quiero que esto quede aquí. Quiero seguir fomentando el deporte y si empezó aquí con esto, con algo sencillo, me gustaría hacerlo en toda la Secretaría, tanto en policía auxiliar, bancaria y en toda la corporación. Espero que esto de la pandemia pase pronto para regresar a mis horarios completos de entrenamiento”.


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Pablo Ramírez nació dos veces. La primera cuando salió del vientre de su madre en noviembre de 1991 y la segunda en agosto de 2012, cuando a los 21 años sufrió un accidente en el que perdió su pierna izquierda.

Circulaba en su moto, estaba en su día de descanso como policía de la Ciudad de México cuando se cruzó con un auto que había volcado. Se detuvo detrás de un vehículo que frenó por el accidente, pero otro coche lo embistió y lo prensó, provocándole fractura expuesta de fémur. Estuvo en coma varios días y fueron necesarias 28 cirugías y cuatro meses de hospitalización para salvarle la vida.

Foto: Alejandro Aguilar | El Sol de México

De aquel día poco recuerda. “Desperté en una sala de urgencias. Estaba paralizado, con mangueras y tubos por donde sea”, cuenta. Su pierna fue el costo que pagó para seguir con vida y desde entonces usa una prótesis.

“Gracias a Dios tuve una oportunidad y la estoy aprovechando”, dice Pablo, el policía segundo de tránsito que se volvió viral en redes sociales por ganar un reto de lagartijas a un instructor de gimnasio durante una protesta en el Zócalo, y en medio de la pandemia se convirtió en un símbolo de fortaleza física y mental. A simple vista no parece ser de cuerpo recio, pero debajo del uniforme guarda una carrera deportiva como practicante e instructor.

“El deporte jugó un papel muy importante para mí. No solamente me rehabilitó, me enseñó que hay que ser perseverantes, que tienes que entrenar una, dos o tres veces hasta que algo te salga bien. Es lo mismo en la vida, el trabajo, la familia, una meta. Debes de aprender a creer en ti mismo, si lo crees, todo va a ser posible”.

Esa fue la clave para aguantar 63 lagartijas y ganar el reto, pero también lo es para su día a día. “El cuerpo es una máquina perfecta”, afirma para explicar cómo es que se adaptó a su nueva forma de vida después del accidente.

Foto: Alejandro Aguilar | El Sol de México

“Todo está aquí”, dice mientras con su índice derecho señala su cabeza. “Si crees en ti todo es posible. Sea quien sea quien esté enfrente”. Y es con esa mentalidad con la que Pablo lucha para cumplir uno de sus sueños: competir en los Juegos Paralímpicos de Tokio 2021 en la disciplina de remo.

“En esta vida nada es gratis. Tengo que sacrificar mis horas francas, descansos, salidas, fiestas y todo por seguir algo: mi sueño es llegar a Tokio 2021 y ser mi mejor versión”. Su palmarés habla por sí solo: hace un año ganó la Regata Oficial C.E.I.L en Argentina.

Incluso este año fue reconocido con la Medalla al Mérito Deportivo dentro de la Secretaría de Seguridad Ciudadana, pero la emergencia sanitaria pausó la ceremonia de premiación. Su carrera deportiva registra ya varios triunfos. En 2018 logró una medalla de bronce y otra de plata en los Juegos Internacionales de Remo Paralímpico en Gavirate, Italia.

Este gusto por el deporte lo obtuvo de sus padres, quienes desde pequeño le inculcaron el atletismo, pero para él el remo es una de las disciplinas más completas. Le llama el detector de mentiras, porque uno pone a prueba su resistencia física para saber qué tan bien o no está.

Pablo tiene 28 años y durante ocho ha ejercido como policía. Es el primero de su familia en entrar a una corporación policial. “De hecho me decían que no fuera policía, que siguiera estudiando. Al final me volví policía, terminé mi carrera (en Criminalística) y me profesionalicé”. Aunque confiesa que primero quiso entrar al Ejército.

Es optimista y piensa que después del reto que ganó la ciudadanía puede cambiar la percepción que tiene de la policía de ciudad. “Somos más los buenos, hay licenciados, maestros, doctores, tenemos muchos profesionistas”, argumenta.

Foto: Alejandro Aguilar | El Sol de México

Como todas, la de Pablo es una vida con altas y bajas, pero lo importante para él es saber sobreponerse a las dificultades. “Al tener esas bajas recapacito sobre todo lo que hice y aprendo de ello para no volver a cometerlo. Mientras te llenas de problemas en la cabeza te estás olvidando que tienes lo más preciado: tu familia, tu trabajo, tus amistades, un paisaje.

El tiempo corre. En lo que te estás preocupando, el tiempo corre y ya no regresa. No hay que ser impacientes y desperdiciar las oportunidades. Creo que todos somos capaces de todo”, reflexiona.

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