/ lunes 11 de enero de 2021

QR, el viejo invento que salvó la Nueva Normalidad

El hijo del código de barras permite almacenar grandes cantidades de información a bajos costos y sin contacto

Tomar distancia y no tocar nada. Esas dos reglas más los dos confinamientos para el desarrollo de las actividades diarias fueron la marca de un año que pareció sacado de una película de ciencia ficción.

El mundo entero se las tuvo que arreglar para cambiar hábitos tan comunes como hacer un pago con dinero en efectivo o con tarjeta, recibir paquetes, ver menús en los restaurantes sin tocarlos, bueno, hasta encontrar una forma de rastrear una cadena de contactos que creció a pasos monstruosos mientras las autoridades nacionales y locales sólo se sentaban a observar cómo pasamos de seis mil a casi 12 mil casos diarios en cuestión de semanas.

Pero dentro de todo el caos hubo una solución de dos colores, elegante y que está cada vez más anclada a nuestra vida diaria.

De nuevo no tiene nada. El código QR fue inventado el siglo pasado. Fue en la década de 1990 cuando el ingeniero japonés Masahiro Tanaka encontró en los espacios blancos y negros la llave para transmitir cualquier tipo de información en segundos, a través de lectores ópticos y códigos de respuesta rápida (Quick Response).

En 1994, el ingeniero que buscaba para la empresa Denso Wave un código con mayor capacidad informativa que el código de barras, inventó así el QR.

Impacto en la pandemia

El uso de los códigos QR ya era recurrente antes del impacto de la pandemia, pero una vez que iniciaron las medidas de emergencia, los teléfonos inteligentes y el “hijo” del código de barras se volvieron protagonistas en la vida diaria.

Entre las medidas más comunes que se implementaron para prevenir los contagios, fueron evitar el contacto con otras personas o evitar intercambiar cosas de mano en mano, algo que con una economía que depende al 90 por ciento del dinero en efectivo se convirtió en una tarea titánica.

Fue entonces cuando el código QR ganó terreno, aunque su uso para realizar pagos electrónicos ya se venía impulsando.

Desde 2018, el Banco de México, en conjunto con la Asociación de Bancos de México lanzaron el programa Cobro Digital (CoDi), que consiste en utilizar las cámaras fotográficas de los teléfonos inteligentes para hacer transferencias bancarias entre particulares y negocios.

Sin embargo, su implementación ha sido a paso lento, pues hasta el pasado 17 de diciembre, 6.6 millones de cuentas se han dado de alta para poder realizar operaciones a través de este sistema.

Pero que se hayan dado de alta, no quiere decir que hayan utilizado el sistema. El Banxico detalla que hasta esa misma fecha, poco más de 322 mil cuentas hicieron un pago a través de CoDi, mientras que 264 mil 600 realizaron un cobro.

Aunque esta historia no es la misma en otros sistemas de pago.

De acuerdo con datos de MercadoPago, desde el inicio de la pandemia, la fintech registra crecimiento constante en la transacción de pagos a través del código QR.

Para finales de noviembre, la cantidad de usuarios aumentó 155 por ciento en comparación con marzo, mientras que los establecimientos que comenzaron a cobrar con esta tecnología crecieron 250 por ciento de enero a noviembre.

“Vemos una clara tendencia mundial a la adopción del QR por su facilidad, practicidad y seguridad. Es una tecnología adaptable a cualquier mercado, pero como método de pago se ha vuelto indispensable porque opera sin contacto ni intercambio entre personas, y además es sumamente veloz, lo que permite reducir tiempos y aglomeraciones”, explica Ramiro Nández, Senior Manager de QR en Mercado Pago.

“Lo único que tienen que hacer para usar el pago con QR es abrir la app de Mercado Libre, escanear el QR del establecimiento y es relativamente sencillo y demora muy pocos segundos y le permite salir al usuario sin efectivo ni tarjetas”, comentó en entrevista con El Sol de México.

Otro sector que se sumó rápidamente al uso de esta herramienta fue el restaurantero. Para evitar dar los menús impresos a sus clientes y restringir las posibilidades de una cadena de contagios, los establecimientos de comida trasladaron su lista de productos a la nube y en las mesas, sólo quedaron los códigos, listos para ser escaneados y redirigir a los comensales a las opciones para comer, pero en la pantalla de su celular.

Pero el uso de este código en blanco y negro no se limitó a los pagos y a los menús: durante la segunda oleada del Covid en México, el gobierno capitalino tuvo que reforzar las medidas para hacer el seguimiento de las cadenas de contagios que en la Ciudad de México llevaron a recrudecer las medidas hasta un segundo confinamiento de casi un mes.

Desde el 20 noviembre, la administración de Claudia Sheimbaum exigió a todos los establecimientos cerrados contar en la entrada con un código QR, mismo que deben escanear los usuarios o enviar un mensaje SMS al 51515.

El propósito es registrar los lugares que visitó una persona que dé un resultado positivo a la prueba de Covid y cortar cadenas de contagio.

Acelerador a fondo

Ramiro Nández detalla en entrevista con El Sol de México, que la gran aceleración del uso del QR ocurrió en los últimos 10 años, donde el apartado de pagos ha jugado un papel fundamental para el incremento en el uso del QR, una tecnología que resulta, además, muy barata en comparación con otros medios de pago sin contacto.

“El QR es algo que ha estado presente hace mucho tiempo y no precisamente para pagos, sino para otras cosas como sustituir el código de barras, para cargar información, pero realmente es en los últimos 10 años que se ha visto una explosión del uso de esta tecnología para la parte de pagos”, mencionó.

Para el directivo de Mercado Libre, los países que llevan ventaja en la implementación de esta tecnología son China y el sureste asiático, así como Rusia, especialmente en la pandemia.

El gobierno de Moscú emitió más de dos millones de códigos QR para que en el estado de alarma los trabajadores y ciudadanos pudieran desplazarse en caso de ser necesario para realizar sus tareas.

La intención de la administración moscovita era que las personas que desearan desplazarse se registraran en la página de internet del gobierno local para que recibieran un código que les autorizara la movilidad.

El ciudadano debía emitir datos como el motivo de su desplazamiento, hasta dónde quería llegar y la ruta que iba a seguir para que las autoridades pudieran dar seguimiento a la información en caso de requerirla, por un contagio.

En Singapur la historia es similar, pues desde mayo, todos los ciudadanos tienen que registrarse a la entrada de sus centros de trabajo y lugares públicos seleccionados.

El sistema se llama SafeEntry y busca encontrar las cadenas de contagio de forma oportuna para interrumpirlas a la brevedad.

El gobierno de Singapur también colocó códigos QR que no son obligatorios en zonas como parques o estaciones de metro, aunque invitaron a la población a escanearlos para ser contactados en caso de ser necesario.

Finalmente, los ciudadanos de China están habituados a usar estos códigos, pero la novedad durante la pandemia fue que el gobierno de Xi Jinping estableció un sistema de QR que llegó a los barrios, las estaciones de metro, los centros comerciales, así como las entradas a los puestos de trabajo.

Al escanear el código, el ciudadano recibía un color, si aparecía verde, podía pasar, pero si tenía color amarillo o rojo no podía pasar.

“El QR tiene varias cosas a favor que hace que su adopción sea rápida, en particular en países en vías de desarrollo, donde muchas veces el costo de la tecnología es prohibitivo y es lo que frena la innovación y el avance. Al ser de bajo costo, tiene una ventaja sobre otras tecnologías”, asegura Ramiro Nández.

Apoyo a las Pymes

Uno de los sectores más golpeados en la economía fueron las pequeñas y medianas empresas.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), entre mayo de 2019 y agosto de 2020 desaparecieron más de un millón de empresas en el país, pero en ese mismo periodo se crearon casi 700 mil más, lo que dejó un saldo de 300 mil empresas muertas durante la pandemia.

Ramiro Nández señaló que los pagos QR permitieron incrementar sus ventas a las pymes que siguieron operando durante la pandemia.

“Se ha despertado un gran interés en los establecimientos que pudieron seguir operando y los que pudieron retomar las operaciones en julio, cuando cambió el semáforo. Hoy tenemos más de 10 mil comercios usando pago con QR de MercadoLibre, y hemos visto algo similar en términos de pagadores, un incremento de 150 por ciento desde el inicio de la pandemia”, mencionó.

La tecnología, dice, permite al usuario minimizar el contacto y pasar mucho menos tiempo en una caja en relación a lo que se tarda en pagar incluso con tarjetas de crédito o débito.

Añadió que los comercios que se integraron a MercadoPago recibieron de forma gratuita apoyo con el canal de venta que se integra a la plataforma de MercadoLibre.

“Nosotros posicionamos a ese comercio dentro de nuestra aplicación, hay un mapa que muestra todos los comercios que aceptan pagos con QR, otorgamos descuentos en el punto de venta, apoyamos con acciones de marketing, estamos dando bonificaciones. Todas estas medidas ayudaron a nuestros socios comerciales, pequeños, medianos y algunos grandes, a continuar con sus operaciones y la adopción del medio de pago”, destaca el directivo.

“Para el comercio es completamente gratis solicitar el medio de pago. Nosotros tenemos una fuerza de venta que recorre los distintos barrios. Si el comercio está de acuerdo, el QR es impreso por MercadoPago y es un proceso que tarda entre 30 minutos y una hora”, dijo.

Además, el costo del QR implica “unos cientos de pesos” que absorbe la empresa de origen argentino, contra las terminales sin contacto de tecnología NFC, que implica costos de miles de pesos mensuales para los pequeños negocios.

“Cuando hablamos de tecnología NFC, estás hablando que son terminales caras, que cuestan miles de pesos, y que el banco va a rentar esa terminal y va a estar cobrando, dependiendo de cuánto dinero proceses y muchos negocios ni siquiera tienen acceso a las terminales tradicionales. Este es un método de pago que funciona en los grandes comercios, pero es muy complicado en las pymes”, comentó.

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Tomar distancia y no tocar nada. Esas dos reglas más los dos confinamientos para el desarrollo de las actividades diarias fueron la marca de un año que pareció sacado de una película de ciencia ficción.

El mundo entero se las tuvo que arreglar para cambiar hábitos tan comunes como hacer un pago con dinero en efectivo o con tarjeta, recibir paquetes, ver menús en los restaurantes sin tocarlos, bueno, hasta encontrar una forma de rastrear una cadena de contactos que creció a pasos monstruosos mientras las autoridades nacionales y locales sólo se sentaban a observar cómo pasamos de seis mil a casi 12 mil casos diarios en cuestión de semanas.

Pero dentro de todo el caos hubo una solución de dos colores, elegante y que está cada vez más anclada a nuestra vida diaria.

De nuevo no tiene nada. El código QR fue inventado el siglo pasado. Fue en la década de 1990 cuando el ingeniero japonés Masahiro Tanaka encontró en los espacios blancos y negros la llave para transmitir cualquier tipo de información en segundos, a través de lectores ópticos y códigos de respuesta rápida (Quick Response).

En 1994, el ingeniero que buscaba para la empresa Denso Wave un código con mayor capacidad informativa que el código de barras, inventó así el QR.

Impacto en la pandemia

El uso de los códigos QR ya era recurrente antes del impacto de la pandemia, pero una vez que iniciaron las medidas de emergencia, los teléfonos inteligentes y el “hijo” del código de barras se volvieron protagonistas en la vida diaria.

Entre las medidas más comunes que se implementaron para prevenir los contagios, fueron evitar el contacto con otras personas o evitar intercambiar cosas de mano en mano, algo que con una economía que depende al 90 por ciento del dinero en efectivo se convirtió en una tarea titánica.

Fue entonces cuando el código QR ganó terreno, aunque su uso para realizar pagos electrónicos ya se venía impulsando.

Desde 2018, el Banco de México, en conjunto con la Asociación de Bancos de México lanzaron el programa Cobro Digital (CoDi), que consiste en utilizar las cámaras fotográficas de los teléfonos inteligentes para hacer transferencias bancarias entre particulares y negocios.

Sin embargo, su implementación ha sido a paso lento, pues hasta el pasado 17 de diciembre, 6.6 millones de cuentas se han dado de alta para poder realizar operaciones a través de este sistema.

Pero que se hayan dado de alta, no quiere decir que hayan utilizado el sistema. El Banxico detalla que hasta esa misma fecha, poco más de 322 mil cuentas hicieron un pago a través de CoDi, mientras que 264 mil 600 realizaron un cobro.

Aunque esta historia no es la misma en otros sistemas de pago.

De acuerdo con datos de MercadoPago, desde el inicio de la pandemia, la fintech registra crecimiento constante en la transacción de pagos a través del código QR.

Para finales de noviembre, la cantidad de usuarios aumentó 155 por ciento en comparación con marzo, mientras que los establecimientos que comenzaron a cobrar con esta tecnología crecieron 250 por ciento de enero a noviembre.

“Vemos una clara tendencia mundial a la adopción del QR por su facilidad, practicidad y seguridad. Es una tecnología adaptable a cualquier mercado, pero como método de pago se ha vuelto indispensable porque opera sin contacto ni intercambio entre personas, y además es sumamente veloz, lo que permite reducir tiempos y aglomeraciones”, explica Ramiro Nández, Senior Manager de QR en Mercado Pago.

“Lo único que tienen que hacer para usar el pago con QR es abrir la app de Mercado Libre, escanear el QR del establecimiento y es relativamente sencillo y demora muy pocos segundos y le permite salir al usuario sin efectivo ni tarjetas”, comentó en entrevista con El Sol de México.

Otro sector que se sumó rápidamente al uso de esta herramienta fue el restaurantero. Para evitar dar los menús impresos a sus clientes y restringir las posibilidades de una cadena de contagios, los establecimientos de comida trasladaron su lista de productos a la nube y en las mesas, sólo quedaron los códigos, listos para ser escaneados y redirigir a los comensales a las opciones para comer, pero en la pantalla de su celular.

Pero el uso de este código en blanco y negro no se limitó a los pagos y a los menús: durante la segunda oleada del Covid en México, el gobierno capitalino tuvo que reforzar las medidas para hacer el seguimiento de las cadenas de contagios que en la Ciudad de México llevaron a recrudecer las medidas hasta un segundo confinamiento de casi un mes.

Desde el 20 noviembre, la administración de Claudia Sheimbaum exigió a todos los establecimientos cerrados contar en la entrada con un código QR, mismo que deben escanear los usuarios o enviar un mensaje SMS al 51515.

El propósito es registrar los lugares que visitó una persona que dé un resultado positivo a la prueba de Covid y cortar cadenas de contagio.

Acelerador a fondo

Ramiro Nández detalla en entrevista con El Sol de México, que la gran aceleración del uso del QR ocurrió en los últimos 10 años, donde el apartado de pagos ha jugado un papel fundamental para el incremento en el uso del QR, una tecnología que resulta, además, muy barata en comparación con otros medios de pago sin contacto.

“El QR es algo que ha estado presente hace mucho tiempo y no precisamente para pagos, sino para otras cosas como sustituir el código de barras, para cargar información, pero realmente es en los últimos 10 años que se ha visto una explosión del uso de esta tecnología para la parte de pagos”, mencionó.

Para el directivo de Mercado Libre, los países que llevan ventaja en la implementación de esta tecnología son China y el sureste asiático, así como Rusia, especialmente en la pandemia.

El gobierno de Moscú emitió más de dos millones de códigos QR para que en el estado de alarma los trabajadores y ciudadanos pudieran desplazarse en caso de ser necesario para realizar sus tareas.

La intención de la administración moscovita era que las personas que desearan desplazarse se registraran en la página de internet del gobierno local para que recibieran un código que les autorizara la movilidad.

El ciudadano debía emitir datos como el motivo de su desplazamiento, hasta dónde quería llegar y la ruta que iba a seguir para que las autoridades pudieran dar seguimiento a la información en caso de requerirla, por un contagio.

En Singapur la historia es similar, pues desde mayo, todos los ciudadanos tienen que registrarse a la entrada de sus centros de trabajo y lugares públicos seleccionados.

El sistema se llama SafeEntry y busca encontrar las cadenas de contagio de forma oportuna para interrumpirlas a la brevedad.

El gobierno de Singapur también colocó códigos QR que no son obligatorios en zonas como parques o estaciones de metro, aunque invitaron a la población a escanearlos para ser contactados en caso de ser necesario.

Finalmente, los ciudadanos de China están habituados a usar estos códigos, pero la novedad durante la pandemia fue que el gobierno de Xi Jinping estableció un sistema de QR que llegó a los barrios, las estaciones de metro, los centros comerciales, así como las entradas a los puestos de trabajo.

Al escanear el código, el ciudadano recibía un color, si aparecía verde, podía pasar, pero si tenía color amarillo o rojo no podía pasar.

“El QR tiene varias cosas a favor que hace que su adopción sea rápida, en particular en países en vías de desarrollo, donde muchas veces el costo de la tecnología es prohibitivo y es lo que frena la innovación y el avance. Al ser de bajo costo, tiene una ventaja sobre otras tecnologías”, asegura Ramiro Nández.

Apoyo a las Pymes

Uno de los sectores más golpeados en la economía fueron las pequeñas y medianas empresas.

Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), entre mayo de 2019 y agosto de 2020 desaparecieron más de un millón de empresas en el país, pero en ese mismo periodo se crearon casi 700 mil más, lo que dejó un saldo de 300 mil empresas muertas durante la pandemia.

Ramiro Nández señaló que los pagos QR permitieron incrementar sus ventas a las pymes que siguieron operando durante la pandemia.

“Se ha despertado un gran interés en los establecimientos que pudieron seguir operando y los que pudieron retomar las operaciones en julio, cuando cambió el semáforo. Hoy tenemos más de 10 mil comercios usando pago con QR de MercadoLibre, y hemos visto algo similar en términos de pagadores, un incremento de 150 por ciento desde el inicio de la pandemia”, mencionó.

La tecnología, dice, permite al usuario minimizar el contacto y pasar mucho menos tiempo en una caja en relación a lo que se tarda en pagar incluso con tarjetas de crédito o débito.

Añadió que los comercios que se integraron a MercadoPago recibieron de forma gratuita apoyo con el canal de venta que se integra a la plataforma de MercadoLibre.

“Nosotros posicionamos a ese comercio dentro de nuestra aplicación, hay un mapa que muestra todos los comercios que aceptan pagos con QR, otorgamos descuentos en el punto de venta, apoyamos con acciones de marketing, estamos dando bonificaciones. Todas estas medidas ayudaron a nuestros socios comerciales, pequeños, medianos y algunos grandes, a continuar con sus operaciones y la adopción del medio de pago”, destaca el directivo.

“Para el comercio es completamente gratis solicitar el medio de pago. Nosotros tenemos una fuerza de venta que recorre los distintos barrios. Si el comercio está de acuerdo, el QR es impreso por MercadoPago y es un proceso que tarda entre 30 minutos y una hora”, dijo.

Además, el costo del QR implica “unos cientos de pesos” que absorbe la empresa de origen argentino, contra las terminales sin contacto de tecnología NFC, que implica costos de miles de pesos mensuales para los pequeños negocios.

“Cuando hablamos de tecnología NFC, estás hablando que son terminales caras, que cuestan miles de pesos, y que el banco va a rentar esa terminal y va a estar cobrando, dependiendo de cuánto dinero proceses y muchos negocios ni siquiera tienen acceso a las terminales tradicionales. Este es un método de pago que funciona en los grandes comercios, pero es muy complicado en las pymes”, comentó.

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