/ martes 4 de octubre de 2016

Restaurante italiano atiende en pleno mausoleo del siglo I después de Cristo

Antigua estación para el cambio de los caballos, convertida en 1890 en hostería visitada por artistas europeos que viajaban a la Ciudad Eterna, el restaurante L’Archeologia ofrece ahora una mezcla entre la tradición y la innovación culinarias.

Ubicado en la vía Appia Antica, la carretera que conectaba a Roma con “Brundisium” (Brindisi), uno de los más importantes puertos de la antigüedad, el restaurante fue edificado sobre un complejo funerario que data del siglo I después de Cristo.

Las ruinas arqueológicas que dan un carácter único al local consisten en un mausoleo externo y un sepulcro subterráneo que hoy funciona como depósito de vinos, explicó su propietario, Gianluca Pasquali.

Dijo que el complejo formaba parte de un monumento fúnebre de carácter familiar. Actualmente el restaurante esconde en sus fundamentos los restos del mausoleo subterráneo, que hace casi dos mil años se extendía por unos seis metros de longitud.

En el depósito de vinos hay todavía una ventanilla que da a la vía Appia Antica por la que a finales del siglo XIX se descargaba de carretas la bebida, que era resguardada en barriles para mantenerla fresca.

Según Pasquali, los antiguos propietarios tenían también un gran huerto en el que cultivaban alcachofas, asadas en el centro del jardín durante la fiesta de la cosecha.

L’Archeologia tiene como excepcional escenografía el parque de la Appia Antica y la también llamada “Regina Varium”, la reina de las carreteras en la antigua Roma, considerada una de las más importantes obras de ingeniería del mundo antiguo.

Realizada a finales del siglo IV antes de Cristo, la vía Appia Antica tuvo un enorme impacto económico, militar y cultural en la sociedad romana y sus restos son ahora una de las metas preferidas del turismo arqueológico.

La función primordial de la Appia Antica fue la de garantizar un rápido movimiento de las tropas hacia el sur, a fin de consolidar el dominio de Roma en la península itálica, aunque desde el inicio se convirtió en una vía fundamental para el comercio.

En el año 71 antes de Cristo unos seis mil esclavos rebeldes guiados por Espartaco, que habían sido capturados en batalla, fueron crucificados en la Appia Antica, en el tramo que iba de Roma a la localidad de Capua, como advertencia a todos los esclavos del imperio.

La carretera fue restaurada y ampliada por los emperadores Augusto, Vespasiano, Trajano y Adriano, aunque tras la caída del imperio romano en el año 476 de nuestra era la falta de mantenimiento provocó gradualmente el abandono de amplios segmentos del recorrido.

En el Medioevo la Appia Antica se convirtió en la carretera usada por los cruzados para llegar a Brindisi y de ahí embarcarse a Tierra Santa.

Después pasó a ser etapa obligada de peregrinos en busca de las indulgencias papales y entre los siglos XVIII y XIX fue una de las metas predilectas de artistas, literaros e intelectuales, como Goethe, Dickens, Stendhal, Zola, Gogol o Byron, para quienes una visita a Roma y su campiña era un paso necesario en su formación.

El propio Goethe fue retratado con la Appia Antica para simbolizar la unidad entre el hombre y la naturaleza y al lado del Mausoleo de Cecilia Mettella, que data del siglo I antes de Cristo y es uno de los monumentos arqueológicos más importantes de la zona.

Colindante con el restaurante L’Archeologia también están el sepulcro del hijo del emperador Massenzio, Valerio Romolo; la Villa dei Quintili, construida en el siglo II por la familia noble de ese apellido y de la que se apropió por la fuerza el emperador César Lucio Marco Aurelio Commodo y las catacumbas de San Sebastián y San Calixto.

El redescubrimiento de esos monumentos, además del incesante arribo de comerciantes y peregrinos penitentes, o el interés de pintores en inmortalizarlos en sus lienzos favorecieron el surgimiento en la Appia Antica de hotelillos, tabernas, estaciones de cambio de caballos, mercados o ferias.

Antigua estación para el cambio de los caballos, convertida en 1890 en hostería visitada por artistas europeos que viajaban a la Ciudad Eterna, el restaurante L’Archeologia ofrece ahora una mezcla entre la tradición y la innovación culinarias.

Ubicado en la vía Appia Antica, la carretera que conectaba a Roma con “Brundisium” (Brindisi), uno de los más importantes puertos de la antigüedad, el restaurante fue edificado sobre un complejo funerario que data del siglo I después de Cristo.

Las ruinas arqueológicas que dan un carácter único al local consisten en un mausoleo externo y un sepulcro subterráneo que hoy funciona como depósito de vinos, explicó su propietario, Gianluca Pasquali.

Dijo que el complejo formaba parte de un monumento fúnebre de carácter familiar. Actualmente el restaurante esconde en sus fundamentos los restos del mausoleo subterráneo, que hace casi dos mil años se extendía por unos seis metros de longitud.

En el depósito de vinos hay todavía una ventanilla que da a la vía Appia Antica por la que a finales del siglo XIX se descargaba de carretas la bebida, que era resguardada en barriles para mantenerla fresca.

Según Pasquali, los antiguos propietarios tenían también un gran huerto en el que cultivaban alcachofas, asadas en el centro del jardín durante la fiesta de la cosecha.

L’Archeologia tiene como excepcional escenografía el parque de la Appia Antica y la también llamada “Regina Varium”, la reina de las carreteras en la antigua Roma, considerada una de las más importantes obras de ingeniería del mundo antiguo.

Realizada a finales del siglo IV antes de Cristo, la vía Appia Antica tuvo un enorme impacto económico, militar y cultural en la sociedad romana y sus restos son ahora una de las metas preferidas del turismo arqueológico.

La función primordial de la Appia Antica fue la de garantizar un rápido movimiento de las tropas hacia el sur, a fin de consolidar el dominio de Roma en la península itálica, aunque desde el inicio se convirtió en una vía fundamental para el comercio.

En el año 71 antes de Cristo unos seis mil esclavos rebeldes guiados por Espartaco, que habían sido capturados en batalla, fueron crucificados en la Appia Antica, en el tramo que iba de Roma a la localidad de Capua, como advertencia a todos los esclavos del imperio.

La carretera fue restaurada y ampliada por los emperadores Augusto, Vespasiano, Trajano y Adriano, aunque tras la caída del imperio romano en el año 476 de nuestra era la falta de mantenimiento provocó gradualmente el abandono de amplios segmentos del recorrido.

En el Medioevo la Appia Antica se convirtió en la carretera usada por los cruzados para llegar a Brindisi y de ahí embarcarse a Tierra Santa.

Después pasó a ser etapa obligada de peregrinos en busca de las indulgencias papales y entre los siglos XVIII y XIX fue una de las metas predilectas de artistas, literaros e intelectuales, como Goethe, Dickens, Stendhal, Zola, Gogol o Byron, para quienes una visita a Roma y su campiña era un paso necesario en su formación.

El propio Goethe fue retratado con la Appia Antica para simbolizar la unidad entre el hombre y la naturaleza y al lado del Mausoleo de Cecilia Mettella, que data del siglo I antes de Cristo y es uno de los monumentos arqueológicos más importantes de la zona.

Colindante con el restaurante L’Archeologia también están el sepulcro del hijo del emperador Massenzio, Valerio Romolo; la Villa dei Quintili, construida en el siglo II por la familia noble de ese apellido y de la que se apropió por la fuerza el emperador César Lucio Marco Aurelio Commodo y las catacumbas de San Sebastián y San Calixto.

El redescubrimiento de esos monumentos, además del incesante arribo de comerciantes y peregrinos penitentes, o el interés de pintores en inmortalizarlos en sus lienzos favorecieron el surgimiento en la Appia Antica de hotelillos, tabernas, estaciones de cambio de caballos, mercados o ferias.