/ viernes 16 de abril de 2021

Mi mamá y el sexo | Frida Sofía y el abuso sexual infantil

La historia de Frida Sofía es la de muchas niñas y niños en América Latina

La historia de Frida Sofía es la de muchas niñas y niños en América Latina. Los organismos internacionales no paran de denunciar que los embarazos en menores de 15 años son consecuencia de las situaciones de abuso sexual dentro de las mismas familias.

Frida Sofía Guzmán, hija de la cantante mexicana Alejandra Guzmán y heredera de la dinastía Pinal, declaró en una entrevista que había sido abusada sexualmente por las parejas en turno de su madre y también por su propio abuelo, Enrique Guzmán, quien fuera estrella rocanrolera en los años 60.

➡️ "A ti te tiró los dientes y sabes que violaba a mi abuela", Frida Sofía responde a Alejandra Guzmán

Las historias de la farándula pueden ser más ilustrativas y mucho más didácticas que cualquier otro material educativo sobre sexualidad saludable. Los expertos explican que las víctimas de abuso sexual denuncian cuando están listas para hacerlo y quizá ese fue el caso de Frida Sofía.

En una entrevista televisiva transmitida el 7 de abril, Frida Sofía reveló que su abuelo la agredía sexualmente desde que era niña. El escándalo se prendió como cerillo en hilo de pólvora. El martes 13 de abril, remató con una fotografía en Instagram donde aparece de cinco años y está evidentemente asustada frente a su abuelo. Escribió: “Para tod@s los que quieren pruebas ... perdón que no tenía cómo grabar al puerco de mi abuelo manoseándome a los 5 años de edad !!! pero UNA FOTO DICE MAS QUE 1000 PALABRAS”.

Quizá publicitar su vida privada fue un camino inesperado para exhibir un secreto de familia. Quizá tampoco sabía que, en varios países, abril ha sido declarado el Mes de la Conciencia sobre la Agresión Sexual. Sin embargo, los dimes y los diretes que se han ventilado en público entre todos los miembros de su familia —incluido su abuelo, sus tías y su propia madre— son muy similares a lo que podría vivirse en cualquier familia atravesando por la misma situación, aunque sin acceso al ventaneo mediático.

Con estas revelaciones, de las que Frida Sofía probablemente haga una denuncia judicial formal contra su abuelo de 78 años, vale la pena leer a la psicóloga, educadora sexual y terapeuta Gema Ortiz que, en su libro “Sexualidad Infantil Saludable y Feliz”, advierte que en todas las escuelas que conozcamos, en cada grupo y en cada grado, seguramente habrá algún menor que haya sido víctima de abuso.

Ortiz explica que es considerado abuso sexual cuando se acarician de manera erótica los genitales, el pecho o las nalgas de una niña o un niño. También se violenta sexualmente a un menor cuando un adulto se estimula sexualmente con el cuerpo del niño, se acaricia sexualmente frente a él, lo besa sexualmente o lo obliga a ver pornografía.

La especialista anota que la diferencia con la violación sexual hacia un menor es que ésta última implica la introducción de partes del cuerpo u objetos en la vagina o en el ano del menor o que haya contacto boca-genitales.

“Otras formas de sobreexposición sexual infantil son las familias sin límites ni privacidad hacia el erotismo adulto. Familias en las cuales los/las niños/as observan y escuchan cotidianamente a sus padres mientras tienen relaciones sexuales (no en forma accidental, eso le puede suceder a cualquiera y se explica con cariño que era un encuentro íntimo), o que tiene acceso descuidado y continuo a material pornográfico o el tocar frecuente e innecesariamente a las niñas o a los niños en el área genital”, anota Ortiz.

Sin caer en el debate mediático del caso Frida Sofía —porque su abuelo Enrique Guzmán incluso acudió a otro medio de comunicación para desmentir a su nieta—, mejor leamos a Gema Ortiz sobre lo que define una conducta sexual como abusiva. Primero, que sea una conducta erótica y que haya una diferencia de edad de 4 a 5 años entre la víctima y quien ejerce la violencia.

Siguiente, hay una diferencia en la capacidad para comprender lo que ocurrió, como sucede entre un adulto y un niño o incluso cuando la víctima vive con alguna condición de discapacidad intelectual. Por último, que haya algún tipo de coerción o violencia para lograr la conducta. El típico: “Si le dices a tu mamá, no te va a creer”.

Contra ese tipo de amenazas, violencia verbal, física, engaño o manipulación hay que armar a los niños para que sepan responder ante posibles situaciones de abuso. Una herramienta básica es enseñar a los niños la diferencia entre los secretos buenos como una fiesta sorpresa y los “secretos malos” que son los que nos hacen sentir incómodos. Así, cuando un abusador les pide ocultar una situación inapropiada, el niño sabrá que debe contarlo a su adulto de confianza.

¿Cuáles son los indicadores de abuso sexual? ¿Qué fue lo que Alejandra Guzmán no vio?

Sin querer defender a la que fuera llamada La Reina de Corazones, hay que insistir en que mientras la educación sexual sea vista como tabú, esta información seguirá sin llegar de manera oportuna a los padres y a los maestros.

Dicho lo anterior, acá algunas de las conductas que los especialistas anotan para identificar situaciones de abuso: dibujos y juegos haciendo referencia a conductas sexuales adultas, miedo extremo a ver a ciertos adultos (quizá el agresor) en ciertos lugares y circunstancias, así como masturbación infantil compulsiva. Entre otras que podrían resultar alertas gravísimas como enfermedades de transmisión sexual, marcas moradas en el cuello y la ingle o molestias genitales como ardor, comezón y mal olor.

➡️ Mantente informado en nuestro canal de Google Noticias

La organización AMAZE, una plataforma sin fines de lucro que difunde contenidos sobre Educación Integral en Sexualidad, recomienda que se incentive el debate público sobre la realidad de las agresiones sexuales en menores.

En caso de sospechar que alguien está siendo víctima de este tipo de violencia, AMAZE recomienda hacerle saber a la posible víctima que vive en un entorno de confianza, evitar juicios de valor y recordarle que nada de lo ocurrido es su culpa. Esto es muy importante, pues en la mayoría de los casos, los agresores sexuales son familiares cercanos —tíos, abuelos, padrastros—, como le ocurrió a Frida Sofía.

*Divulgadora en Educación Sexual. @mimamayelsekso


La historia de Frida Sofía es la de muchas niñas y niños en América Latina. Los organismos internacionales no paran de denunciar que los embarazos en menores de 15 años son consecuencia de las situaciones de abuso sexual dentro de las mismas familias.

Frida Sofía Guzmán, hija de la cantante mexicana Alejandra Guzmán y heredera de la dinastía Pinal, declaró en una entrevista que había sido abusada sexualmente por las parejas en turno de su madre y también por su propio abuelo, Enrique Guzmán, quien fuera estrella rocanrolera en los años 60.

➡️ "A ti te tiró los dientes y sabes que violaba a mi abuela", Frida Sofía responde a Alejandra Guzmán

Las historias de la farándula pueden ser más ilustrativas y mucho más didácticas que cualquier otro material educativo sobre sexualidad saludable. Los expertos explican que las víctimas de abuso sexual denuncian cuando están listas para hacerlo y quizá ese fue el caso de Frida Sofía.

En una entrevista televisiva transmitida el 7 de abril, Frida Sofía reveló que su abuelo la agredía sexualmente desde que era niña. El escándalo se prendió como cerillo en hilo de pólvora. El martes 13 de abril, remató con una fotografía en Instagram donde aparece de cinco años y está evidentemente asustada frente a su abuelo. Escribió: “Para tod@s los que quieren pruebas ... perdón que no tenía cómo grabar al puerco de mi abuelo manoseándome a los 5 años de edad !!! pero UNA FOTO DICE MAS QUE 1000 PALABRAS”.

Quizá publicitar su vida privada fue un camino inesperado para exhibir un secreto de familia. Quizá tampoco sabía que, en varios países, abril ha sido declarado el Mes de la Conciencia sobre la Agresión Sexual. Sin embargo, los dimes y los diretes que se han ventilado en público entre todos los miembros de su familia —incluido su abuelo, sus tías y su propia madre— son muy similares a lo que podría vivirse en cualquier familia atravesando por la misma situación, aunque sin acceso al ventaneo mediático.

Con estas revelaciones, de las que Frida Sofía probablemente haga una denuncia judicial formal contra su abuelo de 78 años, vale la pena leer a la psicóloga, educadora sexual y terapeuta Gema Ortiz que, en su libro “Sexualidad Infantil Saludable y Feliz”, advierte que en todas las escuelas que conozcamos, en cada grupo y en cada grado, seguramente habrá algún menor que haya sido víctima de abuso.

Ortiz explica que es considerado abuso sexual cuando se acarician de manera erótica los genitales, el pecho o las nalgas de una niña o un niño. También se violenta sexualmente a un menor cuando un adulto se estimula sexualmente con el cuerpo del niño, se acaricia sexualmente frente a él, lo besa sexualmente o lo obliga a ver pornografía.

La especialista anota que la diferencia con la violación sexual hacia un menor es que ésta última implica la introducción de partes del cuerpo u objetos en la vagina o en el ano del menor o que haya contacto boca-genitales.

“Otras formas de sobreexposición sexual infantil son las familias sin límites ni privacidad hacia el erotismo adulto. Familias en las cuales los/las niños/as observan y escuchan cotidianamente a sus padres mientras tienen relaciones sexuales (no en forma accidental, eso le puede suceder a cualquiera y se explica con cariño que era un encuentro íntimo), o que tiene acceso descuidado y continuo a material pornográfico o el tocar frecuente e innecesariamente a las niñas o a los niños en el área genital”, anota Ortiz.

Sin caer en el debate mediático del caso Frida Sofía —porque su abuelo Enrique Guzmán incluso acudió a otro medio de comunicación para desmentir a su nieta—, mejor leamos a Gema Ortiz sobre lo que define una conducta sexual como abusiva. Primero, que sea una conducta erótica y que haya una diferencia de edad de 4 a 5 años entre la víctima y quien ejerce la violencia.

Siguiente, hay una diferencia en la capacidad para comprender lo que ocurrió, como sucede entre un adulto y un niño o incluso cuando la víctima vive con alguna condición de discapacidad intelectual. Por último, que haya algún tipo de coerción o violencia para lograr la conducta. El típico: “Si le dices a tu mamá, no te va a creer”.

Contra ese tipo de amenazas, violencia verbal, física, engaño o manipulación hay que armar a los niños para que sepan responder ante posibles situaciones de abuso. Una herramienta básica es enseñar a los niños la diferencia entre los secretos buenos como una fiesta sorpresa y los “secretos malos” que son los que nos hacen sentir incómodos. Así, cuando un abusador les pide ocultar una situación inapropiada, el niño sabrá que debe contarlo a su adulto de confianza.

¿Cuáles son los indicadores de abuso sexual? ¿Qué fue lo que Alejandra Guzmán no vio?

Sin querer defender a la que fuera llamada La Reina de Corazones, hay que insistir en que mientras la educación sexual sea vista como tabú, esta información seguirá sin llegar de manera oportuna a los padres y a los maestros.

Dicho lo anterior, acá algunas de las conductas que los especialistas anotan para identificar situaciones de abuso: dibujos y juegos haciendo referencia a conductas sexuales adultas, miedo extremo a ver a ciertos adultos (quizá el agresor) en ciertos lugares y circunstancias, así como masturbación infantil compulsiva. Entre otras que podrían resultar alertas gravísimas como enfermedades de transmisión sexual, marcas moradas en el cuello y la ingle o molestias genitales como ardor, comezón y mal olor.

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La organización AMAZE, una plataforma sin fines de lucro que difunde contenidos sobre Educación Integral en Sexualidad, recomienda que se incentive el debate público sobre la realidad de las agresiones sexuales en menores.

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