/ lunes 6 de abril de 2020

¿Puede el Covid-19 propagarse en las albercas?

El coronavirus no se trasmitirse por el agua de una piscina si está adecuadamente clorada, aunque esto no impide que nadadores y empresas resientan los impactos de la emergencia sanitaria

Los balnearios se han convertido en un destino obligado durante las vacaciones de Semana Santa ¿Y cómo no? Amante o no de la natación, con este calor siempre se antoja un refrescante chapuzón en el agua y no siempre se tiene dinero para ir a la playa.

Pero esta Semana Santa será diferente, ya que a causa de la emergencia sanitaria decretada en México por la pandemia de coronavirus, todos los parques acuáticos están cerrados.

En medio de la crisis hay gente que se pregunta qué tan segura es el agua de una piscina o si el virus que nos tiene encerrados en casa y con cubrebocas también se propaga en el agua. A final de cuentas no solo hablamos de balnearios, sino también de albercas dentro de gimnasios, sitios de entrenamiento de atletas profesionales o incluso el jacuzzi de casa.

Ante estas preguntas te tenemos una buena noticia. No hay evidencia de que el Covid-19 se pueda propagar entre los humanos a través del uso de las piscinas, siempre y cuando estas cuenten con un tratamiento (clorado) adecuado del agua.

De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades del gobierno de Estados Unidos (CDC, por su sigla en inglés), un mantenimiento y desinfección apropiados de las albercas (con cloro y bromo, por ejemplo) debe eliminar o inactivar el virus de que causa el Covid-19.

Y en el caso del agua potable, la agencia indica que los métodos convencionales de tratamiento de agua que usan filtración y desinfección, como los que existen en la mayoría de los sistemas municipales, son suficientes para destruir el virus.

Estas conclusiones las comparte el Ejecutivo del Servicio de Salud de Irlanda, el equivalente a la Secretaría de Salud mexicana, que confirma que el coronavirus no se puede transmitir en el agua potable ni en las albercas siempre que sean debidamente cloradas.

De acuerdo con la institución, el requisito para inactivar el virus en las piscinas es mantener un residuo de cloro libre de al menos 1.0 mg / lt, dependiendo del tipo de piscina y desinfectante utilizado. Y en el caso del agua potable, la exposición mínima de cloro libre es de 0.5 mg / lt durante al menos 30 minutos.

Cabe aclarar que en ausencia de datos sobre el virus que causa el Covid-19 (que es el SARS-Cov-2), sus resultados se basan en dos cepas previas de coronavirus, algo así como sus “primos hermanos” que aparecieron antes: las que causan el síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV o SARS) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV o MERS).

Foto: Archivo Cuartoscuro

El problema es todo lo que haces en lo que llegas a la alberca. “Si estás en un gimnasio cerrado, por ejemplo, todas las superficies que tocas o estar en contacto con otras personas es lo que realmente afecta”, reflexiona Diego Aragón, quien además de nadar desde hace diez años lleva el mismo tiempo trabajando en temas de seguridad, salud y medio ambiente para una importante compañía química estadounidense.

Por otra parte, tampoco eres inmune a que alguien tosa o estornude cerca de ti. Es por eso que, aun en las piscinas, si es que aún encuentras alguna abierta, debes mantener las medidas de distanciamiento social.

Y si de plano formas parte de los grupos más vulnerables a la enfermedad, lo mejor es que desistas de nadar en las próximas semanas. Como diría el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell: “Quédate en casa, quédate en casa, quédate en casa”. Ya habrá tiempo de echarte un clavado cuando pase la cuarentena.

Piscinas cerradas

El Covid-19 afecta la vida cotidiana de todo el mundo. Diego Aragón nada desde hace diez años en la alberca de un gimnasio cercano a su trabajo.

De lunes a viernes, cada mañana y siempre que puede, nada antes de comenzar sus labores. Sabe bien que el crol, dorso, pecho y mariposa le ayudan en la parte psicológica y laboral. “Cuando soy más productivo en mi trabajo es justo entre el tiempo que salgo de nadar y la una de la tarde”, comenta.

Pero desde mediados de marzo el gimnasio donde se ejercita está cerrado y no hay fecha tentativa para abrir. Aunque hace home office, no tiene forma de canalizar toda la energía que tiene. “Sí trato de hacer un poco de ejercicio en casa y me salgo a correr guardando mi distancia y todo, pero mi deporte es la nadada”.

Desde que era niño Diego era muy activo. Jugaba béisbol y fútbol, “pero la natación es donde más me clavé y donde mejor me va”, cuenta este joven de 32 años que ha nadado en aguas abiertas desde Cancún a Isla Mujeres: diez kilómetros en total.

Enrique Dzul, de 27 años, vive una situación similar. Este joven practicaba natación cuatro veces por semana hasta que por causa de la contingencia sanitaria cerraron la alberca del Velódromo Olímpico, donde habitualmente nada, el pasado 19 de marzo.

Twitter / @ManceraMiguelMX

Desde pequeño Enrique comenzó a nadar, pero fue hasta hace cinco años que lo hizo de manera ininterrumpida. Aunque suene a cliché, la natación se ha convertido para él en un estilo de vida, por lo que el abrupto cierre del Velódromo le ha perjudicado.

“Me afecta inclusive a la hora de dormir, estoy acostumbrado a un ritmo diario y se frena todo eso; toda la energía que estoy acostumbrado a liberar ya no lo hago y al final del día me quedo con todo eso, estoy impaciente y a veces me siento desesperado porque es cortar todo de tajo”, lamenta.

La natación no es lo único que el Covid-19 le ha arrebatado temporalmente a Enrique. También iba al gimnasio, trabajaba por las mañanas en un proyecto en la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), estaba terminando una licenciatura en Archivonomía y daba clases de batería en una escuela de música.

Acostumbrado a tanta actividad, quedarse en casa le ha costado trabajo, aunque entiende que es necesario para no exponerse al virus y tampoco a su familia.

Por ahora cuida su dieta lo más que puede y hace ejercicio en casa. “No cuento con un equipo de gimnasio y mucho menos de natación, pero he improvisado; trabajo ejercicios aeróbicos y con mi propio cuerpo”, cuenta.

Diego Aragón también comprende que lo mejor, por ahora, es hacer caso a las recomendaciones para evitar más contagios.

“El problema de la natación es que es muy celosa, dejas de hacer una o dos semanas los entrenamientos y lo sientes en la alberca; entonces después de, ¿qué van a ser?, dos meses o tal vez más, sí va a estar complicado el regreso, pero hay que tratar de ayudar lo más que podamos”, dice Diego.

Pérdidas millonarias

Apenas este lunes 6 de abril, empresarios del ramo de entretenimiento denunciaron en un comunicado que más de mil 951 centros temáticos, de diversiones, museos, parques acuáticos, zoológicos, acuarios, centros de entretenimiento familiar y atracciones están a punto de irse a la quiebra, pues no tienen capacidad de aguantar cerrados más allá del 30 de abril.

El cierre significa que más de 20 millones de visitantes dejen de acudir a estos centros de diversión, lo que genera pérdidas por 8 mil millones de pesos y pone en riesgo 326 mil empleos directos y 1.3 millones de empleos indirectos.

Para estas empresas, la Semana Santa y la Semana de Pascua pueden representar el 40 por ciento de su ingreso anual. Por desgracia, la emergencia sanitaria se extenderá más allá de este periodo.

“Atravesamos por un escenario complejo, nunca visto y que se presenta justo antes de uno de los periodos vacacionales con mayor dinamismo para la industria del país”, sostuvo Gerardo Gallos Casas, presidente de la Asociación Mexicana de Parques Acuáticos y Balnearios (AMPABA).

Grupo Xcaret, Six Flags México, Hurricane Harbor, KidZania, Africam Safari, Acuario de Veracruz, Acuario Inbursa, Bioparque Estrella, Grutas de Tolantongo, Aquatico Inbursa Water Park, entre otros parques, balnearios y zoológicos firmaron el comunicado.


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Pero esta Semana Santa será diferente, ya que a causa de la emergencia sanitaria decretada en México por la pandemia de coronavirus, todos los parques acuáticos están cerrados.

En medio de la crisis hay gente que se pregunta qué tan segura es el agua de una piscina o si el virus que nos tiene encerrados en casa y con cubrebocas también se propaga en el agua. A final de cuentas no solo hablamos de balnearios, sino también de albercas dentro de gimnasios, sitios de entrenamiento de atletas profesionales o incluso el jacuzzi de casa.

Ante estas preguntas te tenemos una buena noticia. No hay evidencia de que el Covid-19 se pueda propagar entre los humanos a través del uso de las piscinas, siempre y cuando estas cuenten con un tratamiento (clorado) adecuado del agua.

De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades del gobierno de Estados Unidos (CDC, por su sigla en inglés), un mantenimiento y desinfección apropiados de las albercas (con cloro y bromo, por ejemplo) debe eliminar o inactivar el virus de que causa el Covid-19.

Y en el caso del agua potable, la agencia indica que los métodos convencionales de tratamiento de agua que usan filtración y desinfección, como los que existen en la mayoría de los sistemas municipales, son suficientes para destruir el virus.

Estas conclusiones las comparte el Ejecutivo del Servicio de Salud de Irlanda, el equivalente a la Secretaría de Salud mexicana, que confirma que el coronavirus no se puede transmitir en el agua potable ni en las albercas siempre que sean debidamente cloradas.

De acuerdo con la institución, el requisito para inactivar el virus en las piscinas es mantener un residuo de cloro libre de al menos 1.0 mg / lt, dependiendo del tipo de piscina y desinfectante utilizado. Y en el caso del agua potable, la exposición mínima de cloro libre es de 0.5 mg / lt durante al menos 30 minutos.

Cabe aclarar que en ausencia de datos sobre el virus que causa el Covid-19 (que es el SARS-Cov-2), sus resultados se basan en dos cepas previas de coronavirus, algo así como sus “primos hermanos” que aparecieron antes: las que causan el síndrome respiratorio agudo severo (SARS-CoV o SARS) y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS-CoV o MERS).

Foto: Archivo Cuartoscuro

El problema es todo lo que haces en lo que llegas a la alberca. “Si estás en un gimnasio cerrado, por ejemplo, todas las superficies que tocas o estar en contacto con otras personas es lo que realmente afecta”, reflexiona Diego Aragón, quien además de nadar desde hace diez años lleva el mismo tiempo trabajando en temas de seguridad, salud y medio ambiente para una importante compañía química estadounidense.

Por otra parte, tampoco eres inmune a que alguien tosa o estornude cerca de ti. Es por eso que, aun en las piscinas, si es que aún encuentras alguna abierta, debes mantener las medidas de distanciamiento social.

Y si de plano formas parte de los grupos más vulnerables a la enfermedad, lo mejor es que desistas de nadar en las próximas semanas. Como diría el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell: “Quédate en casa, quédate en casa, quédate en casa”. Ya habrá tiempo de echarte un clavado cuando pase la cuarentena.

Piscinas cerradas

El Covid-19 afecta la vida cotidiana de todo el mundo. Diego Aragón nada desde hace diez años en la alberca de un gimnasio cercano a su trabajo.

De lunes a viernes, cada mañana y siempre que puede, nada antes de comenzar sus labores. Sabe bien que el crol, dorso, pecho y mariposa le ayudan en la parte psicológica y laboral. “Cuando soy más productivo en mi trabajo es justo entre el tiempo que salgo de nadar y la una de la tarde”, comenta.

Pero desde mediados de marzo el gimnasio donde se ejercita está cerrado y no hay fecha tentativa para abrir. Aunque hace home office, no tiene forma de canalizar toda la energía que tiene. “Sí trato de hacer un poco de ejercicio en casa y me salgo a correr guardando mi distancia y todo, pero mi deporte es la nadada”.

Desde que era niño Diego era muy activo. Jugaba béisbol y fútbol, “pero la natación es donde más me clavé y donde mejor me va”, cuenta este joven de 32 años que ha nadado en aguas abiertas desde Cancún a Isla Mujeres: diez kilómetros en total.

Enrique Dzul, de 27 años, vive una situación similar. Este joven practicaba natación cuatro veces por semana hasta que por causa de la contingencia sanitaria cerraron la alberca del Velódromo Olímpico, donde habitualmente nada, el pasado 19 de marzo.

Twitter / @ManceraMiguelMX

Desde pequeño Enrique comenzó a nadar, pero fue hasta hace cinco años que lo hizo de manera ininterrumpida. Aunque suene a cliché, la natación se ha convertido para él en un estilo de vida, por lo que el abrupto cierre del Velódromo le ha perjudicado.

“Me afecta inclusive a la hora de dormir, estoy acostumbrado a un ritmo diario y se frena todo eso; toda la energía que estoy acostumbrado a liberar ya no lo hago y al final del día me quedo con todo eso, estoy impaciente y a veces me siento desesperado porque es cortar todo de tajo”, lamenta.

La natación no es lo único que el Covid-19 le ha arrebatado temporalmente a Enrique. También iba al gimnasio, trabajaba por las mañanas en un proyecto en la Fonoteca del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), estaba terminando una licenciatura en Archivonomía y daba clases de batería en una escuela de música.

Acostumbrado a tanta actividad, quedarse en casa le ha costado trabajo, aunque entiende que es necesario para no exponerse al virus y tampoco a su familia.

Por ahora cuida su dieta lo más que puede y hace ejercicio en casa. “No cuento con un equipo de gimnasio y mucho menos de natación, pero he improvisado; trabajo ejercicios aeróbicos y con mi propio cuerpo”, cuenta.

Diego Aragón también comprende que lo mejor, por ahora, es hacer caso a las recomendaciones para evitar más contagios.

“El problema de la natación es que es muy celosa, dejas de hacer una o dos semanas los entrenamientos y lo sientes en la alberca; entonces después de, ¿qué van a ser?, dos meses o tal vez más, sí va a estar complicado el regreso, pero hay que tratar de ayudar lo más que podamos”, dice Diego.

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