/ domingo 5 de marzo de 2017

Tijuana manda “tsunami” de aguas negras a playa de California

Por más de dos semanas, un hedor de heces, amoniaco y detergente inundó el ambiente del extremo suroeste del territorio continental de Estados Unidos. Los habitantes de la zona habían contactado a oficinas gubernamentales sin obtener respuestas.

Finalmente, un funcionario dio a conocer un reporte que detonó una furiosa reacción: Las obras de reparación del sistema de alcantarillado en Tijuana causaron que cerca de 542 millones de litros de aguas residuales fueran derramados hacia Estados Unidos y el Océano Pacífico durante 18 días. Un funcionario mexicano cuestionó tales afirmaciones tras una semana de clamor público.

La ciudad de Imperial Beach fue la más afectada por lo que el alcalde Serge Dedina llamó "el tsunami de aguas residuales".

Durante una estridente audiencia pública el jueves por la noche, los residentes enfadados gritaron a los funcionarios del Gobierno y exigieron respuestas. Criticaron que se les haya ocultado información por demasiado tiempo y se dijeron hartos de los frecuentes problemas con el drenaje de México que ensucia las playas y representa un peligro para su salud.

Se desconoce quiénes estaban enterados del asunto, por lo que también se cuestiona si fueron usados los canales de comunicación adecuados para alertar al público.

La Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), un organismo binacional que atiende disputas fronterizas sobre aguas y otros temas, prometió el jueves presentar un reporte en los próximos 30 días. La CILA explicó que su análisis determinará cuánta agua residual y por cuánto tiempo fue derramada, e identificará los errores en la comunicación.

Steve Smullen, el gerente de operaciones de área de la CILA en la zona de San Diego que ofreció los cálculos preliminares del derrame, dijo que un agente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos lo alertó sobre el hedor el 6 de febrero y él notificó rápidamente a su homólogo mexicano. De acuerdo con los funcionarios estadounidenses, no recibieron respuesta hasta el 23 de febrero, un día antes del anuncio público.

Roberto Espinosa, representante de oficina de la CILA en Tijuana, señaló durante el foro comunitario en Imperial Beach que él inmediatamente empezó a preguntar pero que la agencia mexicana responsable de resolver el problema no le dio respuestas.

"Hubo un colapso en el cruce de información entre el operador y nosotros", indicó Espinosa. "Es muy lamentable y eso es lo que más nos duele".

La Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana, una agencia que realizó las reparaciones, reportó que el derrame de aguas residuales duró sólo del 1 al 4 de febrero y que el flujo al otro lado de la frontera se debió a las aguas pluviales. Miguel Lemus, el director de la agencia, detalló que el cálculo preliminar de los funcionarios estadunidenses fue demasiado elevado y que muy probablemente las aguas residuales quedaron estancadas en Estados Unidos, lo que produjo el hedor.

En entrevista, Lemus dijo que él debería haber informado a los representantes de la CILA en México antes de realizar las reparaciones. Añadió que espera que Estados Unidos y México desarrollen mejores protocolos de comunicación a fin de evitar "que se dé a malos entendidos, o como ahora que están dando información que no es del todo correcta".

Por más de dos semanas, un hedor de heces, amoniaco y detergente inundó el ambiente del extremo suroeste del territorio continental de Estados Unidos. Los habitantes de la zona habían contactado a oficinas gubernamentales sin obtener respuestas.

Finalmente, un funcionario dio a conocer un reporte que detonó una furiosa reacción: Las obras de reparación del sistema de alcantarillado en Tijuana causaron que cerca de 542 millones de litros de aguas residuales fueran derramados hacia Estados Unidos y el Océano Pacífico durante 18 días. Un funcionario mexicano cuestionó tales afirmaciones tras una semana de clamor público.

La ciudad de Imperial Beach fue la más afectada por lo que el alcalde Serge Dedina llamó "el tsunami de aguas residuales".

Durante una estridente audiencia pública el jueves por la noche, los residentes enfadados gritaron a los funcionarios del Gobierno y exigieron respuestas. Criticaron que se les haya ocultado información por demasiado tiempo y se dijeron hartos de los frecuentes problemas con el drenaje de México que ensucia las playas y representa un peligro para su salud.

Se desconoce quiénes estaban enterados del asunto, por lo que también se cuestiona si fueron usados los canales de comunicación adecuados para alertar al público.

La Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA), un organismo binacional que atiende disputas fronterizas sobre aguas y otros temas, prometió el jueves presentar un reporte en los próximos 30 días. La CILA explicó que su análisis determinará cuánta agua residual y por cuánto tiempo fue derramada, e identificará los errores en la comunicación.

Steve Smullen, el gerente de operaciones de área de la CILA en la zona de San Diego que ofreció los cálculos preliminares del derrame, dijo que un agente de la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos lo alertó sobre el hedor el 6 de febrero y él notificó rápidamente a su homólogo mexicano. De acuerdo con los funcionarios estadounidenses, no recibieron respuesta hasta el 23 de febrero, un día antes del anuncio público.

Roberto Espinosa, representante de oficina de la CILA en Tijuana, señaló durante el foro comunitario en Imperial Beach que él inmediatamente empezó a preguntar pero que la agencia mexicana responsable de resolver el problema no le dio respuestas.

"Hubo un colapso en el cruce de información entre el operador y nosotros", indicó Espinosa. "Es muy lamentable y eso es lo que más nos duele".

La Comisión Estatal de Servicios Públicos de Tijuana, una agencia que realizó las reparaciones, reportó que el derrame de aguas residuales duró sólo del 1 al 4 de febrero y que el flujo al otro lado de la frontera se debió a las aguas pluviales. Miguel Lemus, el director de la agencia, detalló que el cálculo preliminar de los funcionarios estadunidenses fue demasiado elevado y que muy probablemente las aguas residuales quedaron estancadas en Estados Unidos, lo que produjo el hedor.

En entrevista, Lemus dijo que él debería haber informado a los representantes de la CILA en México antes de realizar las reparaciones. Añadió que espera que Estados Unidos y México desarrollen mejores protocolos de comunicación a fin de evitar "que se dé a malos entendidos, o como ahora que están dando información que no es del todo correcta".