/ domingo 9 de abril de 2017

Una aventura por Costa Rica, el jardín del mundo

||Por Pako Moreno||

Quise visitar el país sin planearlo, descubrirlo y que me sorprendiera. El vuelo desde México a Costa Rica fue muy relajado junto a la ventana del avión, iba maravillándome de lo diminutos que podemos ser ante la tierra y sus maravillas naturales.

Las verdes montañas me daban la bienvenida y los hilos de agua a través de los prados que se extienden kilómetros hasta donde tus ojos alcanzan a ver, me estaban avisando que algo increíble me aguardaba en ese país.

En San José, nuestros amigos nos recibieron con un almuerzo típico del país: El Casado, un platillo a base de plátano, arroz, frijol rojo, ensalada y una proteína (pollo o res); fue una delicia que me sorprendió por la combinación de sabores agridulces y salados. No podía faltar una típica taza de café, producto de excelencia del cual me declaro fanático, su sabor delicado provoca siempre pedir una taza más y otra más. Cartago es otro destino custodiado por el Volcán Irazú, imponente testigo de nuestro recorrido, en sus calles se respira paz; ahí pude admirar las nubes que tocan las cumbres accidentadas de la sierra. Uno de los sitios mejor recomendados es el Volcán Poás, cuyo cráter es el más grande del mundo. La experiencia no pudo ser mejor, caminar entre un bosque húmedo con musgos, hongos, aves e insectos me puso la piel chinita de la emoción; era como estar en una película de fantasía.

El Valle de Orosi, un terreno extenso en donde admiré la naturaleza en su máximo esplendor: ganado pastando en los prados, coloridas flores, ríos que cruzan los cerros, nubes bajas y casas con chimeneas humeantes que me recuerdan la tranquilidad de la provincia.

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Jamás se terminaron las sorpresas, estuvieron presentes en cualquier rincón de este país; hoy puedo decir que he conocido el jardín del mundo, Costa Rica. No sé si te ha pasado pero estos momentos se registraron en mi mente y regresarán cuando me tome una buena taza de café.

Este artículo está escrito en colaboración con El Sol de México

/amg

||Por Pako Moreno||

Quise visitar el país sin planearlo, descubrirlo y que me sorprendiera. El vuelo desde México a Costa Rica fue muy relajado junto a la ventana del avión, iba maravillándome de lo diminutos que podemos ser ante la tierra y sus maravillas naturales.

Las verdes montañas me daban la bienvenida y los hilos de agua a través de los prados que se extienden kilómetros hasta donde tus ojos alcanzan a ver, me estaban avisando que algo increíble me aguardaba en ese país.

En San José, nuestros amigos nos recibieron con un almuerzo típico del país: El Casado, un platillo a base de plátano, arroz, frijol rojo, ensalada y una proteína (pollo o res); fue una delicia que me sorprendió por la combinación de sabores agridulces y salados. No podía faltar una típica taza de café, producto de excelencia del cual me declaro fanático, su sabor delicado provoca siempre pedir una taza más y otra más. Cartago es otro destino custodiado por el Volcán Irazú, imponente testigo de nuestro recorrido, en sus calles se respira paz; ahí pude admirar las nubes que tocan las cumbres accidentadas de la sierra. Uno de los sitios mejor recomendados es el Volcán Poás, cuyo cráter es el más grande del mundo. La experiencia no pudo ser mejor, caminar entre un bosque húmedo con musgos, hongos, aves e insectos me puso la piel chinita de la emoción; era como estar en una película de fantasía.

El Valle de Orosi, un terreno extenso en donde admiré la naturaleza en su máximo esplendor: ganado pastando en los prados, coloridas flores, ríos que cruzan los cerros, nubes bajas y casas con chimeneas humeantes que me recuerdan la tranquilidad de la provincia.

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Jamás se terminaron las sorpresas, estuvieron presentes en cualquier rincón de este país; hoy puedo decir que he conocido el jardín del mundo, Costa Rica. No sé si te ha pasado pero estos momentos se registraron en mi mente y regresarán cuando me tome una buena taza de café.

Este artículo está escrito en colaboración con El Sol de México

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