/ miércoles 24 de mayo de 2017

Un predicador africano llama por teléfono a Dios

"Hola, ¿es el cielo? ¿Es el cielo?". El predicador zimbabuense Paul Sanyangore se hizo famoso a nivel mundial por un don que, asegura, solamente él tiene: hablar con Dios.

Los fieles de la Iglesia Internacional de los Ministerios de la Victoria Mundial lo siguen, le creen y lo admiran por su capacidad. "Tengo un canal directo, en realidad tengo su número y puedo llamarle cuando haya una necesidad", explicó, teléfono en mano, ante las decenas de personas de su congregación.

Durante una de las reuniones en Zimbabue, en el sur de África, hizo una demostración de su 'poder'.

"Hola, ¿es el cielo? ¿Es el cielo? Tengo una mujer aquí, ¿qué tienes para decir sobre ella?", preguntó Sanyangore. De inmediato, 'Dios' reveló detalles sobre la mujer, publicó el sitio Africa News.

"Dijo que debemos rezar por sus chicos, por los dos. Dice que uno es epiléptico, el otro es asmático. Dios me pide que te diga que tu historia ha cambiado", expresó el pastor.

Sus críticos, sin embargo, aseguran que en realidad en el otro lado de la línea estaba una persona que conocía la historia de esa mujer.

Ante los cuestionamientos, el pastor respondió que tiene "instrucciones en el teléfono sobre qué hacer o decir".

"Si los cielos hablaron a Abraham ¿por qué no nosotros? Ustedes son de poca fe y la gente siempre tendrá dudas", continuó, y aunque aseguró que nada de lo que hace es para buscar "publicidad", ahora podría lanzar un canal de Internet llamado 'Heaven Online' (Cielo en línea).

Esta no es la primera vez que un pastor africano se hace famoso por sus prácticas poco ortodoxas. En la provincia sudafricana de Limpopo, Rufus Phala, de la Iglesia Cristiana Espiritual de Makgodu, practica un método en extremo curioso para 'curar' a sus seguidores, consistente en hacerles beber insecticida.

"Es nocivo, pero Dios me dijo que lo usara", justificó esta práctica y aseguró que fue "la primera persona" en probarlo.

Mientras que el pastor Lethebo Rabalago, también en Sudáfrica, rocía a los parroquianos con un insecticida para curar sus males.

/afa

"Hola, ¿es el cielo? ¿Es el cielo?". El predicador zimbabuense Paul Sanyangore se hizo famoso a nivel mundial por un don que, asegura, solamente él tiene: hablar con Dios.

Los fieles de la Iglesia Internacional de los Ministerios de la Victoria Mundial lo siguen, le creen y lo admiran por su capacidad. "Tengo un canal directo, en realidad tengo su número y puedo llamarle cuando haya una necesidad", explicó, teléfono en mano, ante las decenas de personas de su congregación.

Durante una de las reuniones en Zimbabue, en el sur de África, hizo una demostración de su 'poder'.

"Hola, ¿es el cielo? ¿Es el cielo? Tengo una mujer aquí, ¿qué tienes para decir sobre ella?", preguntó Sanyangore. De inmediato, 'Dios' reveló detalles sobre la mujer, publicó el sitio Africa News.

"Dijo que debemos rezar por sus chicos, por los dos. Dice que uno es epiléptico, el otro es asmático. Dios me pide que te diga que tu historia ha cambiado", expresó el pastor.

Sus críticos, sin embargo, aseguran que en realidad en el otro lado de la línea estaba una persona que conocía la historia de esa mujer.

Ante los cuestionamientos, el pastor respondió que tiene "instrucciones en el teléfono sobre qué hacer o decir".

"Si los cielos hablaron a Abraham ¿por qué no nosotros? Ustedes son de poca fe y la gente siempre tendrá dudas", continuó, y aunque aseguró que nada de lo que hace es para buscar "publicidad", ahora podría lanzar un canal de Internet llamado 'Heaven Online' (Cielo en línea).

Esta no es la primera vez que un pastor africano se hace famoso por sus prácticas poco ortodoxas. En la provincia sudafricana de Limpopo, Rufus Phala, de la Iglesia Cristiana Espiritual de Makgodu, practica un método en extremo curioso para 'curar' a sus seguidores, consistente en hacerles beber insecticida.

"Es nocivo, pero Dios me dijo que lo usara", justificó esta práctica y aseguró que fue "la primera persona" en probarlo.

Mientras que el pastor Lethebo Rabalago, también en Sudáfrica, rocía a los parroquianos con un insecticida para curar sus males.

/afa