/ viernes 22 de mayo de 2020

Hojas de papel volando | “Los marcianos llegaron ya...”

Durante siglos, en distintos lugares de la tierra y en culturas distintas, dicen haber visto movimientos extraños en el firmamento

¿A poco no es usted de los que, cuando salen fuera de la ciudad, descubre que por las noches ‘nomás se le iba en puro llorar...’? No, digo: ¿Es usted de quienes descubren que hay un cielo estrellado, hermoso, inmenso, infinito, desde el que, como si fueran millones de ojos en forma de estrellas, estrellitas, asteroides, cometas, nos miran?

Porque aquello que está allá arriba tiene su propia vida y su propia lógica; su propia armonía y su aristocrática belleza. Su propio misterio. En ese momento nos preguntamos mientras contamos los luceros: “¿Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere...?”

Bueno, aparte de esto, nos preguntamos ¿y qué hay allá arriba? ¿Qué mueve a toda esa constelación? ¿Cómo se sostiene ahí mismo por años-siglos? ¿Hay vida en ese infinito? ¿Cómo se expresa esa vida que suponemos inteligente y creativa? ¿Hay gente como nosotros o como marcianos? –porque todos los que están arriba son marcianos, aunque pudieran ser de Mercurio, Venus, Marte, Plutón...- según nuestro momento de introspección.

Foto: Captura de video

¿Hay vida allá arriba? – ¿O nosotros somos los de arriba? quién sabe--. Y hacemos miles de conjeturas para suponer cómo se vivirá allá si no hay una atmósfera como la nuestra, sin agua, sin otros elementos que para nosotros son indispensables.

Tantas preguntas que se resumen en una sola: “¿Quién está ahí?

Durante siglos, en distintos lugares de la tierra y en culturas distintas, dicen haber visto movimientos extraños en el firmamento. Algunos, dicen que son extraños objetos que se han aproximado ‘para vernos mejor’. Y todo esto sin haber fumado nada extraordinario.

Y a esas luces o movimiento desconocidos se les han denominado de distintas formas, según la imaginación o las creencias prevalentes:

Referencias antiguas serían registros de observaciones reales de supuestas naves alienígenas, que habrían recibido distintas denominaciones: “vehículo de los dioses”, “carro pushpaka” y “marut”’ [Éstas del Ramayana hinduista, del siglo III a. C.]

Y otros: “bórax resplandeciente”, “carro de fuego”, “disco solar”, “escudo que vuela”, “escudo yacente”, “esfera transparente”, “espada voladora”, “flecha ígnea”, “luz cósmica”, “nube con ángeles”, “nube de fuego”, “perla luminosa”, “serpiente de las nubes”.

El tema viene de lejos, aunque aún es una incógnita.

El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung postuló una teoría para explicar por qué parece más deseable que los ovnis sean naves extraterrestres que no cualquier otro fenómeno conocido. Esto en su libro de 1958 “Un mito moderno”. “¿Por qué la existencia de platillos voladores parece más deseable que su no existencia?”.

Los ‘platillos voladores’ fueron denominados así desde 1947 por un periodista, a entrevista con el piloto civil estadounidense Kenneth Arnold, quien le refirió que mientras volaba sobre la cordillera de las Cascadas (en el estado de Washington-EUA), vio una formación de nueve objetos con forma de búmeran que volaban a una velocidad estimada por él superior a los 1500 km/h. Más tarde esos y otros objetos serían denominados “Objetos voladores no identificados” (Ovnis),

Todo esto viene al caso porque hace apenas unas semanas el gobierno de los Estados Unidos dio a conocer videos hechos por integrantes de sus fuerzas armadas o de naves espaciales en los que se perciben esos famosos “Ovnis”.

El lunes 27 de abril de 2020, el Pentágono publicó las grabaciones de tres avistamientos de Objetos Voladores no Identificados por parte de sus pilotos.

Una de 2004 y dos de 2015. El Departamento de Defensa precisó que “Publica estos vídeos para clarificar cualquier malentendido por parte del público sobre si las grabaciones que han ido circulando son reales o no, y si hay más ([contenido] en los vídeos. El fenómeno aéreo que se aprecia en los vídeos permanece clasificado como no identificado”, dijo.

Foto Pentágono

Las imágenes fueron filtradas y circulaban en la red desde 2007 y 2017. “Son objetos que –se dijo- nunca se han catalogado como elementos extraterrestres, sino como posibles incursiones militares en el espacio aéreo”.

El primer vídeo, el de 2004, fue compartido por uno de los tripulantes que dice haber presenciado la escena; más tarde fue publicado junto a los otros dos por la organización To The Stars Academy y el periódico The New York Times en diciembre de 2017 y marzo de 2018.

En 2019, la Armada estadounidense reconoció que las tres grabaciones eran reales, pero hasta esta fecha no las había difundido oficialmente. En todo caso deja claro que siguen siendo objetos cuyo origen se desconoce, aunque dice que sí fueron vistos por la armada estadounidense y que se movían a ‘hipervelocidad’.

En todo caso, durante distintas etapas, los estadounidenses han puesto en marcha oficinas que dependen de la inteligencia aeroespacial para que investiguen de qué se trata el asunto. También Rusia, Israel, Reino Unido, Francia.

Todos para saber de esos movimientos, su origen e intención. Si tienen información, ésta la clasifican, aunque también si hubiera algo evidente tendrían que dar las explicaciones y alertas. Por lo demás, todo parece especulaciones, imaginación, un poco de gracia y otra cosita. Muchos dicen haber visto “cosas extrañas”, pero hasta ahí.

Por ejemplo. Cuando terminó la II Guerra Mundial, durante el gobierno de Harry S. Truman (1945-1953), les dio por iniciar investigaciones sobre esos “Platillos voladores”.

‘Para saber si el espacio aéreo estadounidense estaba siendo violado con cierta periodicidad por prototipos o ejemplares de pre-serie fabricados por otras naciones, especialmente la Unión Soviética.

‘La primera de dichas investigaciones oficiales comenzó en 1947 bajo el nombre de Proyecto Signo; en 1949 se rebautizó como Proyecto Fastidionota y en 1952 como Proyecto Libro Azul, que seguiría investigando casos hasta 1969, para comenzar después el Proyecto Libro Blanco. Comenzó entonces la Ufología que estudia estos fenómenos’.

En esta investigación participó el astrónomo Joseph Allen Hynek. A él se debe la clasificación de objetivos de sus trabajos y los “tipos de encuentros”:

‘Esclarecer si el espacio aéreo estadounidense estaba siendo violado. Saber si los platillos voladores podían constituir un peligro para Estados Unidos. Obtener algún conocimiento o ventaja tecnológica. En 1969 el Proyecto Libro Azul, fue cerrado, aunque reunió miles de expedientes y con la conclusión de que “los ovnis no suponían un peligro para la seguridad nacional” según dijeron al público’

Durante las investigaciones del Proyecto Libro Azul, Hynek propuso 3 tipos de posibles encuentros:

Encuentros cercanos: Tres tipos:

Primer tipo: Cuando se divisa un objeto no identificado volando o en el suelo, en este último supuesto lo avistado no sería un ovni, pero se decidió incluirlo si se le suponía la capacidad de volar. Es el que más casos se reúnen, según dijo Hynek.

Segundo tipo: Se da cuando el objeto deja cualquier tipo de huella, como vegetación quemada o marcas en la tierra.

Tercer tipo: Aparece cuando se observa a un tripulante. Es la ‘más escasamente reportada’.

Así que el Proyecto Libro Azul cerró. Pero la inquietud y las interrogantes no. Aunque nada se ha probado y sí, muchos testimonios de avistamientos. Muchos científicos han ocupado sus horas y conocimientos para intentar desentrañar el misterio de si hay vida inteligente fuera de nuestra enorme-inmensa-interminable inteligencia humana –ejem-.

En todo caso ya nos distrajimos un rato. Sigamos viendo al infinito sideral con intención de disfrutar su inmensidad, su luz propia, su misterio y su enamoramiento por nosotros porque esos ojos de fulgor extraño nos ven y nos admiran...

Foto Especial Archivo

Y sigamos distrayendo nuestro confinamiento necesario con el sí o el no de esa vida inteligente fuera del planeta tierra, con películas como aquella inolvidable “El día que paralizaron la tierra” (la mejor, la de 1951) o hasta con “Encuentros cercanos del tercer tipo”; veamos de nuevo “Viaje a las estrellas” y platiquemos con ET si se nos aparece por ahí, o cantemos con Cri-Cri:

“La Luna garapiñada quitando estrellas salió a brillar; solita, redonda y bella con luz de nácar pa' regalar: Ranita dime ¿cómo puedo encontrar al gnomo?”

O de plano, aquel “Los marcianos llegaron ya, y llegaron bailando ricachá; ricachá ricachá ricachá… así llaman en Marte al cha cha chá”.

joelhsantiago@gmail.com


Lee más:

¿A poco no es usted de los que, cuando salen fuera de la ciudad, descubre que por las noches ‘nomás se le iba en puro llorar...’? No, digo: ¿Es usted de quienes descubren que hay un cielo estrellado, hermoso, inmenso, infinito, desde el que, como si fueran millones de ojos en forma de estrellas, estrellitas, asteroides, cometas, nos miran?

Porque aquello que está allá arriba tiene su propia vida y su propia lógica; su propia armonía y su aristocrática belleza. Su propio misterio. En ese momento nos preguntamos mientras contamos los luceros: “¿Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere...?”

Bueno, aparte de esto, nos preguntamos ¿y qué hay allá arriba? ¿Qué mueve a toda esa constelación? ¿Cómo se sostiene ahí mismo por años-siglos? ¿Hay vida en ese infinito? ¿Cómo se expresa esa vida que suponemos inteligente y creativa? ¿Hay gente como nosotros o como marcianos? –porque todos los que están arriba son marcianos, aunque pudieran ser de Mercurio, Venus, Marte, Plutón...- según nuestro momento de introspección.

Foto: Captura de video

¿Hay vida allá arriba? – ¿O nosotros somos los de arriba? quién sabe--. Y hacemos miles de conjeturas para suponer cómo se vivirá allá si no hay una atmósfera como la nuestra, sin agua, sin otros elementos que para nosotros son indispensables.

Tantas preguntas que se resumen en una sola: “¿Quién está ahí?

Durante siglos, en distintos lugares de la tierra y en culturas distintas, dicen haber visto movimientos extraños en el firmamento. Algunos, dicen que son extraños objetos que se han aproximado ‘para vernos mejor’. Y todo esto sin haber fumado nada extraordinario.

Y a esas luces o movimiento desconocidos se les han denominado de distintas formas, según la imaginación o las creencias prevalentes:

Referencias antiguas serían registros de observaciones reales de supuestas naves alienígenas, que habrían recibido distintas denominaciones: “vehículo de los dioses”, “carro pushpaka” y “marut”’ [Éstas del Ramayana hinduista, del siglo III a. C.]

Y otros: “bórax resplandeciente”, “carro de fuego”, “disco solar”, “escudo que vuela”, “escudo yacente”, “esfera transparente”, “espada voladora”, “flecha ígnea”, “luz cósmica”, “nube con ángeles”, “nube de fuego”, “perla luminosa”, “serpiente de las nubes”.

El tema viene de lejos, aunque aún es una incógnita.

El psiquiatra suizo Carl Gustav Jung postuló una teoría para explicar por qué parece más deseable que los ovnis sean naves extraterrestres que no cualquier otro fenómeno conocido. Esto en su libro de 1958 “Un mito moderno”. “¿Por qué la existencia de platillos voladores parece más deseable que su no existencia?”.

Los ‘platillos voladores’ fueron denominados así desde 1947 por un periodista, a entrevista con el piloto civil estadounidense Kenneth Arnold, quien le refirió que mientras volaba sobre la cordillera de las Cascadas (en el estado de Washington-EUA), vio una formación de nueve objetos con forma de búmeran que volaban a una velocidad estimada por él superior a los 1500 km/h. Más tarde esos y otros objetos serían denominados “Objetos voladores no identificados” (Ovnis),

Todo esto viene al caso porque hace apenas unas semanas el gobierno de los Estados Unidos dio a conocer videos hechos por integrantes de sus fuerzas armadas o de naves espaciales en los que se perciben esos famosos “Ovnis”.

El lunes 27 de abril de 2020, el Pentágono publicó las grabaciones de tres avistamientos de Objetos Voladores no Identificados por parte de sus pilotos.

Una de 2004 y dos de 2015. El Departamento de Defensa precisó que “Publica estos vídeos para clarificar cualquier malentendido por parte del público sobre si las grabaciones que han ido circulando son reales o no, y si hay más ([contenido] en los vídeos. El fenómeno aéreo que se aprecia en los vídeos permanece clasificado como no identificado”, dijo.

Foto Pentágono

Las imágenes fueron filtradas y circulaban en la red desde 2007 y 2017. “Son objetos que –se dijo- nunca se han catalogado como elementos extraterrestres, sino como posibles incursiones militares en el espacio aéreo”.

El primer vídeo, el de 2004, fue compartido por uno de los tripulantes que dice haber presenciado la escena; más tarde fue publicado junto a los otros dos por la organización To The Stars Academy y el periódico The New York Times en diciembre de 2017 y marzo de 2018.

En 2019, la Armada estadounidense reconoció que las tres grabaciones eran reales, pero hasta esta fecha no las había difundido oficialmente. En todo caso deja claro que siguen siendo objetos cuyo origen se desconoce, aunque dice que sí fueron vistos por la armada estadounidense y que se movían a ‘hipervelocidad’.

En todo caso, durante distintas etapas, los estadounidenses han puesto en marcha oficinas que dependen de la inteligencia aeroespacial para que investiguen de qué se trata el asunto. También Rusia, Israel, Reino Unido, Francia.

Todos para saber de esos movimientos, su origen e intención. Si tienen información, ésta la clasifican, aunque también si hubiera algo evidente tendrían que dar las explicaciones y alertas. Por lo demás, todo parece especulaciones, imaginación, un poco de gracia y otra cosita. Muchos dicen haber visto “cosas extrañas”, pero hasta ahí.

Por ejemplo. Cuando terminó la II Guerra Mundial, durante el gobierno de Harry S. Truman (1945-1953), les dio por iniciar investigaciones sobre esos “Platillos voladores”.

‘Para saber si el espacio aéreo estadounidense estaba siendo violado con cierta periodicidad por prototipos o ejemplares de pre-serie fabricados por otras naciones, especialmente la Unión Soviética.

‘La primera de dichas investigaciones oficiales comenzó en 1947 bajo el nombre de Proyecto Signo; en 1949 se rebautizó como Proyecto Fastidionota y en 1952 como Proyecto Libro Azul, que seguiría investigando casos hasta 1969, para comenzar después el Proyecto Libro Blanco. Comenzó entonces la Ufología que estudia estos fenómenos’.

En esta investigación participó el astrónomo Joseph Allen Hynek. A él se debe la clasificación de objetivos de sus trabajos y los “tipos de encuentros”:

‘Esclarecer si el espacio aéreo estadounidense estaba siendo violado. Saber si los platillos voladores podían constituir un peligro para Estados Unidos. Obtener algún conocimiento o ventaja tecnológica. En 1969 el Proyecto Libro Azul, fue cerrado, aunque reunió miles de expedientes y con la conclusión de que “los ovnis no suponían un peligro para la seguridad nacional” según dijeron al público’

Durante las investigaciones del Proyecto Libro Azul, Hynek propuso 3 tipos de posibles encuentros:

Encuentros cercanos: Tres tipos:

Primer tipo: Cuando se divisa un objeto no identificado volando o en el suelo, en este último supuesto lo avistado no sería un ovni, pero se decidió incluirlo si se le suponía la capacidad de volar. Es el que más casos se reúnen, según dijo Hynek.

Segundo tipo: Se da cuando el objeto deja cualquier tipo de huella, como vegetación quemada o marcas en la tierra.

Tercer tipo: Aparece cuando se observa a un tripulante. Es la ‘más escasamente reportada’.

Así que el Proyecto Libro Azul cerró. Pero la inquietud y las interrogantes no. Aunque nada se ha probado y sí, muchos testimonios de avistamientos. Muchos científicos han ocupado sus horas y conocimientos para intentar desentrañar el misterio de si hay vida inteligente fuera de nuestra enorme-inmensa-interminable inteligencia humana –ejem-.

En todo caso ya nos distrajimos un rato. Sigamos viendo al infinito sideral con intención de disfrutar su inmensidad, su luz propia, su misterio y su enamoramiento por nosotros porque esos ojos de fulgor extraño nos ven y nos admiran...

Foto Especial Archivo

Y sigamos distrayendo nuestro confinamiento necesario con el sí o el no de esa vida inteligente fuera del planeta tierra, con películas como aquella inolvidable “El día que paralizaron la tierra” (la mejor, la de 1951) o hasta con “Encuentros cercanos del tercer tipo”; veamos de nuevo “Viaje a las estrellas” y platiquemos con ET si se nos aparece por ahí, o cantemos con Cri-Cri:

“La Luna garapiñada quitando estrellas salió a brillar; solita, redonda y bella con luz de nácar pa' regalar: Ranita dime ¿cómo puedo encontrar al gnomo?”

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joelhsantiago@gmail.com


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