/ miércoles 28 de diciembre de 2016

Arabia Saudita otra potencia petrolera buscará créditos por 35 mil millones dólares para 2017

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).– La familia real de Arabia Saudita sigue viviendo en suntuosos palacios, posee decenas de Ferraris y Rolls-Royces, yates de centenares de metros de eslora y mansiones de lujo en todo el planeta, gasta fortunas en financiar a los movimientos islamistas que combaten en Siria y financia la guerra en el Yemen. Pero la mayor potencia petrolera del mundo árabe está asfixiada económicamente.

Para salir de esa crítica situación, el vicepríncipe heredero Mohammed Bin Salmán, hombre fuerte de la corona, proyecta salir en 2017 al mercado de la deuda -por segunda vez en menos de un año- para obtener créditos por valor de 35 mil millones de dólares. En octubre pasado, reunió 17 mil 500 millones en la operación más importante jamás realizada por un país en una sola emisión. La demanda de títulos llegó incluso a 67 mil millones.

El enorme apetito de los inversores internacional se explica por el alto rating de confianza que tiene el país, considerado como un acreedor sólido y fiable. A pesar de la crítica situación financiera que atraviesa el reino después del derrumbe de los precios petroleros a partir de 2014, la agencia de notación Standard & Poor’s (S&P) le acuerda una calificación de A-, mientras que Moody’s la mantiene en la categoría A1.

La segunda razón es que los títulos de Arabia Saudita ofrecen rendimientos extremadamente atractivos en un contexto global de intereses muy bajos. La tasa de los títulos a 10 años se elevaba a 3.25 por ciento en el momento de la emisión, es decir 30 puntos de base por encima de las tasas propuestas por Qatar.

A diferencia de la emisión de octubre pasado, que fue negociada solo en el exterior, esta vez la corona propondrá al mercado mundial la mitad de los 35 mil millones en bonos de 5, 7, 10, 16 y 30 años. La otra mitad será colocada en el mercado local de sukuks. Esos certificados de inversión permiten percibir intereses sin violar las disposiciones de la sharia (ley islámica) que prescriben los préstamos a interés.

El lanzamiento de los títulos está previsto para el primer trimestre de 2017, lo que revela la urgencia que tiene el reino en contar con nuevos recursos financieros para compensar la reducción de ingresos que sufrió en los últimos tres años debido a la baja de los precios del petróleo.

Para el nuevo año, la corona espera reducir en un tercio su déficit presupuestario, que fue de 79 mil millones de dólares en 2016 y de 97 mil millones en 2015 (15 por ciento del PIB). Para el año que comienza el objetivo es bajarlo a 53 mil millones (7.7 por ciento del PIB). Otro de las intenciones del vice príncipe heredero Mohammed Bin Salman -hombre fuerte del gabinete- es tratar de limitar las medidas de austeridad, reanudar los proyectos de infraestructuras suspendidos el año pasado y restablecer los bonos de premio a los funcionarios, adoptadas en 2016. Esas medidas originaron una drástica reducción del gasto público, que tuvo un fuerte impacto deflacionista en un país donde dos tercios de los ciudadanos son funcionarios del Estado.

A juicio de ciertos economistas, esas previsiones parecen demasiado optimistas porque están basadas en un presupuesto que prevé un aumento del precio de petróleo de 46 por ciento en 2017, lo que significaría un promedio anual de 70 dólares por barril. Por el momento, el petróleo oscila en torno de 53 dólares. Los expertos no creen que esa situación puede cambiar después del 1° de enero, cuando entren en aplicación las reducciones de la producción decididas por la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo).


Un endeudamiento poco inquietante


PARÍS, Francia. (OEM-Informex).– El endeudamiento externo que significa recurrir al mercado mundial de capitales es un riesgo económico que no inquieta a la casa real saudita. Gracias a los enormes recursos que le proporcionaba el petróleo hasta que se derrumbaron los precios, nunca necesitó recurrir al auxilio de capitales externos.

Arabia Saudita, de hecho, es uno de los países menos endeudados del mundo. Hasta 2014 apenas representaba 1.6 por ciento del PIB, pero -después de los bonos emitidos en 2016- ese ratio creció a 5.9 por ciento. Un estudio del banco BNP Paribas estimó que este año la deuda externa representaba 21 por ciento del PIB, pero tiene reservas estimadas en 517 mil millones de dólares.

Foto: PGR

Segundo productor mundial detrás de Rusia, con un promedio de extracción de 10.7 millones de barriles diarios en noviembre pasado, Arabia Saudita obtiene 90 por ciento de sus recursos de las ventas de hidrocarburos.

A fin romper su dependencia del crudo, el país lanzó un programa de diversificación, privatizó 5 por ciento de la empresa petrolera nacional Aramco y destinó esos recursos a un fondo soberano de 2 billones de dólares para comprar activos y realizar inversiones en el exterior.

El autor de ese ambicioso proyecto es Mohammed Bin Salmán. Hijo del rey Salmán, el vicepríncipe heredero de 30 años también es viceprimer ministro, ministro de Defensa y -como presidente del Consejo Económico y de Desarrollo- es responsable de planificación… y, llegado el caso, también de los fracasos.

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).– La familia real de Arabia Saudita sigue viviendo en suntuosos palacios, posee decenas de Ferraris y Rolls-Royces, yates de centenares de metros de eslora y mansiones de lujo en todo el planeta, gasta fortunas en financiar a los movimientos islamistas que combaten en Siria y financia la guerra en el Yemen. Pero la mayor potencia petrolera del mundo árabe está asfixiada económicamente.

Para salir de esa crítica situación, el vicepríncipe heredero Mohammed Bin Salmán, hombre fuerte de la corona, proyecta salir en 2017 al mercado de la deuda -por segunda vez en menos de un año- para obtener créditos por valor de 35 mil millones de dólares. En octubre pasado, reunió 17 mil 500 millones en la operación más importante jamás realizada por un país en una sola emisión. La demanda de títulos llegó incluso a 67 mil millones.

El enorme apetito de los inversores internacional se explica por el alto rating de confianza que tiene el país, considerado como un acreedor sólido y fiable. A pesar de la crítica situación financiera que atraviesa el reino después del derrumbe de los precios petroleros a partir de 2014, la agencia de notación Standard & Poor’s (S&P) le acuerda una calificación de A-, mientras que Moody’s la mantiene en la categoría A1.

La segunda razón es que los títulos de Arabia Saudita ofrecen rendimientos extremadamente atractivos en un contexto global de intereses muy bajos. La tasa de los títulos a 10 años se elevaba a 3.25 por ciento en el momento de la emisión, es decir 30 puntos de base por encima de las tasas propuestas por Qatar.

A diferencia de la emisión de octubre pasado, que fue negociada solo en el exterior, esta vez la corona propondrá al mercado mundial la mitad de los 35 mil millones en bonos de 5, 7, 10, 16 y 30 años. La otra mitad será colocada en el mercado local de sukuks. Esos certificados de inversión permiten percibir intereses sin violar las disposiciones de la sharia (ley islámica) que prescriben los préstamos a interés.

El lanzamiento de los títulos está previsto para el primer trimestre de 2017, lo que revela la urgencia que tiene el reino en contar con nuevos recursos financieros para compensar la reducción de ingresos que sufrió en los últimos tres años debido a la baja de los precios del petróleo.

Para el nuevo año, la corona espera reducir en un tercio su déficit presupuestario, que fue de 79 mil millones de dólares en 2016 y de 97 mil millones en 2015 (15 por ciento del PIB). Para el año que comienza el objetivo es bajarlo a 53 mil millones (7.7 por ciento del PIB). Otro de las intenciones del vice príncipe heredero Mohammed Bin Salman -hombre fuerte del gabinete- es tratar de limitar las medidas de austeridad, reanudar los proyectos de infraestructuras suspendidos el año pasado y restablecer los bonos de premio a los funcionarios, adoptadas en 2016. Esas medidas originaron una drástica reducción del gasto público, que tuvo un fuerte impacto deflacionista en un país donde dos tercios de los ciudadanos son funcionarios del Estado.

A juicio de ciertos economistas, esas previsiones parecen demasiado optimistas porque están basadas en un presupuesto que prevé un aumento del precio de petróleo de 46 por ciento en 2017, lo que significaría un promedio anual de 70 dólares por barril. Por el momento, el petróleo oscila en torno de 53 dólares. Los expertos no creen que esa situación puede cambiar después del 1° de enero, cuando entren en aplicación las reducciones de la producción decididas por la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo).


Un endeudamiento poco inquietante


PARÍS, Francia. (OEM-Informex).– El endeudamiento externo que significa recurrir al mercado mundial de capitales es un riesgo económico que no inquieta a la casa real saudita. Gracias a los enormes recursos que le proporcionaba el petróleo hasta que se derrumbaron los precios, nunca necesitó recurrir al auxilio de capitales externos.

Arabia Saudita, de hecho, es uno de los países menos endeudados del mundo. Hasta 2014 apenas representaba 1.6 por ciento del PIB, pero -después de los bonos emitidos en 2016- ese ratio creció a 5.9 por ciento. Un estudio del banco BNP Paribas estimó que este año la deuda externa representaba 21 por ciento del PIB, pero tiene reservas estimadas en 517 mil millones de dólares.

Foto: PGR

Segundo productor mundial detrás de Rusia, con un promedio de extracción de 10.7 millones de barriles diarios en noviembre pasado, Arabia Saudita obtiene 90 por ciento de sus recursos de las ventas de hidrocarburos.

A fin romper su dependencia del crudo, el país lanzó un programa de diversificación, privatizó 5 por ciento de la empresa petrolera nacional Aramco y destinó esos recursos a un fondo soberano de 2 billones de dólares para comprar activos y realizar inversiones en el exterior.

El autor de ese ambicioso proyecto es Mohammed Bin Salmán. Hijo del rey Salmán, el vicepríncipe heredero de 30 años también es viceprimer ministro, ministro de Defensa y -como presidente del Consejo Económico y de Desarrollo- es responsable de planificación… y, llegado el caso, también de los fracasos.