/ martes 29 de noviembre de 2016

Confía la OCDE en un estímulo fiscal

  • El organismo pretende acelerar el crecimiento económico global

PARÍS, Francia. (EFE).- La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) aprovechó las mejores expectativas en la economía global para los próximos dos años, a las que contribuye el plan fiscal de Donald Trump, para reclamar una acción concertada de estímulo de Estados Unidos (EU), Europa y China para sacar al mundo de la “trampa” del bajo crecimiento que arrastra desde la crisis.

Se trata de aprovechar la “ventana de oportunidad” que suponen los tipos de interés históricamente bajos, que ofrecen margen durante unos años para activar un estímulo fiscal, destacó el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría.

En su nuevo informe de perspectivas, la OCDE cuenta con esa política expansionista para elevar la progresión del Producto Interno Bruto (PIB) mundial del 2.9 por ciento que espera en 2016 (la misma cifra que había anticipado en septiembre) al 3.3 por ciento en 2017 (una décima más) y al 3.6 por ciento en 2018.

La economista jefe de la OCDE, Catherine Mann, advirtió de que sin ese impulso fiscal el ascenso del PIB global se quedaría en torno al 3 por ciento en los dos próximos ejercicios, y afirmó que con una acción concertada y continuada de los tres grandes bloques económicos se podría volver a una cadencia del 4 por ciento, como sucedía antes de la crisis.

Gurría reconoció que las expectativas generadas en los mercados por el programa económico de Donald Trump -con un paquete fiscal masivo para inversiones en infraestructuras y rebajas de impuestos-, preludian una aceleración de la actividad, y señaló que coincide con los consejos que la propia OCDE viene dando desde hace dos años.

No obstante, tanto él como Mann advirtieron contra los efectos de otra de las promesas del próximo presidente estadunidense, las medidas proteccionistas en el comercio.

A ese respecto, hicieron notar que el avance del comercio mundial este año va a ser inferior al del PIB, una situación que sólo se ha dado tres veces en los tres últimos decenios y que está en relación con el creciente número de barreras a los intercambios: de menos de 100 en los países del G20 en 2008, se ha pasado a mil 200 en el primer semestre de 2016.

De acuerdo con los cálculos de la organización, facilitar el comercio a mediano plazo supondría 1.5 puntos de PIB suplementarios en el mundo respecto a un escenario de referencia sin cambios, mientras que imponer restricciones a los intercambios amputaría 1.5 puntos.

Más allá de estas hipótesis, la OCDE revisó al alza sus cálculos sobre la economía de EU, que este año crecerá un 1.5 por ciento (una décima más de lo calculado en septiembre), un 2.3 por ciento en 2017 (dos décimas más) y un 3 por ciento en 2018.

En la eurozona, el ascenso del PIB será del 1.7 por ciento en 2016, dos décimas más de lo avanzado hace dos meses, sobre todo por la revisión para España (cuatro décimas suplementarias, hasta el 3.2 por ciento), ya que las cifras son peores para Alemania (1.7 por ciento) y Francia (1.2 por ciento), ambas con una décima menos, y sin cambios para Italia (0.8 por ciento).

Sobre el Reino Unido, la OCDE mostró una percepción menos negativa que hace dos meses, ya que elevó en dos décimas sus cálculos para 2016 (2 por ciento) y para 2017 (1.2 por ciento).

Pero persistió en su diagnóstico de que las perspectivas son “considerablemente más débiles” que antes de que los británicos votaran en junio por su salida de la UE, y eso pesará sobre todo a largo plazo. Para 2018, el alza del PIB se limita al 1 por ciento, el más bajo de los países del G7 junto a Italia.

La OCDE anticipó para China un crecimiento no tan exuberante como en los años anteriores pero sin bajas abruptas. Tras el 6.9 por ciento de 2015, debería situarse en el 6.7 por ciento en 2016 (dos décimas más que en septiembre), en el 6.4 por ciento en 2017 (otras dos décimas más) y en el 6.1 por ciento en 2018.

En cuanto a Brasil -otro de los grandes países emergentes que no pertenecen a la organización-, su análisis es que este año la recesión va a ser más dura de lo que calculó en septiembre (-3.4 por ciento, una décima menos), pero que ya hay signos de una recuperación, lenta y progresiva.

Eso se traducirá en que el PIB brasileño ya no caerá, como se temía hasta hace dos meses, sino que se quedará estancado.

  • El organismo pretende acelerar el crecimiento económico global

PARÍS, Francia. (EFE).- La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) aprovechó las mejores expectativas en la economía global para los próximos dos años, a las que contribuye el plan fiscal de Donald Trump, para reclamar una acción concertada de estímulo de Estados Unidos (EU), Europa y China para sacar al mundo de la “trampa” del bajo crecimiento que arrastra desde la crisis.

Se trata de aprovechar la “ventana de oportunidad” que suponen los tipos de interés históricamente bajos, que ofrecen margen durante unos años para activar un estímulo fiscal, destacó el secretario general de la OCDE, José Ángel Gurría.

En su nuevo informe de perspectivas, la OCDE cuenta con esa política expansionista para elevar la progresión del Producto Interno Bruto (PIB) mundial del 2.9 por ciento que espera en 2016 (la misma cifra que había anticipado en septiembre) al 3.3 por ciento en 2017 (una décima más) y al 3.6 por ciento en 2018.

La economista jefe de la OCDE, Catherine Mann, advirtió de que sin ese impulso fiscal el ascenso del PIB global se quedaría en torno al 3 por ciento en los dos próximos ejercicios, y afirmó que con una acción concertada y continuada de los tres grandes bloques económicos se podría volver a una cadencia del 4 por ciento, como sucedía antes de la crisis.

Gurría reconoció que las expectativas generadas en los mercados por el programa económico de Donald Trump -con un paquete fiscal masivo para inversiones en infraestructuras y rebajas de impuestos-, preludian una aceleración de la actividad, y señaló que coincide con los consejos que la propia OCDE viene dando desde hace dos años.

No obstante, tanto él como Mann advirtieron contra los efectos de otra de las promesas del próximo presidente estadunidense, las medidas proteccionistas en el comercio.

A ese respecto, hicieron notar que el avance del comercio mundial este año va a ser inferior al del PIB, una situación que sólo se ha dado tres veces en los tres últimos decenios y que está en relación con el creciente número de barreras a los intercambios: de menos de 100 en los países del G20 en 2008, se ha pasado a mil 200 en el primer semestre de 2016.

De acuerdo con los cálculos de la organización, facilitar el comercio a mediano plazo supondría 1.5 puntos de PIB suplementarios en el mundo respecto a un escenario de referencia sin cambios, mientras que imponer restricciones a los intercambios amputaría 1.5 puntos.

Más allá de estas hipótesis, la OCDE revisó al alza sus cálculos sobre la economía de EU, que este año crecerá un 1.5 por ciento (una décima más de lo calculado en septiembre), un 2.3 por ciento en 2017 (dos décimas más) y un 3 por ciento en 2018.

En la eurozona, el ascenso del PIB será del 1.7 por ciento en 2016, dos décimas más de lo avanzado hace dos meses, sobre todo por la revisión para España (cuatro décimas suplementarias, hasta el 3.2 por ciento), ya que las cifras son peores para Alemania (1.7 por ciento) y Francia (1.2 por ciento), ambas con una décima menos, y sin cambios para Italia (0.8 por ciento).

Sobre el Reino Unido, la OCDE mostró una percepción menos negativa que hace dos meses, ya que elevó en dos décimas sus cálculos para 2016 (2 por ciento) y para 2017 (1.2 por ciento).

Pero persistió en su diagnóstico de que las perspectivas son “considerablemente más débiles” que antes de que los británicos votaran en junio por su salida de la UE, y eso pesará sobre todo a largo plazo. Para 2018, el alza del PIB se limita al 1 por ciento, el más bajo de los países del G7 junto a Italia.

La OCDE anticipó para China un crecimiento no tan exuberante como en los años anteriores pero sin bajas abruptas. Tras el 6.9 por ciento de 2015, debería situarse en el 6.7 por ciento en 2016 (dos décimas más que en septiembre), en el 6.4 por ciento en 2017 (otras dos décimas más) y en el 6.1 por ciento en 2018.

En cuanto a Brasil -otro de los grandes países emergentes que no pertenecen a la organización-, su análisis es que este año la recesión va a ser más dura de lo que calculó en septiembre (-3.4 por ciento, una décima menos), pero que ya hay signos de una recuperación, lenta y progresiva.

Eso se traducirá en que el PIB brasileño ya no caerá, como se temía hasta hace dos meses, sino que se quedará estancado.