/ sábado 13 de agosto de 2016

La deuda china preocupa al FMI y alarma a los medios financieros

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- Una profunda inquietud invadió a los grandes actores de la economía mundial después de la severa advertencia lanzada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a China, pidiéndole que intervenga en forma urgente para contener la espiral de la deuda de sus empresas.

El total del endeudamiento público y privado chino totaliza 25 billones de dólares, equivalente a 254 por ciento del PIB de la segunda economía del planeta, según estadísticas del Banco de Pagos Internacionales (BPI) con sede en Basilea. En 2008 era de apenas 150 por ciento. Solo la deuda de las empresas -en su mayoría estatales- representa 165 por ciento del PIB, la pública es del orden de 65 por ciento y la privada oscila en torno de 40 por ciento, según recientes estimaciones de Louis Kuijs, especialista de Oxford Economics.

Ese fenómeno preocupa al FMI desde 2013, fecha en que lanzó las primeras señales de alarma, que coincidieron -en líneas generales- con otros informes alarmistas publicados en esa época por las agencias de notación Fitch y Moody’s, y los bancos franceses BNP Paribas, Société Générale y Natixis.

Ahora, un importante factor de inquietud es que –como resultado de la desaceleración de la actividad económica registrada en los últimos años–, aumentaron las deudas dudosas, que ahora representan 5.5 por ciento del total de créditos.

No es el volumen del endeudamiento lo que preocupa a expertos del FMI, pues esa cifra es relativamente similar a los niveles de Estados Unidos. Lo que resulta verdaderamente inquietante es la velocidad de su crecimiento en los últimos años. Ese monto se cuadruplicó entre 2007 y 2014, según un informe de la consultora McKinsey.

En esas condiciones, la deuda china es “insostenible”, reconoció James Daniel, jefe de la misión del FMI en Pekín.

Los especialistas chinos, en cambio, argumentan que gracias a sus reservas -estimadas en 3.2 billones de dólares- y al excedente de ahorro, China puede hacer frente a una crisis. “El país no está expuesto a un riesgo inminente de crisis financiera”, asegura Bei Xu, especialista de economías emergentes en Exane Derivatives.

Alarmada por la conjunción de indicadores negativos, la calificadora de riesgo Standard & Poor’s (S&P) rebajó en marzo pasado su perspectiva sobre China S&P justificó su decisión por el “incremento de los riesgos económicos y financieros” que presenta la política crediticia del Gobierno de Pekín.

A fin contener la espiral de la deuda, el Gobierno prometió limitar el exceso de producción en la siderurgia y el carbón, que son dos de los sectores más afectados por el endeudamiento masivo. Pero no adoptó una “solución global”, como esperan los mercados. El informe del FMI destacó que esa parálisis obedece a la lentitud del gobierno en reformar los grupos estatales.

Mucho más endeudadas que las compañías del sector privado, las corporaciones del Estado pueden seguir endeudándose sin límite y a bajo costo financiero gracias a las garantías aportadas por las autoridades. Ese fenómeno “falsea la atribución de recursos y estimula la ineficacia”, destacó el informe.

La vulnerabilidad corre el riesgo de aumentar rápidamente si no se adoptan “reformas estructurales rápidas” y continúa la actual política de reactivación económica que “reposa esencialmente en un aumento sin fin del crédito”, insistió el Fondo.

La advertencia del FMI agudizó la preocupación que existe en los medios financieros mundiales sobre el futuro de las finanzas chinas y provocó una ola de inquietud entre los grandes actores de la economía mundial, particularmente en Asia.

“Los inversores tienen razón en preocuparse: operar con una deuda insostenible en crecimiento es uno de los mayores desafíos que enfrentan los políticos”, admitió Julián Evans-Pritchard, experto en China del grupo Capital Economics.

Los bancos, fondos de inversiones y hedge funds saben que, debajo de la realidad descrita por el FMI, hay una magma hirviente que amenaza con salir a la superficie en cualquier momento: los pasivos acumulados por las comunidades locales -ciudades, provincias y regiones-, la burbuja creada por el shadow banking, las deudas contraídas mediante “vehículos de financiación” casi indescifrables, créditos privados y opacos montajes financieros.

Algunas ciudades están literalmente quebradas y corren riesgo de seguir el ejemplo de Detroit, en Estados Unidos, que a fines de 2013 se declaró en cesación de pagos. Dongguan -símbolo de la nueva fase de industrialización acelerada- es el ejemplo más cruel de esa tendencia. Centenares de empresas abandonaron la ciudad y el municipio tuvo que suprimir servicios, licenciar empleados públicos y detener obras de infraestructura. Actualmente está al borde de la quiebra.

El caso es particularmente inquietante porque, como la ley prohíbe a las colectividades endeudarse directamente, en los últimos 15 años se han inventado vehículos de inversión y complejas arquitecturas financieras, cuyo derrumbe puede terminar en una catástrofe.

En contraste con su diagnóstico pesimista sobre el peso de la deuda, el FMI pronostica que la economía china crecerá 6.6 por ciento en 2016 y 6.2 por ciento en 2017, lo que marca un ligero retroceso con respecto a las expectativas de las autoridades, que para este año esperan llegar a un nivel de 6.5 por ciento a 7 por ciento.

PARÍS, Francia. (OEM-Informex).- Una profunda inquietud invadió a los grandes actores de la economía mundial después de la severa advertencia lanzada por el Fondo Monetario Internacional (FMI) a China, pidiéndole que intervenga en forma urgente para contener la espiral de la deuda de sus empresas.

El total del endeudamiento público y privado chino totaliza 25 billones de dólares, equivalente a 254 por ciento del PIB de la segunda economía del planeta, según estadísticas del Banco de Pagos Internacionales (BPI) con sede en Basilea. En 2008 era de apenas 150 por ciento. Solo la deuda de las empresas -en su mayoría estatales- representa 165 por ciento del PIB, la pública es del orden de 65 por ciento y la privada oscila en torno de 40 por ciento, según recientes estimaciones de Louis Kuijs, especialista de Oxford Economics.

Ese fenómeno preocupa al FMI desde 2013, fecha en que lanzó las primeras señales de alarma, que coincidieron -en líneas generales- con otros informes alarmistas publicados en esa época por las agencias de notación Fitch y Moody’s, y los bancos franceses BNP Paribas, Société Générale y Natixis.

Ahora, un importante factor de inquietud es que –como resultado de la desaceleración de la actividad económica registrada en los últimos años–, aumentaron las deudas dudosas, que ahora representan 5.5 por ciento del total de créditos.

No es el volumen del endeudamiento lo que preocupa a expertos del FMI, pues esa cifra es relativamente similar a los niveles de Estados Unidos. Lo que resulta verdaderamente inquietante es la velocidad de su crecimiento en los últimos años. Ese monto se cuadruplicó entre 2007 y 2014, según un informe de la consultora McKinsey.

En esas condiciones, la deuda china es “insostenible”, reconoció James Daniel, jefe de la misión del FMI en Pekín.

Los especialistas chinos, en cambio, argumentan que gracias a sus reservas -estimadas en 3.2 billones de dólares- y al excedente de ahorro, China puede hacer frente a una crisis. “El país no está expuesto a un riesgo inminente de crisis financiera”, asegura Bei Xu, especialista de economías emergentes en Exane Derivatives.

Alarmada por la conjunción de indicadores negativos, la calificadora de riesgo Standard & Poor’s (S&P) rebajó en marzo pasado su perspectiva sobre China S&P justificó su decisión por el “incremento de los riesgos económicos y financieros” que presenta la política crediticia del Gobierno de Pekín.

A fin contener la espiral de la deuda, el Gobierno prometió limitar el exceso de producción en la siderurgia y el carbón, que son dos de los sectores más afectados por el endeudamiento masivo. Pero no adoptó una “solución global”, como esperan los mercados. El informe del FMI destacó que esa parálisis obedece a la lentitud del gobierno en reformar los grupos estatales.

Mucho más endeudadas que las compañías del sector privado, las corporaciones del Estado pueden seguir endeudándose sin límite y a bajo costo financiero gracias a las garantías aportadas por las autoridades. Ese fenómeno “falsea la atribución de recursos y estimula la ineficacia”, destacó el informe.

La vulnerabilidad corre el riesgo de aumentar rápidamente si no se adoptan “reformas estructurales rápidas” y continúa la actual política de reactivación económica que “reposa esencialmente en un aumento sin fin del crédito”, insistió el Fondo.

La advertencia del FMI agudizó la preocupación que existe en los medios financieros mundiales sobre el futuro de las finanzas chinas y provocó una ola de inquietud entre los grandes actores de la economía mundial, particularmente en Asia.

“Los inversores tienen razón en preocuparse: operar con una deuda insostenible en crecimiento es uno de los mayores desafíos que enfrentan los políticos”, admitió Julián Evans-Pritchard, experto en China del grupo Capital Economics.

Los bancos, fondos de inversiones y hedge funds saben que, debajo de la realidad descrita por el FMI, hay una magma hirviente que amenaza con salir a la superficie en cualquier momento: los pasivos acumulados por las comunidades locales -ciudades, provincias y regiones-, la burbuja creada por el shadow banking, las deudas contraídas mediante “vehículos de financiación” casi indescifrables, créditos privados y opacos montajes financieros.

Algunas ciudades están literalmente quebradas y corren riesgo de seguir el ejemplo de Detroit, en Estados Unidos, que a fines de 2013 se declaró en cesación de pagos. Dongguan -símbolo de la nueva fase de industrialización acelerada- es el ejemplo más cruel de esa tendencia. Centenares de empresas abandonaron la ciudad y el municipio tuvo que suprimir servicios, licenciar empleados públicos y detener obras de infraestructura. Actualmente está al borde de la quiebra.

El caso es particularmente inquietante porque, como la ley prohíbe a las colectividades endeudarse directamente, en los últimos 15 años se han inventado vehículos de inversión y complejas arquitecturas financieras, cuyo derrumbe puede terminar en una catástrofe.

En contraste con su diagnóstico pesimista sobre el peso de la deuda, el FMI pronostica que la economía china crecerá 6.6 por ciento en 2016 y 6.2 por ciento en 2017, lo que marca un ligero retroceso con respecto a las expectativas de las autoridades, que para este año esperan llegar a un nivel de 6.5 por ciento a 7 por ciento.