/ martes 4 de abril de 2017

Posibles turbulencias en el cielo británico en caso de un Brexit duro

PARÍS, Francia. (AFP) - El cielo británico podría vivir turbulencias en caso de un Brexit duro y las compañías low cost, las que más se beneficiaron del mercado único del transporte aéreo, podrían convertirse en las primeras víctimas.

La irlandesa Ryanair y la británica easyJet han iniciado una intensa campaña de presión para que el nuevo acuerdo de transporte aéreo figure entre las prioridades en las discusiones entre la Unión Europea (UE) y el Reino Unido.

La perspectiva de la salida de Gran Bretaña de la UE pone “la piel de gallina” a Michael O’Leary, fundador de Ryanair.

La compañía, -que prevé transportar 44 millones de pasajeros en 2017 con salida o destino en aeropuertos británicos-, ya anunció que congelaría la creación de empleo en Gran Bretaña, donde opera desde 19 aeropuertos.

Ahora se plantea incluso, en caso de fracaso de las negociaciones, eliminar los vuelos “desde y hacia el Reino Unido” a partir de marzo de 2019.

UNA SITUACIÓN INÉDITA

Pero “en la –muy improbable– ausencia de un acuerdo, los servicios de transporte aéreo entre Reino Unido y cada uno de los Estados miembros de la UE estarían regidos por los marcos bilaterales preexistentes”, indica un experto del sector bajo cobertura de anonimato, subrayando lo inédito de la situación.

A pocos días del inicio oficial del Brexit, fue el propio negociador jefe de la UE, Michel Barnier, quien mencionó las “graves perturbaciones del tráfico aéreo desde y hacia el Reino Unido”, entre las consecuencias de una ausencia de acuerdo entre la UE y Gran Bretaña sobre la cuestión de las nuevas fronteras de la Unión.

El mercado único de transporte aéreo había abierto la vía, a finales de los años 1980, a la revolución low cost. En 1992 autorizó el acceso a conexiones aéreas intracomunitarias con una liberalización de las tarifas y posteriormente, en 1997, el acceso al mercado interior de cada Estado.

Dos décadas después, Ryanair se encuentra en el primer rango de las aerolíneas europeas, con 117 millones de pasajeros transportados en 2016.

HACER RUIDO

Por el momento, easyJet y Ryanair han entrado en “una fase de lobby activo: hacen ruido, se ponen en el radar, y es lo mejor que pueden hacer actualmente, porque el periodo que se anuncia va a ser complicado en términos de negociaciones”, subraya Stéphane Albernhe, socio de transporte aéreo, en el seno del gabinete Archery Strategy Consulting.

Para garantizar sus derechos de tráfico en Europa, easyJet lleva varios meses buscando un Certificado de Transporte Aéreo (CTA) en otro país de la UE, recuerda el analista.

Pero también está el problema de las conexiones con Estados Unidos (EU), reglamentadas desde 2007 por el acuerdo de “cielo abierto” entre la UE y el país norteamericano, y las dificultades ligadas a la posesión de capitales de compañías que deben ser comunitarias, es decir, controladas por estados miembros de la UE o de sus nacionales para mantener su sitio en el sector.

La solución sería, según él, negociar acuerdos bilaterales con la UE y EU; pedir extensiones del mercado único del transporte aéreo, o unirse a la Asociación Europea de Libre Cambio (AELE), creado en 1960 para el Reino Unido, y del que aún forman parte Noruega, Suiza, Islandia y Lichtenstein.

Los tres primeros países firmaron acuerdos bilaterales con la UE, permitiendo, por ejemplo, a la low cost de Noruega, operar sobre la base del acuerdo “cielo abierto” en los vuelos París-Nueva York.

Con el AELE, el “principio” de un acuerdo de esas características existe, pero depende del “espíritu colaborativo y de una voluntad de convergencia” en las negociaciones, considera Albernhe.

“Si no hubiera extensión, el cielo se oscurecería y el impacto sería muy significativo para compañías como Ryanair e Easyjet”, auguró.

PARÍS, Francia. (AFP) - El cielo británico podría vivir turbulencias en caso de un Brexit duro y las compañías low cost, las que más se beneficiaron del mercado único del transporte aéreo, podrían convertirse en las primeras víctimas.

La irlandesa Ryanair y la británica easyJet han iniciado una intensa campaña de presión para que el nuevo acuerdo de transporte aéreo figure entre las prioridades en las discusiones entre la Unión Europea (UE) y el Reino Unido.

La perspectiva de la salida de Gran Bretaña de la UE pone “la piel de gallina” a Michael O’Leary, fundador de Ryanair.

La compañía, -que prevé transportar 44 millones de pasajeros en 2017 con salida o destino en aeropuertos británicos-, ya anunció que congelaría la creación de empleo en Gran Bretaña, donde opera desde 19 aeropuertos.

Ahora se plantea incluso, en caso de fracaso de las negociaciones, eliminar los vuelos “desde y hacia el Reino Unido” a partir de marzo de 2019.

UNA SITUACIÓN INÉDITA

Pero “en la –muy improbable– ausencia de un acuerdo, los servicios de transporte aéreo entre Reino Unido y cada uno de los Estados miembros de la UE estarían regidos por los marcos bilaterales preexistentes”, indica un experto del sector bajo cobertura de anonimato, subrayando lo inédito de la situación.

A pocos días del inicio oficial del Brexit, fue el propio negociador jefe de la UE, Michel Barnier, quien mencionó las “graves perturbaciones del tráfico aéreo desde y hacia el Reino Unido”, entre las consecuencias de una ausencia de acuerdo entre la UE y Gran Bretaña sobre la cuestión de las nuevas fronteras de la Unión.

El mercado único de transporte aéreo había abierto la vía, a finales de los años 1980, a la revolución low cost. En 1992 autorizó el acceso a conexiones aéreas intracomunitarias con una liberalización de las tarifas y posteriormente, en 1997, el acceso al mercado interior de cada Estado.

Dos décadas después, Ryanair se encuentra en el primer rango de las aerolíneas europeas, con 117 millones de pasajeros transportados en 2016.

HACER RUIDO

Por el momento, easyJet y Ryanair han entrado en “una fase de lobby activo: hacen ruido, se ponen en el radar, y es lo mejor que pueden hacer actualmente, porque el periodo que se anuncia va a ser complicado en términos de negociaciones”, subraya Stéphane Albernhe, socio de transporte aéreo, en el seno del gabinete Archery Strategy Consulting.

Para garantizar sus derechos de tráfico en Europa, easyJet lleva varios meses buscando un Certificado de Transporte Aéreo (CTA) en otro país de la UE, recuerda el analista.

Pero también está el problema de las conexiones con Estados Unidos (EU), reglamentadas desde 2007 por el acuerdo de “cielo abierto” entre la UE y el país norteamericano, y las dificultades ligadas a la posesión de capitales de compañías que deben ser comunitarias, es decir, controladas por estados miembros de la UE o de sus nacionales para mantener su sitio en el sector.

La solución sería, según él, negociar acuerdos bilaterales con la UE y EU; pedir extensiones del mercado único del transporte aéreo, o unirse a la Asociación Europea de Libre Cambio (AELE), creado en 1960 para el Reino Unido, y del que aún forman parte Noruega, Suiza, Islandia y Lichtenstein.

Los tres primeros países firmaron acuerdos bilaterales con la UE, permitiendo, por ejemplo, a la low cost de Noruega, operar sobre la base del acuerdo “cielo abierto” en los vuelos París-Nueva York.

Con el AELE, el “principio” de un acuerdo de esas características existe, pero depende del “espíritu colaborativo y de una voluntad de convergencia” en las negociaciones, considera Albernhe.

“Si no hubiera extensión, el cielo se oscurecería y el impacto sería muy significativo para compañías como Ryanair e Easyjet”, auguró.