/ viernes 1 de enero de 2016

Solamente un 40% de los trabajadores están afiliados a un esquema de pensiones

México.- En economías dinámicas como México, Colombia y República Dominicana, solamente un 40 por ciento de todos los trabajadores contribuyen o están afiliados a un esquema de pensiones, según el reporte “Panorama de las Pensiones: América Latina y el Caribe” elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Banco Mundial (BM) y que incluye un análisis a 26 países de esta región.

A nivel regional, en promedio sólo 45 de cada 100 trabajadores contribuyen a un plan de pensiones, en comparación con sólo 17 de 100 trabajadores por cuenta propia, un porcentaje que no ha cambiado mucho a pesar de las reformas aprobadas en las últimas décadas.

El tamaño de la empresa también importa. En las grandes empresas con más de 50 trabajadores, el 71 por ciento de los trabajadores contribuyen, en comparación con el 51 por ciento en las empresas medianas (con entre 6 y 50 trabajadores), mientas que sólo el 24 por ciento en las Pequeñas (con menos de 6 empleados).

De acuerdo con este reporte, algunos países lograron ampliar la proporción de personas de 65 años o más para recibir una pensión para la vejez, en su mayoría por medios de las pensiones no contributivas y regímenes especiales para las cuentas propias.

El bajo nivel de aportaciones a los sistemas de pensiones refleja una serie de características socioeconómicas, en particular la educación, el género y el nivel de ingresos. El nivel de educación tiene un impacto significativo en la probabilidad de contribuir a los sistemas de pensiones: los trabajadores más educados tienen más probabilidades de contribuir que los trabajadores con un nivel educativo menor”.

“Los trabajadores más educados tienen más probabilidades de contribuir que los menos educados. Datos recolectados en las mismas encuestas de hogares muestran que, en promedio, solamente el 22 por ciento de los trabajadores con ocho años de educación o menos contribuyen a algún esquema pensional, en comparación con el 42 por ciento de los que han estudiado durante 9 a 13 años, y el 68% de los que tienen 14 años o más de educación. Nuevamente, existen grandes diferencias entre los países”, expone.

El género también es importante dado que la tasa media de participación de las mujeres en la fuerza laboral en América Latina y el Caribe es de 56 por ciento en comparación con el 83 por ciento para los hombres.

La brecha de género varía de 20 por ciento en Bolivia, Chile, Jamaica y Uruguay al 40 por ciento en Guatemala, Honduras y México.

“Las diferencias de ingresos entre los hogares también tienen un importante impacto .Los trabajadores en el quintil más alto de la distribución de los ingresos tienen porcentajes relativamente altos de contribución, mientras que los trabajadores de bajos ingresos contribuyen de manera escasa a sistemas pensionales. Sólo del 20 al 40 por ciento de los trabajadores de ingresos medios contribuyen a una pensión haciéndoles particularmente vulnerables a los riesgos de pobreza en la vejez”.

Ante ello, esta investigación señala que el papel de las pensiones (sociales) no contributivas está aumentando en toda la región y puede ser una herramienta poderosa para mejorar la situación económica y el bienestar de las personas mayores, no obstante estos programas deben ser evaluados tanto desde la perspectiva de adecuación y sostenibilidad financiera.

Indica que pese a que la sostenibilidad mejoró en varios países, existió muy poco o ningún progreso en el desempeño de una segunda medida clave del sistema pensional, el aspecto de la cobertura.

Asimismo, advierte México se encuentra entre los 4 países de la región junto con , República Dominicana, Haití y Surinam, en donde los trabajadores reciben ingresos ponderados inferiores al 40 por ciento de los ingresos medios de la población.

En ese sentido, señala que las tasas globales de fertilidad alcanzaron un promedio de 2.57 niños por mujer entre los países de América Latina y el Caribe durante el periodo 2005-10, muy por encima del nivel que garantiza el reemplazo poblacional y que se cree que alcanzará en promedio 2.29 entre los países para 2015-20.

“Las bajas tasas de fertilidad tienen importantes consecuencias sociales y económicas, debido al proceso resultante de envejecimiento de la población”, menciona.

/amg

México.- En economías dinámicas como México, Colombia y República Dominicana, solamente un 40 por ciento de todos los trabajadores contribuyen o están afiliados a un esquema de pensiones, según el reporte “Panorama de las Pensiones: América Latina y el Caribe” elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el Banco Mundial (BM) y que incluye un análisis a 26 países de esta región.

A nivel regional, en promedio sólo 45 de cada 100 trabajadores contribuyen a un plan de pensiones, en comparación con sólo 17 de 100 trabajadores por cuenta propia, un porcentaje que no ha cambiado mucho a pesar de las reformas aprobadas en las últimas décadas.

El tamaño de la empresa también importa. En las grandes empresas con más de 50 trabajadores, el 71 por ciento de los trabajadores contribuyen, en comparación con el 51 por ciento en las empresas medianas (con entre 6 y 50 trabajadores), mientas que sólo el 24 por ciento en las Pequeñas (con menos de 6 empleados).

De acuerdo con este reporte, algunos países lograron ampliar la proporción de personas de 65 años o más para recibir una pensión para la vejez, en su mayoría por medios de las pensiones no contributivas y regímenes especiales para las cuentas propias.

El bajo nivel de aportaciones a los sistemas de pensiones refleja una serie de características socioeconómicas, en particular la educación, el género y el nivel de ingresos. El nivel de educación tiene un impacto significativo en la probabilidad de contribuir a los sistemas de pensiones: los trabajadores más educados tienen más probabilidades de contribuir que los trabajadores con un nivel educativo menor”.

“Los trabajadores más educados tienen más probabilidades de contribuir que los menos educados. Datos recolectados en las mismas encuestas de hogares muestran que, en promedio, solamente el 22 por ciento de los trabajadores con ocho años de educación o menos contribuyen a algún esquema pensional, en comparación con el 42 por ciento de los que han estudiado durante 9 a 13 años, y el 68% de los que tienen 14 años o más de educación. Nuevamente, existen grandes diferencias entre los países”, expone.

El género también es importante dado que la tasa media de participación de las mujeres en la fuerza laboral en América Latina y el Caribe es de 56 por ciento en comparación con el 83 por ciento para los hombres.

La brecha de género varía de 20 por ciento en Bolivia, Chile, Jamaica y Uruguay al 40 por ciento en Guatemala, Honduras y México.

“Las diferencias de ingresos entre los hogares también tienen un importante impacto .Los trabajadores en el quintil más alto de la distribución de los ingresos tienen porcentajes relativamente altos de contribución, mientras que los trabajadores de bajos ingresos contribuyen de manera escasa a sistemas pensionales. Sólo del 20 al 40 por ciento de los trabajadores de ingresos medios contribuyen a una pensión haciéndoles particularmente vulnerables a los riesgos de pobreza en la vejez”.

Ante ello, esta investigación señala que el papel de las pensiones (sociales) no contributivas está aumentando en toda la región y puede ser una herramienta poderosa para mejorar la situación económica y el bienestar de las personas mayores, no obstante estos programas deben ser evaluados tanto desde la perspectiva de adecuación y sostenibilidad financiera.

Indica que pese a que la sostenibilidad mejoró en varios países, existió muy poco o ningún progreso en el desempeño de una segunda medida clave del sistema pensional, el aspecto de la cobertura.

Asimismo, advierte México se encuentra entre los 4 países de la región junto con , República Dominicana, Haití y Surinam, en donde los trabajadores reciben ingresos ponderados inferiores al 40 por ciento de los ingresos medios de la población.

En ese sentido, señala que las tasas globales de fertilidad alcanzaron un promedio de 2.57 niños por mujer entre los países de América Latina y el Caribe durante el periodo 2005-10, muy por encima del nivel que garantiza el reemplazo poblacional y que se cree que alcanzará en promedio 2.29 entre los países para 2015-20.

“Las bajas tasas de fertilidad tienen importantes consecuencias sociales y económicas, debido al proceso resultante de envejecimiento de la población”, menciona.

/amg